Entrevistas

Sergio Vila-Sanjuán: «De seguir vivo, Baltasar Porcel constituiría un candidato idóneo para el Formentor, por la excelencia de su prosa»

Tras licenciarse en Historia y Humanidades en su ciudad natal, Sergio Vila-Sanjuán (Barcelona, 1957) realizó una beca Fulbright en la Universidad de Boston. Empezó trabajando como redactor de arte y literatura para El Correo Catalán y El Noticiero Universal hasta que llegó a La Vanguardia, donde coordina el suplemento cultural Cultura|s. Vila-Sanjuán ganó el Premio Nadal de 2013 con su novela Estaba en el aire, es miembro de la Real Academia de Buenas Letras de Barcelona y ha sido galardonado con el Premio Nacional de Periodismo Cultural en 2020.

El interés de Vila-Sanjuán por la figura de Baltasar Porcel comienza a la vez que su carrera como periodista cultural y, desde muy pronto, se propone conocerlo y acercarse a su persona y obra.  En su libro El joven Porcel, Vila-Sanjuán reconstruye la trayectoria del escritor mallorquín entre 1960 y 1973; una obra que le ha llevado más de siete años de trabajo y para la que ha tenido que documentarse en el propio archivo personal del escritor. 

¿Quién fue Baltasar Porcel?

Un novelista, ensayista y periodista mallorquín, afincado en Barcelona, que llegó a ser una de las figuras más relevantes de la cultura catalana de su tiempo (1937-2009), con gran proyección en la española, y con  parte de su obra difundida y premiada en Europa y Estados Unidos. Un personaje batallador, polémico, con un bagaje cultural sorprendentemente amplio y variado, y una experiencia personal muy viajera y novelesca.

¿Cuándo y cómo nace tu interés en la figura de Porcel?

Leí en mi adolescencia sus artículos y entrevistas para la revista Destino, que mi padre compraba, y me interesó mucho su aproximación a las agitaciones sociales de los primeros años 70, que cubrió in situ en París, Nueva York o China. También leí alguna de sus novelas, como Difuntos bajo los almendros en flor. Cuando empezaba a trabajar como periodista, en 1980, fue una de las primeras figuras que me propuse conocer. Y a partir de mi ingreso en 1987 en La Vanguardia, donde él era columnista estrella, empezamos a tratarnos con cierta asiduidad. En el año 2000 lo acompañé unos días a Mallorca para un reportaje donde me mostró sus ambientes de infancia y adolescencia, en Andratx y en Palma, experiencia que me ha sido muy útil en la redacción de este libro.

Uno de los primeros mentores de Porcel fue el psiquiatra y escritor Llorenç Villalonga. ¿Cómo influyó la amistad de Villalonga en la carrera del joven Porcel?

Resultó clave. Para empezar, son dos figuras de clase social muy diferente; Porcel de origen rural más o menos humilde, Villalonga un hombre adinerado de la alta burguesía isleña. Al Baltasar de 18 años, lleno de dudas existenciales, también de talento y ambición, la relación con Villalonga, cuarenta años mayor, le sirve para definir intereses y estrategias, para afinar su visión del mundo y su ideología, abandonando el cristianismo comprometido que hasta entonces le inspiraba. Villalonga es un volteriano y un cínico especialista en sutilezas sociales y en los juegos del poder literario, que transmite con entusiasmo a su discípulo. Porcel me dijo que cada uno veía en el otro lo que él no era, y que su relación no era homosexual pero tenía connotaciones.

Las pasiones ocultas es el título del epistolario completo entre ambos escritores que compendia Rosa Cabré. ¿Cómo de importante es esta correspondencia para entender la figura de Baltasar Porcel y la literatura catalana del siglo XX?

Constituye un documento formidable. En su juventud Porcel quiso dedicar un libro al maestro, pero no llegó a hacerlo. A cambio, dejó preparada para su publicación póstuma esta extensa correspondencia donde durante  casi dos décadas ambos comentan todos sus temas y problemas y algunas intimidades —aunque desde luego no todas, especialmente Villalonga—. En las cartas se detectan también los puntos de distancia entre ambos, hasta las dos semirupturas provocadas por el rechazo de Villalonga a una novela de Porcel, primero, y luego por el suicidio de una amiga de Baltasar, en el que este ve la responsabilidad de su mentor.

¿Quién influyó más en el otro?

En cierto modo Porcel tenía un sentido de la amistad muy meridional, se estaba con él o contra él, y cuando figurabas entre los suyos era bastante incondicional. A Villalonga le debe mucho pero también le dio mucho. El escritor-psiquiatra gozaba de muy escaso reconocimiento en el ámbito cultural fuera de Mallorca. Una de las primeras cosas que hace Baltasar al llegar a Barcelona es conseguir que el matrimonio Sales, al frente del Club Editor, publiquen Bearn, que había aparecido en castellano sin pena ni gloria, en su versión catalana, lo que acarrea la consagración literaria inmediata de su autor.

Uno de los primeros trabajos de Porcel fue en Papeles de Son Armadans, una revista fundada y dirigida por Camilo José Cela. ¿Qué relación había entre ambos?

Porcel encontró en Cela no solo al primer espada de la escena literaria española del momento, sino también a un riguroso profesional de la escritura que se encerraba muchas horas diarias a trabajar, cimentaba una obra relevante a partir del dominio del lenguaje, y además sabía venderla muy bien en base al personaje que había conseguido crear. Esa voluntad y capacidad autoafirmativa y peleona a Porcel le atraen mucho. A algún amigo le manifestó que Cela le había explotado laboralmente como chico de los recados, pero lo cierto es que su firma apareció en varias ocasiones, bien destacada, en Papeles de Son Armadams, lo que ya implicaba un espaldarazo importante dada su juventud.

En el verano de 1960, Porcel publica su primera novela, Solnegre, que discurre en el pueblo del mismo nombre que no es otro que un homólogo ficticio de Andratx, su pueblo de nacimiento.  ¿Creó Porcel su propio realismo mágico del Mediterráneo?

Porcel había vivido en el Andratx de los años 40 una infancia mágica, en un paisaje idílico y cerrado, dentro de un clan familiar extenso y protector, entre contrabandistas y personajes pintorescos. Todo eso lo pierde dramáticamente al trasladarse con sus padres a Palma e ingresar en un desalentador universo laboral de clase media-baja. A lo largo de su vida reelabora ese paisaje de infancia, esos personajes y vivencias, una y otra vez, ajustando la aproximación en sintonía con su propio crecimiento como autor, también en línea con distintos movimientos en el panorama literario internacional. En sus novelas de los años 60 trabaja en clave de realismo social y con un tremendismo heredado de Cela. En los años 70, influido por el boom latinoamericano, le da al ciclo de Andratx un tono mitológico con fuerte carga histórica y viajera. En El corazón del jabalí, del año 2000, hibrida ficción y documentalismo en línea paralela a lo que están haciendo por esas fechas otros autores españoles y europeos.

Porcel dedica Solnegre a la que será su primer amor, Concha Alós, con la que se marcha ese mismo año a Barcelona. ¿Cómo influye Alós en la meteórica carrera de Porcel a partir de ese momento?

La relación con Concha Alós es complicada, porque cuando la inician ella está casada con su jefe en el diario Baleares y además le lleva once años, lo que en la época constituye todo un escándalo. En Barcelona buscan vivir con discreción, sobre todo al principio. Ambos se apoyan profesionalmente. Yo creo que él influye en la trastienda para que Alós gane el primero de sus dos premios Planeta, y ella le traduce al castellano alguna de sus obras. Posiblemente hubo entre los dos un diálogo literario permanente que les enriqueció.

Porcel destaca como periodista, entre otras cosas con sus grandes entrevistas para las revistas Destino y Serra d´Or. ¿Qué las hacía diferentes? ¿Se publican ahora entrevistas como las que hacía Porcel?

En primer lugar estaban realizadas con cierto lujo de medios para la época, porque Porcel se desplazaba a distintas ciudades españolas y europeas, y pasaba en ocasiones varios días con el personaje. Aplicaba una observación psicológica aguda; un sentido del humor, a veces bastante malvado, y una teatralización de las situaciones que las convertía en pequeñas joyas literarias. Los entrevistados quedaban habitualmente muy impactados, la mayoría favorablemente, como le ocurre a José Luis Sampedro, Ramón Serrano Suñer o Ana María Matute, pero algunos se enfadaban mucho, como pasó con José Bergamín o el propio Cela. Se trata de un tipo de entrevista-perfil muy elaborado, lo que solía llamarse  «muy intencionado», que ha envejecido bien, se ha convertido en referencia y hoy es difícil de encontrar en la prensa española. Hay que decir que Porcel tenía que vérselas además con las cortapisas de la censura, lo que le obligaba a extremar precauciones y jugar sutilmente con los implícitos.

La primera entrevista que Porcel hace para Serra d’Or es a Josep Pla, con el que acaba forjando una gran amistad. ¿Utilizaba Porcel las entrevistas para hacer «networking»? ¿Influyó periodísticamente Josep Pla en Porcel? ¿Qué pensaban el uno del otro?

Me ha chocado constatar que Porcel entra en la órbita de Pla justamente el año en que se produce su primer distanciamiento grave con Villalonga, 1964. Una figura tutelar sustituye a otra. Con Pla aprende a manejar bien los registros de la no ficción y la literatura de viajes, y a través de él conecta con el entorno, entonces muy prescriptor, de la revista y la editorial Destino, que le proyectarán entre los lectores no catalanes. Al igual que hizo con Villalonga, sabe devolverle el favor, publicitando mucho el lanzamiento de su Obra Completa y reabriéndole camino en círculos catalanistas, donde Pla estaba mal visto por su compromiso con el bando nacional durante la Guerra Civil.

Porcel intenta convencer a Barral, Castellet, Ferrater y otros para que presenten a Pla al Premio Formentor. ¿Por qué no lo consigue? Se acaba de fallar el Premio Formentor de las letras en Sevilla. ¿Crees que si Porcel hubiera vivido en esta nueva etapa del premio lo hubiera recibido?

Es una operación que hubiera podido funcionar, los tres personajes eran sensibles a lo que Pla representaba, pero el tema quedó atascado. Tal vez le perjudicó,  en sus posibilidades ante un jurado internacional, que en aquel momento era un autor que no había sido traducido. Respecto a Baltasar Porcel, pienso que de seguir vivo constituiría un candidato muy idóneo para el Formentor actual, por la excelencia de su prosa, su maestría al haber dado forma a un mundo literario propio y su gran universalismo cultural.

A Porcel se le acusa de ser un vendido al «pujolismo». ¿Lo fue?

Porcel es una de las pocas personas que asisten al consejo de guerra contra Jordi Pujol en 1960, donde le condenan a ocho años de cárcel por su activismo antifranquista. Queda muy admirado por la valentía del personaje, que se niega a aceptar un pacto y lanza un comprometido alegato ante el tribunal sabiendo que le va a costar caro. En los decenios posteriores anudan una relación muy intensa. Cuando Pujol compra la revista Destino lo nombra director y es una operación que acaba mal; entre otros episodios, ambos acaban despidiendo a Josep Pla, algo de lo que después Porcel se arrepentiría. Cuando Pujol consigue la presidencia de la Generalitat lo tiene siempre cerca como asesor cultural de confianza, y le facilita la creación de un organismo a su medida, el Instituto de Estudios Mediterráneos, que desarrolla programas culturales y de política mediterránea bastante inteligentes. También le utiliza en algunas ocasiones como intermediario con el rey Juan Carlos. Independientemente de lo que uno opine sobre Pujol, y diría que no puede opinarse lo mismo de las distintas épocas de su vida, creo que la suya fue una relación de mutua confianza, positiva para ambos.

Es casi imposible encontrar las novelas de Porcel en castellano ya que no se reeditan, sin embargo Grup62 sigue reimprimiendo sus libros. ¿Habría que recuperar la figura de Porcel para los lectores castellanohablantes?

Porcel escribía sus textos de ficción en catalán, y se preocupaba siempre de traducirlos él mismo o hacerlos traducir al castellano. Los reportajes, libros de viaje y entrevistas los escribió en ambas lenguas. En general, prácticamente toda su obra ha sido accesible en castellano. A fines de los años 60 y durante los 70 era una figura muy prestigiada en Madrid y en el mundillo literario-periodístico español. Después, en parte por su proximidad a Pujol y por otros factores, como sucesivas polémicas en las que intervino, su ámbito de difusión quedó más reducido a Cataluña. Creo que la cultura española tiene una cierta deuda con él, ha habido una falta de reconocimiento final. Lo lógico es que hubiera obtenido en algún momento el Premio Nacional de las Letras Españolas, que han recibido otros autores bilingües como Perucho o Riquer; o incluso el Cervantes, como Joan Margarit, porque no hay duda de que figuraba entre los grandes. Quizás de no haber fallecido relativamente joven —72 años—, los hubiera conseguido.

A los lectores que no han leído nada de Porcel, ¿qué novela les recomendarías para descubrir a este polifacético autor?

Del ciclo de Andratx recomiendo Los argonautas, Primaveras y otoños y El corazón del jabalí, tres narraciones muy diferenciadas de décadas distintas, y ese entretenido conjunto de relatos breves que es Crónica de atalabados navegantes. Del Porcel más internacionalista destacaría la novela africana Los días inmortales. En no ficción, su Mediterráneo. Una historia personal es una  extraordinaria combinación de libro de viajes y crónica histórica.

¿Para cuándo El maduro Porcel?

Puede que algún día escriba un Porcel y el poder, que me permitiría abordar al personaje y su obra de otra forma también acotada.

2 Comments

  1. Carmen Pasamonte Sanchez

    Es una historia extraordinaria, llena de manejos aquí y allá, así como de amistades y brillos laborales en una época difícil, el franquismo, donde faltaba mucha libertad para esos proyectos innovadores.

  2. Pingback: Guillermo Busutil, el éxito del periodismo cultural - Revista Mercurio

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