Tempus fugit

Carnes, diplomáticos y bastantes lanzas

Tempus fugit: XXII septimana

30 de mayo de 1640 – Muerte de Rubens

Las tres Gracias, 1630-1635. Pedro Pablo Rubens. Museo del Prado.

En el año 1901, Ransom Eli Olds, natural de Detroit (EEUU), patentó una «cadena de montaje» para un ingenio inventado unos años antes llamado automóvil. Fue tan exitosa su producción que un tipo listo, llamado Henry Ford, le copió la idea y la perfeccionó al punto de que se le ha llegado a considerar el auténtico padre de la fabricación en cadena. En 1923 A. Huxley, en su novela de ciencia ficción Un mundo feliz, lo elevó a la categoría de dios —su fordería— de una hipotética sociedad que la consagraba hasta para la creación de seres humanos.

Pero ese modelo de producción ya había sido utilizado en otros ámbitos: a ella recurría el pintor Pedro Pablo Rubens, fallecido en Amberes —entonces Países Bajos Españoles— el día 30 de mayo de 1640, para la creación su ingente cantidad de obras.

¿Cómo si no se explica que se hayan catalogado unas 1.500 pinturas y miles de dibujos y bocetos? Vivió 62 años y empezó a pintar jovencito, eso sí, pero fue un viajero incansable porque además de pintor fue diplomático en el sentido antiguo del término, es decir, llevaba y traía recados por encargo de reyes y poderosos. Era un tipo simpático y buen conversador, según le describen algunas de sus biografías, y eso le hacía muy capaz de negociar arreglos sin crispaciones entre personajes que tenían casi siempre la escopeta montada. No parecía tener mucho tiempo disponible para pintar.

Él recibía el encargo, planeaba el cuadro, se documentaba, lo esbozaba y sus oficiales se encargaban de ejecutarlo siempre bajo su supervisión. Cada sección de su taller se ocupaba de un elemento: tenía paisajistas, dibujantes, coloreadores, especialistas en pelos, manos (muy difíciles), doradores, etc. Por supuesto, el toque final corría de su cuenta, nada salía de su estudio si él no le daba el visto bueno.

El rey español de entonces, Felipe IV, era muy aficionado a las artes. Cuando Rubens murió su familia vendió muchas de sus pinturas y el rey compró la mayor parte de lo subastado para colgarlo en su palacete, el Alcázar Real; gracias a esto hoy podemos contemplar lo más granado de su obra en el Museo del Prado.

Entre sus temas preferidos estuvo la mitología griega y una de sus obras más conocidas es Las Tres Gracias; en ella se representa a las hijas de Zeus, Aglaya, Talía y Eufrónise de pie, desnudas, entrelazadas por brazos y velos, en animada charla, en un idílico paisaje, enmarcadas por un árbol a la izquierda, una cornucopia dorada a la derecha y una guirnalda de flores en la parte superior, un entorno poco natural pero tan real como esas mujeres entradas en carnes de entonces y también de ahora, no nos engañemos. Tomó como modelo (con ligeras variaciones) el cuerpo de su segunda mujer, Helena Fourmet.

Se nota que llega el veranito porque, además del calor, ya aparecen en TV los anuncios de pastillas adelgazantes con una voz en off que pregunta si piensas empezar este lunes la dieta. Está todo analizado, es tremendo, empezamos el lunes y abandonamos el martes por la noche —aburridas y deprimidas— así es que propongo sustituir esta secuencia inútil con «Los miércoles, museo», es decir, dejar los bálsamos de fierabrás de lado y tomar una cápsula de ARTE un día a la semana. Con paseos de un par de horas que activan la circulación y llenan el cuerpo de endorfinas ¿quién necesita pericias y engañabobos? A lo mejor se nos pasaban las tontunas.

3 de junio de 1999 – Javier Solana, Mr PESC

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Javier Solana, 1999. (DP).

Física del estado sólido es el nombre completo de una asignatura que suena dificilísima para una persona de letras como menda, pero seguramente muy comprensible para los alumnos de ciencias. Ciencias o letras son las opciones que determinan los caminos por los que discurrirá la vida profesional de la mayoría de universitarios que se ven obligados a elegir en el bachiller, aunque la curiosidad y las ganas de saber de los seres humanos puedan diluir ese aparente binomio. Muchos prejuicios planean todavía sobre la capacidad de acercarse a una u otra materia en función de la formación previa, pero son eso, prejuicios: cualquiera de nosotros está siempre en disposición de aprender lo que sea si tiene interés en hacerlo.

Javier Solana Madariaga (1942) fue profesor de esa rareza que trata —intuyo— de cómo se mueven los cuerpos que ocupan un lugar en el espacio y en la que quiero incluir las masas celulíticas rubenianas que pronto luciremos a la orilla del mar y otras cosas más terrenales. Posee un currículo impresionante, es un hombre de reconocida inteligencia que tuvo la suerte de nacer en una familia ilustrada que le proporcionó una buena educación. Disfrutó de una beca Fullbright, lo más de lo más, y ha sido, además de profesor, ministro de Cultura, Educación y Ciencia y AAEE. Era secretario general de la OTAN cuando la desgraciada guerra de Yugoslavia y fue el primer Alto Representante del Consejo Europeo para la Política Exterior y la Seguridad Común, título que se resume en el más cómodo Mr. PESC.

En este encaje de bolillos que llamamos construcción europea, se previó que existiera una especie de ministro de Asuntos Exteriores de la UE, pero, cogiéndosela con papel de fumar (perdón por la ordinariez), buscaron una denominación para ese cargo que no lo vinculara con sus homólogos de cada uno de los estados miembros, sino que lo distinguiera de ellos.

El día 3 de junio de 1999, Solana fue nombrado Mr PESC y ocupó el cargo durante diez años. Tuvo que lidiar con muchos problemas tanto internos —el eterno «yo me opongo» de los británicos— como externos —la presencia creciente de China en la escena mundial— y consiguió que se entendiera la necesidad de una sola voz europea de cara al exterior.

El Mr PESC actual es otro español, Josep Borrell (1947) que no le anda a la zaga en formación y capacidades: es catedrático de Matemáticas empresariales, algo más fácil de entender, es Ingeniero Aeronáutico de formación y Economista y tiene también un currículo impresionante como político y ministro. Fue nombrado alto representante en diciembre de 2019, poco antes de la irrupción de la pandemia en nuestras vidas, y ahora le está tocando bailar con lo más horroroso.

Estos dos españoles tienen un lugar en lo más alto de la política internacional. Son los Jean de Dinteville y Georges de Selve retratados en 1533 por Hans Holbein el Joven en el cuadro Los Embajadores Franceses de la National Gallery de Londres, los primeros diplomáticos reconocidos por su mérito de empuñar la palabra y no las armas, como también haría Rubens años después.

Solana y Borrell merecerían un retrato similar si se obviaran los prejuicios políticos y se valorara el trabajo al que se han entregado porque, al fin y al cabo, son un ejemplo para el orgullo patrio. La semana pasada el Madrid ganó la Copa de Europa dando patadas a un balón mientras Nadal y Alcaraz hacían lo propio con una raqueta en las manos: las televisiones no han parado de ofrecer las imágenes de sus triunfos que son también orgullo de todos los españoles.

5 de junio de 1625 – Rendición de la ciudad de Breda

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La rendición de Breda, 1634. Diego Velázquez. Museo del Prado.

El día 5 de junio de 1625, Justino de Nassau, gobernador holandés de Breda, entregaba las llaves de la ciudad, como símbolo de rendición, al general genovés Ambrosio de Spínola que mandaba los tercios de Flandes.

Breda es una ciudad que pertenece al Condado de Brabante en los Países Bajos, está en la zona holandesa pero gran parte de ese condado pertenece a Bélgica en la actualidad. En 1581 fue conquistada por las tropas del rey Felipe II que estaba empeñado en detener el avance del protestantismo en sus reinos. La lucha fue permanente y muy cara (costaba mucho «poner una pica en Flandes») y si algo queda hoy todo aquello es que sigue siendo uno de los enclaves católicos de Europa.

El nieto de Felipe II, el aficionado al arte Felipe IV, quiso decorar el Salón de Reinos del palacio del Buen Retiro de Madrid con pinturas relativas a las victorias de la monarquía hispánica y encargó 12 cuadros relativos a ellas. A Diego Velázquez, nacido el 5 de junio, pero de 1599, le encargó la pintura de mayor tamaño y este se documentó mucho antes de abordar un cuadro tan «redondo».

Los relatos sobre la ceremonia de rendición habían sido recogidos por un escribiente llamado Hermannus Hugo, pero Velázquez se inspiró en la comedia de Calderón de la Barca El sitio de Breda escrita también en 1625.

Y, chulito que era el sevillano, casi no hizo apuntes preparatorios para un cuadro colosal que fue prácticamente pintado sobre el lienzo, sin apenas dibujo. Lo tenía todo en la cabeza y así lo resumió: los protagonistas están en el centro, Spínola, desmontado, pone la mano en el hombro de Nassau impidiendo que termine de arrodillarse; los soldados del ejército español están agrupados a la derecha, con sus lanzas enhiestas simbolizando el fin de la contienda, los soldados holandeses, agrupados a la izquierda, contemplan una escena a la que uno de ellos, que nos ha descubierto, nos invita a participar con su mirada. Son gentes normales, están sucios y cansados, algunos contemplan las ruinas de una ciudad heroica que, pintada en tonos fríos, parece muy lejana.

Estamos allí.

Y pintó el aire porque la atmósfera es un personaje más de sus cuadros en los que consigue lo que los teóricos llaman la «perspectiva aérea» —nunca he sabido muy bien cómo se casan estas dos palabras— y que le ha otorgado la categoría de genio universal.

Un acto de rendición que refleja caballerosidad e impide la humillación, un grupo de chavales metidos en unas guerras que les son ajenas, unos caballos sobrevivientes y tranquilos, las armas de la época, los paisajes de la época y el cielo imaginado de aquel día; y nosotros allí, espectadores embelesados de una escena de la que hoy se cumplen 397 años.

¡Feliz cumpleaños también, Velázquez!


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Un comentario

  1. Eres una mujer sabia. Me gusta mucho todo lo que escribes y tu estupendo sentido del humor.

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