Cultura ambulante

Descolonizar la mirada al arte marroquí en tres pasos

Exposición «Trilogía marroquí. 1950-2020» en el Museo Reina Sofía
Vista de un mural de Yassine Balbzioui en la exposición «Trilogía marroquí. 1950-2020». / Foto: MNCARS

Tres momentos en la Historia reciente de Marruecos, desde su independencia a mediados del siglo XX hasta nuestros días, pasando por los llamados «años de plomo» durante el reinado de Hassan II. Tres grandes núcleos creativos del país, Casablanca, Tánger y Tetuán, donde se han ido concentrando los mayores exponentes del arte marroquí a lo largo de estas últimas décadas. Trilogía marroquí. 1950-2020 es el título que ha elegido el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (MNCARS) para una muestra en la que, con la colaboración del Arab Museum of Modern Art (Mathaf) reúne hasta 250 obras y documentos en torno a algunas de las figuras del arte decisivas en este amplio periodo que, pese a la proximidad del país con el que compartimos aguas y del que apenas nos separa una distancia que fácilmente se recorrería a pie —si dibujásemos una pasarela virtual—, desconocemos casi en su totalidad. Con la intención de dárnoslas a conocer y ofrecer una panorámica si no exhaustiva, sí representativa de esa escena, se aprovechan los tres bloques temporales mencionados para organizar el recorrido de esta exposición.

Muy convulsa resultó la primera etapa, entre 1950 y 1969, al constituir un momento propicio para el empuje de los nacionalismos y las luchas identitarias, movimientos de reacción con los que se trataba de combatir la herencia cultural de los protectorados de la primera mitad de siglo e impregnar las artes de los vientos internacionales de vanguardia que soplaban por Europa y buena parte del mundo. Justamente se refleja en esta muestra el aire fresco propiciado por la obra de la primera generación de grandes pintores marroquíes como Ahmed Amrani, Mohamed Ataallah, Mohamed Chabaa y Mohamed Melehi, de quien podemos admirar uno de los cuadros más icónicos de esta fase, titulado IBM (1962) y que fue parte de una serie donde exploraba la tecnología y la condición humana, haciendo referencia al chip de la famosa compañía pionera en la fabricación de computadoras. También crucial en esta época fue la actividad de Ahmed Cherkaoui, uno de los pioneros del arte marroquí moderno hasta su muerte, y en algunas de cuyas obras, significativamente, aparecen los emblemáticos tatuajes amazigh de la cultura bereber, como ese Talismán rojo (1967).

Vista de la obra «(Play) Lyautey Unit Blocks», de la artista Yto Barrada. / Foto: MNCARS

De 1970 a 1999 se ha establecido una segunda parada en este viaje, que coincide con los años donde se mezcla el enriquecimiento artístico que florece en Marruecos a partir de numerosas y fructíferas colaboraciones en un sector cada vez más consolidado, y el incremento de la represión gubernamental con la consiguiente amenaza hacia las libertades. Una vez más, no obstante, la imposición de control amplía las ansias de rebelarse en lo creativo y así en esta época surge el arte marroquí en los márgenes de lo oficial y que recupera para el pueblo los valores de prácticas tradicionales como la artesanía, sirviéndose además de publicaciones y eventos culturales para difundir estas corrientes subterráneas. Especial importancia comienza a cobrar la obra de autodidactas como Chaïbia Talal y Fatima Hassan, de la que aquí contemplamos su espectacular Escena (1992). Ellas preceden el ingreso del país en la democracia, culminado en la recta final del segundo milenio con embajadores creativos tan relevantes como Mohamed El Baz y Mounir Fatmi. También hallamos en la exposición del MNCARS parte de la serie fotográfica de Touhami Ennadre titulada Mains du Monde (1978-82), que a muchos les resultará familiar por la mítica portada del LP de Dead Can Dance Into the Labyrinth.

«La diversidad de la obra de estos artistas marroquíes, muchos de los cuales se formaron o consolidaron sus carreras en Europa, son el mejor antídoto para las cegueras culturales»

El último bloque de la muestra está consagrado a la denominada «Generación 00», que vivió de primera mano las transformaciones tecnológicas de la sociedad, pero también ciertos puntos de inflexión tan drásticos como la Primavera Árabe. En estas dos últimas décadas, el arte marroquí —especialmente las disciplinas visuales— no solo integra las revoluciones desde una perspectiva política, sino también formal y simbólica, abriéndose a proyectos de connotaciones globales que trascienden las fronteras, tanto geográficas como de lenguaje. Aquí no solo figuran mujeres en la obra de arte, tanto productoras como representadas, sino todo un conjunto de reflexiones críticas en torno a su papel en la sociedad marroquí contemporánea. Como sucede en la obra de la franco-marroquí Yto Barrada, que indaga en el contexto sociopolítico de su país y en particular de su ciudad, Tánger, a través de formatos tan innovadores como el de su (Play) Lyautey Unit Blocks (2010). También la joven cineasta Randa Maroufi, cuyo exitoso cortometraje Bab Sebta (2019), hipnótica mirada a las coreografías de la frontera ceutí, culmina el itinerario propuesto.

En una época donde tristemente resurgen las amenazas a la tolerancia y donde las barreras entre países y continentes vecinos se pretenden aún más altas, la exposición Trilogía marroquí. 1950-2020 resulta tan oportuna como indispensable y, de alguna forma, funciona también como paliativo —al menos en parte— de la escasa representación del arte árabe moderno en nuestro país. Fruto del proceso de investigación descolonial emprendido esta temporada en su programación por el MNCARS, el centro museístico madrileño parece haber entendido que la diversidad y la interdisciplinariedad propias de la obra de estos artistas marroquíes, muchos de los cuales se formaron o consolidaron sus carreras en Europa (incluido nuestro país), e incluso siguen habitando el viejo continente, son el mejor antídoto para las cegueras culturales temporales o permanentes. Una siempre recomendable mirada curiosa al sur, en el que, como nos recuerda la hoja de sala, se enclava «un país milenario que dista apenas 14 kilómetros de España».

Fotograma del film «Bab Sebta» (2019), de Randa Maroufi. / © Barney Production & Montfleuri Production

 

Trilogía marroquí. 1950-2020
Comisariada por Manuel Borja-Villel y Abdellah Karroum
Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid
Con la colaboración del Arab Museum of Modern Art (Mathaf)
Hasta el 27 de septiembre de 2021

Responder

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*