Horas críticas

Libros de la semana #44

Recomendaciones literarias de la redacción de Mercurio

Innovación desde el museo, de VVAA (Centre del Carme Cultura Contemporània)

Advertía la crítica de arte Marisol Salanova, en su ensayo sobre los museos como lugares de inspiración para el número 217 de Mercurio, que «las restricciones de movilidad que conlleva la crisis sanitaria, unida a una crisis económica que apenas acaba de comenzar a extender sus tentáculos capitalistas, evidencian la necesidad urgente de implementar nuevos modelos… O de impulsar los que iban en una línea que quizás no se comprendía, por innovadora, cuando los viejos modelos estáticos favorecían a unos pocos en sus nichos de poder. Para la mayoría ha supuesto responder a una pregunta peliaguda, aquella de si la normalidad a la que tanto deseamos regresar estaba siendo favorable para la humanidad y sostenible para el planeta». Salanova coordina y representa una de las 20 voces expertas congregadas en este libro, subtitulado Ensayos sobre emergencia cultural, justamente destinados a analizar esa transición propiciada por la pandemia en los dos últimos años, donde los museos —que no lo estaban haciendo ya— han emprendido una forzada adaptación a formatos, temáticas y sobre todo estrategias distintas a las hasta ahora seguidas. Especialistas como la docente e investigadora María Acaso, el comunicador transmedia Jorge Carrión, la traductora Marilena de Chiara, la historiadora Blanca de la Torre, el jefe de exposiciones Jordi Costa, la diseñadora Pati Núñez o la filósofa y editora Magda Polo, entre otros, analizan desde enfoques diversos este insólito periodo que, más allá del desánimo, abre la puerta a fascinantes interrogantes e incertidumbres esperanzadoras. José Luis Pérez Pont, director del Centre del Carme Cultura Contemporània (CCCC), aporta otro de los textos, y es de hecho este espacio museístico y la red del Consorci de Museus valenciano los que sirven de marco referencial, y editor, para este conjunto de artículos que llega puntual en un momento en que lo fundamental es construir el ahora. Da en la diana Carrión al señalar que «sería ingenuo pensar que la Covid-19 no va a significar un punto de inflexión en nuestra relación con la cultura en general y con los museos, galerías y salas de exposición en particular». Las prácticas educativas, el museo no turistizado pero sí vertebrador social, la aceleración digital y las nuevas narrativas, los feminismos y la democratización real de la cultura, el diseño del espacio expositivo o la innovación de la crítica son algunos de los temas que comparecen en estas páginas, todos desde la experiencia de sus firmantes pero a la vez con voluntad de servir de apoyo a una visión amplia de la cuestión. Como escribe la historiadora y comisaria Semíramis González, «los museos del siglo XXI tienen que ser […] lugares de conversación y reflexión para que la ciudadanía sienta que ese es su espacio». Los espacios en que todos nos sintamos representados.


Napalm en el corazón, de Pol Guasch (Anagrama)

«De pronto se hizo de noche sobre nosotros, una noche clara y brillante que cubrió con una gigantesca burbuja de cristal las casas en las que vivíamos, […] y dentro de ese caparazón la luz se multiplicó hasta cegarnos». En un lugar y un tiempo más o menos indeterminados se presenta esta distopía sobre los brutales mecanismos del poder y la intolerancia, en la que cuesta no atender al juego de espejos con nuestro contexto actual: hay desolación tras una catástrofe (¿quizá ecológica?), hay un régimen militarizado y totalitario que coarta los desplazamientos, hay un conflicto lingüístico («la lengua es un fuego», dice la santa Biblia, aquí citada) y la resistencia a la extinción cultural, hay un amor/deseo en correspondencia secreta entre un joven y otro chico que se enfrentan a la incomprensión y el rechazo social; hay mucha violencia. Pol Guasch (Tarragona, 1997) se ha hecho con el Premio Llibres Anagrama de Novela de este año gracias a este debut en la novela, que exhibe una prosa agitadora y encendida, un lirismo crudo —permítasenos el probable oxímoron— pleno de ritmo desde su arranque, ya fascinante: «Llegó el frío como siempre llega. Mira: una mañana te levantas y el suelo está blanco. Los días eran cortos y helados. Desde la ventana, las cosas se volvían pequeñas e insignificantes». El jovencísimo escritor, quien ya había publicado antes dos poemarios, también premiados, entrega aquí un relato de atmósfera sofocante y estructura fragmentada, elíptica, compuesta por escenas desde «el otro lado» del mundo, casi anotaciones de un diario personal cuyas fechas transcurren plúmbeas y lóbregas como en el interior de una prisión. Su escritura podría remitir a la de Mercè Rodoreda en su potencia simbolista y sinestésica, con la de Boris Vian en su refulgente malditismo o con la de Julio Cortázar en su imaginación tan libre de ataduras de género, pero también con las fantásticas fábulas contemporáneas de Irene Solà, más cercana geográfica y generacionalmente. Napalm en el corazón representa una valiente reflexión (desde las vísceras) sobre la memoria del trauma y sobre el exilio como único destino posible para la supervivencia de la propia identidad en medio de la opresión ideológica: «Me repugnaba estar unido a los demás no por voluntad sino por su odio, engominado, que me unía a ellos de un modo pegajoso. Los ojos de animal, las piedras, los cortes. Su imposición: que yo encarnara una idea, la que ellos me ordenaban». Los protagonistas forman parte de una suerte de resistencia que cita a Dylan Thomas y su «rabia, rabia contra la muerte de la luz», mientras se sienten presas de un posapocalipsis que no deja de constituir presente en toda su capacidad destructiva y segregacionista: «No sé quiénes somos este nosotros, pero llevo toda la vida arañándolo y me siento parte de él, ciegamente: los bastardos. Los contrahechos. Los enfermos. Demoníacos. Comerrabos. Enculados. Más tarde, he entendido que esta desdicha no es nuestra. Que es un gesto de fuera el que nos la impone». La novela de Guasch es un aullido poético contra ese gesto.


Por qué los girasoles se marchitan, de Oskar González Mendia (Cálamo)

Resolver el misterio del arte, distinguir qué elementos operan y se activan en nuestro cerebro para que una obra nos cautive y nos deje sin palabras, o simplemente por qué no nos cansamos de revisitarla, podría ser tan absurdo como explicar, en todos sus gozos y cuitas, el fenómeno amoroso. Este libro en cambio demuestra que, como en el amor, en el arte hay verdadera química, en sentido literal: «Una obra de arte», leemos en el prólogo a este ensayo, «puede estar elaborada con más o menos materiales, pero todos los elementos que los forman aparecen en la tabla periódica. Esta es, sin duda, una de las más maravillosas creaciones del ser humano». El doctor en química Oskar González Mendia (Laudio, 1983), habitual divulgador de la materia en diversos medios de comunicación, se propone aquí que nuestra mirada hacia ella sea casi tan arrebatada como la que sostenemos ante la creatividad artística: «Si el orden es bello, la tabla periódica es la belleza elevada a la máxima expresión». Bajo tal premisa pretende analizar los elementos no solo presentes sino definitivos e imprescindibles para que naciesen algunos de los mayores prodigios que hoy pueblan museos y espacios públicos: desde el silicio y el azul ultramar de las madonnas pintadas por Duccio hasta el cromo y los famosos cuadros de Van Gogh a los que se refiere el título, pasando por el cobalto en la copa de Licurgo o en Los paraguas de Renoir, el cobre en la Judith de Donatello o la serie Oxidation de Warhol, y la plata en el origen de la fotografía alumbrado por William Fox Talbot, los relatos que encierra cada uno de sus episodios instruyen y entretienen a un tiempo, moviéndose con soltura entre la ciencia bien contextualizada socialmente y la Historia como disciplina viva además de abierta a múltiples conexiones —que, a menudo, nos dejan pasmados—. Un maravilloso recorrido (también visual) pleno de rigor y sencillez para un volumen que surge, dentro de la interesante colección Arca de Darwin de Cálamo, con motivo del 150 aniversario de la tabla periódica de Mendeléyev. Una celebración de la condición inabarcable de la química y el arte aunque este último, como recalca González Mendia, «va mucho más allá» de lo material; pero no mucho más que la primera. Al fin y al cabo, se pregunta el autor y docente universitario vasco, «¿no ha de ser creativo el científico para encontrar soluciones a los problemas que surgen durante una investigación? ¿No ha de ser persistente y metódico el artista cuando busca la perfección en su obra?». Ambas respuestas son afirmativas y ayudan a entender, aunque sea desde la generalidad, por qué estos dos campos son capaces de conquistarnos.


La felicidad, de VVAA (Revista Litoral)

El número 272 de la inveterada y eternamente vigente revista Litoral, siempre dada a navegar contracorriente, está dedicado a la felicidad, lo cual en estos tiempos de pandemia, crisis y depresión a todos los niveles puede tomarse como una provocación, una reivindicación o una ironía; en Mercurio nos parece una mayúscula genialidad. También podría ser vista hoy como una utopía, dice Lorenzo Saval en su editorial, pues «ha estado silenciada y amordazada», pero continúa siendo, aunque sea por debajo de las mascarillas, «un arma caliente que nos dispara el corazón». Aquí hacen crónica de ella, con textos concebidos ex profeso para esta celebración, autores como, entre otros, el poeta y filólogo latino Juan Antonio González Iglesias, quien nos remite a los clásicos carpe diem y beatus ille; el cineasta Manuel Martín Cuenca, con un relato de juventud sobre Centauros del desierto y cómo «siempre pensamos la felicidad en pasado o futuro»; el fotógrafo José Manuel Navia, quien defiende la recompensa cifrada por Annie Dillard en «el hecho de abrir los ojos y contemplar» ciertas imágenes magistrales; el filósofo y escritor Óscar Díaz, quien repasa esta aspiración desde el enfoque de la robótica, las inteligencias artificiales y las distopías; el escritor Agustín Fernández Mallo, que analiza las conexiones del capitalismo emocional y lo que llama «el goce estadístico» de las plataformas sociales; o el periodista y sociólogo Jesús Ordovás, con la colaboración de Pilar Imedio, quienes recorren la historia de la felicidad («una raya que hay que atravesar», en palabras de Kiko Veneno) en las letras de la música pop de las décadas prodigiosas. Todo ello acompañado por textos donde aportan su definición de felicidad escritores que van de Eugenio Montale («Tal vez existe, mas no la conocemos») a Susan B. Anthony («La independencia es felicidad»), Felipe Benítez Reyes («la flor caudal y humana / de una ambigua emoción inexpresable»), Braulio Ortiz Poole («hay que tomar la carne dulce, el jugo, / del momento que vives»), Sophia de Mello («Los días de verano vastos como un reino»), Friedrich Schiller («los caníbales beben la mansedumbre, / y los desesperados la fuerza de los héroes»), Raquel Lanseros («el orgasmo espontáneo del espíritu») o Marta Sanz («felicidad no se ajusta a jerarquías y exige el paso de los años para ser nombrada»), por citar algunos. Asimismo y como siempre, nos emocionan las bellísimas imágenes que ilustran el tema a todo color y esplendor, desde el Desafío en la portada de Igor Morski a La danza de Matisse, pasando por Las hermosas sábanas de Topor, la Feliz reunión de Isabel Oliver, Una invitación de Andrea Kowch o el Homenaje al triángulo de la recientemente fallecida Roser Bru, entre muchísimas estampas. La publicación malagueña, Premio Nacional al Fomento de la Lectura en este año que concluye, es precisamente algo parecido a un sinónimo de la purita felicidad: literatura y arte visual para los más selectos paladares, pese a que haya a quien le rechine este festín en tiempos de austeridad (también) emocional. Ya lo dijo Albert Camus en una de las citas que jalonan este itinerario: «Ser rico es tener tiempo para ser feliz cuando se es digno de ello». Aunque acaso la que mejor refleja la situación de Litoral es la atribuida a la inmortal actriz italiana Anna Magnani: «Cuando sea vieja no quiero parecer más joven, quiero parecer más feliz». Brindamos por ello: por la felicidad contra todo pronóstico.

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