Crónicas

Viaje al arte de Sevilla que se ve, y al que no se ve

Palpitaciones, vértigos, confusión, temblor a cada paso, con cada paisaje. Es el síndrome de Stendhal. Una reacción extrema, abrumadora, ante la contemplación del arte y la belleza, que Sevilla podría provocar al primer vistazo. Pero la ciudad tiene un antídoto para combatirlo: ser muy famosa, y a la vez muy desconocida.

Aquí los rincones más celebrados eclipsan a los quedan por descubrir. En unos y otros los objetos, las arquitecturas, los colores y paisajes compiten por la atención visual. Ese no saber en qué centrarse combate el síndrome. Pero luego, a medida que el visitante se serena y contempla, le amenaza como en ningún otro lugar del mundo. Porque es el arte quien lo provoca, y Sevilla es una ciudad cuyo arte no se limita a los artistas, sino que se plasma hasta en el último detalle.

Por eso cada lugar, sea clásico o de vanguardia, forma una composición estética. Como si se hubiera preparado para la foto perfecta. Se hace muy evidente en los colores de la ciudad, el albero y rojo que pintan sus edificios más singulares. Y en las últimas incorporaciones de vanguardia, como «Las Setas», la estructura de madera más grande del mundo, inspirada en la Catedral y en los ficus centenarios de la plaza de San Pedro, sombra veraniega y pasarela para la contemplación de la ciudad. Especialmente sobrecogedora al atardecer.

En esta sobreabundancia lo verdaderamente difícil es alternar lo muy conocido con lo muy desconocido para una experiencia plena. Pueden hacerse hallazgos de los que no se habla en sus museos más celebrados. O toparse con artistas emergentes y corrientes nuevas, que ya están en sus galerías de arte. O topar con todo tipo de obras de arte urbanas a cada paso, en las calles.

Contraer el síndrome en Sevilla puede provocar una sensación completamente deliciosa o dejar inmóvil y sobrecogido. Para facilitar lo primero, sirva esta guía rápida sobre lo muy famoso y lo muy desconocido de su arte.

El arte publicitario como esencia de la ciudad

El cartel artístico moderno, precedente del anuncio, era a la vez composición pictórica y publicidad. Sentaría las bases de cómo se reflejan las costumbres modernas, la forma de vivir ligada a bienes de consumo. Nuestra vida. Sevilla lo hizo fiel a su tradición, en azulejos. Una herencia hispanomusulmana que alcanza su máxima monumentalidad en la Plaza de España. Y que iba también a convertirse en publicitaria al llegar la modernidad. En las fachadas de algunas de sus calles podemos verlos todavía, los anuncios de cafés, bares, o sastres de túnicas de hermandades, entre otros. Incluso el más emblemático símbolo de nuestro tiempo, el automóvil. En la calle Tetuán publicitan el Studebaker Touring, de seis cilindros, en el que salieron de paseo seis amigas en 1916. Y ahí siguen todavía, a la vista de todos.

Es la parte famosa. La desconocida está en un espacio expositivo relevante, CaixaForum Sevilla. Que ahora alberga la muestra «Carteles de la vida moderna. Orígenes del arte publicitario». El espacio es un complemento perfecto para adentrarse en la modernidad, pero no solo en la de Sevilla. Su programa para 2022 incluye exposiciones dedicadas a la revolución de la impresión 3D o a los videojuegos como medio para entender el presente.

Fotografía para captar el verdadero rostro de lo humano

Atín Aya es famoso por ser el fotógrafo que fue capaz de crear toda una épica en torno a las gentes de las marismas del Guadalquivir. Su serie «Sevillanos» reveló esa capacidad para captar lo antropológico, y la fuerte influencia que la pintura tenía en sus capturas. Fue el último gran retratista del ser humano anónimo. E hizo universales a los habitantes de la ciudad. Por eso este espacio que lleva su nombre, la Sala Atín Aya, está dedicada íntegramente a las nuevas expresiones visuales. Con especial atención a la fotografía. Lo ha demostrado la reciente muestra «Ficciones», último proyecto fotográfico de Miguel Trillo, con los retratos de gente joven en los pasillos de festivales de manga o cómic de ciudades como Kuala Lumpur, Bangkok, Yakarta o Nueva York.

El doble trabajo de difundir y conservar el arte

Hay que fomentar la contemplación del arte, y protegerlo mediante estudio, investigación y difusión. Todos los especialistas coinciden en la necesidad de este doble trabajo, y así se aplica en el Espacio Santa Clara. Convertido ya en referente nacional e internacional de los espacios culturales. Su edificio, palacio almohade, convento luego, es lo muy conocido sevillano, con el patio y la colección de azulejos recuperados en su restauración, los artesonados y pinturas murales que nos conectan con el pasado. Lo muy desconocido, su Sala Luis Gordillo y la Casa de los Poetas y las Letras. La primera, dedicada a una de las principales figuras del arte abstracto español. Cuyas creaciones custodian los principales museos de Norteamérica y Europa. Aquí tiene una sala permanente dedicada a su obra gráfica y dibujos. La segunda, un espacio donde la palabra es protagonista absoluta, con coloquios literarios y debates, recitales y lecturas mensuales.

Para conocer, debatir y/o adquirir las creaciones recientes

El lugar ideal para eso es el ecosistema de galerías de arte de Sevilla. Que se ha vuelto espectacular desde que su gran pionera, Juana de Aizpuru, abrió la suya. Hoy estas galerías no solo permiten a los coleccionistas adquirir aquellas obras de su estilo o artista favorito, sino entender los últimos caminos del arte. Con una evidente correlación con los espacios expositivos de la ciudad. El próximo Luis Gordillo podría exponer en la Murnau Art Gallery, donde el arte abstracto tiene su referente. En La Caja China la abstracción se complementa con la geometría. Como expresión de nuevos modos de arte, los directores de Delimbo Gallery, procedentes del mundo del grafiti, exponen además de pintura moda y diseño gráfico. En Birimbao se debate: las charlas, presentaciones y coloquios forman, junto a las exposiciones, un espacio abierto para confrontar puntos de vista sobre el arte.

Foto: Jaime Silva

Grafitis y arte callejero para comprar

Pero en Sevilla ni siquiera hace falta entrar en ninguna sala, galería o museo para disfrutar del arte. Un recorrido necesario es el Polígono San Pablo, barrio del arte urbano. Hace más de una década que artistas de todo el mundo convirtieron las fachadas en murales destinados a hacer reflexionar, y llevar un mensaje de compromiso al espectador. Como el de Josh Sarantitis, considerado uno de los mejores muralistas del mundo, o las mujeres con el rostro azul de Nena Sánchez, con libros sobre sus cabezas, para representar la educación que las llevará a conquistar el mundo.

No es el único lugar que sirve de lienzo al arte urbano. Los artistas locales continúan aportando sus creaciones, y hasta los muros «parasonidos» de la autovía de circunvalación S-30 exhiben las creaciones de Over+Drok, CN6, JoeKing, o Piko, entre otros. Ojos abiertos, porque en muchos puntos de la ciudad, y sin motivo aparente, aparecen para sobrecogerte.

Un complemento perfecto para este paseo es acudir cualquier mañana de sábado o de domingo al mercado «Paseo de Arte» en el barrio de Triana. Lugar de exposición para los artistas locales, que venden sus obras, junto a artesanías de cuero, textil y alambre. De vuelta tras las restricciones de la pandemia.

No solo arte barroco

Murillo y los maestros del Siglo de Oro son los que hacen famoso el Museo de Bellas Artes, segunda pinacoteca más importante del país, después del Prado. Pero también entre su colección de clásicos figuran obras más desconocidas, aunque fundamentales por su significación. Como las de Luisa Roldán, «la Roldana», la primera mujer que fue escultora en España, y que sin importar su género alcanzó la condición de escultora de cámara de los reyes Carlos II y Felipe V.

Aunque sin duda lo muy desconocido del museo es su conexión con lo contemporáneo, las salas 12, 13 y 14. La colección que abarca desde el XIX hasta la primera mitad del XX deja en segundo plano la temática religiosa para abrazar la pintura de historia, retrato, paisaje y temática costumbrista. No es solo pintura, sino un paseo periodístico y fotográfico por la Sevilla más cercana a nosotros en el tiempo, por las recreaciones históricas de episodios importantes, por la arquitectura y paisaje sevillanos, y por la vida cotidiana de abuelos y bisabuelos. Un placentero viaje a otra época contando con las claves artísticas de la nuestra.

Y también la «ultravanguardia»

Las cercanías del barrio de la Alameda y San Julián son los espacios de creación contemporánea más vanguardistas. Donde se reúnen los artistas que rompen absolutamente los esquemas, con videoarte, transgresiones culturales, y caminos en un punto medio entre géneros. Como María Cañas, videoartista, que hace una revisión de la iconografía popular de la ciudad. Pilar Albarracín, con el flamenco como referencia constante, llevándolo al límite al plasmar mujeres libres y reivindicativas. El dúo Las Ánimas, diseñadores que crean piezas únicas, igual esculturas y objetos que muebles. Todomuta, con piezas que escapan de cualquier clasificación de mercado o tendencia. O las piezas de cerámica extravagante y absolutamente demandada de The Exvotos, muy conocidos por sus cabezas recipiente.

Muy famosa, y muy desconocida

Para los que la visitan, y para los que viven en ella. Una ciudad mítica, con una historia milenaria que ha sido un ir y venir de civilizaciones y culturas. Y un presente dinámico que no deja de crear, inventar y embellecer. Pasado, presente y futuro hacen de ella un poliedro con muchas caras por descubrir. Especialmente las del arte, que gritan desde aquí: hola, mundo, soy Sevilla. Y hola, Stendhal.

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