Crónicas en órbita

Dani Llamas en la Bienal: que el fuego siga quemando

Dani Llamas, en una imagen promocional de su LP «A Fuego». / Foto: Juanma Carmona.

En el amor y en la guerra
no todo es obedecer
si el hambre ha vencido al miedo
y la esperanza al poder.

Y si este es el fin
y si este es el fin
que el fuego siga quemando
yo quiero vivir así.

[ «Un manto de fuego» ]

 

Al músico y compositor Dani Llamas (Jerez de la Frontera, 1980) lo conocemos, sobre todo, por liderar durante dos décadas el grupo G.A.S. Drummers, referente nacional del punk-rock melódico que surgió a finales de los 90, siguiendo la estela de bandas míticas como The Posies y su inolvidable Frosting on the Beater (Geffen Records, 1993). Justamente con estos insignes representantes del «sonido Seattle» como maestros de ceremonia presentaría, en el año 2010, los temas de su primer álbum en solitario, en el que se aproximaba al folk-rock de autores como Micah P. Hinson, Thalia Zedek o Damien Jurado; una etapa de referencias anglosajonas que culminaría con un LP de homenaje a Grant Hart —gran amigo e inspiración para el jerezano—, grabado en casa y lanzado durante la pandemia.

Tras el confinamiento, Llamas salió al mundo dispuesto a revelar lo que el poso de su tierra le había ido infundiendo, silenciosamente, en los últimos años, y así en diciembre de 2020 publicó La verdad, un verdadero vuelco a su carrera: diez canciones en castellano para las que se inspiraba en sus propios orígenes, el arte flamenco del barrio de Jerez en que se crió (Santiago), y por cuyas calles imaginaba paseando de la mano a Neil Young y Manuel Torre, improbable pareja musical. Un nuevo ciclo que ha consolidado con su nuevo álbum A Fuego (Wild Punk Records, 2022), en el que va más allá en su muda de piel hacia la de cantaor rockero y que tendrá su espectacular puesta de largo el viernes 23 de septiembre en el Teatro Alameda de Sevilla, como parte de la XXII Bienal de Flamenco. Casi ná.

Sobre esas codiciadas tablas que aguantarán la mirada de espectadores venidos de todo el mundo se levantarán sus guitarrazos de distorsión fuzz, sintetizadores, bajos, baterías y hasta cajas de ritmos para desplegar el tronío de su catálogo de esencias de rock y pop, porque lo popular estará en todo lo que allí suene. Lo de Llamas no sabemos si es flamenco puro o impuro, pero sin duda es música de raíces hondas (jondas). Pop de arraigo, si se quiere, que evocará hasta quince palos distintos, de la seguiriya a la bambera, de la soleá a los tientos, de las livianas a los polos. A los doce temas de su último disco sumará tres del anterior: Fandangos de la Libertad, que en otro tiempo cantara Manuel Agujetas y que aquí pasan por el tamiz de unos Byrds; Fui Piedra, soleá de La Serneta que popularizó La Niña de los Peines; y las alegrías El Salto Al Cielo, nombre de un cortijo cartujo jerezano que en esta versión se evoca con aires de The Jam y Elvis Costello. Casi ná.

Dani Llamas estrena espectáculo en la XXII Bienal de Flamenco de Sevilla. / Foto: Juanma Carmona.

En A Fuego, el incombustible Llamas parece haberse encontrado a sí mismo en ese proceso de renacimiento personal y, aunque por el camino nunca perdió la identidad, ha encontrado en este cruce de caminos una voz auténtica y digna de ser piropeada: de modo literal, en cómo modula y adapta su propio timbre a estos cantes cubiertos de dramatismo y poderío; y también simbólicamente, en unas composiciones oscuras y místicas, ásperas y hermosas, complejas y tarareables, que dan pie a no pocas canciones redondas. Se observa asimismo en los textos de su puño y letra (al margen de tres revisiones de originales de El Chocolate y José Menese), que parecen sacados de aquellas tonadas clásicas y en los que habla de noches y olvido, de orgullo y retama, de guerrilleros y libertad, de matorral y cárceles, de ruinas y puñales, de veredas y ríos, de guerra y catarsis. Textos que recrean con espíritu combativo la furia y la descarga —eléctrica—, el dolor y la lucha —de clases—.

Tú no temas, hermana, a la batalla,
tú no sientas que ya no tienes fuerzas,
porque con nuestras azadas
nos abrimos paso entre la maleza
(Nos tienen ganas).

[ «Entre la maleza» ]

Un álbum para el que Dani Llamas ha partido de una importante labor de investigación, especialmente en torno a la Antología del Cante Flamenco y Cante Gitano que, dirigida por Antonio Mairena, se publicó en 1965, y que para muchos sigue siendo la biblia de este arte misterioso e inaprehensible. A Fuego es, por tanto, una obra de búsqueda y de hallazgos, en la que el músico jerezano se redescubre al mirarse en el espejo de sus antepasados. En esencia, su propuesta no ha cambiado tanto respecto a la senda que había tomado en los últimos tiempos: a fin de cuentas, sigue apegado al folklore fronterizo, solo que cambiando el deje norteamericano por uno más cercano del que se ha empapado en la etapa más reciente de su trayectoria.

Llamas ha dedicado este trabajo «al recuerdo de José Menese Scott, Antonio Cruz García, Pastora Pavón Cruz, Antonio Núñez Montoya, Ana Blanco Soto, Manuel de los Santos Pastor y otras voces inmortales» de su pueblo, uniéndose a esa larga tradición, así como a sus previos herederos del flamenco en la escena del indie patrio, desde Lagartija Nick a Los Planetas (o la fusión de ambos en Los Evangelistas), con su propio duende, su capacidad innegable de invocar tormenta e incendio. El flamenco, ha dicho Llamas, «es un material vivo, inacabable, una mina para poder hacer música actual». Un material inflamable, cabría añadir.

¿Qué lleva el río?
La memoria de un pueblo
empobrecido.

¿Qué lleva el río?
La memoria lejana
de un estallido.

[ «Qué lleva el río» ]

Concebido a priori como un EP de seis canciones, A Fuego ha acabado doblando la apuesta para convertirse en un LP de doce temas llamado a figurar en las listas de lo mejor del año, como ya han anticipado las bendiciones de la crítica especializada en medios como Mondosonoro o Rockdelux. En este último, Salvador Catalán destacaba que este álbum «brilla por su sincretismo estético, pero, sobre todo, por la facultad para transmitir ese profundo atributo vital y emocional que comparten flamenco y rock». Una obra que alimenta la nueva edad de oro del rock andaluz (así como de muchos otros estilos populares recuperados para la causa en el joven sur de España) y que se agranda con colaboraciones tan bien traídas como las de Rosario La TremenditaQué bien me suena tu nombre, y qué bien suena este featuring— y The New RaemonYa no siento los golpes, canción sentía donde las haya—.

«A Fuego» (2022), de Dani Llamas, está editado por Wild Punk Records. / Foto: Juanma Carmona.

Aunque si algo contribuye a que el sonido de este álbum nos camele es la aportación del chileno Sebastián Orellana como productor: un restaurador y sabueso de lo cool en las músicas de raíces, como ha demostrado en proyectos tan preciados como La Big Rabia —padres del bolero rock—, Radio Huachaca —tributo al genio inmortal de Roberto Parra—, el rescate del venezolano José Guapachá o su propio proyecto en solitario como Dios Perro. Su ingeniería obra el milagro en A Fuego, pero no menos decisiva resulta la participación de músicos como Juano Azagra en las guitarras (frontman de los excepcionales All La Glory), uno de los integrantes de la banda de Llamas que participará en el concierto de la Bienal y al que se sumarán colaboraciones como las de Pilar G. Angulo a los coros. Un espectáculo de estreno mundial que, augura el jerezano, «será bastante impresionante», y no solo por lo musical.

Las canciones de Llamas se complementarán con una serie de piezas visuales, entre lo poético y lo político, creadas ex profeso por los realizadores Silvia Moreno (directora del documental de 2021 Callejeras, premiado en el Festival de Málaga, que también es responsable de los magnéticos videoclips de A Fuego) y Joaquín Aneri (uno de los fundadores del sello Happy Place Records), y con fotografía de Juanma Carmona (Camarón. Flamenco y Revolución, Omega). Con esos ingredientes, más la iluminación de Benito Jiménez (Los Voluble), la puesta en escena que podrá verse en la Bienal de Sevilla, tan cercana a la cuna de este género y a su Jerez natal, tratará de que Dani Llamas sienta justo lo contrario de lo que canta en El mundo es un desengaño: «Anoche mismo en mi casa / me trataron como a un extraño». Sigue luego así esa soleá: «Mira si tengo un pasado / que la sangre tengo negra / y el corazón traspasado».

De su actuación en la Bienal tan solo cabe esperar «que el fuego siga quemando» y no se apague, ni una vez echado el telón.

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