Horas críticas

Antología del deseo carnal

La revista «Litoral» consagra su último número al dios Eros y a su adoración en la historia del arte y la literatura. El sexo visto desde todas sus posturas y variantes, como fuente inextinguible de placer y objeto de una sed nunca saciada

“Hay menos maneras de hacer el amor de lo que se dice, pero más de lo que se cree”, sentenció la escritora bisexual Colette. A vueltas con este asunto, la revista Litoral –una de las publicaciones más longevas del país, que en breve cumplirá un siglo desde su creación y ascendencia sobre la Generación del 27– dedica su número 269 al sexo, del que nunca se tiene ni se sabe lo suficiente. Titulado Eros y concebido como “un catálogo de placeres”, este lujoso (y lujurioso) tomo se presenta, como es habitual, con profusión de coloridas imágenes y cerca de 300 páginas, en las que aborda este inagotable tema desde textos literarios y obras plásticas que van de la Antigüedad a la actualidad, junto con seis artículos realizados exprofeso por otros tantos colaboradores de reputada firma.

El helenista y galardonado traductor Carlos García Gual evoca la figura del dios griego Eros en la mitología y las primeras obras clásicas, donde “personifica el impulso invencible, el anhelo amoroso que irrumpe en el alma con fogoso ímpetu y arrastra a acciones descontroladas”. Sabedor del peso de las palabras, hace bien el filólogo mallorquín en recordar que lo que llamamos amor en español siempre ha tenido en lengua griega dos variantes: el deseo (eros, justamente) y el cariño fraternal, familiar o amigable (philía).

En el artículo Museo secreto, Juan Manuel Bonet rastrea la esencia erótica en la historia del arte pictórico, desde las muchas Venus y majas que podían insinuar más o menos su componente sexual hasta el cuadro que el crítico y museólogo considera “una puerta al Eros moderno”: El origen del mundo (1866), de Gustave Courbet. Destinado en origen a la colección oculta del estadista y erotómano turco-egipcio Halil Şerif Pasha y representando a una de sus amantes, conocemos aquí el increíble periplo de esta obra hasta su primera exhibición pública en 1988.

Hoy día en que ya todo parece escrito sobre el sexo, estas ideas son un acto de subversión más allá del carácter gráfico de las representaciones contemporáneas

Detalle de la portada de «Anarcoma» (La Cúpula, 1983), una historieta para adultos de Nazario.

José María Conget, autor de libros como El olor de los tebeos (Pre-Textos, 2004), aborda cómo estos han sacado a la luz ideas tradicionalmente reprobadas como la obscenidad o la lascivia. Si bien en Europa y durante el pasado siglo la historieta revelaba poco y hasta censuraba, por dirigirse a un público más bien infantil, incluso en España hubo espacio para las fantasías y las “ensoñaciones lúbricas”. Aunque no sería hasta la llegada, ya en el posfranquismo, de revistas como El Víbora y autores como el sevillano Nazario (padre del cómic underground patrio) cuando “comprendimos que también nuestras sufridas viñetas habían ganado una batalla”.

La relación con el cine, sin duda una de nuestras habituales fuentes de (des)información en cuestiones carnales o al menos de satisfacer la natural curiosidad hacia estos temas –al menos hasta la llegada de internet–, es objeto de análisis por el crítico y director de la revista Caimán (antiguo Cahiers du Cinéma en España) Carlos F. Heredero, desde la revolución de las actrices “libres y sexis” de los años 20, como Theda Bara y Louise Brooks, a la concepción del sexo para las masas en la gran pantalla, desembocando en la provocadora y a ratos inane explicitud de títulos más recientes que abarcarían desde la seminal El imperio de los sentidos (1976) a La vida de Adèle (2013).

Fotograma de «El imperio de los sentidos» (1976), de Nagisa Oshima.

El sexólogo Francisco Cabello nos vacuna contra los moralismos y puritanismos familiarizándonos con toda un amplísimo inventario de conductas parafílicas que exploran los extremos de la sexualidad tal y como lo hizo el Marqués de Sade, del que quizá no distemos tanto: citando uno de los estudios más amplios en torno a nuestro comportamiento sexual, el presidente de la Academia Internacional de Sexología Médica asegura que el 86% de los adultos “vive en ruptura permanente con el código moral que fingen aceptar”. Un dato que a muchos les resultará inquietante y que, no obstante, debe hacernos entender estas filias como una fuente más de fascinación y placer (siempre que no alcancen el grado de trastorno).

Finalmente, un artículo de Luis Alberto de Cuenca revisa la figura de Drácula también como mito erótico, puesto que como expone el reconocido poeta, “sexualidad y terror andan siempre cogidos de la mano”. En las múltiples versiones del relato en torno al legendario vampiro transilvano confluyen las representaciones más románticas con las más bestiales, pero siempre hay sed, poder de seducción y fluidos. Así que ustedes nos dirán en qué pensaba Bram Stoker cuando dio forma a su inmortal novela.

«Mi primera orgía» (1972), fotografía de Richard Fegley.

Por su parte, los textos literarios están organizados por capítulos temáticos, y hay tanta variedad como en los gustos, tendencias y corrientes del erotismo. La nómina de autores es amplia y riquísima: de Safo a Juan Ramón, de Al-Mutamid a Vatsiaiana, de D.H. Lawrence a Duras, de Simic a Plath, de Iribarren a Lanseros, de Gil de Biedma a Rossetti, de Neuman a Nin, de Girondo a Fassbinder y de Breton a Belli. Sería imposible hacer una relación completa, pero aprovechemos para señalar que, a diferencia de las colaboraciones, aquí sí encontramos aportaciones de escritoras que acaso compensen la mirada masculina y masculinizada de los editores.

Como recuerda el director de la publicación Lorenzo Saval en su editorial, Litoral ya se atrevió hace tres décadas a publicar una antología de poesía erótica bajo el título Del goce y de la dicha (1985), con tan buena acogida como la no menos esperable turbación de las mentes más pacatas. Hoy día en que ya todo parece escrito sobre el sexo, y no digamos sobre el amor, estas ideas no dejan de suponer un acto de subversión que va más allá del carácter gráfico de las representaciones contemporáneas. Eros, dios de la atracción que según Platón es hijo de la abundancia y la pobreza, encarna nuestros diversos estados amatorios: la plenitud y el vacío, pero sobre todo el hambre de más, el ansia, el deseo. Y que nadie nos desposea de él.

«Boca» (1963), obra de Gerhard Richter.

Litoral nº 269: «Eros»
Edición de Antonio Lafarque y Lorenzo Saval
Año 2020
288 páginas
30 euros

APTO PARA: Erotómanos, sexoadictos y, en general, quienes gustan de dar al cuerpo lo que pide.
NO APTO PARA: Mojigatos, abstinentes y quienes esperan hasta el matrimonio (y ahí lo dejan).

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