Entrevistas

Marcos Pereda: «La novela sobre Miguel Induráin podrías escribirla en Excel»

El periodista y escritor Marcos Pereda (reportaje gráfico: Gema Rodrigo).

Marcos Pereda (Torrelavega, 1981) es licenciado en Derecho, escritor compulsivo y uno de los periodistas que más sabe de ciclismo en nuestro país. Escribe asiduamente en revistas como Jot Down, Ctxt o El Confidencial y aunque le encanta narrar historias deportivas épicas, disfruta igualmente dando clases en la universidad sobre Filosofía del Derecho, Historia y Etnografía de Cantabria o Teoría y Práctica de la Literatura de No Ficción.

Pereda acaba de publicar Cuentos del bar de la medianoche, un libro de relatos que van desde lo inquietante a lo terrorífico —no solo por el uso desmedido de adverbios—, con historias que nos hacen estremecer y sonreír con la misma cadencia que la función cuasi sinusoidal que perfila la famosa etapa entre Morzone y L’Alpe d’Huez del Tour de 1981.

¿Miguel Induráin o Perico Delgado? Y no te vayas por los cerros de Torrelavega.

La primera, conflictiva. Conteste lo que conteste habrá polémica en la grupetta. Solo que no salgo en grupetta, porque voy muy lento, así que responderé con libertad. Yo siempre fui de Induráin, por una cuestión cronológica (soy bastante más joven de lo que aparento). Induráin es una persona a la que resulta imposible no admirar… como deportista, como ser humano. Impecable. Por eso ahora me gusta más Perico Delgado, porque tiene conflicto. Falla, se cae, llega tarde a la cita más importante del año. La novela sobre Miguel Induráin podrías escribirla en Excel. Delgado tiene más material a la hora de transformarlo en eje narrativo.

¿Cuándo comienza tu afición al ciclismo? ¿Cuándo y por qué empiezas a escribir sobre ciclismo?

Lo de la afición… pues desde siempre. Mi padre corrió, mi tío corrió, yo vivía en Torrelavega, que es zona donde respiras bicis. Además, mi niñez coincide con la época de Induráin, y el ciclismo de aquella salía mucho más en los papeles. A veces hasta sin necesidad de que hubiese alguna caída o un positivo (que es cuando lo ponen ahora en el telediario). Digamos que era algo casi natural. De ahí a pedalear un poco, arrastrándome y dando penuca, había un paso. Sobre escribir, lo mismo. Pensaba que había historias chulas, historias que no se habían contado o que se habían contado de una forma insuficiente. Vamos, que siempre me gustó mezclar temas, y lo del ciclismo es perfecto para eso, porque al final es un deporte que se desplaza por extensiones inmensas. Dime tú si no habrá allí asuntos para ir enlazando. Así que empecé, por gusto. Y como no conozco la vergüenza pues intenté publicar algunas de esas cosas que hacía. Y hasta hoy. Sigo sin conocer la vergüenza, como bien saben quienes me han visto con coulotte y maillot.

¿Por qué estudias Derecho? ¿En qué área del Derecho te consideras experto?

A mí siempre me gustó el Derecho. Me sigue gustando. Al final es meterte en las entrañas de los Estados, de las Administraciones, ver cómo funcionan los engranajes del reloj. Cómo funcionan o cómo se estropean, vaya. Lo que pasa es que con el tiempo cada vez me interesan más las partes menos positivistas. Yo doy clases de Historia del Derecho y de Filosofía Jurídica. Ya ves, no es precisamente lo más popular. Quiero decir… en ningún capítulo de Ally McBeal se habla de esos temas, creo. Es una forma de hablar, jamás vi Ally McBeal, me ponía bastante nervioso. Resumiendo, que soy el clásico jurista que no te podría aconsejar sobre ese conflicto que tienes con el vecino, ni tampoco ejercer de fedatario público cuando compres tu casa, ni siquiera valdría para que me llevase Ana Rosa a opinar sobre el último caso mediático (bueno, igual para eso sí, que tampoco piden credenciales). Pero si buscas alguien para explicar la inquisición episcopal durante la Edad Media o el velo de la ignorancia en John Rawls… eh, soy tu hombre.

Das clases en la universidad, ¿se pueden dar clases con la misma emoción que narras peripecias deportivas? ¿Deberían prohibirse los profesores aburridos?

Sí y sí. Te comenté antes las materias que enseño, y algún lector habrá bostezado, porque a priori… pues oye. Soy consciente. Es difícil que surja un superhéroe si tenemos algún accidente radiactivo en la Facultad de Derecho (supervillanos saldrían bastantes, eso sí). Pero todo es objeto de pasión, creo. Puedes explicar la Constitución de 1812 de forma funcionarial, citando número de artículos y contenido; o puedes contar que lloviznaba cuando se aprobó, que luego hubo tormenta en Cádiz, que cierto rayo cayó sobre un árbol cerca de los constituyentes y algunos se santiguaron, acojonados por si aquello que acababan de aprobar era demasiado poco católico. Todo eso es verdad, y todo eso explica muy bien la historia. Si el profesor hace sus clases aburridas no es porque la materia lo sea, más bien hablamos de una elección personal. Allá ellos.

No solo escribes de ciclismo. En algunos artículos te gusta trolear al lector, así que no queda otra que trolearte a ti: ¿Cuál es la cosa más sobrevalorada de este mundo nuestro, y por qué?

Yo creo que Nirvana. Al menos de lo que sale en esa lista. Nirvana… quiero decir, yo también tengo un amigo que fuma un montón de porros y está todo el día así, como medio triste, pero ya. No va a más. También es verdad que trabaja en el sector de la metalurgia, y allí lo de ser intensito lo llevan regular. Hay que aclarar que Nirvana está sobrevalorado porque hay mucha gente que aún lo aprecia («pijipis», les dice otro colega mío). Quiero decir… el reguetón no está sobrevalorado, porque nadie con dos de frente lo valora, así que queda fuera de la lista. Por esas mismas razones no aparezco yo.

¿Cuál es el personaje más odioso de las series de televisión?

Ted Mosby, sin duda. Más empalagoso que una piscina llena de nata (mira, esa es una idea interesante), con un complejo de Peter Pan digno de novela adolescente y la misma carga filosófica que los concursantes de Operación Triunfo. Una joya, vamos. En realidad cumple perfectamente su papel como villano en las sombras, si se analiza con detenimiento. Nuevamente aquí solo entran los personajes que son odiosos sin pretender serlo. De lo contrario podría ganar el Conde Brocken, Megatron o Donald Trump.

¿Cuál es la mayor magufada de nuestros días?

Hombre, lo de los chips en las vacunas ha sido un éxito importante, porque suma dos elementos clave para el tema de las magufadas: la soberbia intelectual y el sudapollismo extremo. O, dicho de otra forma, que yo sé algo que tú no puedes saber, mamarracho, y paso de que me den el pinchacito porque me van a llená el torrente sanguíneo con peta zetas. Como si no tuvieran suficientes porquerías en el torrente sanguíneo muchos de los que defienden esta chifladura, también te digo. Y luego a mí me gustan mucho los clásicos… Reptilianos, por ejemplo, que tú en los ochenta veías V y te parecía pelín inverosímil, y mira ahora; hay gente pensando que es un documental. Ah, y el monstruo del lago Ness me encanta, pero porque quiero dar la vuelta al lago en bici y luego escribir un artículo chulísimo con lo que vea allí. Dinosaurios, hombres con ropa ajustada y haggis: éxito seguro.

Hablando de magufadas. ¿Qué pasó en el año 869?

Pues poca cosa… el año jodido fue el 870. Año de pandemia, con lo del coronavirus. Ocurre que en realidad hace doce meses estábamos en el 870 y no en 2020, porque todo es un inmenso engaño, y los poderes fácticos nos han adelantado 1.300 añitos nuestro reloj. Al menos eso sostiene Anatoly Fomenko, un ruso bastante serio (lo juro), que defiende teorías algo pintorescas sobre nuestra cronología. Que la guerra de Troya fue durante la Cuarta Cruzada. Que el Renacimiento tuvo lugar en el siglo XVIII. ¿Jesús de Nazaret? Un emperador bizantino, año 1183. Esas cosas. En fin, hay gente para todo. La gracia del asunto es que a este tío algunos se lo creen. Yo escribí hace tiempo un artículo sobre la Nueva Cronología de Fomenko (con cierto toque irónico, tampoco vamos a negarlo) y en los comentarios al mismo un señor, de forma educada pero firme, me espetó que era un perfecto imbécil, que tenía el cerebro sorbido por la oficialidad y que el análisis riguroso de las fuentes daba la razón a Fomenko. Idiota. Idiota me llamaba a mí, claro. No pudimos hacer la comprobación, pero no me extrañaría nada que fuera Miguel Bosé escribiendo bajo pseudónimo.

¿Cómo ves la guerra entre Panenkitas y Cuñaos? ¿A qué grupo perteneces?

Soy Panenkita, sin duda. Es una elección sencilla, porque Roberto Gómez está en contra de los Panenkitas, y Roberto Gómez actúa como guía espiritual para mí: donde él esté, al contrario. Digamos que es algo casi ontológico, aunque para Roberto Gómez usar la palabra «ontológico» será Panenkismo. Eso sí, mi colesterol en sangre se ajusta más al otro grupo.

Ahora en serio. ¿Qué te parece la prensa deportiva que tenemos? ¿Lees el Marca? ¿Panenka? ¿Volata?

Me parece que estamos desaprovechando la oportunidad de no hacer de la información deportiva un gueto para gilipollas. Quiero decir, ¿en qué momento pensamos que sería buena idea imitar lo que explota Telecinco con sus programas del corazón? Seguramente dé audiencia, pero también te resta cosas. En otros países está más extendido un tipo de información sosegada, con toques modernos. Al final los deportes son juegos, y si sacamos a tipos gritando y con una vena a punto de estallar… no sé, para mí es desagradable. Lo disfrutas desde un punto de vista irónico durante algo de rato, pero la mecha se agota prontito. No hablo del Marca, o al menos no solo del Marca, o al menos no de todo el Marca. Conozco un montón de gente allí con ideas y un estilo escribiendo que para mí lo compraba. Crónicas que son auténticas delicias. Pero luego está lo otro. El ruido. Especialmente ofensivo en la web, donde tres de cada cuatro noticias son idioteces sin interés, parecen redactadas por un orangután mamado o incluyen «el descuido tetil de la novia del youtuber El Monguer» en el titular. Creo que eso no es respetar el trabajo propio, y me da pena por quienes, dentro del mismo imperio, sí lo hacen. Además, pueden convivir perfectamente las dos ideas. Citas Panenka y Volata (ambos productos de calidad), que son buenos ejemplos de eso. Revistas que buscan otra cosa, orientadas a un consumidor específico y con público fiel. Que a mí me guste el ciclismo (y entiendo que otros lo encuentren aburrido, ridículo, prescindible) no significa que no disfrute viendo fotografías de calidad, que no lea libros o que no me detenga en detalles más allá de lo evidente. Y como yo, muchos; no soy una excepción. Ese mercado está ahí, y parte de la prensa deportiva tradicional lo desprecia de forma casi sistemática.

Acabas de publicar Cuentos del bar de la medianoche, tu primer libro de relatos inquietantes. ¿Te dejó marcado Creepshow? ¿Cuál de los relatos de George A. Romero te gusto más?

Yo soy más de Historias de la Cripta, aquella serie que echaban en la Telecinco más espídica y noventera (disculpas por la reiteración). Uno de los mayores placeres de mi vida fue encontrarme, muchos años después, los cómics originales recogidos en recopilaciones. Y eso que, vistos ahora, muchos son inconsistentes, y todos pecan por exceso de información. Yo creo que el formato breve es ideal para el terror precisamente por lo contrario, por hurtar datos al lector. Si tú eres sutil y permites que la imaginación del otro juegue… bueno, él adaptará tus miedos a sus pesadillas, y todo será más efectivo. Lo sugerido es siempre más aterrador que lo visto, porque de lo segundo ya conoces todos los peligros, pero lo otro… ay. Quizá por eso los programas de Iker Jiménez molaban más en la radio, porque allí te describía una foto en la que aparece el chupacabras y tú ibas construyendo el rompecabezas de esas palabras que oías, y te cagabas de miedo. En televisión te muestra esa misma foto, y está borrosa, y ves a un pobre perro con sarna perdido en mitad del sembrao. Adiós a la magia.

Guillem López escribe en el prólogo de Cuentos del bar de la medianoche que no sale ni una sola bicicleta, siendo el ciclismo la temática de la que más escribes y en la que eres una auténtica referencia nacional. ¿Por qué no aparecen bicicletas? ¿Tienes que huir de lo que te apasiona en tu día a día para escribir relatos inquietantes?

Pues eso es curioso, porque me di cuenta solo a partir de habérselo leído a Guillem. Puede ser que necesitemos huir de nuestra cotidianeidad para escribir fantasía, ¿no? Sería una especie de escudo, de protección ante lo desconocido. Alejemos todo lo posible esas cosas. Claro que en tal caso sería porque crees que pueden ser veraces, nadie hace sortilegios contra lo imposible. No sé, reflexionar sobre ello no me resulta muy tranquilizador.

En el relato Menos que cero el «paciente cero» se encuentra con el «sujeto alfa» ¿Cuál de los dos es más contagioso? ¿Escribiste el relato antes de la pandemia? 

Escribí el relato durante la pandemia, en base a una idea anterior a la misma. De hecho me tenté bastante antes de poner manos a la obra, porque igual el tono del cuento podría ser malinterpretado. En fin, yo soy muy irónico, pero entiendo que a veces mi superficialidad deliberada, por llamarlo de alguna forma, puede resultar ofensiva para alguien. Pero vamos, que tiré para adelante. En cuanto a lo contagioso… creo que todo fue culpa del «paciente cero». Es un tipo entrañable, pero algo imbécil, como nos pasa a tantos. Alguien que provoca la casi desaparición de la Humanidad porque hace las cosas sin pensarlo mucho. Me resulta reconfortante esa imagen, porque creo que nuestro final no tendrá fanfarrias y luchas épicas, sino un chaval medio dormido cualquier lunes tocando el botón que no es. Sería un epílogo muy adecuado para lo que es la Humanidad.

Eres un escritor compulsivo, ¿tienes muchos relatos escritos guardados en el cajón? 

No, no demasiados. Con los relatos me ocurre algo curioso, y es que cuando empiezo a escribir debo terminarlos cuanto antes. Quiero decir… pospongo todo lo demás, no es como si pudiera ir pergeñándolos a ratucos muertos. Así que en ese sentido voy más a impulsos (yo, que soy un enorme detractor de todas esas chorradas sobre las musas, la inspiración y demás). Digo que es algo curioso, pero igual resulta de lo más normal, ojo. No tengo muchos amigos escritores para hablar sobre estas cosas. En general no tengo muchos amigos escritores, suelen ser personas insufribles.

También escribes para niños en la Jot Down Kids. ¿La caída de la casa Usher es apto para preadolescentes? ¿Es cierto que Edgar Allan Poe influyó poderosamente en Bram Stoker?

Yo creo que Poe influyó poderosamente en todo lo que vino después de él. Bien de forma directa o a través de parientes y allegados como Baudelaire, Lovecraft… Yo lo leí por primera vez de muy joven y aún me sigue encantando. Sí creo que pueda ser apto para preadolescentes (y para adultos, y para adultos que volvieron a su niñez, hasta para políticos y banqueros). Poe tiene muchas capas, muchos niveles, y es disfrutable en todos ellos. La lectura pop de Corman, por ejemplo, que es algo muy sorprendente de primeras, pero luego la entiendes como casi natural. O lo ligado al psicoanálisis. O el mero placer de la narración, del final que ya sabes de memoria y aún te sigue sorprendiendo. Hay un Poe para cada persona (que es un buen cliché publicitario para vender libros de Poe, por otra parte).

¿Cuáles fueron los libros que más te marcaron en tu juventud?

Pues Poe, por seguir con el asunto, sería uno de ellos. En mi casa había muchos libros. También comics. De Ibáñez, Escobar, interpretaciones hechas a partir de Verne o Walter Scott… Ah, y tres que compró mi padre volviendo de un viaje, y que son los originales que pasan a dibujos la primera de Star Wars. Ya sé que en realidad eran dos, pero andaba mi padre con prisas y uno lo tenemos repetido. Acepto ofertas. Bueno, esas cosas. Drácula es otro que me gustó muchísimo (curiosamente me encantó la parte transilvana y bostecé algo cuando la narración vuelve a Inglaterra… en la relectura adulta me pasa lo contrario). Esos tomos de la colección «Tus Libros», que editaba Anaya y que estaba en todos los colegios, son una auténtica maravilla. Y con títulos clásicos, que no buscan tratar al niño como si fuese gilipollas. A mí no me gusta cuando me tratan como si fuese gilipollas (aunque, seguramente, en muchas de esas ocasiones no me dé ni cuenta). Ah, también releía como loco un libro sobre mitos y leyendas de Cantabria escrito por Manuel Llano, que es una joya de escritor, un tipo con una sensibilidad y una precisión en el lenguaje increíble. Lujo desconocido por muchos, me temo.

¿Qué son los Asubiaderos? ¿Por qué dejaste de escribir en eldiario.es

Asubiadero le decimos en Cantabria a cualquier lugar que te sirva de asubio… es decir, donde te puedas refugiar de la lluvia. Es que en Cantabria llueve mucho, no te vayas a pensar. Una parada de autobús perdida en carreteras de montaña, por ejemplo, o una cagiga espesa. Para mí asubiadero, además, representa un refugio doble, porque es una de esas palabrucas que asocias a la infancia, de las que dicen tus padres o decían tus abuelos pero no encontrabas escrita por ningún lado. Entonces sabe a niñez, es un sitio seguro. Y suena genial, ojo, tiene musicalidad. Sobre lo de eldiario.es, bueno, en realidad escribía en la edición cántabra del mismo. Quiero decir, nunca me fui de cañas con Antonio Maestre o Barbijaputa. Tampoco lo hubiese hecho, ojo, porque a mí no me gusta la cerveza. Y eso, que lo acabé dejando, no me daba la vida para todo, y tenía miedo de que se resintiese el asunto si empezaba a hacerlo sin ganas. Yo es que no soy de hacer las cosas sin ganas, quede claro. Sin más. Bueno, también tengo bastante mejor pelo que Ignacio Escolar, y supongo que eso, a ciertos niveles, no se perdona.

No escribes sobre política o temas polémicos como el feminismo, ¿eres un «cobarde de la pradera»? Con el dominio de la ironía y la gracia que tienes deberías hacerlo como servicio público. ¿Tienes precio?

Bueno, yo creo que de política sí escribo, aunque no de forma obscena, je. Quiero decir… en cualquier cosa que haga se aprecia claramente una cierta tendencia, pero sí es verdad que no suelo tratar esos temas de manera específica. A veces sí, pero no es lo habitual. En general intento no hablar demasiado sobre asuntos que sean complejos y en los que no maneje suficiente información teórica. Es un respeto debido para con el lector. Si ambos estáis hablando (tú escribes, él lee; conversáis) sobre la película de siete horas que el idiota de Andy Warhol filmó y era una grabación de su novio durmiendo… bueno, entenderemos que ahí hay una cierta distancia posmoderna en la que podéis convivir. Pero existen otros temas que son más delicados donde prefiero no entrar hasta tener más o menos amarradas todas las opciones teóricas. Y fíjate que digo delicados y no polémicos, porque a mí la polémica me gusta más que a un chon el barro. Dicho lo cual, claro que tengo precio. Hacedme ofertas. Ofrezco el tomo segundo del cómic original de Star Wars, edición en castellano, y artículos sobre actualidad política. Hago descuento. En buen estado. El cómic, digo, lo otro ya tal.

¿Para cuando tu primera novela? ¿La has empezado ya?

Ahí estamos, peleando. Bueno, en realidad yo ya tengo una novela, que se titula Una pulga en la montaña, lo que pasa es que la escribí a modo de falsa biografía, y de un ciclista además, así que todo el mundo pone la etiqueta de «libro sobre bicis». Otro más, je. Pero sí, la novela. Ay, la novela. Paso ineludible, ¿no? Porque no existe el «Premio Planeta al mejor microrrelato posmo». Pero novelas… las que usted quiera. Si hay miles. Algunas hasta buenas. Pocas, pero las hay. Así que tendremos que ponernos con ello. La mía será buena. O simpática. Amiga de sus amigos. Divertida y soñadora. Maja, pero no mucho.

Acaba esta entrevista con un microrelato.

Cuando despertó, el dinosaurio se había ido. Encendió un cigarro, subió la persiana, solo un poco. Nunca se quedan, los dinosaurios. Ni siquiera recuerda su nombre. Tiene bastante resaca. El día promete.

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