Horas críticas

Mundo hormiga

Dice Charlie Kaufman en Synecdoche, New York, o lo dice el protagonista de la historia, Caden Cotard, que viene a ser lo mismo, porque no deja de ser un trasunto de su director, o al menos de la idea de la mente del director por parte de su audiencia, en fin, sea como sea, que me estoy liando, dice que hay cerca de trece millones de personas en el mundo (porque aunque no sirva más que de telón de fondo y apenas lo veamos en detalles aparentemente superfluos, la historia tiene lugar en una versión de nuestro mundo que se parece estar yendo al carajo), dice, perdón, que hay cerca de trece millones de personas en el mundo y ninguna de ellas es un extra; es más, todas ellas, dice Caden, dice Charlie, son las protagonistas de sus propias historias.

Esta máxima, o reflexión, o como la quieran llamar, se repite en muchas de las películas escritas y, desde hace unos años, también dirigidas por tan singular creador. La humanidad por encima de todo. La humanidad como centro de una filmografía construida desde el artificio más exagerado y obvio precisamente para lograr que seamos conscientes de qué es lo que reside en su interior: personas que, en mayor o menor medida, pero de manera ineludible, deseamos ser queridas y queremos ser deseadas por alguien. De protagonizar, también, aunque sea por algún rato, un capítulo de alguna historia ajena o, en su defecto, de aparecer como breve nota al pie de esa biografía.

Por eso mismo, por esa mezcla de microscopía humana y grandilocuencia conceptual, Charlie Kaufman disfruta de crear estructuras faraónicas y de visible cartón piedra que, paradójicamente, están tejidas con la piel de cada uno de nosotros. Lo hizo en el teatro hangar de proporciones inabarcables de la mencionada Synecdoche, New York, en el pretendido formato de stop motion y marionetas para Anomalisa, y lo hace en su debut como novelista en Mundo Hormiga (2021, Editorial Barrett). La diferencia entre su última creación y las anteriores es que aquí, ahora sí, Charlie se quita de encima cualquier limitación impuesta por llevar a la gran pantalla sus ideas y las deja volar libres (y completamente desbocadas) por cualquier lugar que decidan explorar. Si sus guiones le parecieron extraños, después de leer esta novela se le antojarán incluso demasiado encorsetados en lo cotidiano.

Una vez advertidos de lo que tienen delante, prepárense para conocer a B, protagonista y encarnación del clásico crítico cinematográfico posmoderno de conocimientos enciclopédicos sobre el séptimo arte y que lucha continuamente por disfrazarse de falso feminista, antirracista, aliado, aliade o como B prefiera llamarse. Un hombre insulso que encontrará la oportunidad de su vida al conocer a Ingo Cutbirth y descubrir que el buen hombre ha pasado casi toda su vida construyendo una película de stop motion que dura tres meses. Y entonces Ingo morirá. Y B decidirá salvar su obra. Pero la película se quemará. Y B acabará en un hospital en coma. Pero despertará. Y sólo quedará un fotograma de dicha obra y la mala memoria de un accidentado y chamuscado B, que se sentirá en la obligación moral (nah, no nos engañemos, lo hace por el reconocimiento y prestigio) de reconstruir esa supuesta obra maestra. Y entonces, solo entonces, es cuando todo se volverá raro, pero raro de verdad.

Porque solo entonces nos veremos en ese espacio limítrofe donde no sabremos qué es o se supone realidad, qué es imaginación, en qué lugar empieza la ciencia ficción y dónde acaban los recursos metanarrativos. Porque si tenemos en cuenta que Kaufman leyó durante su juventud bastantes libros de física (nada excesivamente técnico, tampoco nos vengamos arriba) y a eso le sumamos su más que conocida admiración por la obra de Beckett o Pirandello, su parentesco literario o sencillamente creativo con Pynchon (prepárense para las reseñas donde se hable una y otra vez sobre el paralelismo entre esta obra y cualquier otra composición pynchoniana, empezando por El arco iris de gravedad, aunque ni por asomo se le parezca) y un obvio conocimiento de las distintas teorías sobre la mente humana, desde el propio psicoanálisis hasta las últimas propuestas en el ámbito de la neurociencia cognitiva, si tenemos todo eso en cuenta, decía, y lo mezclamos en la mente desatada (¡por fin!) de Charlie Kaufman, tendremos esto. O sea, Mundo Hormiga.

Una novela.

De Charlie Kaufman.


Mundo hormina
Charlie Kaufman
EDITORIAL BARRETT
(Sevilla, 2022)
944 páginas
29,90 €

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