Crónicas Crónicas en órbita

La muy desconocida Semana Santa sevillana

Todos tenemos derecho a capirote, obra del pintor andaluz Agustín Israel. Imagen: Magasé Art Gallery.

Patrice Chéreu, se lo susurró a un amigo en la oscuridad de una calle iluminada solo por los cirios del paso. «Yo no lograré jamás hacer algo tan bello ni sobre un escenario ni en la pantalla». El director de escena más importante de la historia del teatro, completamente subyugado por esa puesta en escena que es una mezcla de arte, música y rito, además de expresión religiosa, acabó comprándose una casa en Sevilla. Después de describir con la precisa mirada del extranjero esta semana única en el mundo, la muy conocida, se adentró en la muy desconocida y no menos apasionante Semana Santa de Sevilla. Porque la ciudad se expresa en dos ámbitos, que no son excluyentes, pero coinciden en el tiempo: la del renacer de sus actividades con la primavera y la del paso de las Hermandades.

Un renacer de abril con exposiciones insólitas y conciertos a la luz de las velas

Sevilla es desde hace tiempo una de las ciudades referentes de la cultura en el mundo, tan importante para las artes gráficas, escénicas y musicales como París, Nueva York o Londres. En esta ocasión la vanguardia artística ha vuelto a despertarse en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo, con una amalgama colectiva de instalaciones hechas con textiles que completa las exhibiciones del MOMA y del Museum Abteiberg, referentes de la posmodernidad. También aquí otra muestra, la de escultura expandida, que permite comprender todos esos objetos que pueden no parecerlo a simple vista, pero que en los últimos diez años han entrado en la categoría escultórica.

Esta exposición es un excelente entrante para recorrer el ecosistema de las galerías de arte sevillanas, con varias paradas obligadas esta Semana Santa. En Delimbo para ver Fractal, patrones fracturados del artista urbano portugués Alexandre Farto, y en Birimbao para las pinturas decorativas de Cristóbal Quintero.

Si quieres saber más del arte de Sevilla que se ve, y del que no se ve, en este artículo recogimos un recorrido completo por todos los rincones artísticos de la ciudad, callejeros, expositivos y museísticos.

Y en conexión con las sensibilidades más contemporáneas, un mamut de la Edad del Hielo y la exposición de modelos hechos con piezas de Lego más grande de Europa. Caixa Fórum acoge el esqueleto del mamut fosilizado, más todo lo que sabemos de estos gigantes y de su final asociado al cambio climático. Un buen punto de reflexión para nosotros mismos y nuestra época. En el Pabellón de la Navegación encontraremos los legos, desde un Boeing 747 hecho con un millón de piezas, hasta personajes de Star Wars a tamaño real. Ubicada en uno de los edificios legados por la Expo 92, visitarla es además un buen punto de partida para disfrutar del entorno experimental para la arquitectura en que se ha convertido la Isla de la Cartuja.  Y para subirse al ascensor panorámico de la Torre Schindler, veinticinco segundos que te elevan dieciocho pisos, un ascenso tan vertiginoso como espectacular.

Para la noche, los conciertos Candlelight, que desde aquí se han replicado, después de alcanzar fama, en Londres, París y Nueva York, porque han hecho vivir la música clásica como nunca antes. Su orquesta interpreta a Queen, a Frank Sinatra, a Hans Zimmer, y a los clásicos del rock. A lo largo de abril abren varias citas en el Pabellón Hassan II, una ubicación espectacular de decoración islámica, con un techo artesonado que se desplaza para dejar ver el cielo. Y acompañado de esa iluminación de las velas, capaz de crear un ambiente único.

Imprescindible, antes de acercarse al concierto, subir a la pasarela de Las Setas para contemplar la ciudad iluminada de noche, donde la luz incide de manera muy especial, por el color de las piedras de la Catedral y los tonos únicos de sus edificios y barrios.

Todo ello sin olvidar que este año se cumplen quinientos de la Primera Vuelta al Mundo, que partió y regresó al Barrio de Triana. Varios hitos lo recuerdan, la recreación de la Nao Victoria, de nuevo fondeada en el Guadalquivir; el Acuario que recrea la diversidad marina que encontraron en el propio viaje; más el recuerdo que perdura en el centro urbano y en las calles de quienes organizaron y negociaron la expedición.

Para saber más sobre todo lo que alberga Sevilla de esa vuelta al mundo primigenia, en este otro artículo tienes un panorama completo que también puedes disfrutar en tu Semana Santa.

Además lo muy conocido, la bulla, los pasos, el terraceo y el tapeo

Todo esto vuelve también, y es la principal razón de que el cuarenta por ciento de los viajeros españoles elijan Sevilla como destino para Semana Santa. Con más motivo este año, en que sus Hermandades vuelven a las calles después del lapso de la pandemia. Son sesenta las que recorren el camino entre sus iglesias y la Catedral en el tiempo que media entre el Domingo de Ramos y el Domingo de Resurrección. Más otras once que salen por los barrios periféricos. Un espectáculo tan espiritual como artístico y etnográfico que transmite una honda tensión emocional cuando se vive a pie de calle.

Debe hacerse al menos una vez en la vida, pero no es un secreto que se hace en un entorno abarrotado. Las aglomeraciones, las bullas, son tan frecuentes, como el buen carácter de los participantes, que ayudan a tomárselas con calma y paciencia. Como suelen durar nunca está de más llevar una botella de agua. Además este año se puede tener una buena idea previa de la Semana Santa sevillana viendo la película documental Parasceve, de Hilario Abad, rodada durante una década. Un buen aperitivo para ese duelo que se vive y ese luto silencioso que se viste y procesiona entre aroma de incienso y azahar.

Y nada de acogerse bajo techo para coger fuerzas entre recorrido y recorrido, de día o de noche. Casi es pecado hacerlo en la Sevilla de abril, precisamente cuando la ciudad busca disfrutar de las delicias gastronómicas en buena compañía y al aire libre. En las terrazas sevillanas, lo mismo bajo la luz especial del sol sureño, o al amparo de las farolas, y con la característica común servir de miradero a los puntos más bellos de la ciudad. Hay para todos los gustos, en lo más alto de hoteles que miran a la Catedral o a la Giralda, o aquellas bañadas por el río Guadalquivir.

Todos tenemos derecho a capirote, Agustín Israel, Foto: Magasé Art Gallery.

Es imprescindible practicar en ellas la tradición culinaria omnipresente en Sevilla, definitoria de su cultura y gastronomía. La tapa. Lleva contigo este apunte semántico y descubre qué son cada una tras pedirlas, y no tengas ninguna duda que todas te llevarán a la Gloria: una de lagrimitas, de coquinas, de pavías de bacalao, de espinacas con garbanzos, de huevos rotos. Aperitivo para adentrarte en lo clásico, que es muy recomendable fusionar con la tapa moderna, en todas esas variantes que nuevos chefs y emprendedores han creado: ceviches, tartar, tomate de atún, bizocho de boletus, kimuchy de pez mantequilla… Ni una semana se pueden probar todas. Mejor dejarse llevar.

Y si las procesiones te seducen también por la belleza de las tallas y las imágenes, un consejo. No hay mejor modo de ver los pasos que durante la mañana, en las iglesias y capillas donde se exhiben, junto a los bacalaos —estandartes de las hermandades—; las Cruces de Guía y ciriales, que van delante del paso anunciando su llegada; o los alamares y bambalinas que forman parte del palio cuando las imágenes van cubiertas.

Desde luego hay referentes imprescindibles, como el Jesús de la Pasión de Martínez Montañés, escultor barroco que creó el modelo de Nazareno con la cruz a cuestas que habrás visto reproducido en mil partes, pero que nació justo aquí. El tan conocido Jesús del Gran Poder de Juan de Mesa. No solo de artistas hombres, la Virgen de la Estrella se atribuye a la escultora Luisa «La Roldana», mujer empoderada de su tiempo, el siglo XVII, que acabaría siendo artista de cámara de Carlos II y Felipe V. Además de todas las Vírgenes Dolorosas. Lo cierto es que cuando estás a pocos centímetros de una de estas imágenes reparas en que, por sus acabados, verismo y tamaño, podría ser personas vivas, y eso explica los motes cariñosos que les han ido dando. Como a «El Cachorro», Cristo de la Expiración de Francisco Antonio Ruiz Gijón. Para la atmósfera emocionante, la procesión de calle. Para apreciar el arte, el templo.

Y si te animas a participar como un auténtico capillita local, haz una bolita pequeña de papel de plata y enseñándola en la palma de tu mano pide a los nazarenos que portan cirios que te echen en ella unas gotas de cera. Hay algunos que acaban con verdaderas bolas, mayores que una pelota de tenis. Eso que te llevarás como recuerdo aromático de la procesión sevillana. Aunque con objetos o sin ellos, será muy difícil que olvides la vivencia de cualquiera de las dos Sevillas santas.

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