Crónicas Crónicas en órbita

Soy Sevilla, soy un relato de dos caras

¿Hay algún destino al que aún sea posible viajar sin expectativas? Medios, publicaciones personales, experiencias compartidas, la red acerca al curioso cualquier destino del mundo. Incluso cuando eres un lugar único, sin equivalente con ningún otro: Sevilla. Yo misma.

Me han narrado una y mil veces, viajeros de todos los tiempos, aunque hoy el relato más recordado sea el construido por los románticos franceses e ingleses, dos siglos atrás. Eso me ha hecho muy famosa, pero también muy desconocida. Porque mis aspectos más visibles y evidentes, Semana Santa, el flamenco, la belleza de la arquitectura clásica, Triana, la pintura de Murillo, han ocultado tantos otros. Como el influjo del Romanticismo y el Modernismo, la nueva ciudad tecnológica, el referente en que me he convertido en el arte de vanguardia.

Y más importante aún. En ese doble relato la fama ha ocultado elementos fascinantes en lo muy conocido. Hoy yo soy tu guía a lo más personal e íntimo de mi misma.

Frente al tenebrismo y la sangre, pura energía vital.

El primer gran narrador de Sevilla, el más singular, vive en el Museo de Bellas Artes. Murillo, pintor a quien una tradición de siglos presentó como mero retratista de iconos religiosos. Pero a quien los estudiosos modernos de su obra han desvelado como mucho más polifacético. Recibió un legado, el de las imágenes previas al Barroco: cuerpos de Cristos bañados en sangre, santos torturados exhibiendo músculos a los que se había arrancado la piel. Y no solo lo dulcificó todo creando una nueva narrativa visual que llega hasta nuestros días, a través de esas imágenes felices de la publicidad. Desplegó la energía vital que hasta el último de mis rincones contagia.

Murillo ocultó en el interior de sus lienzos la vida común de los sevillanos del Siglo de Oro. Pintó las carencias, necesidades y ambiciones de la gente común, pero a diferencia de todo lo hecho hasta entonces, oponiéndole la vida y la esperanza. Sus conocidos querubines, sus gordos ángeles niños, son el amargo recuerdo de sus tres primeros hijos. Muertos por la peste que asoló la ciudad. Él pintó lo que no pudo ser vestido con la esperanza de lo por venir. Y rebasó con mucho las paredes del Museo de Bellas Artes.

Sabiendo mirar encontrarás en sus pinturas detalles nítidos de la vida cotidiana en Sevilla. La luz de mi cielo y las sonrisas de mis gentes son las mismas que Murillo fue dejando en la Catedral, el museo, en numerosas iglesias y en las Casas Palacio.

Pero Murillo no muere en lo clásico. Después de ese paseo por mi centro urbano y patrimonial, hay que ir a recorrer el Polígono Sur, museo al aire libre donde las fachadas son lienzos. Pura vanguardia, siempre presente porque mi belleza crea artistas, necesitados de expresarse en todos los lenguajes, en obras espontáneas, en cerámicas, en pintura, y hasta en las reuniones de amigos al calor de la tarde. Yo soy puro arte.

Carmen, acércame tu boca en la calle de los Besos

Si algo supieron atrapar los viajeros ingleses y franceses fue la idea de mi embrujo. La sensación de que todas las personas que se encontraban aquí son, sobre todo, personales. Así surgió el barbero Fígaro en la ópera de Mozart; o la Carmen de Prosper Merimeé y de Bizet. Y la figura del donjuán, que Lord Byron tornó universal, pero que hizo nacer Tirso de Molina, y enamorarse en la actual calle de los Besos. ¿Sabes lo que tienen en común todos esos sevillanos traducidos a la literatura? Sus historias de amor. Mi clima, paisajes, jardines y tapeo, el ambiente de noche, y estas calles como lugar de encuentro permanente, lo llaman siempre. Al amor. Soy una ciudad en la que es casi imposible no enamorarse.

Dos de mis últimos personajes creados son muy desconocidos, Macarena y Paco. Ella flamenca bailando, y él tocando la guitarra, tocado con sombrero. Las dos nuevas siluetas en mis semáforos te sugieren que avances a paso de baile o disfrutes parado. Como antes en Múnich, París, y otras ciudades europeas, las luces de los semáforos han reclamado tener mi identidad. Si vienes sabrás que esa identidad es contagiosa, y tú también experimentarás mi embrujo.

Me traen la aventura y yo pongo el escenario.

Para el joven Darth Vader de Star Wars, la Plaza de España, declarada Tesoro de la Cultura Cinematográfica Europea. Para Lawrence de Arabia, y también para el príncipe Doran de Juego de Tronos, los Reales Alcázares. En qué otra ciudad podrían ser creíbles planetas extraterrestres, palacios de Arabia, o reinos medievales de fantasía con solo mirar mis edificios. Arquitecturas que nacieron en distintos momentos del tiempo, árabes, romanas, modernistas, y que se han convertido en inmortales.

Mis otros estilos, los de mi arquitectura de vanguardia, son aún desconocidos para el cine. Las Setas de la Encarnación y su pasarela superior son un buen punto de partida, que pide seguir recorriendo el abanico de estilos por los edificios de la Isla de la Cartuja y su legado de la Expo 92. Aperitivo de las otras islas, las que los grandes arquitectos sembraron en mi aeropuerto, en los rascacielos y estaciones. Rafael Moneo, Santiago Calatrava, Richard Rogers, o Cruz y Ortiz. Ellos son grandes. Y yo con ellos, más hermosa.

Estas calles mías que son estrofas de amor

Nuestro primer poeta romántico miraba la cornisa de uno de mis palacios, y escribía «volverán las oscuras golondrinas». Hoy su rostro sigue mirándome, a los pies de un ciprés de 172 años, porque mi naturaleza urbana es también exuberante, como el mismo Parque de María Luisa. Tres mujeres representan los tres estadios del amor de Bécquer, el amor romántico: ilusionado, poseído y finalmente perdido. Para no perderlo vienen los enamorados a cerrar sus candados en la verja que rodea el monumento. Y muchos que los ven ponen versos a sus besos, que explotan en las esquinas como flores abiertas de primavera.

Muy conocido es que soy cuna de muchos y grandes poetas. Inspiración pura. El huerto en que madura el limonero de Antonio Machado sigue creciendo en el Palacio de Dueñas. Mis miles de árboles, flores, plantas, alumbraron el misticismo de la naturaleza, rasgo único de Luis Cernuda. Y la omnipresencia de lo visual y auditivo, lo más visible de mi carácter, fue luz e imagen, sonido y música, en Vicente Aleixandre.

Lo muy desconocido es que aquí nació la Generación del 27 al reunirse por primera vez en el Ateneo de Sevilla. Y que sigo haciendo nacer poetas, no solo en los versos escritos o leídos en recitales, sino en las estrofas de los músicos. Cantarán en los festivales de mi verano, Bigsound, el concierto Candlelight homenaje a Rosalía, entre otros.

Yo hice saber al mundo que él era global.

Creíste que exageraba al decirte en el inicio que soy única. Te contestaré con dos palabras: flamenco y Triana. Lo muy conocido de mi misma nació en los patios de vecinos de este barrio, en su cerámica tradicional, en su talento artístico, una de las cunas mundiales del flamenco. Fue aquí donde la Escuela de Navegantes instruyó a Colón y Magallanes y Elcano antes de dar la vuelta al mundo. Partieron y regresaron cambiando para siempre la idea del mundo, enseñándonos que vivimos solo en uno.

Para lo muy desconocido ni siquiera tienes que salir de Triana. Cuando contemples su puente, piensa que se inspiró en otro de París. Si vienes a final de julio, la Velá es una celebración equiparable a la Feria de Abril. La tapa y la gastronomía tienen una parada deliciosa en cada esquina, especialmente en el Mercado de Triana. Si prefieres el deporte, encontrarás una auténtica delicia pedalear junto al Guadalquivir, o navegar a remo en él, o correr por los parques y jardines. Y si te pierde el encuentro inesperado, el arrebato de tus ojos y tus sentidos, tu paseo aún no ha terminado.

Mis callejones más frescos están en la antigua judería, ahora barrios de Santa Cruz, Santa María la Blanca y San Bartolomé. Callejón del Agua, de la Judería, la calle Verde. Mis calles más estrechas, en el casco histórico, Lope de Rueda o Cruces, que superan el metro por poco, y sobre todo la calle de los besos, en la que si pasas tomado de la mano ya sabes lo que pasa. En mi amarás, besarás, descubrirás que tu paladar sabe cosas que tú no sabías, se enamorarán tus ojos, querrán quedarse tus pies y quedará para siempre en tu memoria ese embrujo que ya no te ha de abandonar nunca.

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