Tempus fugit

Reyes, reinas y un misteri

Tempus fugit: XXXIII septimana

14 y 15 de agosto – El Misteri de Elche

La palabra misterio procede del griego misterion que significa secreto y ceremonia religiosa para iniciados. Deriva de myo que significa «yo cierro».

Los misterios eran dramas religiosos que representaban pasajes de las Sagradas Escrituras o las vidas de Jesucristo y los santos. En la España medieval había misterios en casi todos los pueblos, especialmente en los de la Corona de Aragón, y todavía se conservan algunas de estas representaciones como el Misterio de San Cristóbal en Valencia o el más famoso, el de Elche, que se ha vuelto a representar este año después de la sequía pandémica.

Los autos sacramentales eran otra cosa: en ellos también se escenificaban dramas religiosos, pero eran de carácter moralizante, alegórico, teológico y unos cuantos adjetivos más que lo alejaban de lo popular. Era una representación para entendidos y no deben ser confundido con los misterios, más de andar por casa, que eran representados por las gentes sencillas en honor de sus patrones o de sus vírgenes.

El Misterio de Elche se mantuvo aun cuando los demás ya habían desaparecido y ha llegado a nuestros días con una fuerza inusitada; el espíritu festero y la raigambre popular han hecho mucho por su vida prolongada. Los ilicitanos lo protegen y lo miman y se cuenta que este año la productora de Emilio Aragón está rodando un documental tipo Hollywood para llevarlo por las televisiones de todo el mundo.

Consta de dos partes: el día 14 tiene lugar la Vespra (dormición de la Virgen) y el día 15 la Festa (asunción a los cielos). Las voces de los niños que representan a la Virgen y sus hermanas, los coros de los apóstoles y los judíos, los actos ceremoniales, el órgano a todo trapo y los artilugios celestiales llenan la basílica de Santa María ya de por sí abarrotada de gentes. La magrana y el araceli suben y bajan al son de músicas, aplausos y griterío, acompañados desde la calle por la pirotecnia que no puede faltar en ninguna población de la Comunidad Valenciana.

A pesar del calor socarrante, nadie faltó a la cita de este año, ni siquiera las monjas carmelitas, apostadas en el balcón izquierdo del ábside, vestidas rigurosamente de hábito negro con toca y barbín blanco, cual conjunto de pingüinos. El personaje central del araceli que recoge el alma de la virgen sigue pareciendo un cantaor gitano por la peluca negra que le ponen, en contraste con los rizos dorados de los ángeles que le acompañan; se cumplieron todos los rituales una vez más, incluyendo los amontonamientos de personas para coger algunos oropeles, el confeti dorado que se lanza desde la cúpula y que trae buena suerte hasta el próximo misteri.

Solo chirrió una cosa: antes de la representación subió al altar una comitiva de obispos acompañados de un grupo de curas jóvenes y diáconos que rezaron, cantaron y leyeron salmodias. Esto sucede durante la hora anterior y es muy ceremonioso. Si se quiere contemplar el misteri sentado hay que estar en la basílica con bastante antelación así es que fue inevitable escuchar a los religiosos jóvenes leer con dificultad, alguno sin entonación, e incluso pronunciar «desválido» como si fuera una palabra esdrújula.

Conocer el origen de las palabras nos ayuda a entender el mundo mucho mejor. Es una pena comprobar cómo se pierde la comprensión del significado de muchas de las cosas que nos ocurren mientras la atención se desvanece por falta de entendimiento. Estudiar latín debería ser obligatorio desde la infancia.

La vuelta del Misteri es la vuelta a la normalidad. Dicen que después de la virgen de agosto cambia el tiempo, llegan las cabañuelas, el calor cede durante unos días y el verano irá tocando a su fin, aunque, si el cambio climático no lo remedia, se prolongará hasta primeros de noviembre. Como casi siempre.

16 de agosto – Elvis Presley

«La música es el arte de bien combinar los sonidos y el tiempo» era la frase que abría los manuales del ramo hace unos años y no sé si todavía se usa para describir lo indescriptible. La combinación de sonidos y tiempo es un proyectil directo al hipotálamo que puede modificar el ADN, estimular la secreción de jugos gástricos, variar la función de los intestinos, poner en funcionamiento las glándulas lacrimógenas y elevarnos sobre el suelo sin intervención de agentes físicos conocidos, lo que vulgarmente se conoce por levitar. Cualquier música que nos llegue al alma.

Algunas más que otras, todo hay que decirlo: hay que entender mucho para emocionarse en un concierto de música atonal, que me perdonen los expertos; yo hablo desde la emoción primitiva, la que es capaz hasta de amansar fieras.

En la tarde del 16 de agosto de 1977 la novia de turno de Elvis Presley lo encontró tirado delante del váter en forma de trono que se había mandado construir en su mansión de Memphis ¡qué imagen más ridícula si se piensa! Tenía 42 años y había sido «el rey». Él, que renegaba de las drogas ilegales, murió víctima de la ingesta excesiva de medicamentos a los que era adicto. El mito no nació ahí, en todo caso, se hizo más grande.

Elvis tenía una voz prodigiosa, con registros de barítono y tenor, capaz de subir y bajar octavas con la misma facilidad con la que se plancha un paño de cocina; tenía un físico potente, sensual, y era muy guapo. Fue el primero en mezclar el country y el rhythm & blues dando lugar al rockabilly: nuevas músicas para los nuevos tiempos, esos de posguerra que vieron nacer el pop y crecer el jazz, el blues y otros ritmos que venían a arrinconar a los clásicos.

Sus facultades musicales fueron descubiertas por su maestra de primaria que le animó a cantar en vista de que los estudios teóricos no eran de su interés. De su vida se sabe casi todo, de sus desgracias, de la gente que le rodeó y de sus vaivenes amorosos, pero no sabemos mucho de cómo se debía sentir un muchacho nacido en una familia humilde con un talento inusitado para mover las emociones. La película de Baz Luhrmann, el biopic estrenado este verano, incide más en el papel de su descubridor y agente Tom Parker que en los propios sentimientos del propio Elvis, aunque la voz, la música y el propio protagonista sí están a la altura del más grande.

Merece la pena verla solo por la manera en que quedan grabados en las meninges esos ritmos fantásticos. Eterno Elvis.

18 de agosto – Las Elenas sin hache

Santa Elena nació en 250 en Drépano, en el Peloponeso griego, hoy paraíso de surferos. Un lugar precioso.

Sus padres tenían un establecimiento de comidas para llevar y fue allí donde conoció a Constancio Cloro (llamado así por la palidez de su cara) que era tribuno militar, como general de los ejércitos romanos. La chica era muy guapa y Constancio se la llevó a Roma como concubina, aunque años después se casó con ella. Tuvieron un hijo al que llamaron Constantino que llegó a ser emperador y que es conocidísimo en la historia por ser el primero que autorizó el culto cristiano acabando con las persecuciones, martirios y destrozos que se llevaron a cabo durante los cuatro siglos siguientes al nacimiento de Jesús; lo hizo al publicar el requetefamoso Edicto de Milán en 313.

Cloro fue nombrado gobernador de las Galias (actual Francia) y embebido de poder y riqueza, repudió a Elena para casarse con Flavia Maximiana, sobrina del emperador Maximiano. A pesar de que tuvo tres hijos con su jovencita mujer nombró como su sucesor a Constantino, hijo de la primera.

Elena hizo lo que mucha gente después de un fracaso o ruptura amorosa: se acogió a la religión convirtiéndose al cristianismo. Se refugió además en la compañía inseparable de su hijo Constantino que viajó con mamá a Oriente para sus campañas militares. Elena llegó a Jerusalén donde ordenó construir la iglesia del Santo Sepulcro y la del Monte de los Olivos que serían posteriormente destruidas y vueltas a construir.

Se dedicó a buscar restos de todo lo que tuviera que ver con Jesucristo instando excavaciones acá y acullá y así fue como encontró la Vera Cruz de la que hizo tres trozos (ahora hay muchos más) que repartió entre Constantinopla y Jerusalén. También encontró los clavos del martirio en la cruz, dos de los cuales mandó fundir, uno para el bocado del caballo de su hijo (el Bocado Sagrado) que se encuentra en Milán, otro para la corona y el tercero lo tiró al mar cuando volvía en barco a Roma para calmar una tormenta que le daba mucho miedo.

Si eran tres o eran cuatro los clavos de Cristo y qué hizo Santa Elena con el cuarto si es que triunfa la hipótesis de los pares, fue discusión teológica en la Edad Media y no se debió llegar a conclusión alguna porque seguimos sin saberlo.

Falleció en Roma en el 329 dejando muy desconsolado a su hijo que, como tributo a su memoria, convirtió el cristianismo en religión oficial.

En su honor se bautizarían ciudades y territorios: Juan de Nova, un navegante al servicio de la corona portuguesa, llamó, en 1502, Santa Elena a una isla situada a unos 2.000 km al oeste de Angola, en el Atlántico, isla a la que fue enviado Napoleón después de su derrota en Waterloo y en la que acabarían sus días. Hoy es de administración británica y destino turístico, aunque no se puede hacer surf como en Drépano por la fiereza de sus aguas

¡Felicidades, Elenas!

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