Entrevistas

Carla Bataller: «A escritores no binaries se les cambia el género en la prensa»

La gente sigue pensando que «elle» es una errata cuando lo cierto es que es una realidad que va más allá de lo que diga una academia de la lengua

«Para referirte a mí, usa los pronombres elle y ella». Con esa petición se presenta Carla Bataller Estruch en su blog literario Fábulas estelares. Carla es traductore en el sector audiovisual y literario, y editore especializade en fantasía y ciencia ficción. Entre sus trabajos más destacados está la traducción al castellano de la trilogía Binti de Nnedi Okorafor. Se define como activista literaria; forma parte de la editorial Crononauta, colabora intensamente con La nave invisible y es impulsora de proyectos como Adopta a una autora o #LeoAutorasOct.

El último trabajo de Carla, como traductora, acaba de ver la luz. Se trata de Una mirada a Alice B. Sheldon, donde se rescata la emblemática figura de esta escritora que pasó más de una década bajo el seudónimo masculino de James Tiptree, Jr. 

¿Quién fue Alice B. Sheldon?

Alice B. Sheldon fue una persona compleja que, incluso hoy en día, se resiste a cualquier intento de definición. Podemos definirla por lo que fue: psicóloga, militar, criadora de pollos, agente de la CIA, hija, esposa. Pero estas etiquetas las llevaba como quien se pone y se quita un sombrero. A lo largo de su vida fue muchas cosas, aunque ahora mismo la conocemos sobre todo por su faceta de escritora. Durante toda una década, la de los años 60, Alice B. Sheldon escribió algunas de las historias de ciencia ficción más impactantes de todo el siglo XX, y hasta me atrevería a decir que del siglo XXI. Historias atrevidas, audaces, violentas, apasionadas; en ellas, Sheldon volcaba todos sus anhelos y frustraciones, porque podía, porque fue astuta y usó un atajo para que no la juzgaran por su condición de mujer a mediados de un siglo que constreñía a las mujeres encerrándolas en casa e imponiéndoles una tonelada de normas sociales. Sheldon se rebelaba contra su cuerpo, ansiaba tener uno de hombre para amar a otras mujeres con la fuerza de un hombre. Y así, cuando empezó a escribir ciencia ficción, lo hizo con un seudónimo masculino que le permitió ser mediocre y no perfecta, ser astuto y violento y no recatada: James Tiptree, Jr.

Durante los diez años que usó ese seudónimo, nadie descubrió su auténtica identidad, aunque se especulaba mucho sobre ella. Con este nombre, Sheldon fue por primera vez dueña y señora de su vida, aunque fuera una que solo vivió en papel. Y, por primera vez, fue libre de cualquier imposición social y personal.

Con esta treta, Tiptree/Sheldon nos enseñó que la literatura no tiene género. Cuando hablamos de dar más visibilidad a las autoras, ojo, nos referimos a que la proporción de hombres-mujeres (y no hablemos ya de personas no binarias) no está igualada en las librerías. Así pues, cuando digo que la literatura no tiene género, me refiero a que ni los libros escritos por mujeres son peores ni son mejores; simplemente —«simplemente»— se leen menos, se consumen menos, se ven menos, se reseñan menos y sí, se venden menos.

¿Hubiera celebrado hoy el 8 de marzo?

Sí, pero en la tranquilidad de su casa. No le gustaban las multitudes ni el alboroto. Sufría de fobia social y las reuniones con amigos la agotaban. Creo, sin embargo, que hubiera escrito muchos textos incendiarios para este día.

¿Qué nos vamos a encontrar en Una mirada a Alice B. Sheldon?

Hemos publicado Una mirada a Alice B. Sheldon con la intención de que sea tanto un reencuentro con la autora, para aquellas personas que la leyeron en su día, como una presentación para nuevos lectores sobre quién era Tiptree/Sheldon y lo que supuso su figura para la ciencia ficción. Esta antología se ha concebido de forma que sea una mezcla de ficción y de ensayos. Hemos rescatado dos de sus historias más conocidas, como «Houston, Houston, ¿me recibes?» y «Esterilidad forzada», con una nueva traducción, algo que creímos muy necesario. También hemos publicado por primera vez en español uno de sus últimos relatos, «Lo mejor que podemos hacer», y un ensayo de la propia Sheldon, «Una mujer escribiendo ciencia ficción», donde comenta algunos aspectos de su controvertida carrera literaria. Todo esto viene acompañado de un prólogo, para situar a la autora en su contexto histórico, y varios posfacios que ayudan a comprender las historias en el contexto vital de Sheldon. Empezamos a trabajar en Una mirada a Alice B. Sheldon a finales de 2018. Este proyecto ha supuesto un trabajo exhaustivo de investigación y de traducción del cual estamos muy orgullosas. Nuestra intención es que, en un futuro próximo, haya más «Una mirada a…».

Aún quedan muchas autoras que se publicaron hace tres o cuatro décadas por primera y última vez y creemos que su presencia en librerías es vital y necesaria

Comenzaste en el mundo de la traducción en 2015 traduciendo series, películas y documentales para plataformas como Netflix o HBO. ¿Qué te impulsó a lanzarte a la traducción literaria? ¿Qué diferencias hay?

Lo que me llevó a traducir literatura fue, en realidad, una oportunidad, porque yo estudié Traducción con las miras puestas en traducir libros. Libros y nada más. La carrera me abrió un mundo de posibilidades y descubrí la traducción médica, jurídica, técnica… Pero la que más me llamó la atención fue la audiovisual. Por aquella época aún no habían llegado demasiadas plataformas a la carta a España, así que se enseñaba traducción audiovisual con pinzas. Sin embargo, para cuando acabé de estudiar y me puse a buscar trabajo, Netflix ya estaba en marcha y se había anunciado el lanzamiento de HBO. Empecé, de hecho, a traducir para esta última plataforma antes de que se estrenara.

Durante unos años, me centré en la traducción audiovisual sin dejar de pensar en la literaria, pero por muchos currículums que enviara, no había suerte. Hasta que un día me llegó un correo inesperado de una editorial sevillana recién fundada, Crononauta, en el que me ofrecían traducir Binti, de Nnedi Okorafor. Me conocían por redes sociales, por hablar de literatura fantástica feminista y, en concreto, de una autora que el equipo de Crononauta y yo admiramos mucho, Octavia E. Butler.

¿Diferencias? Muchas, aunque ambas comparten esa afición por lo inesperado. Nunca sabes lo que te vas a encontrar en una novela o en una película. Puede ser un párrafo sobre física nuclear o un diálogo con muchos coloquialismos. Así pues, no es una cuestión de temática, sino de formato. Por una parte, lo audiovisual está limitado por la imagen y, en ese sentido, se parece mucho al cómic. Esa es la principal diferencia; luego depende de si nos metemos en subtitulado o doblaje, pero como yo domino sobre todo lo primero, debo ceñirme al límite de caracteres que marca cada compañía, a sus normas ortotipográficas y a la velocidad de lectura.

¿Cómo conociste a Nnedi Okorafor? Como apasionada de la ciencia ficción y la fantasía, ¿qué significó este trabajo para ti?

Pues justo conocí a Nnedi Okorafor poco antes de que me llegara el encargo de Binti. Creo que la descubrí por redes sociales y me compré un par de libros suyos; fueron Quien teme a la muerte —que acabaría traduciendo unos meses más tarde y sigue siendo uno de mis libros favoritos— y The Book of Phoenix. Poco después me llegó la oferta de Crononauta y acepté, obviamente, encantada.

Hasta ese momento, allá por 2017, de Nnedi Okorafor solo se había traducido un relato. Me consta que colegas míos pelearon por traerla a nuestro idioma, pero las editoriales no se atrevían, a pesar de que había ganado muchos premios. Sus obras rebosan de rabia, de ganas de quemar el patriarcado hasta los cimientos, y eso en 2017 se veía aún con cautela. Supongo que era demasiado radical para algunos grupos editoriales.

En ciencia ficción muchas veces los autores inventan palabras e incluso amplios sociolectos como el de La naranja mecánica. ¿Cuál es el proceso para traducir esas palabras inventadas?

Supongo que el proceso cambiará según a quién le preguntes, pero en mi caso consiste en coger papel y boli y apuntar las palabras en español que asocio con esa palabra. Y a partir de ahí voy creando. También es importante, cómo no, crearte un glosario para cada traducción, ya no solo por la terminología nueva, sino por los tratamientos entre personajes o para no equivocarte con el género de alguien.

Uno de mis mayores retos en este sentido fue la traducción de Las mareas negras del cielo, de le autore Neon Yang, con la que justo se estrena una nueva editorial, Duermevela. Es una obra llena de neologismos, algunos incluso con reminiscencias asiáticas, así que me encantó trabajar en esa obra. La magia de ese mundo, por ejemplo, se llama «remancia» y proviene del «Remanso» y quienes la practican son «tensores».

Para Crononauta traduje La única criatura enorme e inofensiva, de Brooke Bolander, donde la autora se plantea cómo hablarían unas elefantas y les crea una mitología y una historia propias. Es una obra corta basada en dos hechos reales que ocurrieron a principios del siglo XX, pero rebosa de neologismos, de leyendas y de rabia por las injusticias laborales que se daban en la época.

¿Qué es el afrofuturismo?

El afrofuturismo es una corriente de la ciencia ficción que pone en el foco a las personas negras de la diáspora y se centra en aspectos como el racismo, la identidad, la cultura, las tradiciones y la alienación. El afrofuturismo usa el futuro para hablar sobre el presente y el pasado; crea, de hecho, un futuro para las personas negras, para que no acaben borradas de la historia como ocurrió con su pasado. El afrofuturismo dice «el futuro nos pertenece» e imagina infinitas posibilidades para la población negra.

El afrofuturismo se da principalmente en Estados Unidos. En otras regiones, este subgénero adopta distintos nombres. Nnedi Okorafor habla de «africanfuturism» para resaltar que sus obras se ambientan y se basan en África, no en la diáspora

Otra de las exponentes del afrofuturismo es N.K. Jemisin, multipremiada con la trilogía de la «Tierra Fragmentada». En tu opinión, esta trilogía ¿es fantasía o ciencia ficción?

A mi parecer, La Tierra fragmentada es «fantaciencia». Vamos, una mezcla de fantasía y ciencia ficción a la que le da un poco igual cómo la definas. Jemisin es Jemisin: la reina del género por derecho propio.

Los cinco últimos premios Hugo a la mejor novela los han recibido mujeres. ¿Estás de acuerdo con Kiko Llaneras con que la mejor ciencia ficción la están escribiendo mujeres?

En términos de calidad, lo cierto es que no importa quién escriba ciencia ficción: el género de una persona no marca su capacidad para escribir mejor o peor. Sin embargo, en la actualidad ocurren varias cosas y parece que las mujeres están escribiendo más ciencia ficción y, por lo que dices, mejor, pero hay que tener en cuenta lo siguiente: ahora se publica a más mujeres, precisamente porque las editoriales, sobre todo las pequeñas, están apostando por ellas al ver que no había autoras en las librerías; las mujeres tienen más libertad para escribir lo que quieran; ya no hace falta que imiten cánones masculinos en la literatura para que las tomen en serio; la gente —editoriales, público— se alegra de poder leer algo distinto al canon masculino, blanco y cishetero que dominaba la literatura fantástica y de ciencia ficción hasta el momento y, por último, a los hombres no se les exige la misma excelencia que a las mujeres; para que una mujer llegue a la misma altura que un escritor mediocre, debe ser muy buena en lo suyo.

Aún queda mucho camino por recorrer, por supuesto, porque hay que vencer muchos siglos de prejuicios. Todavía hay mucho tonto que va diciendo por ahí cosas como «yo no leo mujeres porque…». ¿Porque qué? ¿Porque tienes miedo de que te vaya a gustar? ¿Porque tienes miedo de que te hagan ver una realidad ajena a la tuya, te hagan plantearte que quizá tu privilegio está perjudicando a la mitad de la población? ¿Porque tienes miedo de que esa mitad de la población a la que no estás escuchando tenga verdades que contar y tú no quieres verlas porque no estás dispuesto a cambiar? ¿Porque tienes miedo de que sean mejores que tú?

En definitiva: las mujeres siempre han escrito ciencia ficción, y otros géneros, claro, pero cierta parte de la población tiene miedo de escuchar lo que tengan que decir, no sea que afecte a su frágil ego. 

¿Cuáles fueron tus primeros libros de fantasía y ciencia ficción que leíste y qué significaron para ti?

No recuerdo cuál fue el primer libro de género fantástico que pasó por mis manos, porque a los diez años ya estaba leyendo novelas de adultos a escondidas. Me las llevaba al colegio y leía unas cuantas páginas entre clase y clase. En esa época me fascinaban las novelas históricas y los thrillers; si había sangre, vísceras y muertes, mejor.

Pero con doce años, mi vida dio un giro. Un día, mi madre volvió a casa con un libro de la biblioteca, Memorias de Idhún, de Laura Gallego. Me dijo que había unicornios que hablaban. Al principio no le hice caso y no cogí el libro, pero un día me puse a leerlo y no pude parar. Aún no se había publicado la segunda parte y me moría de ganas de leerla, pero tuve que esperar unos meses. Esa espera, que toda persona aficionada a las sagas de fantasía conoce muy bien, me salvó la vida, porque tras un año sufriendo acoso escolar por parte de toda mi clase de primero de la ESO, había decidido suicidarme. Pero para seguir leyendo esa saga, tenía que esperar. Al cabo de unos meses, con el nuevo curso escolar, me cambiaron de clase y mi vida mejoró considerablemente. 

La ciencia ficción la inventó una mujer: Mary Shelley. Sin embargo, ha costado que se reconozca. ¿Por qué se menosprecia o invisibiliza la literatura de género escrita por mujeres? ¿Hay miedo a la voz femenina?

Creo que ya he respondido con creces a esta pregunta anteriormente, pero aprovecho la mención de Sarah Gailey, une de mis escritores favorites, para decir que el mundo de la literatura no se divide solo en hombres y mujeres. También hay personas no binarias escribiendo, y escribiendo cosas muy importantes y necesarias. Creo que tanto hombres como mujeres aún tienen miedo a escuchar sus voces. El binarismo afecta a toda la sociedad y en las artes a veces es muy sangrante el menosprecio hacia cualquier cosa que sugiera una multiplicidad de los géneros. Por ejemplo, en literatura vemos personajes no binaries borrades porque quien tradujo la obra no entendía ese uso concreto del «they» o porque alguna editorial cerrada de miras no quiso que su libro fuera en contra de lo que dicta (mal) la RAE. A escritores no binaries se les cambia el género en la prensa, como ocurrió con Marieke Lucas Rijneveld cuando ganó el International Booker Prize.

La gente sigue pensando que «elle» es una errata cuando lo cierto es que es una realidad que va más allá de lo que diga una academia de la lengua

Te defines como activista literaria y en tu blog, Fábulas estelares, tienes como propósito dar mayor visibilidad a autoras y autores no binaries de todo el mundo que escriban fantasía, ciencia ficción y terror. ¿Por qué te has planteado este objetivo?

Primero, porque esa es la literatura que me interesa. La vida es corta y solo te da para leer cierta cantidad de libros. Cuando entré en el mundillo de la literatura fantástica, leía lo mismo que el resto del mundo, a saber, lo que más se veía en redes sociales, en librerías. Y eran todo señores blancos anglosajones. Al cabo de un tiempo, me cansé: esos libros no me aportaban nada y me puse a buscar cosas más interesantes de las que hablar. En 2017 descubrí a Octavia E. Butler y mi vida cambió gracias a ella. Tengo varios artículos en el blog sobre su obra y ahora me alegro de que por fin se la pueda leer más en español. Así pues, en Fábulas estelares me gusta hablar de esos libros que aún no han llegado al mercado español y que se merecen un hueco en las estanterías.

Formas parte de la editorial Crononauta, una editorial alternativa y sin ánimo de lucro, cuyo propósito es reivindicar una tradición marginal en nuestro mercado: literatura de género con perspectiva de género. ¿Por qué definís vuestro catálogo como propuestas de riesgo?

Precisamente por eso, porque la literatura de género feminista aún escasea mucho en librerías. Yo aún no formaba parte de Crononauta cuando pensaron en ese lema, pero tras más de dos años en activo, ha demostrado ser muy acertado. Somos una editorial pequeña, compuesta por tres personas que publican unos tres o cuatro libros al año en su tiempo libre. Intentamos buscar autores de los márgenes, obras que hablen de otras vivencias y existencias que, hasta ahora, eran difíciles de ver en la ficción. Queremos mostrar otras realidades, otras formas de ser, de vivir, de soñar y de amar. De ahí nuestra apuesta este año por En las profundidades (The Deep), de Rivers Solomon y clipping: nuestra primera novela de fantasía con sirenas negras intersexuales y poliamorosas que pueden elegir su género libremente.

En Crononauta tenéis un «matreon» que tiene como objetivo publicar dos relatos mensuales que aborden temas de género y diversidad. ¿Hay pocos lectores interesados en los relatos cortos? ¿Por qué en España no hay una tradición como en el mercado anglosajón?

Esa es una buena pregunta. En el mercado anglosajón, el relato es una forma muy válida de entrar en el panorama literario y hay escritores que se han especializado en la ficción corta, aunque no dudo de que más de una persona les haya preguntado «y la novela para cuándo». En España no sé qué ocurre, qué prejuicios existen, que nos cuesta leer ficción corta. Nos ha pasado con Binti, por ejemplo; hay gente que no entendía que la historia fuera tan breve y reclamaban más páginas. La historia es la que es, punto. Pero hay quien juzga un libro por el número de páginas. Por suerte, cada vez vemos a más editoriales apostando por la novela corta, tanto nacional como extranjera. Ahora bien, no veo que el interés por los relatos o las antologías crezca en la misma medida, y no caigo en la razón.

Con Matreon, nuestra intención es publicar más, ya que nuestro ritmo editorial es pausado, porque nos gusta hacer las cosas con cariño y dedicarles el tiempo que se merecen. Sin embargo, aún hay muchas historias que nos gustaría publicar en español, autores muy interesantes que se merecen un huequecito en nuestro mercado. Con la llegada de la pandemia y las librerías cerradas, de repente nos vimos con el tiempo necesario para organizar este proyecto. Hemos tenido la suerte de publicar a autores a quienes admiramos mucho, como S. L. Huang (que, encima, ganó un premio Hugo con el relato que le publicamos, Como los últimos de mi vida), Gwendolyn Kiste, Cristina Jurado, Linda Nagata, Vandana Singh, Malka Older, Annalee Newitz… Aprovechamos el mayor ritmo de publicación que nos permiten los relatos para explorar también otros géneros que no solemos publicar con tanta asiduidad en formato libro, como la fantasía y el terror, con un resultado excelente.

¿Sería posible escribir en la actualidad una novela en la que un padre tiene relaciones sexuales con sus hijas gemelas sin ser acusado de pederastia, como hizo Robert A. Heinlein en Tiempo para amar? ¿Tiene que haber límites en la literatura de ficción?

Ah, posible sería, y seguro que se sigue haciendo y se publicarán en el futuro libros con imágenes, personajes y escenas de ese tipo. Otra cuestión es que yo vaya a leerlos.

Cuando se habla de cancelar a una persona, esto no implica que esa persona ya no pueda crear, escribir, dirigir películas o protagonizarlas —de hecho, la cancelación pública poquísimas veces se hace realidad—. La cuestión es que los creadores, en cualquier tipo de industria, creen que ahora se les quiere poner restricciones e impedimentos para crear su arte, cuando lo único que se pide es que cada persona se responsabilice de sus actos y asuma las consecuencias. Si eres un abusador o un maltratador, quizá no deberías seguir con tu vida impunemente, quizá no deberías seguir trabajando de lo tuyo cuando llevas veinte años abusando de quienes trabajan para ti.

Los «anticancelación» piensan que queremos cortarles las alas, cuando la realidad es que las alas de las víctimas llevan mucho tiempo cortadas y ahora es cuando empiezan a asomar las primeras plumas. 

Si te proponen traducir a un escritor, ¿lo contemplarías? 

La traducción literaria no está tan bien pagada como para decidir a quién traduzco o dejo de traducir, y encima soy autónoma. A lo largo de mi carrera he traducido obras escritas por hombres, como Poppy Z. Brite (Trazos de sangre, para La Biblioteca de Carfax) o Gregory Maguire (Hiddensee, para La esfera de los libros). De hecho, a Poppy Z. Brite, que es el nombre artístico de Billy Martin, no me importaría volver a traducirlo, porque su estilo me fascinó.

¿Qué es #LeoAutorasOct? ¿Habrá evento en 2021?

#LeoAutorasOct es una iniciativa mayoritariamente digital (así que sí, habrá edición este año) que consiste en visibilizar obras escritas por autoras durante todo el mes de octubre. Nació como un pequeño proyecto entre amigas y ha crecido tanto que incluso se celebran ediciones en otros idiomas fuera de nuestras fronteras.

El funcionamiento es sencillo: durante el mes de octubre, solo leemos, reseñamos, recomendamos y compramos libros escritos por mujeres. Luego, quien se anime, puede seguir el hashtag por redes sociales y contribuir en él. Cada año lanzamos un reto de lectura para animar a la gente a que lea más allá de lo que acostumbra a leer e incentivamos la diversidad en sus lecturas.

¿Crees que este coronavirus con el que estamos daría para una buena novela de ciencia ficción? ¿Cuál es tu novela favorita de pandemias? 

Creo que la situación que estamos viviendo es digna de la ciencia ficción, sí, y con cada mes que pasa, el surrealismo aumenta. Por ejemplo, hay autores que han escrito obras sobre pandemias o virus y les toca publicarlas este mismo año, justo durante una pandemia muy real. De hecho, ya hay alguna pululando por ahí, ambientada en un futuro cercano, con referencias a la pandemia de 2020. Hablo de Last One at the Party, de Bethany Clift, que salió hace poco en inglés. La literatura pandémica es muy recurrida en la ciencia ficción, y solo hay que ver a la misma Alice B. Sheldon, que en su historia «Houston, Houston, ¿me recibes?» creó una pandemia mundial que causaba esterilidad.

Mi libro favorito sobre pandemias es Feed, de Mira Grant, que en realidad va sobre un apocalipsis zombi, pero el origen de los no muertos es científico. Dos equipos de investigación soltaron unos virus benignos en la atmósfera. Uno se suponía que iba a curar el resfriado y el otro, el cáncer. Pero se juntaron para crear un nuevo virus que infectó a toda la humanidad y creó a los zombis. Feed se ambienta unas décadas después de este cataclismo y muestra cómo todo el mundo se ha adaptado a vivir rodeado de muertos vivientes. Para pasar de una zona a otra, por ejemplo, tienes que hacerte un test rápido de sangre. Para entrar en un edificio, debes desinfectarte por completo. Ir al campo está prohibido y necesitas un pase especial. Cuando leí el primer libro de la saga, me pareció todo muy lejano. Pero hace unos meses leí las continuaciones y el sentimiento cambió. Todo era muy real.

Dicen que todo traductor lleva un escritor dentro. ¿Te has planteado escribir una novela o relato de ciencia ficción?

Con diecisiete años gané el primer concurso literario que organizó mi pueblo y ahí quedó la cosa. Ahora escribo sobre todo reseñas y pequeños ensayos, pero la ficción no me llama demasiado.

Por último, ¿qué novela de ciencia ficción o fantasía le recomendarías a los lectores de Mercurio?

Me gustaría recomendar una novela que justo se publica hoy: La parábola del sembrador, de Octavia E. Butler, una de las maestras del afrofuturismo. Esta novela llega con décadas de retraso a nuestro idioma, pero supongo que más vale tarde que nunca. En nacional, recomiendo mucho a Enerio Dima y su La última mujer de la Mancha, que habla sobre la España vacía de un modo muy literal. Y un cómic de ciencia ficción: En un rayo de sol, de Tillie Walden, que es justo eso: un rayo de sol en medio de la oscuridad.

alice b. sheldon

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