Tempus fugit

Ya estamos en ferragosto

Tempus fugit: XXXIV septimana

24 de agosto – San Bartolomé

Hoy es el día de San Bartolomé, uno de los apóstoles que, tras acompañar a Jesús, predicó el Evangelio por tierras de lo que hoy llamamos Armenia.

Durante los siglos XVI y XVII pocos autores de los famosos en España se resistieron a pintar apostolados, es decir, retratos individualizados de los doce discípulos que acompañaron al Maestro en los que suelen aparecer con sus símbolos característicos. El Greco dejó varios de estilo inconfundible -conservados en Toledo, Oviedo y Glasgow- y José de Ribera, años más tarde, pintó otra serie que es desgarradora por la cercanía de los personajes al común de los mortales, como era propio del Barroco.

Bartolomé murió desollado cuando predicaba por esas tierras entre Turquía, Georgia, Azerbaiyán e Irán que tanto nos cuesta poner en nuestro mapa mental y que tradicionalmente se ha identificado con el Jardín del Edén. Allí se sitúa el monte Ararat -hoy en territorio turco pero muy visible desde Everán- en el que según la Biblia encalló el Arca de Noé tras el Diluvio universal y en cuyas laderas el más famoso patrón de barcaza de la historia antigua hizo el primer botellón del que se tiene noticia.

Armenia perteneció a la URSS y se declaró independiente en 1991. Es un país muy pequeño, poblado por unos cuatro millones de habitantes, que se ha tenido que defender de la agresividad turca y rusa alternativamente y que ha sufrido la diáspora de sus habitantes que se reparten por Europa y América.

Los armenios fueron cristianos puros, de los primeros, más ortodoxos que los coptos, que ya es decir. Durante la dominación soviética la religión anduvo algo escondida pero después de 1991 ha habido gran expansión del culto y sobre todo a San Bartolomé al que consideran su patrón.

Armenia es también la patria de dos músicos famosos, Charles Aznavour(ian) y Aram Khachaturian, quizá menos conocido por su nombre que por su obra: es el autor de la Danza del Sable -una melodía que casi todos reconocemos- y del ballet Gayaneh cuyo adagio forma parte de la banda sonora de 2001: Una odisea del espacio, la película de Stanley Kubrick en la que se utilizaron, de manera muy innovadora y atrevida, piezas de música clásica para ambientar algunas escenas. Otros personajes que han nacido o son de origen armenio y se les reconoce por la particularidad de los apellidos, siempre terminados en -ian, sufijo que algunos han eliminado para adaptarse al país en el que viven, como es el caso de Cher o Andrè Agassi. Las Kardasian, sin embargo, lo han mantenido.

24 y 25 de agosto – Erupción del Vesubio


La antigua Pompeya fue una ciudad del Imperio romano ubicada en la costa oeste de la península italiana y muy cercana al volcán Vesubio.

En el siglo XVIII, el sur de la actual Italia pertenecía a la corona española y era gobernada por un rey que con el tiempo hubo de abandonar el reino de Nápoles-Dos Sicilias para ocupar el trono español con el nombre de Carlos III, casi obligado por su madre, la reina viuda Isabel de Farnesio, alias “la parmesana”.

El tipo vivía estupendamente rodeado de cantantes, poetas e «ilustrados» que le metieron el gusanillo del saber y la modernidad; gracias a ello, el monarca se empeñó en localizar dos ciudades desaparecidas bajo las cenizas del Vesubio que, según la tradición, fueron en su tiempo sinónimo de riqueza y de lujo.

Así, en 1748, gracias a su patrocinio, se desenterraron las primeras casas de las antiguas Pompeya y Herculano que confirmaron que, en efecto, habían sido un centro de comercio muy importante y, posiblemente, una Marbella del siglo II a la que acudían las familias pudientes a pasar el verano huyendo de lo que se conoce en Roma como ferragosto.

A partir de ahí se han sucedido las excavaciones arqueológicas que han sacado a la luz todo lo que quedó cubierto por una implacable erupción volcánica ocurrida en los días 24 y 25 de agosto del año 79 d.C., según algunos textos antiguos de no muy fiable credibilidad. La desgracia debió pillar a casi todos por sorpresa pues se han encontrado muchos restos de vida cotidiana, objetos y joyas que no fueron preservados por sus dueños y que han servido a los historiadores para componer el modelo de sociedad y las costumbres que debían regir a sus habitantes. Casas decoradas con pinturas murales que ahora llamamos trampantojos y cuadros que son auténticos retratos nos cuentan también cómo era la vida de una sociedad en la que algunas mujeres debían tener cierto estatus intelectual.

Una de las imágenes más bellas de las encontradas en Pompeya se encuentra en el Museo de Nápoles y representa a una muchacha que se lleva a los labios el cálamo con el que escribe, en una actitud pensativa y concentrada. Tiene los rizos recogidos con una redecilla que deja escapar alguno de ellos por los lados, sobre unos zarcillos de oro, y una mirada grande, expresiva, fuerte, de una hermosura extraordinaria.

Se la ha identificado con la poetisa griega Safo, nacida en el siglo VI a.C en la ciudad de Mitilene, capital de la isla de Lesbos (muy cercana a las costas turcas) donde dirigía la llamada «Casa de las Musas», el lugar en el que se formaba a las jóvenes de la aristocracia griega para el matrimonio y en el que compuso delicados poemas alabados hasta por el mismísimo Platón.

El efecto de la erupción acabó con la vida de ambas ciudades, pero no sé si el turismo, a juzgar por lo que cuentan los informativos, las va a terminar apuntillando como a los toros. Veremos qué ocurre: de momento, ya han puesto tickets de entrada y salida en Venecia, otro de los destinos turísticos que van a morir de éxito, como se dice ahora.

26 de agosto – Peggy Guggenheim

Peggy Guggenheim en los escalones del pabellón griego en 1948 (24ª Bienal de Venecia)

Cayo Mecenas fue un patricio romano, consejero del emperador Augusto, nacido en Etruria, la región italiana que hoy ocupa el centro-norte de Italia, las famosas Toscana y Umbría.

Su afición a las obras de arte fue tan legendaria que a partir del Renacimiento su apellido se convirtió en sustantivo y todavía se aplica a todo aquel que sostiene a un artista para que este desarrolle su obra.

Los reyes y la Iglesia han sido los mecenas tradicionales porque reunían lo necesario, dinero y poder, pero poco a poco se fueron sumando al mecenazgo nobles y acaudalados que veían en el Arte la última expresión de poderío y, en algunos casos, la más sublime. Cabe que muchos fueran también aficionados a contemplar belleza, no digo que no.

Las grandes fortunas de los siglos XIX y XX que proceden, en su mayoría, de la minería, la industria metalúrgica y la banca y que han estado tradicionalmente en manos de judíos europeos o americanos se convirtieron en los nuevos mecenas. Apellidos como Rothschild, Thyssen o Guggenheim son conocidos por las importantes colecciones de Arte que han ido adquiriendo y que podemos contemplar en las fundaciones y museos que llevan sus nombres.

Peggy Guggenheim, nacida el 26 de agosto de 1898, pertenecía a una familia de judíos americanos de origen suizo y alemán que amasó una fortuna con la minería; su padre, hermano de Solomon, murió en el naufragio del Titanic dejándole una herencia que le permitió dedicarse a la vida agitada que se desarrollaba entonces en algunas capitales europeas como París y Londres. Debía ser una mezcla de Paris Hilton y Carmen Thyssen, es decir, una chica estrafalaria y con pasta que se introdujo de lleno en los ambientes artísticos y se dedicó a comprar obras de los artistas con los que convivía y que ahora catalogamos como integrantes de las llamadas Vanguardias históricas.

Llegó a casarse con Max Ernst y tenía como consejero a Mondrian, por citar alguno. Fue la descubridora de Jackson Pollock, iniciador del Expresionismo abstracto -manchurrones sobre un lienzo gigante- y anduvo entre Europa y Nueva York hasta que, finalmente, compró un palacete en Venecia en el que vivió sus últimos años y donde colocó la mayoría de sus (extraordinarias) obras.

El centro se llama Palazzo Venier dei Leoni y está en el Gran Canal, pero al otro lado, muy cerca de mi iglesia preferida, Santa María de la Salute, de Baldasare Longhena. Recomendaría su(s) visita(s) si no fuera porque las hordas de turistas tienen colapsada la calle, los cruceros impiden ver el Gran Canal y este verano ha sufrido un par de «reventones cálidos» que tampoco han impedido la sobresaturación de personas.

 

2 Comentarios

  1. Tres historias interesantes con el arte como eje central.Estupendas,cómo siempre.

  2. Pingback: Bayas: historias de una ciudad a 20 metros de profundidad - Jot Down Kids

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