Crónicas desorbitadas

Legend tripping

Viajar de verdad a los destinos de leyenda de Internet

Burkittsville es, ni más ni menos, uno de esos culos del mundo a los que nadie en su sano juicio desearía ir. Apenas ciento cincuenta y un habitantes en un entorno rural no de ensueño, con unas fotos que dan bostezo a la primera ojeada, y una denominación que en nuestro idioma sonaría a algo así como Villasancho. Perezón. En sus trescientos años de historia nunca ha pasado nada allí, aparte de una batalla menor durante la Guerra de Secesión americana. Y sin embargo es uno de los destinos turísticos más populares del «legend tripping». Posiblemente el lugar donde se originó el fenómeno. Todo gracias a una historia falsa que ha tenido cabreados a sus vecinos durante una década: El proyecto de la bruja de Blair.

La película se estrenó en la segunda quincena de julio de 1999, y ese mismo mes de agosto el pequeño pueblo se vio invadido por hordas de visitantes. Llegaron para experimentar cómo era pasar la noche en el bosque de Blair. El mismo lugar en que desaparecieron tres estudiantes de cine llegados para estudiar el mito local, y a quienes tragó una fuerza maligna. Lo habían visto en la película casera que rodaron esos tres, donde la bruja les hace perderse y luego se los lleva al infierno, o los devora.

No importó cuántas veces vecinos y autoridades les explicaran que ni era una leyenda local ni había pasado nada, jamás, en su cercano bosque. Los cineastas Daniel Myrick y Eduardo Sánchez lo habían elegido por lo adecuado de su paisaje, y porque Sánchez lo conocía de sus tiempos como estudiante en el College de Maryland. Les dio lo mismo. Los primeros visitantes aseguraron que habían captado y sentido cosas después de pasar la noche allí, y junto con el rumor de que el rodaje de la película escondía una verdad se extendió el de que los habitantes deseaban ocultar ese secreto. Y entonces llegó el delirio.

Aquel verano aparecieron tantos forasteros en Burkittsville, y atosigaron tanto la plácida vida local, que el alcalde acabó llamando al sheriff del condado, Robert Thomas Williamson. Tal vez no hubiera acudido a un asunto menor para el que se le reclamaba desde una población pequeña, de no ser porque estaba en el séptimo año de su mandato y al siguiente se presentaba a la reelección. Poco pudo hacer, sin embargo. Mientras los jóvenes no incumplieran ninguna ley ni invadieran la propiedad ajena, podían acampar en los terrenos municipales. Y sí, explicó al alcalde, el mundo se había vuelto loco con eso de la moda de las brujas de Salem otra vez, o con algo parecido, e internet no ayudaba.

Todos estos detalles pintorescos me los cuenta Brian Childs, manager y dueño del Stone Manor, el hotelito rural más cercano al pueblo, separado por apenas seis kilómetros. Se demora además en describirme todas las maravillas del condado de Frederick, ese bello lugar de Virginia, que no puede reducirse solo a lo paranormal y merece por tanto la visita. Aunque, por supuesto, si ese es mi interés, puede ponerme en contacto con guías locales. Quienes me conducirán, con mucho gusto, al bosque de Blair. Le pregunto si coincide conmigo en que pudo ser Burkittsville el lugar donde nació la moda del «legend tripping». Ese turismo con destino a lugares de leyenda sobre el que ahora hacen sesudos estudios los folcloristas estadounidenses. Naturalmente, contesta Brian.

Virginia es uno de los estados con más monstruos vivos de EEUU, «tenemos a Mothman y sus profecías, incluido su gran festival anual; además las momias de Philippi, que estuvieron el circo Barnum, embalsamadas gracias a la milagrosa poción que hacía revivir a los muertos; la estatua que camina durante las noches en el cementerio de Parkersburg»

Me habla con tanta emoción que pierdo un par de referencias más. Sin quitar mérito a Brian en sus esfuerzos por venderme las maravillas de su establecimiento y la región que lo rodea, lo que de verdad saca a la luz su entusiasmo es la importancia que ha cobrado en EEUU el «legend tripping». Diez años después de iniciado el fenómeno Blair apareció minuciosamente estudiado en una publicación de la University Press de Missisipi. Posiblemente el intento más serio de poner orden en lo que solo podemos definir como la alucinación colectiva de unas personas con un perfil sicológico a medio camino entre el conspiranoico y el tarado. El primero de unos cuantos, además, al que siguen sucediendo «papers», investigaciones y análisis hasta el día de hoy. Ya no se limita a EEUU, al darse además en Reino Unido también las universidades británicas y escocesas han comenzado a estudiarlo. Aparte de los muchos best seller que se ofrecen sus librerías, libros a medio camino entre el reportaje y la guía del viajero.

De toda esa literatura pueden extraerse unas características que son comunes para todos los destinos «legend tripping». A estos turistas les dan igual la gastronomía local, monumentos o cultura local. Buscan una experiencia, y la diseñan en función de lo aprendido en páginas de internet, vídeos de YouTube o publicaciones de influencers. Pueden ser ritos inventados, actuaciones en cementerios, paseos nocturnos por un bosque o prácticas más tradicionales como la ouija. Si en el transcurso captan además un pequeño destello accidental en las fotos tomadas con su móvil, o graban un ruido difícil de identificar, ya les sirve como prueba irrefutable de que allí pasa algo. Pero incluso quienes no tienen pruebas que presentar, por dudosas que sean, aseguran que han sentido algo muy real.

Los antropólogos autores de los estudios han rastreado los destinos más populares hasta su origen histórico, remontándose a la década de 1990. Hasta concluir que todos los destinos «legend tripping» están asociados con una leyenda urbana aparecida en Internet. La reconocida como más antigua es la de los científicos de Princenton constituidos en una sociedad secreta para salvaguardar el secreto de Ong´s Hat. Otro pueblucho como Burkittsville, aunque abandonado, con la peculiaridad de tener un portal dimensional que permitía viajar entre universos paralelos desde el siglo XVII. Estos supuestos científicos habían sido capaces de demostrar a través de investigaciones de física cuántica cómo funcionaba el portal, e incluso diseñado una máquina para aprovechar todo su potencial. El huevo. Con la que se llegaron a trasladar a un universo paralelo. Los documentos filtrados sobre todo el asunto circularon en forma de archivos de texto incompletos, gráficas incomprensibles, y el plano de la máquina-huevo-transporte dimensional.

Ongs Hat
Ong´s Hat original paper

Es posible que aquel fuera el primer fenómeno viral de internet. Especialmente porque las agencias de publicidad acabaron poniéndose en contacto con su creador para comprender cómo había construido su campaña. El autor de la historia fue Joseph Matheny, esta es una reproducción de la página original creada para ello, Incabula Papers”, con la que mantuvo a los medios pendientes de su historia, difundió los materiales «científicos» y logró promocionar y vender el libro que publicaría meses después.

El sueño de la razón produce monstruos, mayores cuanta más banda ancha tengas para difundir su existencia. El engaño que se encerraba detrás de la historia de Ong´s Hat solo fue desvelado quince años después de su aparición. Demasiado tarde. Hoy Ong´s Hat es otro de los destinos obligados para viajeros del  «legend tripping» y nadie será capaz de convencer a sus visitantes de que su portal entre dimensiones no existe. Si les hablas de Matheny te dirán que eso es una teoría de la conspiración para ocultar la verdad.

El fenómeno del «legend tripping» no ha hecho más que crecer. No importa dónde se invente el rumor, puede ser un blog, una sala de cine, un videojuego. Hoy se hayan incluidos también en esa práctica los fenómenos paranormales y los criptozoólogos, los buscadores de monstruos legendarios, además de los pueblos o casa abandonadas cuya visita pueda resultar inquietante. Así que la lista de destinos es ya tan internacional como inabarcable. Se puede viajar a los Grandes Lagos en busca de los caminos que recorre el Wendigo siguiendo las narraciones de Lovecraft y Stephen King, o acercarse a El Torbiscal de Utrera, Sevilla.

El Torbiscal no era más que un cortijo abandonado con origen en una utopía rural agrícola. Hasta el año 2015, cuando un grupo de viajeros aficionados a lo paranormal lo visitaron, asegurando en su blog que allí se aparecía el fantasma de una chica vestida de blanco. Relacionaron el espectro con un cercano punto negro de la N-IV, que acumula más de cien víctimas mortales en accidentes de tráfico. Meses más tarde las cabeceras locales de periódicos de tirada nacional repitieron la historia en la edición Sevilla, y El Torbiscal pasó de pueblo fantasma a pueblo con fantasma.

No es el único ejemplo nacional. Antes del descalabro turístico que trajo el covid Iker Jiménez había puesto en marcha junto con una agencia de viajes ofertas de experiencias a destinos estudiados por su programa de televisión. Quizá el caso más extremo de la explotación del «legend trip» en España, que cuenta con rutas y guías en prácticamente todas las provincias. Y es que en todas partes del mundo existen personas como el agente Fox Mulder. No imagino creadores culturales más perfectos que estos, capaces de darle la vuelta al principio de suspensión de la incredulidad y convertir la fantasía en realidad en puntos geográficos concretos. Y es que, querida Scully, «I want to believe» también.

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