Entrevistas

Tatiana Eva-Marie: «Nos empeñamos en ser realistas y eso elimina toda posibilidad de entendernos»

Aprovechamos su presencia en el festival Sevilla Swing para charlar con la cantante suiza, una de las mejores voces del jazz neoyorquino y prodigiosa restauradora de los sonidos de su era dorada. Artista versátil y versada que llama a la resistencia frente a la tibieza del mundo actual, desde el espíritu rompedor de los clásicos
Tatiana Eva-Marie actuará el sábado 17 de octubre en el 8º Sevilla Swing Festival (foto: Amos Rose).

La vocalista suiza Tatiana Eva-Marie es cualquier cosa menos anodina. Y no solo por haber sido nombrada estrella emergente del jazz por Vanity Fair (junto a artistas colosales como Esperanza Spalding, Trombone Shorty y Cécile McLorin Salvant) y recibir elogios de otras notorias cabeceras como The New York Times o Downbeat. Ni por haber encumbrado un género tan pintoresco como el swing a través de la lente del París de los años 30. Ni siquiera por haber actuado como telonera de Norah Jones o en las premières de películas de Hollywood y series como Mad Men, así como en eventos de todo el mundo, incluyendo una semana en el resort de una isla privada en Fiyi.

Más allá de su nomadismo artístico, es en Nueva York donde se ha impuesto en los últimos años con la acreditada Avalon Jazz Band y donde ha residido desde 2011, cuando llegó tras una frustrada experiencia en la capital francesa. Antes de eso, muy joven, ya fue actriz, modelo, bailarina, compositora y directora de musicales, nada demasiado raro teniendo en cuenta que creció rodeada de gente dedicada a las artes, como sus propios padres. En la actualidad también escribe y edita una revista cultural, orgullosa de esa polimatía en tiempos donde todo es especialización.

Pero en ella, ya ha quedado dicho, no hay nada corriente. Sobre todo porque concibe la vida, y por tanto el arte, su profesión, como un juego; de nuevo una completa extraña al mundo de hoy. En el cara a cara (incluso por videollamada) sorprende, pese a lo que su imagen, su carisma escénico y su aparente joie de vivre hagan pensar, la rotundidad de sus opiniones. En esta entrevista, a unos pocos días de su actuación –con todo vendido– en el festival Sevilla Swing junto a la banda del brillante guitarrista Duved Dunayevsky, hablaremos de la vida bohemia en Nueva York y París, de su infancia como niña prodigio y outsider, del prohibicionismo en tiempos de pandemia, de cine y literatura más allá del discurso identitario y, en fin, de la postura ideológica que hay tras la determinación de juntar lo viejo y lo nuevo.

Tatiana Eva Marie (en el centro) con la Avalon Jazz Band, en uno de los preestrenos de «Mad Men» en Nueva York.

Rompemos el hielo con una pregunta algo ridícula, muy de primero de inglés: Have you ever been to Spain? Responde que sí, que ha estado actuando alguna vez en Barcelona. Hace memoria. También hizo un bolo en Vitoria.
Tatiana Eva-Marie.- Pero estoy muy, muy feliz de venir a Sevilla porque he oído que es el lugar más bonito de España, ¿verdad?

Pregunta.- Bueno…
TEM.- [riendo] ¡De verdad que lo dicen!

P.- … eso es lo que nosotros los sevillanos decimos también, así que… No, pero creo que es una bella ciudad, aunque no sean las mejores circunstancias para visitarla.
TEM.- Es increíble que todavía esté pasando, ¿no cree?

P.- Sí, y es algo de lo que quería hablar, porque yo la hacía en Estados Unidos, hasta hace unos días en que leí que había estado en Francia desde que todo empezó.
TEM.- Bueno, en Suiza y en Francia. Porque cuando sucedió toda esta locura hace ¿cuánto, siete meses ya? Pfff… Pues entonces yo estaba de gira por Europa y, de hecho, se suponía que iba a tocar en el Cully Jazz Festival de Suiza, que es donde vive mi madre [en Lausana, ciudad natal de Tatiana]. El festival por supuesto se canceló y pensé “voy a quedarme en Europa porque qué sentido tiene pasar este tiempo en Nueva York si Nueva York ya no existe”, ¿sabe?

P.- Ya…
TEM.- Porque Nueva York sin bares ni música ni vida nocturna es una ciudad fantasma, y en Europa al menos logras comer bien, beber vino y pasear por el bosque [ríe].

P.- Entonces quedarse a este lado del Atlántico ha sido una decisión.
TEM.- A ver, tengo la suerte de poder elegir porque soy suiza y norteamericana por pasaporte, así que puedo ir adonde quiera, y ahora prefiero estar en Europa. Lo que está pasando allí es una verdadera tragedia, no creo que se haya dado nunca nada igual, ni siquiera en época de guerra. El hecho de que la ciudad al completo haya dejado de existir… mire, los restaurantes han reabierto hace apenas una semana. Verlo desde la distancia es muy triste para mí, porque me encanta Nueva York, amo Brooklyn, y ahora solo son una sombra de sí mismos. En Francia por ejemplo, e imagino que en España es igual, la gente vive mucho más en la calle, hay música, terrazas… pero en Nueva York se vive de puertas adentro. Es como si no hubiera posibilidad de escape.

«Nueva York sin bares ni música ni vida nocturna es una ciudad fantasma, y en Europa al menos logras comer bien, beber vino y pasear por el bosque»

Tras este primer diálogo en el que se percibe cómo su actitud luminosa trata de salir a flote en un océano de tristeza, le explico que tengo un montón de preguntas sobre su carrera y que querría empezar por su infancia. “Como si estuviera en una sesión de terapia: hábleme de su infancia”, bromea.

P.- No, le quería preguntar cómo recuerda sus primeros años, de niña, en el mundo del entretenimiento. ¿No se sintió presionada creciendo en una familia de artistas?
TEM.- Es curioso porque, cuando eres pequeño, piensas que todas las otras familias son exactamente como la tuya. Yo simplemente creía que todos eran músicos. Así que mis padres tuvieron que explicarme que otras personas no vivían como nosotros, y para mí fue extraño entenderlo y relacionarme con esa gente. Empecé a grabar canciones con cuatro años, pero nunca me sentía presionada. Eran esos momentos los que me hacían feliz, mientras que cuando iba a la escuela, el judo o cualquier otra actividad que me obligaran a hacer, pensaba: “¿Por qué estoy aquí? No sé cómo comunicarme con la gente”. Notaba más presión haciendo ese tipo de cosas normales que dedicándome a la música, donde sentía que no necesitaba esconderme.

P.- Supongo entonces que abandonó el judo. Alguna vez ha hablado del papel que Disney jugó en su formación musical, ¿qué otras influencias tempranas cree que han tenido peso en su carrera?
TEM.- Sin duda, mi carrera le debe mucho al cine. Mi padre es compositor de bandas sonoras, él y mi madre se conocieron en un set de rodaje. Ella, que es violinista clásica, andaba de gira a menudo, así que me quedaba mucho sola con mi padre que, digamos [ríe], no sabía muy bien cómo gestionar la vida real, así que siempre estábamos viendo películas, películas, películas. Recuerdo sobre todo las de Charlie Chaplin, pero también los musicales de Gene Kelly, Fred Astaire, Rita Hayworth… para mí eso era casi más real que todo lo demás, porque lo tenía delante de los ojos a diario. También las de Hitchcock o Woody Allen, porque mi padre no tenía ningún concepto claro de la edad, y yo ya estaba viendo sus películas con cinco años. Fue la música de esas películas la que me hizo querer cantar. Para mí no existía la vida sin banda sonora: estar viva significaba que tenía que haber música a mi alrededor constantemente; si no, la acción no se desarrollaba.

P.- Sé que ha actuado como protagonista en la película Swing Rendez-Vous que esperan estrenar pronto, pero ¿ha compuesto alguna vez música para este u otro film?
TEM.- No, pero en esa película, además de participar en el guion, escribí algunas de las letras de las canciones. Es algo que también hago con Duved [Dunayevsky], escribo muchas de las letras del repertorio que hacemos juntos.

P.- Ajá. De hecho, quería preguntarle sobre su colaboración musical con él. ¿Qué les ha unido sobre el escenario?
TEM.- Hay gente a la que conoces y al momento sabes que, quieras o no, vuestras vidas van a acabar mezcladas. Duved tiene un acercamiento a la vida muy romántico, me refiero a romántico tipo Henry Miller, es decir, del tipo dañino y hermoso [ríe]. Vivir en Nueva York te fuerza a ser más mujer de negocios, porque la sociedad norteamericana es muy decidida y tienes que pelear duro. Yo estaba muy metida en eso cuando visité París y fui a una de sus jam sessions. Desde aquella noche congeniamos, y supe que debía volver a conectar con mi lado bohemio. Duved me ayuda a hacerlo, porque con él la vida es una continua fiesta. Es alguien que busca la belleza en todas partes, igual que yo, por eso enseguida estábamos componiendo juntos. Él tiene mucho talento para las melodías y escucha un montón de música clásica, está obsesionado con Wagner, y yo comparto esa sensibilidad porque la he heredado de mis padres. Así que entiendo lo que trata de hacer, esa mezcla de jazz primigenio con elementos clásicos, y me inspira a crear letras cercanas a la poesía o a la lírica de los lieder.

P.- Ahora que ha mencionado París, siendo adolescente y antes de recalar en Estados Unidos, usted pasó una temporada allí tratando de hacerse un sitio como artista. No sé si de alguna forma se siente frustrada con aquella experiencia, pero según cuenta no había ningún interés por el jazz francés en aquella época.
TEM.- Sí, por eso me marché a Nueva York. Lo que me frustraba era que todo el mundo trataba de ser guay. Y creo que no hay nada menos guay que intentar serlo. Si tratas de sonar americano, pierdes tu identidad. Ese era el problema, yo estaba intentando hacer algo que no era lo bastante guay [ríe] y por eso me fui. Nueva York tiene esa magia de que nunca está tratando de ser nada, simplemente existe. Aunque sea de una forma frenética y desesperada, pero es su propio rollo, y todo el mundo es bienvenido a hacer lo que sea. En París, por entonces sentía que importaba demasiado la intención con que se hacían las cosas y ese deseo de no ser francés. Decían “oh, eso está pasado de moda, todas esas estúpidas viejas canciones francesas, nadie quiere oírlas, son las canciones de nuestras abuelas”. Es como si alguien dijera “dejad de tocar Debussy, puaj, es tan viejo…”. No es que yo tenga alma de museo, no quiero preservar nada. Solo quiero hacer cosas bellas, y para mí esas canciones son preciosas. Tienen algo de universal y atemporal con lo que todos podemos identificarnos, y conmueven porque hablan de forma poética sobre cosas muy sencillas. ¿Puede imaginarse que tuviera que irme a Estados Unidos para cantar las canciones francesas que amo y que el público las apreciara? Pero en fin, me alegro de que la escena haya cambiado en París, con gente que empieza a tocar todas estas canciones. También por eso estoy pasando más tiempo ahora por aquí. Voy adonde va la música.

«De niña, mis padres tuvieron que explicarme que no todo el mundo era músico, y para mí fue extraño entenderlo y relacionarme con esa otra gente»

P.- ¿Cree entonces que mudarse a Nueva York acabó de definir su carrera, en el sentido de ver claro que el jazz era lo suyo?
TEM.- En realidad, ya de jovencita me sabía los standards de jazz, cantaba todo aquel repertorio de Louis Prima, Marilyn Monroe y Frank Sinatra, solo por divertirme. Por entonces no era consciente de que podía dedicarme a eso. Pero al llegar a Nueva York me encontré con una comunidad enorme de músicos que tocaba esa música muy bien, tomándoselo muy en serio y sin nada que lo hiciera parecer especial. No era en plan “oh, miradnos, estamos tocando temas clásicos…”. Más bien era algo como “sí, esto es la vida y es completamente normal”. El hecho de que ya no fuese un sueño, sino una realidad que me rodeaba, marcó ese momento del que usted habla. De pronto ya no era algo del pasado, sino del presente, con gente joven tocando, escuchando, bailando, y no tenía por qué entenderse como una reliquia.

P.- ¿Y qué hay en la cultura de la era dorada del swing que se traería a nuestros días?
TEM.- Desde luego, si alguna vez ha habido un momento para que aquel espíritu vuelva, es ahora. Porque hoy día estamos viviendo una especie de prohibicionismo [en inglés, Prohibition es también como se llamó a la Ley Seca en los años 20]. Mire, en París están cerrando los bares, solo se puede estar en sitios públicos hasta una cierta hora, hay toques de queda, no puedes bailar ni tocar a otra gente… Es decir, para ser humanos tendríamos que formar un movimiento de resistencia contra eso, y de ahí viene este tipo de música.

Un breve apunte sobre la alusión histórica de Tatiana Eva-Marie. En efecto, hay toda una subcultura en torno al swing que surgió de forma específica en Europa bajo el término zazou, y que reivindicaba este género de música, baile y moda en la Francia ocupada de la II Guerra Mundial. Con su estilo de vida libre y despreocupado, los jóvenes zazous plantaron cara –a su manera– al régimen nazi y formaron parte de la Résistance francesa, esa “resistencia” a la que también se refiere la cantante suiza cuando habla del presente.

P.- Mi duda es si el mundo actual está preparado para una actitud vital bohemia, de ese tipo.
TEM.- Es que justamente el espíritu bohemio consiste en estar vivos, cuando el mundo nos está diciendo que no deberíamos estarlo. De ahí vienen también los speakeasies [bares clandestinos que surgieron durante la citada Ley Seca]. Llevo unos días en París y he estado viendo salir como setas ciertos sitios ilegales, donde la gente se reúne para tomarse una copa, tocar y bailar hasta las tantas. ¡Y me alegra tanto! Esa es la esencia de esta música. Así que creo que es el momento perfecto. Hemos estado viviendo algo muy extraño en los últimos meses y necesitamos evadirnos para preservar nuestra humanidad; ahí es cuando recurrir a la bohemia supone una hermosa manera de sentirse vivos.

P.- No sé si la creación de la web Shrine Magazine, de la que es fundadora y editora, tiene también algo que ver con esta coyuntura.
TEM.- En parte sí, porque durante el confinamiento me aburría mucho. Necesito estar haciendo algo en todo momento, o me viene la ansiedad [ríe]. En aquel momento no podía tocar y, honestamente, ni siquiera me apetecía ya. Al principio había estado haciendo con mi banda algunos de esos vídeos de pantalla partida que se pusieron de moda, pero era casi más deprimente. Los grabábamos porque hacían felices a la gente, pero en realidad no nos convencía y al final nos dejaba tristes porque queríamos tocar en la misma sala, tomar algo juntos… Con las pantallas todo resulta muy clínico, es lo opuesto de lo que nos gusta.

«Hoy día estamos viviendo una especie de prohibicionismo y, si alguna vez ha habido un momento para que el espíritu del swing vuelva, es ahora»

P.- No puedo estar más de acuerdo.
TEM.- Pues lo que hice para mantener vivo mi cerebro fue empezar a escribir un montón. Y más tarde, con algunos de mis amigos que son profesores universitarios y otros músicos a los que les gusta escribir, decidí poner en marcha una revista digital sobre arte y cultura. El sentido con el que nació, también, es que estoy cansada de ver que estos ámbitos siempre se analicen desde el prisma identitario. Es algo con lo que tengo un gran problema: la gente ya no habla de arte, sino de genitales, o colores de piel, o… Ya no se trata de expresión, sino solo de identidad, y creo que esa es la muerte del arte. No veo los suficientes contenidos online que vayan contra esa idea, así que decidí hacerlo yo misma. No es una revista antipolíticamente correcta, sino una en la que no se habla de eso. Quiero hablar de lo que la gente está haciendo de bello en el mundo, porque dios sabe que necesitamos más belleza y estar más unidos que nunca. Y si vamos a dividirnos basándonos en cuestiones tan superficiales, estaremos perdiendo de vista la belleza de las cosas.

Tatiana Eva-Marie ha pasado los últimos meses entre Suiza y Francia (foto: Jeremy Corren).

P.- Sí, leí su crítica sobre Retrato de una mujer en llamas y no sé si estoy de acuerdo, pero entiendo por dónde va. Quería que me hablase de su cinefilia, de hecho, porque ya la ha estado mencionando y me ha llamado la atención su afición por las películas con elementos surrealistas o que juegan con el subconsciente, ¿estoy en lo cierto?
TEM.- Sí, me encantan. Es que a veces tengo conversaciones con adultos inteligentes que ven películas de Marvel y para mí es un shock cerebral. Me parecen tan aburridas como películas de acción… y en una época donde la gente se aburre tan fácilmente, para mí es un misterio que puedan sentarse a ver eso durante dos horas. Se podría decir que no me gusta el cine más popular de hoy día, pero por supuesto más allá de los clásicos hay películas actuales maravillosas. Mi película favorita del año pasado fue El faro, ¿la ha visto?

P.- Sí, me encantó.
TEM.- Para mí es como… la película perfecta. Como usted decía, tiene mucho de surrealismo, también de expresionismo alemán, y eso me encanta, porque la única forma de hablar de la vida es no hablar de ella. Creo que nuestro problema como sociedad es que nos esforzamos mucho en ser realistas y eso elimina toda posibilidad de que nos entendamos los unos a los otros. Porque todo es demasiado superficial. También Midsommar me pareció estupenda, aunque aparentemente no vi la misma película que otra gente; decían que iba sobre una ruptura sentimental o que era una historia de terror. Pues no, es una crónica social profundamente filosófica con una banda sonora increíble, por cierto. Tengo muchas ganas de ver la nueva de Woody Allen, de hecho hace poco descubrí Recuerdos, que no había visto antes, y es preciosa, un homenaje a Ocho y medio () de Fellini. Hay algo especial en mostrar cuán grotesca es la condición humana y cuán bella al mismo tiempo; esa visión siempre me conmueve, porque somos muy miserables y muy poéticos como especie.

«Hay algo especial en mostrar cuán grotesca es la condición humana y cuán bella al mismo tiempo; somos muy miserables y muy poéticos como especie»

P.- Hablando de eso, estudió poesía medieval inglesa en La Sorbona y ha compartido algunos poemas propios en Shrine Magazine. ¿Tiene algún libro publicado?
TEM.- Aún no, pero estoy en ello [ríe]. Siempre digo que cuando sea mayor quiero ser escritora. Así que creé una sección de poesía en la web, sí. Me siento muy afortunada por conocer a tanta gente maravillosa, así que para mí es fácil reunir material. Además, cada vez me escribe más gente –a la que no conozco– que quiere compartir sus textos. Y tengo la suficiente cantidad de ego como para publicar algunos de mis poemas en la revista [ríe]; lo seguiré haciendo. Pienso que el arte siempre ha de compartirse. La poesía es indispensable y creo que todos deberíamos sabernos al menos un poema de memoria. Es muy importante, aunque no se lo recites a nadie.

P.- ¿Qué ha estado leyendo últimamente en este género?
TEM.- Ah, espera… [se gira hacia su escritorio]. Este libro es fantástico [acerca un poco la portada a la cámara], de Reinaldo Arenas. ¿Lo conoce?

P.- Creo que… de una película que protagonizaba Javier Bardem. Pero no lo he leído.
TEM.- Pues esto es lo que estoy leyendo ahora. Es un autor cubano y el libro se supone que es una autobiografía, pero eso es decir muy poco. Verá, uno de mis géneros literarios favoritos es la autobiografía fantaseada, y esta es así, porque está llena de licencias poéticas y de ensueños. Obviamente, mucho de lo que leemos aquí no es verdad, pero el hecho de que fuera imaginado lo hace real. Creo que es Boris Vian el que dice: «En este libro todo es verdad porque yo me lo he inventado». Y leyendo a Arenas te das cuenta de eso, que una mentira es al mismo tiempo verdad solo porque existe. Su prosa es muy poética, el tipo de escritura que más me gusta. Venero a Henry Miller, Virginia Woolf, Francis Scott Fitzgerald, ese estilo de escribir como en un delirio febril. También hay una joven autora, Eden Tijerina, de la que hemos publicado un poema en Shrine Magazine, que me encanta. Hay gente haciendo cosas maravillosas en estos tiempos extraños, solo tenemos que salir a buscarla. Ahí está, sin ir más lejos, Duved, con el que en Sevilla trataré de seguir manteniendo vivo ese espíritu de lo antiguo y lo nuevo. La tendencia actual es destruir el estatus de nuestra Historia, pero yo no creo en la destrucción. Creo mucho más en el reciclaje, y si no tienes una tradición en la que inspirarte, buena o mala, ¿qué vas a construir? Necesitamos el pasado, necesitamos los clásicos, escuchar música antigua y leer libros antiguos.

Tatiana Eva-Marie: «No tengo alma de museo; solo quiero hacer cosas bellas» (foto: Christopher Lovenguth).

Tatiana Eva-Marie ha publicado este año el LP Bonjour Tristesse, en colaboración con el guitarrista Michael Valeanu. A finales de 2019 se editaron sus álbumes Wintertime Dreams: A Parisian Christmas, junto a la Avalon Jazz Band, y More Than You Know, con Duved and his Transatlantic Five. Junto a esta última banda actuarán el sábado 17 de octubre en el Teatro Alameda de Sevilla, como parte del 8º Sevilla Swing Festival.

2 Comments

  1. Olger Rodríguez

    Wao, encantadora entrevista, mucho de lo escrito ya lo sabía: soy seguidor de Tatiana Eva-Marie desde hace unos 5 años. Admiro su música, su voz, su talento pero sobre todo su gran sensibilidad e inteligencia. Es un cúmulo de entusiasmo, en ella se resumen tantos aspectos positivos de la vida: el arte, la cultura, la historia, la decencia, la belleza y sobre todo ese aire de espontaneidad en sus acciones, gestos, bailes y más detalles que la hacen un ser diferente y especial.

  2. César Antonio Chumbiauca

    Una entrevista con muchas referencias culturales que invita a buscarlas. Me gusta su música y, como también trabajo para una revista, me gusta su lado editor. Es cierto que Tatiana no es una artista de masas, no es una «chica marvel», pero lo que hace es maravilloso.

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