Tempus fugit

San Antón

Tempus fugit: tertia septimana

Tríptico de Las tentaciones de San Antonio (h. 1501). El Bosco.

17 de enero. San Antón

Abel Caballero, alcalde de Vigo, ha tomado al pie de la letra el refrán que dice que hasta san Antón, Pascuas son y apura el apagado de sus planetarias luces navideñas hasta el día de su onomástica, el 17 de enero. Él puede y quiere.

San Antonio Abad o san Antón fue un egipcio nacido en el siglo III que vendió todas sus propiedades, entregó lo recaudado a los pobres y se fue a vivir al desierto. Se le considera el primer ermitaño y por ello fundador de este modelo de vida que consiste en dedicar el día a la oración, ayunando y prescindiendo de todos los placeres terrenales. Una existencia de estas características debía de ser muy atractiva para los demonios y tentadores en general (especialmente mujeres) según recogieron algunos biógrafos como Atanasio, patriarca de Alejandría, o Santiago de la Vorágine, un genovés que escribió sobre las vidas de los santos que, como Antón, lo pasaron fatal en el desierto.

Según la leyenda, se trasladó a Cataluña para exorcizar a la mujer e hijos de un gobernante que estaban poseídos por el demonio y cuando estaba llegando a la casa, se le apareció una jabalina que llevaba en la boca un lechoncillo sin patas y sin ojos; el santo lo bendijo y el pobre animalillo recuperó la vista y las extremidades y desde ese momento la agradecida jabalina permaneció siempre con él (el porquet).

Es uno de los santos sanadores y se le invocaba para curar el «mal de los ardientes», una especie de gangrena que se contraía al comer pan de centeno parasitado por el cornezuelo; la orden de los antonianos se ha dedicado siempre al cuidado de enfermos contagiosos, apestados, leprosos, sarnosos, etc. La fama de sus curaciones se extendió también a los animales y se le encomienda todavía la protección de las mascotas.

El santo murió a la improbable edad de 105 años y ha sido muy representado en el arte porque el relato de las tentaciones que sufrió daba mucho juego; no se han resistido pintores como Zurbarán, Cézanne o Dalí, pero la tabla más famosa es la que pintó el Bosco hacia 1501, que se encuentra en Lisboa; es monísima y se puede pasar uno las horas muertas mirando cada uno de sus detalles: el más reproducido es, sin duda, un pingüino patinador -en la tabla izquierda- con capelina roja, que lleva un papel enganchado en el pico.

No hay que confundir a san Antón con san Antonio de Padua que se celebra el 13 de junio y que lleva un niño en los brazos. San Antón, además del cerdo o jabalí, suele ser representado con hábito y un bastón en forma de tau griega.

Cada año tiene más trabajo: sin ir más lejos, hasta el padre Ángel estuvo bendiciendo mascotas y dueños en una protectora de Madrid, según relataron los telediarios del domingo. No se vio ningún pulpo, por cierto.

Cúpula de la iglesia de San Lorenzo, Turín

18 de enero. Amadeo de Saboya

El 18 de enero de 1890 falleció Amadeo de Saboya en el Palacio Real de Turín (Italia). Fue el brevísimo rey de España, considerado un auténtico gafe por los que le rodearon (y los que le nombran todavía) que tuvo la virtud de unir a todos en su contra.

En 1868 se produjo en España una revolución, la Gloriosa, que terminó con el reinado de Isabel II y de su corte. La reina se fue a París a ver ópera mientras los revolucionarios, republicanos, carlistas, etc. se devanaban los sesos pensando qué hacer, qué modelo de gobierno elegir, a quién nombrar como Jefe de Estado y unas cuantas cuestiones más en absoluto baladíes.

El general Prim anduvo buscando por Europa un príncipe con rasgos liberales que se hiciera cargo del trono español y encontró en Turín a Amadeo, segundo hijo del rey Víctor Manuel II de Saboya, de quien los biógrafos hablan en sentidos contrarios: que si era escaso de luces y aficionado a la pornografía, que si era masón y listo, que liberal y capaz o que flojo y no preparado. No hay mucho consenso sobre su persona, aunque gracias a su renuncia, se pudo implantar en España la I República.

Prim lo convenció para que aceptara el trono, las Cortes lo votaron por mayoría simple y él ciñó la corona el 2 de enero de 1871. La mala suerte hizo que cuando venía de camino asesinaran a Prim, su valedor, y al llegar a Madrid se encontró sin apoyos y con una casi unánime oposición a su presencia.

Las crónicas de la época cuentan que andaba por el Palacio de Oriente siempre pegado a las paredes para evitar que le apuñalaran desde detrás de un cortinaje y que apenas comía por miedo a un envenenamiento. Un poco más tarde que él llegó su esposa, Maria Vittoria dal Pozzo della Cisterna, joven y desgraciada aristócrata cuya madre la había vuelto medio loca después de tenerla velando el cadáver de su padre durante más de un año –parecido a lo que se cuenta de Juana la Loca-. En la calle del Arenal sufrieron un atentado del que salieron ilesos y acabaron tomando la decisión de abandonar el trono y España, lo que hicieron el 11 de febrero de 1873.

No tuvieron amigos ni corte ni apoyos políticos, pero eso parecía no afectarle mucho al rey que hizo un discurso de renuncia y despedida muy apreciado por los profesores encargados de redactar los exámenes de EBAU (Selectividad) que lo han elegido en varias ocasiones.

La reina murió a los 29 años poco después de salir del país y es tenida en la pequeña historia como la fundadora de la primera guardería: se dice que cuando vio a las lavanderas en el Manzanares agachadas con sus hijos a la espalda y lavando la ropa, se conmovió mucho y ordenó que se les aliviara guardándoles los niños mientras ellas trabajaban.

Están enterrados en la basílica de Superga, en Turín, que es el panteón real italiano como en España lo es El Escorial. La basílica es digna de visitar por ello y ya que vamos a Turín (aunque sea con Viajes Internet) podemos acercarnos a ver la cúpula que el arquitecto Guarino Guarini construyó para la iglesia de San Lorenzo -que conmemora también aquí la victoria de las tropas aliadas en San Quintín- después de que anduviera por Córdoba y se quedara prendado de la cúpula del Mexuar de la Mezquita. Como para no quedarse…

En fin, que Amadeo murió a los 45 años, tal día como hoy. Y prefiero contemplar la foto de la cúpula porque me parece más admirable que la foto de un señor que parecería un guapo hipster si no fuera por el uniforme que le delata. O por si me diera gafe, cualquiera sabe.

El martirio de san Sebastián de El Greco

20 de enero. San Sebastián

Oriundo de Narbona y educado en Milán, Sebastián fue un centurión romano, de familia militar y noble, que vivió en el siglo III.

Era escolta del emperador Diocleciano de cuyos favores gozó durante un tiempo, justo hasta que este se enteró de que el chico era cristiano: se negaba a hacer sacrificios a los dioses paganos y se dedicaba a reforzar la moral de los que temían enfrentarse al martirio como los hermanos Marco y Marceliano, Cástulo, Tiburcio, Tranquilino o Victorino, entre otros mártires a los que conocieron sus contemporáneos y algún enamorado de la hagiografía, pocos más.

El emperador le exigió que abandonase su religión y ante la negativa del futuro mártir, le condenó a muerte sin paliativos así es que le ataron desnudo a un árbol y lo asaetearon. Cuando le dieron por muerto lo abandonaron, pero Irene, viuda de Cástulo, vio que aun respiraba y se lo llevó a casa donde le curó las heridas y lo mantuvo escondido un tiempo.

Sebastián, que era un valiente, se presentó ante el emperador quien no dudó en volver a condenarlo y esta vez con resultado de muerte: azotado y apaleado fue arrojado a una cloaca donde lo encontró, enganchado en un garfio, una cristiana a quien le fue revelado en sueños el lugar en el que se encontraba. La chica lo desenganchó y le dio sepultura en las catacumbas de la Vía Apia (ahora cerradas).

Es uno de los patrones de Roma, aunque sus reliquias acabaron muy repartidas como ocurría hasta hace unos años; también es patrón de San Sebastián donde suelen celebrar una gran tamborrada protagonizada por los mismos paisanos que después van de vacaciones a la Comunidad Valenciana y no soportan los petardos por el ruido que hacen.

Su iconografía es amplísima, casi ningún pintor y/o escultor se ha resistido a representarlo. Según la tradición era un joven apolíneo y eso ha sido la excusa (además de su desnudez) para mostrarlo joven, bellísimo, trasposición cristiana del mismo Apolo y con cara de placer a pesar del sufrimiento, o sea, todos los ingredientes para ser convertido también en el patrón de los homosexuales, como se le reconoce en algunos círculos. Algunas corrientes teológicas lo han admitido así bajo el argumento de que los patrones lo son de las personas y no de sus condiciones físicas o mentales. Lo que se llama adaptación a los tiempos.

Según el hispanista Ian Gibson –que confiesa haberse comido casi todo el jamón de Jabugo que ha encontrado- Lorca y Dalí estaban al tanto de la tradición artística que desde el Renacimiento y de manera oficiosa, ha considerado a san Sebastián el protector de homosexuales y sadomasoquistas. Es sabido que Dalí se inspiró en el poeta granadino para su escultura de san Sebastián.

La imagen típica y casi unánime es la de un mancebo atado a un tronco y cosido por las flechas: Antonello de Mesina, Berruguete, Perugino, el divino Mantegna (la más conocida), Ribera, Pacheco (el suegro de Velázquez), etc. lo han representado. A mí me gustan todas, pero me impresionó mucho esta del Greco que vi en la catedral de Palencia porque me parece de orden superior.

Dado el frío que hace en Palencia y la que nos está cayendo, sugiero hacer la visita cuando los hados nos sean propicios. No muy lejos de la catedral hay un bar, regentado por andaluces, en el que ponen tapas muy buenas y algo del jamón que ha dejado Gibson.


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