Cultura ambulante

A la búsqueda de nuestro sitio, si existe

En un mundo pandémico, encontrar cobijo se torna fundamental y a la vez nos plantea reflexiones sobre la libertad a puerta cerrada. Ideas que cobran sentido en la muestra del IVAM «¿Cuál es nuestro hogar?», donde se cruzan las artes plásticas y la arquitectura
«Senza titolo / Triplo igloo», 1984-2002, de Mario Merz (foto: Fondazione MAXXI).

En Especies de espacios (Ed. Montesinos, 1999), libro de urbanismo emocional y arquitectura literaria, escribió Georges Perec: «Vivimos en alguna parte: en un país, en una ciudad de aquel país, en un barrio de aquella ciudad, en una calle de aquel barrio, en un inmueble de aquella calle, en un apartamento de aquel inmueble». Esta cita introduce la exposición que puede visitarse estos días en el Institut Valencià d’Art Modern (IVAM) bajo el título ¿Cuál es nuestro hogar?. Aunque se concibió y proyectó mucho antes de que el mundo vistiera mascarilla, no deja de llamar la atención que se asiente sobre dos temas netamente pandémicos. El primero y principal es que, al explorar la idea de los espacios habitables, resultan inevitables el recuerdo y la amenaza del confinamiento.

El otro asunto, secundario, tiene que ver con una de las alternativas que se apuntan en el debate sobre la sostenibilidad de los museos en el escenario actual: el reforzamiento de las colecciones propias y de la alianza entre instituciones. Así ha ocurrido en este caso, ya que la muestra es posible gracias a la puesta en común de parte de los fondos del IVAM y el MAXXI de Roma. En concreto se trata de una docena de instalaciones de gran formato que comparten su vinculación con el hecho arquitectónico y que, desde ópticas diversas que van desde la sensorial a la ideológica, nos interrogan sobre el concepto de hogar. Si es que existe tal cosa en el mundo actual.

«Where is our place», 2003, de Ilya y Emilia Kabakov (foto: Fondazione MAXXI).

Una de las obras más llamativas de la muestra es ese Triplo igloo (1984-2002) transparente que remite al tradicional refugio esquimal con el que estuvo obsesionado su autor, el milanés Mario Merz, desde finales de los 60 hasta sus últimos días; aunque aquí, en su minimalismo y connotaciones filosóficas, parece evocar más un habitáculo de película futurista. Impresiona también la pieza Where is our place? (2003), donde Ilya y Emilia Kabakov juegan a distorsionar espacio y tiempo a través de dos gigantescas figuras, planteando si acaso no será todo una gran ficción. Con austera rotundidad, el chileno Alfredo Jaar recrea en Infinite cell (2004) la prisión donde Antonio Gramsci escribió sus Cuadernos de la cárcel y la dota de espejos en los que su pensamiento –a pesar del encierro– es libre de reflejarse y traspasar los barrotes.

Después de todo, somos seres físicos que se relacionan con su entorno, con el medio que habitamos o deshabitamos, y nunca mejor que ahora lo estamos entendiendo

En estas y en el resto de obras que ha dispuesto el IVAM, presenciamos los espacios de forma aislada, fuera de contexto, como las ciudades atomizadas modernas que se hacen irreconocibles por la superposición de estilos o las comunidades urbanas cerradas donde tantas personas no logran encontrar su sitio. «El espacio es una duda«, dejó escrito también Perec, «continuamente necesito marcarlo, designarlo; nunca me es dado, tengo que conquistarlo». Esa disputa es la que se suele establecer –quizá de forma artificial– entre las esferas pública y privada de la vida cotidiana, cuyas fronteras aparecen desdibujadas hoy día: ya no sabemos (o no se quiere respetar) lo que pertenece a lo íntimo y a lo común, lo afectivo y lo productivo, conceptos condenados a entenderse y armonizarse, puesto que no existen los espacios inocentes.

«Infinite Cell», 2004, de Alfredo Jaar (foto: Fondazione MAXXI).

Por eso en todas las obras de ¿Cuál es nuestro hogar?, tan diversas entre sí, es fácil intuir un discurso o un relato cuyos capítulos son cada una de esas doce formas de concebir la morada. Los edificios y las estructuras arquitectónicas se nos presentan como cuerpos, extensiones de él o la matriz donde son alumbrados. Después de todo, somos seres físicos que se relacionan con su entorno, con el medio que habitamos o deshabitamos, y nunca mejor que ahora lo estamos entendiendo. Cuando nos toca repensar nuestros refugios y reconstruir esta sociedad desde sus cimientos.

 


¿Cuál es nuestro hogar?
Comisariada por José Miguel G. Cortés
Obras de Ilya y Emilia Kabakov, Francis Alys, Jana Sterbak, Mario Merz, Alfredo Jaar, Kara Walker, William Kentridge, Atelier Van Lieshout, Teddy Cruz, Bruce Nauman, Gabriele Basilico y Richard Hamilton
Institut Valencià d’Art Modern (en colaboración con el MAXXI de Roma)
Hasta el 31 de enero de 2021

VISITA APTA PARA: Personas caseras y adictas al pijama, pero también quienes imaginan otras formas de concebir el lugar donde vivimos.
VISITA NO APTA PARA: Dogmáticos de la propiedad privada y la idea de que cada cual tiene su sitio (inamovible) en esta sociedad.

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