Cultura ambulante

La libertad conquistada de Meret Oppenheim

Exposición «Meret Oppenheim. Reflejo de una época» en el Museo Picasso Málaga
Meret Oppenheim en 1980, foto de Tomas Kaiser. / © Archivo Meret Oppenheim

Ayer celebrábamos el Día Internacional de los Museos en un ambiente aún enrarecido. Los centros expositivos tratan de capear los ecos del huracán pandémico retomando sus actividades y su aproximación física a los públicos —los asiduos y los potenciales—. Al mismo tiempo lo virtual, bien lo sabemos, se ha introducido a empellones en nuestras vidas con la llegada del coronavirus, y los museos se han visto forzados a apostar de forma decidida por los contenidos en internet. Ahora que comienza a vislumbrarse un horizonte de relativa normalidad, no obstante, todo ese esfuerzo puede cobrar sentido. Como es lógico, prima recuperar las visitas presenciales, pero los proyectos digitales han dado una nueva vida a la capacidad expositiva, investigadora y seductora de estas instituciones.

Así lo ha constatado el Museo Picasso Málaga con la muestra online que, siguiendo los pasos de la exitosa antesala que supuso Arlequín, ha dedicado a la artista suiza de origen alemán Meret Oppenheim (1913-1985), uno de los grandes tesoros ocultos del surrealismo y cuya trayectoria, pese a haber quedado por lo general en un segundo plano, constituye una pieza relevante en el engranaje del arte europeo del siglo XX. No en vano, esta iba a ser la retrospectiva más completa que se le dedicara en nuestro país en las últimas tres décadas —precediendo además a las que acogerían el Kunstmuseum Bern y el MoMA de Nueva York— hasta que la crisis sanitaria se interpuso. Pero el espacio malagueño ha decidido aprovechar la intensa labor de investigación llevada a cabo para exhibirla en una versión digital, completísima y fascinante.

«Objeto (Juego de desayuno de piel)», 1936, Meret Oppenheim. / © The Museum of Modern Art, New York

Fue un encuentro en el mítico Café de Flore de París el que conectaría por vez primera a Oppenheim con Pablo Picasso. De ahí nacería Juego de desayuno de piel (1936), la obra más célebre e icónica de esta autora y uno de los emblemas del dadaísmo, un título que hace un guiño doble al Dejeuner sur l´herbe de Manet y a La Venus de las pieles de Sacher-Masoch. Se cuenta que, mientras observaba la taza y el plato que tenían delante en aquel café, Oppenheim habría reflexionado en voz alta: «Los objetos pueden tener texturas diferentes a las que los caracterizan». Esa sentencia, que daría sentido a toda su trayectoria en cuanto a la importancia de los objetos cotidianos resignificados, fue el origen de su fulgurante fama en aquellos años, lo que poco después la llevaría a apartarse del grupo surrealista de París e instalarse en Suiza, donde viviría en los años siguientes una extensa y honda crisis personal.

Meret Oppenheim. Reflejo de una época, el proyecto digital del Museo Picasso Málaga, representa un magnífico contenedor panorámico de su obra, que aparece aquí contextualizada y enriquecida por comentarios y ensayos, poemas, fragmentos de audio y vídeo, fotografías y textos inéditos hasta la fecha, que pretenden aportar luz a su libertad creativa, desprejuiciada y netamente contemporánea. La pintora, escultora y fotógrafa suiza fue «una artista importantísima», según la definió el propio Salvador Dalí, quien junto a los Breton, Giacometti y Man Ray sería testigo de su reconocimiento en aquella década de los 30. Su potente y provocador discurso, que trascendía el objeto artístico, lo aplicó a las más diversas disciplinas, del cine al teatro pasando por la moda o la poesía, con motivos donde se mezclaban lo onírico, lo psicoanalítico, lo mítico, lo humorístico y la crítica a los estereotipos sociales (incluidos los de género).

«¡Que aproveche, Marcel!», 1966, Meret Oppenheim. / © Chris Puttere

La muestra virtual se articula en torno a cinco etapas de su trayectoria creativa, que vamos recorriendo a través de ciertas obras clave que marcaron sus creaciones de juventud; su ya citada inmersión en la escena parisina —aunque su personalidad siempre mantendría su independencia a salvo del grupo surrealista—; las dos décadas sombrías en Berna que culminaron en la experimentación con nuevos lenguajes y posibilidades expresivas; el regreso al mundo del arte como máximo exponente de la vanguardia suiza hasta primeros de los 70, y el reconocimiento internacional que obtendría en los años previos a su muerte. En aquellos últimos compases Oppenheim, que ya sabía lo que era verse eclipsada por sus colegas hombres (hasta ser considerada como poco más que modelo en obras ajenas), impuso su inconformismo y se implicó en la reivindicación de la mujer artista más allá de los papeles de comparsa tradicionalmente asignados. A partir de ahí sería faro, influencia y estímulo para muchas generaciones de artistas posteriores.

Hay que reconocer por tanto la labor de rescate y puesta en valor de su figura que ha emprendido el Museo Picasso Málaga con esta exposición, que además da continuidad a una suerte de ciclo que inició divulgando la obra de otras artistas cruciales como Hilma af Klint y Louise Bourgeois, así como programando la muestra colectiva Somos plenamente libres. Las mujeres artistas y el surrealismo, título perfectamente aplicable a la propia Meret Oppenheim. «Nadie te dará libertad; una tiene que tomarla», diría la artista suiza, y ahora gracias a esta muestra que podemos visitar libremente a través de la web del centro malagueño, conocemos un poco mejor el verdadero sentido de esa palabra.

 

Meret Oppenheim. Reflejo de una época
Comisariada por Thomas Levy, José Lebrero e Inmaculada Abolafio
Museo Picasso Málaga

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