Cultura ambulante

Miquel Barceló: el arte de mudar la piel

«La nuit de la nuit», 2018-2019, de Miquel Barceló (foto: François Halard).

El escritor y crítico Enrique Juncosa (Palma de Mallorca, 1961) es amigo de Miquel Barceló (Felanitx, 1957) desde sus años de juventud. Conoce su obra al dedillo, y ha escrito sobre su evolución como artista en numerosas ocasiones, incluyendo el ensayo Miquel Barceló: sentimiento del tiempo (Síntesis, 2004). Con todo, nos cuenta, no deja de sorprenderle su capacidad de trabajo: «Siempre que voy al estudio tiene un montón de cosas nuevas, y a lo mejor solo hace un mes que había estado allí por última vez». En esa voluntad de entregarse al trabajo subyace una ambición que no ha visto en ningún otro creador plástico. «Los hay que, aun siendo muy buenos, se quedan más estancados en un estilo, pero él tiene esa valentía de ensayar formatos —acuarelas, cuadernos, cerámicas…— y disciplinas —performance, escritura, escultura…—, siempre está buscando nuevas formas de expresar lo que quiere expresar».

Juncosa, que también es un destacado gestor cultural y comisario, está detrás de la exposición Miquel Barceló. Metamorfosis, que acaba de inaugurarse en el Museo Picasso Málaga y que representa uno de los grandes hitos de la temporada museística. La variedad de materiales y texturas con las que trabaja el artista balear está muy presente en el centenar de obras aquí representadas, que en buena medida responden a la influencia de otras disciplinas como el cine, la música o la literatura. No en vano, de entre su última producción sorprenden sus libros ilustrados, una serie que inició con La Divina Comedia de Dante y continuó con Fausto de Goethe y La transformación (La metamorfosis) de Kafka. Ahora, según Juncosa, trabaja ya en una versión de la Ilíada de Homero. «Estos libros le han permitido desarrollar una nueva estética que tiene que ver con el territorio de lo fantástico«, explica.

Taller de pintura de Miquel Barceló en Artà, Mallorca (foto: François Halard).

No se trata de ilustraciones de los textos al uso, sino de su versión de esos mundos, paralela a la de los textos originales. La tríada Purgatorio-Infierno-Cielo, el diablo Mefistófeles y el monstruoso insecto vistos desde su propia conciencia pictórica, distinta a cualquier otra interpretación. Acuarelas concebidas en base a las características específicas de esa técnica: «Imágenes con colores muy luminosos, que son transparentes y tienen un movimiento líquido, más espontáneo y más rápido», describe el comisario. «Me dijo que en los últimos años había estado trabajando con pigmentos nuevos, y creo que eso también se nota en el cromatismo exacerbado de estas obras. Barceló siempre había hecho pinturas muy matéricas, gruesas, con colores muy interesantes pero más oscuros».

En sus libros ilustrados confluyen la tríada Purgatorio-Infierno-Cielo, el diablo Mefistófeles y el monstruoso insecto vistos desde su propia conciencia pictórica

Esa evolución y capacidad de reinvención del autor mallorquín es la que ha inspirado a Juncosa el concepto de la muestra malagueña. En su texto para el catálogo, traza un repaso histórico por el tema de la metamorfosis y su presencia en la trayectoria de Barceló. «Cuando empezó a exponer a finales de los 70, siendo muy joven, hizo una serie de obras —que solo se llegaron a ver en Mallorca— con unas cajas de cristal, como si fuesen urnas, que contenían alimentos: frutas, carnes, salsas… Esos productos, claro, se iban pudriendo con el tiempo, pero se veía su transformación, dentro de la propia galería. También ha usado a veces pigmentos que oxidaban y superficies de cuadros que se cuarteaban; le gusta esa idea de las cosas que cambian de aspecto con el paso del tiempo«. En esta exposición hay una cerámica de la que, por un error de tratamiento, el material se convirtió en cal y se desprende, pero el artista insistió en incluirla. «Cuando acabe la muestra, alrededor de la cerámica quedarán unos restos que recuerdan al mijo de las jaulas de los pájaros [ríe]. Al final es una idea de transitoriedad que también tiene que ver con el cuerpo. Los seres humanos estamos continuamente cambiando, desde bebés a ancianos».

Además, en la génesis de este proyecto expositivo está, como no podía ser de otra manera con ese título, el libro de Kafka. «Una de las interpretaciones de La metamorfosis, que yo considero la más acertada», asegura Juncosa, «es que lo que describe es la soledad del artista, la desconfianza de la sociedad hacia él o su dificultad de formar parte de ella. Como creador, Kafka no tuvo ningún éxito en vida, como Van Gogh o Bolaño; solo publicó este texto que es un relato largo, ni siquiera puede llamársele novela. Miquel no tiene este problema porque ha tenido éxito desde joven, pero igualmente la ocupación del artista parece distinta a lo que hacemos los demás». Cuenta también este reputado poeta, que también ha sido subdirector del Reina Sofía y del IVAM, así como director (durante casi una década) del Irish Museum of Modern Art de Dublín, que Barceló siempre ha combinado momentos en los que su obra era más celebratoria con otros donde le manaba más melancólica. «Otra serie de obras casi inéditas fuera de su tierra natal son unos cuadros de osos y de grandes simios, incluido Copito de Nieve, que él describía como autorretratos, como si se hubiera convertido en ellos».

Vista de la exposición «Miquel Barceló. Metamorfosis» (foto: Jesús Domínguez / MPM).

El artista trashumante

La transitoriedad de su estilo creativo y de su obra también se manifiesta en lo que en la exposición del Museo Picasso Málaga se ha denominado la condición trashumante de Miquel Barceló, no solo en un sentido metafórico o en cuanto a sus referentes artísticos, sino también en lo geográfico. De hecho, se han incluido seis cuadernos de viaje del artista balear: «Tiene muchísimos porque, como he dicho antes, siempre está trabajando», explica Enrique Juncosa. «Cuando me vine estos días de Málaga a Barcelona me dijo “qué bien, habrás escrito mucho en el tren”, y yo ahora en el tren no puedo ni leer porque se me empañan las gafas con la mascarilla [ríe]. Él enseguida piensa que tienes tiempo para escribir, para crear. Ahora nos ha sorprendido diciendo que se va este mes a Kenia a pintar, a un lugar muy aislado cerca de la costa de Somalia. Son sitios donde está solo, y eso le va bien para encontrar temas distintos. La cosa viajera siempre ha sido importante para él».

En esta exposición hay una cerámica de la que, por un error de tratamiento, el material se convirtió en cal y se desprende, pero el artista insistió en incluirla

Esa diversidad de inspiraciones no impide que su corpus artístico mantenga una cierta continuidad conceptual. En el caso de esta muestra, se ha descartado un montaje cronológico en favor de los «diálogos poéticos» que, según su comisario, se pueden establecer entre los distintos elementos. «Sus acuarelas que yo veo casi como las vidrieras de una iglesia, donde la luz se obtiene por transparencia, las hemos yuxtapuesto con unos cuadros de lunas llenas en gran formato, donde la luz viene dada por la materia. En otra zona hemos conectado sus pinturas rupestres, donde dibuja animales en relieve, con sus cerámicas, sugiriendo que la cerámica es una tridimensionalización de la pintura. Y luego junto a sus plazas de toros, con esos movimientos elípticos, hay unas cerámicas que se presentan aquí en Málaga, los tótems, que tienen un aspecto como de yacimiento arqueológico y de ritual que los vincula al mundo taurino».

«Ull Dret», 2019, de Miquel Barceló (foto: François Halard).

No queda duda hablando con Juncosa de que la del Museo Picasso Málaga es una exposición diferente a otras anteriores que ha hecho con Barceló, muchas de tipo histórico, mientras que aquí se presenta su obra reciente: «Miquel estaba muy contento porque decía que le cansa un poco ver un cuadro suyo del año 84, otra vez». Además, siendo este artista tan prolífico, por lo común se han podido ver solo sus piezas más representativas de cada periodo, pero en esta ocasión tenemos acceso a una gran variedad de obras de un mismo momento. Como el conjunto de acuarelas de sus viajes a Tailandia y la India, donde se aprecia «ese componente fantástico del que hablaba antes. Son imágenes de figuras antropomórficas, pero convertidas en plantas o animales». La enésima metamorfosis de Barceló: “Me parece curiosa esta evolución, porque sus obras solían remitir directamente a algo, pero aquí hay un imaginario que no se sabe si forma parte de un sueño o es un comentario ecológico, o ambas cosas».

 


Miquel Barceló. Metamorfosis
Comisariada por Enrique Juncosa
Museo Picasso Málaga
Hasta el 27 de septiembre

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