Entrevistas

Toteking: «Siempre he estado al servicio del ritmo; con la literatura, vuelas»

El hombre más ilustrado del hiphop nacional se adentra al fin en la escritura con una autobiografía «a saltos» que escribió animado por su amigo Enrique Vila-Matas. La tituló ‘Búnker. Memorias de encierro, rimas y tiburones blancos’. No pudo dar más en el clavo. En pleno confinamiento, charlamos con él sobre lectura y otras obsesiones. Por teléfono, claro

Lleva Toteking semana y pico aguantando las coñas de sus amigos por sus artes adivinatorias. “¡Mira que ponerle Búnker al libro!”. La primera incursión literaria del rapero ha corrido la mala fortuna de llegar a la mesa de novedades justo unos días antes de que el mundo saltara por los aires. “No quiero ser un egoísta, pero me da pena que esto suceda ahora, he pasado dos años trabajando. Teníamos muchas citas por delante, Sant Jordi, la Feria el Libro… Luego veo las noticias y sólo puedo pensar que lo mío es lo de menos”.

Lector compulsivo, Manuel González (Sevilla, 1978) se arrancó por fin a escribir animado por Vila-Matas y editado por Blackie Books, que acaba de lanzar su atrevimiento. Para dejarlo claro, el libro es oro. Se le dice y él lo agradece de corazón.

Leyenda del hiphop español, habla el Tote con verbo florido, a la velocidad en la que declama, salpicando el discurso de recomendaciones literarias, como lo ha hecho en Búnker, donde rastrea su pasado mientras va recordando un ensayito de Chesterton aquí, un pasaje de Céline allá. Da gusto.

Esta entrevista iba a haberse realizado hace unos días, en un bar de la Avenida de Miraflores, con su sesión de fotos y, probablemente, sus cervezas. En pleno confinamiento y ante un estruendo de incertidumbres, charlamos por teléfono.

La primera pregunta es la que nos hacemos todos estos días. “¿Qué tal? ¿Cómo lo llevas?”. Cuando una lee Búnker, memorias de encierro, rimas y tiburones blancos deduce que el rapero está en el equipo de los que soportan esta historia de bien a muy bien, ¿verdad? “Bien de momento. El otro día grabé una canción y quiero intentar volver a escribir. No sabía lo mucho que iba a gustarme hasta que me puse. Cuando llevas toda la vida componiendo música y, de pronto, te quedas solo con el ordenador y la pantalla, vuelas. Es como quitarte una mochilla de 300 kilos”.

«Cuando llevas toda la vida componiendo música y, de pronto, te quedas solo con el ordenador y la pantalla, es como quitarte un corsé»

Pregunta.- Al hilo, decía nuestro paisano Antonio Luque que cuando se lanzó a escribir se dio cuenta de que las canciones eran verdaderamente tiranas.
Respuesta.- Exacto. La música te limita, es como un corsé. Cuando era más chavalito, me interesaba mucho Ismael Serrano, y en esa época me di cuenta de que había veces que este artista quería meter una frase que no cuadraba con el ritmo. Siempre he dicho que en la música hay que caer donde hay que caer, en el rap no puedes permitirte aterrizar en el lugar equivocado sólo porque quieras meter una frase o una palabra. Siempre he estado al servicio del ritmo. A veces me venía un amigo diciendo que pusiera música a un texto y yo me negaba por esto mismo. Esa libertad sólo te la ofrece la literatura. Como te comento, sin tener que someterte a este asunto, vuelas.

P.- El libro tenía 600 páginas y se ha quedado en algo más de 200. Y tanto que voló.
R.- Empezó a salir solo y quiero seguir escribiendo. No sé si saltaré a la ficción, si trabajaré con el material que se quedó fuera… hay un ensayo que me gusta mucho y del que ya he hablado con Jan Martí, el editor de Blackie Books. Y tengo una idea en la cabeza, pero no sé dónde poner la voz todavía.

P.- Dice la tele que es un buen momento para crear, igual puede aprovechar para darle forma. ¿Logra concentarse en el confinamiento? ¿A qué se dedica estos días?
R.- De momento, sí. Soy casero. Mi madre tenía una colección impresionante de vinilos y mi padre de libros. Mi casa es el legado de esta historia con un estudio de grabación añadido, de ahí lo del búnker. Soy de poco salir. Estoy leyendo mucho, ahora ando con The Game, el nuevo de Baricco sobre la revolución digital. Es un guantazo para cualquier persona que se crea moderna. El libro te descubre lo carca que puedes llegar a ser.

P.- ¿Usted carca? ¿En qué sentido?
R.- He sido siempre muy anti redes, le he dado mucha caña a los milenials sin usar esa palabra. A un youtuber que, de pronto, veo en el top de ventas en las librerías, por ejemplo. Pero lees a Baricco y te das cuenta de que eres tú el que no tienes ni idea. Dices: “¿A ver si voy a ser un puto reaccionario y no me había enterado?»

“Lees lo último de Baricco y dices: ¿A ver si voy a ser un puto reaccionario y no me había enterado?»

P.- Vuelvo a la idea del búnker en el que atrincherarse. También los refugios producen monstruos, a estas alturas todos los sabemos. Dice usted en el libro: “He descubierto que si no rompo el bucle obligándome a salir de casa, el pensamiento catastrofista seguirá engordando”.
R.- Así es. Yo soy una persona calmada, pero también tengo mis taras de obsesión. Los que tenemos este problema, debemos buscar salidas. Yo salgo a un paseo, visito a mi madre, voy al gimnasio, eso es lo que suelo hacer. Hay un momento en el que te rindes y aceptas lo que eres, un día en el que aprendes a convivir con tu trastorno. Cada año mis obsesiones mutan, un tiempo vivo pensando que me ha salido algo en la lengua, otro agobiado lamentándome porque mis últimos temas no están bien… Para estas cosas, me busco vías de escape. Leo muchísimo, tengo la casa resplandeciente o me doy una vuelta. Pero tengo asumido que a esto del confinamiento le queda.

Foto: María Macipe.

P.- Está muy bien abordado este tema en el libro, me refiero al de sus obsesiones mutantes. Entroncan con lo que usted denomina “saltos”. Le cito: “Me siento atraído hacia la idea de brincar porque mi cabeza siempre ha funcionado así, encadenando saltos e ideas ligadas entre sí que me invaden a gran velocidad y me hacen viajar sin descanso”. Ha trasladado esta dinámica retozona a su narrativa.
R.- En el texto, si estoy hablando de Céline es porque de pronto me ha venido a la cabeza un pasaje de Viaje al fin de la noche. Entonces me paso media hora tratando de recordar la página. Y luego me voy a mi móvil y me topo con otra cosa y salto hasta ella. Esto, efectivamente, se relaciona con mi nerviosismo y se percibe en el libro. Tengo que decir que la gente de Blackie Books lo ha ordenado para quitarse el sombrero. Yo les mandaba 100 páginas donde incluía dos ensayos, recuerdos familiares… Lo han hilado todo muy bien.

P.- Búnker alterna pasajes de su biografía con reflexiones sobre temas diversos, ensayos, efectivamente. ¿Dónde se gusta más?
R.- Me gusta el capítulo Particiones, que es el que abre. Muchos escritores te habrán hablado de la honestidad. A mí me dijeron: “Ágarrate a una verdad, la más profunda que conozcas”. Y esa verdad se apareció en este capítulo.

En el texto, ciertamente uno de los más brillantes del volumen, el músico ofrece un paseo por el centro de su ciudad, por el más castizo y menos turístico. Luz para los días de clausura. “Me crié en Sevilla esquivando los naranjazos que llovían desde la Plaza del Pelícano”, comienza. Las calles salpicadas de anécdotas llevan a Tote hasta la Antigua Fábrica de Tabacos, el Rectorado de la Universidad de Sevilla, donde el entonces incipiente rapero se enamoraba de todas las estudiantes y leía cada tomo que los buenos profesores de Filología Inglesa, la carrera que casi terminó, depositaban en sus manos.

Ese recorrido por los recuerdos, lo que él llama “buscar pelea”, le hizo toparse con la imagen nítida de dos compañeros de aquella época universitaria, Javi y Eugenia. Él, un chaval que levantaba cadáveres en la veintena y que había dejado un futuro de billetes para estudiar en Sevilla; ella, una minúscula deslenguada y valiente que fue capaz de presentarse de esta forma: “Tote, ya he oído tu disco. ¿Cómo tienes tanta capacidad para hablar de las cosas que odias, tío?»

P.- Entonces, dos personas de las que apenas se había acordado en 20 años reaparecen como verdad absoluta y usted empieza a desmadejar el pasado.
R.- Yo no sabía que tenía tan fuerte en mi cabeza la imagen de Javi y de Eugenia. Tanto que, cuando lo descubrí, parecía que los tenía delante. En todo este tiempo he vivido millones de historias, te puedes imaginar: conciertos, carreteras, hoteles con chicas… todo eso en mi libro es un tres por ciento. Sin embargo, ese capítulo, que no es muy especial, supone algo que es cierto, una verdad.

«He vivido millones de historias, te puedes imaginar: conciertos, carreteras, hoteles, chicas… todo eso en mi libro es un tres por ciento»

P.- Eugenia le puso por delante la idea de que usted odia desmedidamente casi todo. Según se avanza en la narración, se deduce que el exorcismo literario le ha servido para aplacar un poco esta facilidad para la rabia.
R.- No sé por qué me sucede esto pero es así desde que soy pequeño, no sé si es un quiste emocional pero siempre he tenido esos impulsos de odio, los que me daban cuando alguien se reía de mí por ir con gorra y pantalones anchos. Me ha pasado en todas las épocas de mi vida, tengo facilidad para odiar y creo que, como manifestó Eugenia, a la gente le faltaba saber qué me gustaba. En mi discografía hay pocos temas esperanzadores, pocos que planteen propuestas. La literatura es una fuerza más grande que la música, es sanadora. Cuando ya sabía que mi papá iba a fallecer, no paraba de leer. Durante esos tres últimos años, me cargaba un libro al día. Creo que he leído más libros que discos he escuchado, era lo único que me calmaba, me costaba entrar en ellos pero, una vez que lo hacía, ya me sentía tranquilo. Escribir y leer es lo que me sirve. Sí, soy un tío que odia muchas cosas y la base del amor la he encontrado en la literatura.

«La literatura es una fuerza más grande que la música, es sanadora»

P.- Me pregunto si este libro va a empapar también su música en el futuro, si ha alterado su forma de crear una vez que se ha sometido a este proceso.
R.- Mientras lo escribía compuse unas cinco o seis canciones que me gustan mucho y que tienen relación con Búnker. Y está guay, me ha sentado bien. No sé si voy a poder mantener el trabajo físico y mental de estos dos años si he de compaginarlo con giras, promociones, grabar, otra gira y, además, mantener tu casa. Tendré que buscarme las papas para seguir en las dos cosas, pero en ninguna haré una chapuza.

P.- El rap y, como dice, la vida del artista, es lo de menos en la obra. ¿Se lo ha recriminado algún seguidor?
R.- Era un miedo que tenía, sí. Pero estos días he consultado las redes más que nunca y, de momento, no hay quejas. Sabía que tenía entre manos un libro cierto y honesto, y en esa honestidad el rap ha tenido el lugar que ha tenido. Cuando uno es músico, una vez que entra en el embrollo de las giras, no se entera de nada. Es como trabajar en una fábrica, pasan 20 años y te parecen cinco. Dices: “¿Yo he estado ya en Gerona?”. Y luego caes en que sí, en que has estado hace relativamente poco.

«Cuando conocí a Vila-Matas, llevaba unas Nike más guapas que las mías. Es sorprendente lo moderno que es en todo»

P.- Cambio de tercio, que todavía no hemos hablado de Enrique Vila-Matas. Si le soy sincera, la idea de un epistolario y una amistad entre ustedes dos me sigue pareciendo muy divertida. Enrique le prologa el libro y antes, cuando lo lee, le felicita y le garantiza que verá la luz. Me gustaría que me hablase de él como mentor y, hasta cierto punto, también como padre, porque este es un libro también sobre los padres, sobre la pérdida del suyo y el encuentro con el escritor que le organizó las lecturas para el resto de su vida.
R.- A Enrique me lo recomendó por primera vez mi profesor Ignacio Guijarro. Me quedé loco. Ya había leído mucho entonces pero aquello me abrió una puerta literaria más moderna, entré en su universo. Vi el juego que había ahí. Luego un colega me contó que había escuchado a Vila-Matas hablando de una canción mía que tiene una alusión a su obra. Pensé: “Joé, qué pasada”. Pasaron los años y me hice ultra fan hasta que un día me animé a escribirle un correo. Me respondió de una forma totalmente natural, sin pose alguna, sin barreras. Y ahí empezamos a escribirnos. Lo que más me sorprendió es lo verdaderamente moderno que es, da igual la edad que tenga. Lo es en sus razonamientos y hasta vistiendo. Cuando le conocí, llevaba unas Nike más guapas que las mías. Esos días estaba yo tocado con mi padre… que él apareciera y tenerle referente para los libros fue alucinante. Yo no quería agobiarle, si acaso nos mandábamos un par de mails al mes. Me escribía: “Lee a Cristian Crusat, este malagueño”. Y nunca ha fallado. Luego está su sentido del humor, sus bromas.

P.- Le dejo ya con sus libros. Le vi hace unos días, por cierto, recomendando lecturas a sus fans para el confinamiento en un vídeo de Instagram. Buena biblioteca. Y no está mal la iniciativa para un hater de internet. Al final está poniendo en práctica eso que narra en Búnker, lo de que no quiere envejecer odiando.
R.- A estas cosas me impulsan, no suele ser cosa mía. Pero, la verdad, fue divertido. Y luego ves a un chaval diciendo que se va a pillar tal libro. Con que tres lean, me doy por satisfecho. Qué va, no voy a envejecer odiando.

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