Cultura ambulante

Soledad Sevilla: luces del pensamiento maduro

Vista de la obra «De la luz del sol y de la luna», de Soledad Sevilla (foto: Museo Patio Herreriano).

Haz brillar todo lo que encierre luz. Haz vibrar todo lo que guarde sonido.
Es igual que el caer de las hojas cuando se sacude una rama, igual que llegar a un manantial tras el fluir del arroyo.
Quizá, desde lo más oculto, alcances lo manifiesto. Quizá, desde la sencillez, obtengas lo más difícil y complejo.

Son versos de Lu Ji (261-303), extraídos de su obra magna Wen fu. Prosopoema sobre el arte de la escritura (Cátedra, 2010), donde trata de desentrañar el misterio de la escritura, del poema mismo, animando a quienes la ejercitan a convertirse ellos mismos en palabras, a convertir la emoción en luz. Otro verso del poeta chino titula la exposición de Soledad Sevilla (Valencia, 1944) en el Museo Patio Herreriano de Valladolid, la primera que celebra tras haber sido reconocida por el Ministerio de Cultura, a finales del pasado mes de noviembre, con el Premio Velázquez de las Artes Plásticas 2020. «El pensamiento al madurar es igual que el sol cuando amanece«, dejó escrito Lu Ji, y la artista, con más de tres cuartos de siglo cumplidos y otro medio de trayectoria creativa, parece tomarle la palabra.

Dos grandes piezas, recentísimas, componen la muestra. Otro escritor inspira la primera, Los días con Pessoa (2021), que en su Libro del desasosiego daba vida a un alter ego de nombre Bernardo Soares. «Cuando murió el escritor luso», cuenta Sevilla, «se descubrió en su habitación un baúl con más de 30.000 documentos, lo que había escrito Soares que fue guardando sin publicar». Aquel hallazgo impactó enormemente en la artista, que decidió empezar a trabajar sobre la idea de los icónicos azulejos portugueses, que «en realidad son españoles, pero allí los usan en fachadas y tienen hasta un museo». De ahí surge este políptico compuesto por series de pequeños cuadros alineados que van sugiriendo diversos patrones geométricos, un tipo de formas en las que Sevilla se inició a finales de los 60, en un seminario de generación automática de formas plásticas auspiciado por la Complutense e IBM.

Vista de la obra «Los días con Pessoa», de Soledad Sevilla (foto: Museo Patio Herreriano).

La otra obra estrenada en el Museo Patio Herreriano, De la luz del sol y de la luna, es una instalación realizada ex profeso para la Capilla de los Condes de Fuensaldaña. Cinco kilómetros de hilo de algodón aprovechan los muros quebrados de este singular espacio del museo vallisoletano para tejer una suerte de tela de araña geométrica. «Ya había trabajado con hilos, pero por sus dimensiones, por el espacio y la sutileza, me parece que esta es la mejor», dice Sevilla de una obra cuya mayor particularidad reside en cómo el juego de la pieza con la arquitectura produce una entrada de luz muy cambiante en la sala, en función del momento del día en que nos hallemos. Una potente y al mismo tiempo sutil metáfora sobre el discurrir del tiempo y la delgada limitación entre lo que se percibe como pasado y presente.

Las dos obras de la muestra se definen por una denodada búsqueda de la luz, donde el impulso analítico se diluye hacia la definición de espacios definitivamente poéticos

En ambos trabajos se puede percibir la evolución del lenguaje en la trayectoria de la autora valenciana, que en la década de 1980 comenzó a consolidar su interés por la instalación —género del que fue pionera en nuestro país— y por la explotación de las tres dimensiones en su arte. También en los dos puede apreciarse el estudio de los efectos de la línea en el plano, así como el juego de espacios dinámicos y densidad variable al que da lugar esa interacción. Pero, por encima de todo, ambos proyectos se definen por una denodada búsqueda de la luz, donde el impulso analítico de lo formal transita y se diluye de modo natural hacia la definición de espacios orgánicos, definitivamente poéticos.

Enmarcada en la serie de exposiciones que el Patio Herreriano viene dedicando a grandes figuras del arte español de las que la colección del museo contiene algunas obras notables (le precedieron Susana Solano y Eva Lootz), la muestra de Soledad Sevilla se completa con dos cuadros protagonizados por una trama de tibia atmósfera cromática, alumbrados a finales de los años 70. Ambos lienzos integrarán una gran antológica de pintura española que acogerá, desde el próximo mes de marzo, este mismo espacio cultural bajo el título Pintura: renovación permanente.

Vista de la obra «De la luz del sol y de la luna», de Soledad Sevilla (foto: Museo Patio Herreriano).

Hasta entonces, seguiremos visitando la Capilla del museo para estudiar la delicadeza y la naturalidad con la que se reflejan en ella los cambios de luz. Como en la obra de Soledad Sevilla. Dice la artista que El pensamiento al madurar es igual que el sol cuando amanece apunta también a su sensación actual «de cierre de ciclo, de fin de creación», y solo querríamos animarla a que haga caso a Lu Ji y siga haciendo brillar todo lo que encierre luz.

 


El pensamiento al madurar es igual que el sol cuando amanece
Soledad Sevilla
Museo Patio Herreriano de Valladolid
Hasta el 2 de mayo de 2021

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