Horas críticas

Ojalá nos perdonen

«Me salto el cuarto plato y me empapuzo de pavo. Comemos hasta saciarnos y aun saciados seguimos comiendo, comemos hasta que nos duele la barriga, hasta el sufrimiento, porque así es la nueva tradición americana». Eso sí, ojalá nos perdonen. Ojalá nos perdonen por ser gordos y glotones, por codiciar a la mujer de nuestro hermano y por, no contentos con codiciarla, acostarnos con ella en repetidas ocasiones, con premeditación itifálica. Ojalá nos perdonen por mentir, por consumar el conyugicidio, por ser imprudentes en la carretera y causar accidentes de tráfico que matan a tal padre o tal madre, creando tal o cual huérfano. Ojalá nos perdonen por los excesos, por la lujuria, por nuestras visitas a chats pornográficos, por los secuestros, por practicar experimentos biológicos en seres humanos, por caer en las garras de la industria farmacéutica y, lo peor de todo, por admirar a Richard Nixon. Sí, ojalá nos perdonen, sobre todo por esto último. Porque una cosa es acostarte con la mujer de tu hermano y otra muy distinta, más mala (sic), peor, es admirar al «hijueputa» de Nixon. Al protagonista de esta novela, Harold Silver, no le basta con admirar a Nixon. Encima tiene la caradura de escribir una biografía sobre aspectos «inéditos» (sic) de su vida.

A. M. Homes lleva años removiendo las vísceras de esa América suburbana e inconsecuente a la que, vayan a saber por qué, será culpa de la tele, ansía parecerse el resto del mundo. Homes mete el dedo en la llaga y lo remueve. Por eso en sus páginas, como en «sus» propias casas, queridos lectores, abundan niños que parecen «auténticos invertebrados, con los ojos fijos en sus pantallitas y sin mover nada más que los pulgares, una escribiendo mensajes para amigos a los que nadie había visto nunca y el otro matando a terroristas digitalizados» o mujeres «con su bótox tan fresco que la cara no se le mueve». Abundan la parodia y la risa, porque, en efecto, nuestra (in)civilización puede ser tan obscena, tan monstruosa, que la única solución es reírse, o pegarse un tiro en el pie.

La novela comienza con un día de Acción de Gracias. Harold Silver va a la cocina a dejar los platos y se encuentra con que su cuñada, una mujer atractiva, potente, pero vacía, o mal follada, o ambas cosas, se le echa encima y le planta un beso. «No un beso amistoso. Fue un beso serio, húmedo y lleno de deseo». Suponemos que a Harold le excitó tanto el beso en sí como el subidón de adrenalina, ya saben: lo tabú, lo prohibido, por saber que su hermano George se encontraba en el comedor, a tan solo unos metros. George, el hermano cornudo, es presidente de una cadena de televisión y, al igual que A. M. Homes, la autora, tiene una enorme «capacidad para analizar la cultura popular y devolvernos nuestra propia imagen, aunque sea de un modo ligeramente burlón, en el formato más conocido como la comedia de media hora». De acuerdo, quizás les lleve algo más de media hora leer Ojalá nos perdonen. Quizás necesiten un total de cinco o seis horas. —Cinco o seis horas alejados de Facebook e Instagram, qué horror—. Pero al final de este pequeño esfuerzo se habrán reído a carcajada limpia —se lo garantizo—, habrán aprendido una o dos cosas sobre sí mismos y sobre el mundo que les rodea y, lo más importante, verán que siempre queda un poco, aunque solo sea un poco, de esperanza.

Dicen los críticos, alabados Ellos, que A. M. Homes es demasiado minimalista. Como si ser minimalista fuese malo. Como si en el mundo en el que vivimos, jodido jardín de distracciones, un cierto minimalismo no fuese necesario. Hemingway era minimalista, y lo era en una época en la que lo rimbombante, los excesos de la forma y lo saramaguesco —que nadie se ofenda; Saramago es mi escritor de cabecera— campaban a sus anchas por el lupanar literario. Hoy en día, ser minimalista está más que justificado. Si me aprietan las tuercas, ¡ay!, no tan fuerte, coño, acabaré confesando que, en cierta medida, es incluso justo y necesario. De modo que A. M. Homes y su supuesto minimalismo se merecen una oportunidad para entrar en sus vidas. Y si no se la dan, allá Ustedes —& ojalá les perdonen—.

Ojalá nos perdonen
A. M. Homes
Anagrama
(Barcelona, 2014)
656 páginas
24,90 €

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