Entrevistas

Marta Fontana: «La literatura de terror es una especie de melancolía adictiva»

La escritora, cantante e ilustradora Marta Fontana. / Foto: Ángel Fernández

Marta Fontana debió de ser una niña peculiar. De esas que miran todo con los ojos muy abiertos, que preguntan la causa de esto y aquello, que no paran quietas un instante. Todos los escritores son así, cuando niños. Todos continúan siéndolo al crecer, porque el artista jamás se va mucho de esos tiempos en que fue pequeñajo.

Sea como fuere, Marta creció y empezó a hacer cosas. Un montón. La música, la pintura. También escribir, ojo. De la vida y de las cosas. De su vida y de sus cosas. Sucede que guardaba recuerdos bastante peculiares sobre una casa que conoció durante esos veranos en que todo parecía posible (seguro que el lector también tuvo alguno). Y, entonces, clic: contar la historia de una familia a través de la historia de un sitio… particular. O al contrario. Qué importa. El resultado se titula La casa de Verges y lo acaba de editar La Marca Negra. A veces da un poco de miedo, y otras veces te arranca sonrisas, porque la vida es eso.

Hablamos con Marta sobre mujeres fuertes, sobre psicopompos, sobre el exceso de casquería en el terror. Sobre cómo aquello que fuimos nunca dejamos de serlo. Ella responde largo. Aparentemente ningún suceso sobrenatural tiene lugar durante el transcurso de esta entrevista…

La pregunta evidente… ¿cuánto hay de realidad y cuánto de ficción en tu obra?

Tengo que reconocer que cuando escribía el libro, en alguna ocasión, estuve tentada a exagerar o darle un aire cinematográfico. En algunos pasajes hubiera sido muy sencillo culminar la historia con un revés dramático o un final sorprendente, pero decidí respetar la historia tal y como se había conservado mediante la tradición oral familiar, incluso dejando en blanco el desenlace de algunos pasajes, pues uno de los motivos que me llevan a rescatar esta historia es explicar nuestra verdad. Evidentemente han pasado más de 40 años y algunos recuerdos se han diluido, otros están bloqueados o entremezclados, tal vez algunos distorsionados por la rareza de lo vivido y hay testigos de lo narrado en el libro que desgraciadamente ya han fallecido, pero, insisto, en La casa de Verges se explica nuestra verdad alojada en los recuerdos de hace más de 40 años.

¿Recuerdas el momento del clic? Ese en el que unos recuerdos de infancia pasan a ser algo más y piensas que quizá merezca la pena ponerlo todo por escrito.

Siempre, desde muy temprana edad, he sabido que esta historia era digna de explicarse en un libro. Yo soy la pequeña de la familia y he crecido envuelta en un montón de historias sorprendentes, en alguna de ellas soy incluso testigo de lo que se desencadenaba después de una noche de espanto en la casa. Recuerdo a mi propia madre, desconcertada, hablándome sobre experiencias extrañas o por ejemplo despertarme en mitad de la noche por los gritos y carreras de otros familiares. Pero hubo dos circunstancias cruciales por las cuales finalmente decidí emprender este viaje al pasado.

El primero fue un mensaje vía Facebook que recibo en 2012. Es de mi prima, que vive en el pueblo, y me envía una captura del periódico El punt Avui de Girona en la que aparece la fotografía de medio esqueleto desenterrado y el resto del cuerpo, bajo los cimientos de una casa. A pie de foto la localización, la Calle del Portal, donde está nuestra casa, y como encabezamiento de la noticia: «Unas obras de remodelación en el casco antiguo de Verges ponen al descubierto un antiguo cementerio».

El segundo es que en 2016 quedo embarazada y decido que ha llegado el momento de ejercer de cronista y dejar constancia de nuestra insólita historia familiar. Se que algún día mi hija querrá saber más, y aquí le dejo una guía.

Entonces te lanzas a recopilar datos, testimonios. Quisiera saber si ese es un proceso ordenado, estructurado, o vas avanzando de forma más anárquica.

Antes de nada, pido consejo a un buen amigo periodista, pues es tal la cantidad de testigos y episodios que no sé ni por dónde empezar. David Cuevas, también prologuista del libro, me aconseja entrevistar a todos los testigos y grabar las conversaciones, e importante, pedir el consentimiento para su difusión. Voy avanzando en esta tarea citándome con todos ellos, mi propia familia, amigos, etc. Una vez recopilo más de seis horas de audios registrados con mi grabadora Tascam, llegó el momento de organizar el cronograma. Un laberinto de nombres, fechas de nacimiento, años, episodios clave, detalles, anécdotas… Un folio Din A3 lleno de subrayados, colores fluorescentes y flechas que se convirtió en un mapa vital. Y en la montaña caótica de piezas y datos se fue construyendo un gran puzle con más de diez años de historias sucedidas cuarenta años atrás.

Las voces de la novela son, sobre todo, femeninas. ¿Es algo deliberado, un reflejo de tus propios recuerdos, una mera casualidad?

La historia de mi familia es la de un matriarcado muy fuerte. Las mujeres en mi familia son un tótem espiritual, símbolo de fortaleza, de valentía, de capacidad de superación, de lucha… Muchas veces, frente a las vicisitudes de la vida, el solo hecho de recordar alguna de ellas puede darte muchas respuestas positivas. La idea de tribu hubiera sido impensable sin todas ellas.

Veo también en la narración una especie de tránsito entre diferentes generaciones femeninas de la familia. Los personajes siempre son muy modernos para sus tiempos, pero aun así se aprecian cambios, ¿no?

Realmente así es, muchas han sido transgresoras para su época y un verdadero ejemplo. Hay una mezcla innata de rebeldía, reivindicación y cuidado del clan en nuestro carácter. También ha sido un faro en la educación el espíritu de lucha y clase obrera.

Optas por una narración polifónica, con voces muy diferenciadas. Una vez más, ¿es una decisión estilística o solo pretendías representar tus recuerdos?

Era importante recopilar el carácter de todos los protagonistas, me parece crucial para el desarrollo de la historia. He llegado a un punto en el que, evidentemente, la casa es algo fuera de lo normal, pero las voces de quienes la habitamos no solo pertenecen a sus moradores, sino que hay algo más que aún trato de averiguar y que tiene mucho que ver con quiénes somos.

Marta Fontana, durante la pasada Feria del Libro de Sevilla. / Foto: Ángel Fernández

Tú tienes una larga experiencia en el mundo de la música, ¿qué diferencias encuentras con la literatura a la hora de crear?

Mi manera de trabajar se fundamenta siempre en las emociones y el fluir de la intuición. Ya sea en la música, la ilustración o cualquier proyecto en el que me embarque, la brújula del instinto dibuja los caminos a seguir durante el proceso creativo. Es posible que funcione de un modo un tanto anárquico, pues me identifico con la filosofía punk y procuro no sentirme condicionada por la disciplina o por el peso de la doctrina. También cabe destacar que la base de mi experiencia en la literatura proviene de las canciones que llevo más de 20 años escribiendo. Me llamó la atención un comentario del periodista Javier Pérez Campos, colaborador de Cuarto Milenio, que destacó cierta musicalidad en el estilo del libro, capítulos cortos con una estructura similar a la de una canción. ¡Me gustó!

La historia va avanzando entre el costumbrismo y el terror. ¿Te resultaba difícil saltar de un registro a otro?

Es algo con lo que he crecido y lo asumo con relativa normalidad. En mi propio día a día bromeo a menudo con esta singularidad. Soy madre, cantante de rock, ilustradora de las sombras y habitualmente ilustradora infantil, creando los personajes más dulces y adorables que puedas imaginar.

Hay un momento terrorífico, contado de forma muy sutil, cuando un personaje pregunta a otro si es él quien le está tocando… Creo que está bastante logrado.

Este testimonio tiene además la importancia de protagonizarlo una persona que no es de la familia y, como dato significativo, a diferencia de otros fenómenos violentos, este se recuerda como no agresivo, incluso asociado a una caricia. También es el último suceso que vivimos en la casa, pues poco después dejamos su alquiler.

¿Crees que la literatura de terror actual abusa de lo efectista?

Evidentemente estamos muy acostumbrados a los grandes sustos y giros del terror clásico, y aún más en el cine. Siempre pongo el mismo ejemplo porque me parece muy revelador. Se trata de la exposición donde se presentó al público por primera vez el cuadro de Géricault El naufragio de la medusa en 1819. La gente salía de la sala vomitando y escandalizada por la crudeza y el terror representado en la obra. Hoy en día cualquier telediario al mediodía, mientras te comes una sopa, te pasa una y otra vez imágenes aberrantes de matanzas y torturas, y seguimos tomando la sopa sin que se enfríe. En la historia de La casa de Verges no encontrarás muñecas persiguiéndote con un cuchillo ensangrentado por un lúgubre pasillo ni grandes efectos cinematográficos. Creo que el verdadero terror de esta historia reside en las sutilezas, en lo que casi no se deja ver, pero sabes qué está ahí, en algún lugar entre las sombras. Enfrentarse a lo desconocido genera muchas preguntas difíciles de responder y es ahí donde te atrapa el misterio, un viaje iniciático lleno de experiencias transformadoras sin billete de vuelta.

Huyes del susto fácil y de la casquería, prefieres preparar el terreno mediante pequeños símbolos que van confirmando lo sobrenatural. ¿Es algo deliberado?

He querido recoger las historias como antes se contaban, como a mí me las contaron, de madres a hijos, familiares o amigos alrededor de una mesa, del boca en boca, disfrutando de esos momentos mágicos que reflotan las historias cubiertas de polvo. Cuando escribía algunos capítulos, podía recordar perfectamente la expresión de los ojos, la posición de los brazos y las pausas dramáticas de los narradores, que me fascinaban y me asustaban a partes iguales.

¿Tenías algún autor en mente cuando escribiste esta obra? No sé, yo ahí veo lecturas de Matheson, del primer King…

En la biblioteca de la casa de mis padres no faltaba ni un título de Stephen King, creo que es algo que te influye inconscientemente. Supongo que algo de ellos hay en mis textos y me encanta que así sea.

Hay un pasaje del libro, especialmente intenso, donde los búhos juegan un papel fundamental. En mi tierra todas esas aves nocturnas son consideradas como de mal agüero, enviadas del Inframundo y psicopompos. No sé si jugabas con esas referencias cultuales al escribirlo o, sencillamente, esos bichos acojonan.

En el campanario de la Iglesia de Sant Julià i Santa Basilissa, la iglesia de Verges, vive lo que allí llaman una xibeca, una lechuza blanca, que por lo visto lleva habitando generaciones porque la última vez que estuve en la casa, muy recientemente, la pude oír. Es un animal relacionado con las brujas y como bien dices con el Inframundo; su papel tenebroso en esta historia vuelve a ser una casualidad del destino.

Una pregunta más personal: en tu vida adulta, ¿te has encontrado con otras casas como la de Verges?

Hace poco lo comentaba con mi hermana Gemma, casi en tono jocoso. No sabemos si nosotras buscamos inconscientemente casas con mucha historia oculta o ellas nos buscan a nosotras, porque cierto es que no todo lo misterioso y extraño que hemos vivido en la familia ha sucedido en la casa de Verges, aunque tal conjunción de fenómenos inexplicados se focaliza allí.

En la obra explotas algunas posibles explicaciones a lo misterioso, pero no terminas decantándote por ninguna, al menos de forma evidente. ¿Quizá prefieres dejar que sea el propio lector quien decida por sí mismo?

Exacto. No pretendo convencer a nadie, y creo que a lo largo del libro doy pistas de que se pueden llegar a considerar muchas explicaciones, incluso algunas alucinatorias. Recientemente un estudio de geomagnetismo, una ciencia que se puede replicar, ha revelado que la casa registra anomalías de consideración, y según el experto Rafa Balaguer, esos puntos energéticos son compatibles con estados alterados de conciencia. Por lo tanto, siguen surgiendo nuevas teorías interesantes al respecto de lo que allí padecimos.

La forma en que está contada la historia es muy particular, con continuos saltos temporales, el recurso a una memoria que no siempre es infalible… ¿Pretendías transmitir sensación de incertidumbre al lector o sencillamente la narración te iba brotando así?

Hay parte de las dos opciones, pero existe un orden en el relato, y este lo marcan los episodios paranormales vividos en la casa, que se presentan de manera cronológica del primero al último. Los saltos temporales están condicionados por los testigos y sus recuerdos muchas veces desperdigados, por la investigación, por las pistas capaces de lanzarte al siglo XII y por los descubrimientos desconcertantes que arrojaban luz e incluso desbloqueaban recuerdos.

Escribir terror es paradójico, ¿no? Al final intentas crear en el lector una sensación incómoda, algo inicialmente molesto. Quiero decir, es como un contrato en el cual ambas partes se comprometen a sufrir y disfrutarlo.

Es esa fascinación casi enfermiza que te acerca a lo arcano, a lo que no está destinado a los vivos pero que tanto nos cautiva, esa oscuridad del abismo que te empeñas en escudriñar y de la que todos formaremos parte tarde o temprano.

¿Para qué nos sirve hoy la literatura de terror?

Es una especie de melancolía adictiva, la que se decía que era la felicidad de estar triste. Pasar miedo es sentirse vivo, pues paseas entre muertos y oscuridad sin pertenecer a ese mundo.

¿Tienes previsto volver a la casa de Verges? Físicamente o en tu obra.

La primera ya está cumplida y pienso volver, incluso he hecho una oferta para volver a adquirirla. No para dormir allí, pero desearía protegerla, pues es un lugar muy especial. Por otro lado, tengo muchas reflexiones pendientes, nuevas vías de investigación e historias que me han llegado a raíz de la publicación del libro, historias totalmente desconocidas para la familia y realmente alucinantes. Así que ya hay páginas escritas en el cuaderno de Regreso a la casa de Verges, pero aún queda mucho trabajo por realizar.

Por último, ¿sigues teniendo miedo aún hoy cuando ves las luces encendidas en una casa antigua?

Yo sigo durmiendo con la luz abierta.

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