Horas críticas

Elegía por un mundo en llamas

La revista Litoral dedica su último número al medioambiente y la autoextinción a la que parece abocarse el ser humano a marchas forzadas. Prestigiosas firmas y reveladoras obras de arte nos muestran nuestra verdadera posición entre casi un millón y medio de especies, los otros mundos posibles a los que hemos aspirado y el ciberespacio en el que claudicamos.

Bajo el título Mundo sensible, recordando un concepto filosófico que nos retrotrae a Platón, se presenta el número 270 de la revista Litoral, que en este caso no ha querido dar la espalda a uno de los temas que nos tienen la añorada normalidad patas arriba: el medioambiente en el contexto actual de emergencia climática. Esa constante presencia terrorífica hoy día —ya sea en forma de virus o de nevada histórica— y los ecocidios diarios que apenas vislumbramos, a pesar de que seamos nosotros mismos quienes nos los infligimos. Ya lo preludia Lorenzo Saval en su editorial: «La verdadera amenaza está en nosotros, en los humanos», porque somos seres intrínsecamente destructivos.

Tal vez por eso, en este número también se hace sitio a los mundos interiores, acaso los únicos capaces de sacarnos de esta autoextinción; el arte y la literatura dadores de algún tipo de vida, aunque sea esta que llevamos. Un conjunto de textos e imágenes cuyas temáticas van de lo macro a lo micro, y así a través de sus 288 páginas nos asomamos, entre muchísimos otros asuntos, a la cosmogénesis, los elementos, las ciudades, los accidentes nucleares, las pandemias (claro), el cielo, los astros y las utopías, en un momento histórico donde solo se habla de distopías.

El naturalista Joaquín Araújo defiende la inocencia de todas las otras especies a la que se refería Elías Canetti, «a su ser tiempo sin reloj, paisaje sin propiedad privada, uso sin abuso». Citando a Octavio Paz, a Nietzsche, a Albert Camus y a muchos otros autores ilustres, comprobamos el modo en que traicionamos a la vida y a nosotros mismos con rabias y odios asoladores. Casi un millón y medio de especies contiene este planeta, nos recuerda Araújo, y solo una, la humana, está siendo capaz de cargárselo a base de acumular. De ahí que abogue por la ética animal y nuestra relación con el resto de seres vivos, para aprender a cuidarnos.

«Cuenca», de Adrian Baker, 2019 (imagen: Revista Litoral).

El crítico de cine y poeta Juanma Ruiz habla de otros Mundos posibles no desde la perspectiva altermundista o antiglobalizadora, sino la del séptimo arte, que a lo largo de su historia no solo ha documentado las heridas del planeta sino imaginado —a veces con escalofriante precisión— esos escenarios que ya no son futuro ni ciencia ficción. Desde clásicos de este género como Cuando el destino nos alcance o La humanidad en peligro hasta las recientes Little Joe o la española Lo que arde, pasando por miradas no occidentales como las del reino africano de Lesoto en This Is Not A Burial, It’s A Resurrection o las del japonés Miyazaki en clásicos modernos como Nausicaä del valle del viento y La princesa Mononoke.

«Homo Homini Lupus», de Franco Fasoli, 2011 (imagen: Revista Litoral).

En el texto Calles vacías, Enrique Vila-Matas rememora el día en que fue consciente de que la epidemia, que parecía al inicio tan lejana, ya se hallaba entre nosotros, «un desastre indefinido que nunca llegamos a pensar que sería una rotura de todo el sistema». Habla el escritor barcelonés de los signos que nos podrían haber avisado de todo lo que estaba en juego y también de los motivos para la desesperación en el estado actual de cosas, entre los que se halla la fragilidad de nuestros cuerpos (que tan presente se hace ahora) pero también «la monotonía que trae aparejada la costumbre de vivir». Bendita monotonía, nos viene a decir, quizá la realidad que más extrañamos en estos días irreales.

En este número también se hace sitio a los mundos interiores, acaso los únicos capaces de sacarnos de esta autoextinción; el arte y la literatura dadores de algún tipo de vida, aunque sea esta que llevamos

«Disolución», de Bill Viola, 2015 (imagen: Revista Litoral).

El hombre que habla con las plantas, como ha bautizado el New York Times al botánico italiano Stefano Mancuso, nos ilustra sobre la sensibilidad e inteligencia de estos seres vivos a los que tan poco crédito hemos dado desde tiempos de Aristóteles. Y sin embargo, son capaces como ningún otro de percibir el ambiente alrededor; no en vano representan el 85% de la biomasa del planeta, un porcentaje que, según el florentino, «es la medida única e indiscutible de su éxito evolutivo». La conclusión es que hemos infravalorado la democracia difusa que representan y que las hace tremendamente modernas: modulares, cooperativas y resistentes a las catástrofes. Un referente absoluto.

«Sin título», de Rob Gonsalves, 1980 (imagen: Revista Litoral).

Juan de Dios García, escritor y codirector de otra revista literaria (El coloquio de los perros), analiza la dialéctica entre progreso y biosfera en algunas grandes canciones de la historia del rock. Los ejemplos son múltiples y abonan un vastísimo terreno musical que abarcaría desde el metal de Iron Maiden (Total Eclipse) y Ozzy Osbourne (Mother Earth) a los clásicos de The Beatles (Mother Nature’s Son), Bob Dylan (A Hard Rain’s a-Gonna Fall) o esa maravilla que es Mercy Mercy Me de Marvin Gaye. Luego están quienes han hecho bandera de la lucha ecologista, claro, desde los pesados de Bono y Sting a artistas de épocas diversas como Jethro Tull, Green Day, Gorillaz o hasta Coldplay, recordándonos que el greenwashing también tiene su sitio entre los macarras.

«Residuos de níquel», de Edward Burtynsky, 1996 (imagen: Revista Litoral).

Finalmente, destacamos en esta breve reseña el artículo del joven filósofo y youtuber Ernesto Castro, quien reflexiona sobre otro mundo, el virtual, el del ciberespacio, y sobre conceptos de su propio cuño, como la «ideología de la disponibilidad total» o el «Estado de bienestar mediático». Según advierte, la regulación de la Red que hace unos años pretendían acometer los gobiernos pasa ahora por una autoregulación que, a fin de cuentas, depende de las grandes empresas digitales. Un negocio que se alimenta del ocio de sus usuarios, de nuestro tiempo libre: «En la era de la ilusión mediática, el ocio es la plusvalía que se le sustrae al trabajador no asalariado».

«Paisaje atómico Nagasaki, Japón», de Robert Graham, 1946 (imagen: Revista Litoral).

Y así está el mundo, así nos lo muestra Litoral, en toda su amplitud y sus laceraciones. Completan este espléndido volumen, profusamente ilustrado, las firmas de Pedro Marín Cots, José Antonio Garriga Vela, Guillermo Busutil, José Guirao Cabrera, Héctor Márquez, Jorge Riechmann, Aina S. Erice, Raúl de Tapia Alcanduerca y Carlos Briones. También recoge textos de, entre muchísimos otros, Gioconda Belli, Gabriela Mistral, Luis Eduardo Aute, Julio Cortázar, Raymond Carver, Constantinos Cavafis, Felipe Benítez Reyes, Ida Vitale, Nicanor Parra, Henry David Thoreau, Joan Margarit, Walt Whitman y Jack London. Que con autores así no hayamos hecho de este un mundo más habitable, tiene delito.

«Ofelia hoy», de Raquel Aparicio, 2019 (imagen: Revista Litoral).

 


Litoral nº 270: «Mundo sensible»
Edición de Antonio Lafarque y Lorenzo Saval
Año 2020
288 páginas
30 euros

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