Horas críticas Analógica

Memorial de atrocidades

La historiografía española experimentó durante mucho tiempo un extraño complejo que le impedía actuar más allá de nuestras fronteras. En gran parte debido a la debilidad de nuestro sistema de becas de posgrado y al desconocimiento de lenguas extranjeras, los historiadores hispanos dedicaron la práctica totalidad de sus esfuerzos a desentrañar exclusivamente la maraña del pasado peninsular, como si los Pirineos fuesen una barrera mental inexpugnable. Sin embargo, las cosas empezaron a cambiar a partir de los años sesenta y setenta y, aunque todavía tímidamente, ya se producen investigaciones que van más allá de lo doméstico para meterse en el laberinto europeo y global.

Prueba de ello es el ensayo Una violencia indómita. El siglo XX europeo, escrito por Julián Casanova, catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Zaragoza. Pertenece el autor, también miembro del Institute for Advanced Study de Princeton, a ese grupo de historiadores españoles que ya se mueven con desparpajo en la espesa selva de la historiografía occidental y que es capaz de elaborar grandes síntesis y análisis que integran lo más avanzado de las investigaciones del momento, lo cual le ha llevado a ser docente colaborador de numerosas universidades europeas y americanas (de los dos hemisferios).

Una violencia indómita es, entre otras cosas, un magnífico resumen de los muchos conflictos y genocidios que se han desarrollado en el Viejo Continente durante el «siglo corto», como lo llamó Eric Hobsbawm. Queda claro tras su lectura que la violencia en la Europa del XX fue mucho más allá de las dos guerras mundiales o el Holocausto judío y que, pese al relato un tanto optimista de la historiografía británica, inglesa y alemana federal, que describen la segunda mitad de la centuria como un periodo pleno de progreso y bienestar, en otros muchos lugares (especialmente en el bloque comunista y las dictaduras de Europa del Sur) la violencia y la represión siguieron siendo una práctica habitual. También fija la idea de que la Gran Guerra y su cariz apocalíptico no surgieron, como se ha repetido en demasiadas ocasiones, de la nada en una Europa pacífica y amable, sino que fue forjada y avivada por varios fenómenos que desglosa minuciosamente.

«Este brillante ensayo relata, con buen pulso narrativo y alejado de lugares comunes, las carreteras secundarias de la violencia europea durante el siglo XX»

En este sentido es muy interesante la importancia que Casanova le concede a la violencia ejercida por las metrópolis en el mundo colonial, al que considera un auténtico campo de pruebas de prácticas pregenocidas». Después del holocausto del Congo, impulsado por el abominable Leopoldo II de Bélgica, o las masacres de hereros y namaquas, en los dominios alemanes del África Suroriental, todo estaba listo para las grandes matanzas europeas. Solo había que cambiar de continente. En general, el cóctel formado por la mezcla de nacionalismo, militarismo y utopismo revolucionario preparó esa larga indigestión que duró desde 1914 a 1945, provocada en gran parte por la irrupción del bolchevismo y el nazi-fascismo en el ajedrez europeo.

Más allá de los grandes conflictos por todos conocidos, el libro concede un especial protagonismo a esas carreteras secundarias de la violencia europea, mostrando episodios como el espeluznante genocidio armenio, en Turquía; la corta pero sangrienta dictadura griega de los coroneles; o las guerras civiles de Finlandia, Rusia y España, por poner solo algunos ejemplos. Todo este memorial de atrocidades aparece relatado con escrupuloso rigor, pero también con un buen pulso narrativo que se agradece y que, por desgracia, no siempre es moneda común en la historiografía.

«Casanova incorpora un tema que en los últimos tiempos está teniendo un amplio debate historiográfico: la violencia contra las mujeres como arma de guerra»

Casanova prescinde de marear al lector con un pesado aparataje conceptual para ir directamente al relato de los hechos y sacar conclusiones complejas, pero sencillas de entender. Sobre todo, es de apreciar que no compre lugares comunes y que siempre muestre un minucioso conocimiento sobre las últimas investigaciones en la materia. Es por eso que el historiador incorpora al ensayo un tema que en los últimos tiempos —desde las violaciones masivas en la guerra de Yugoslavia y el genocidio en Ruanda— está teniendo un amplio recorrido en el debate historiográfico: la violencia contra las mujeres como arma de guerra. El gran paradigma de esta práctica son las violaciones y asesinatos de miles de mujeres alemanas por miembros del Ejército Rojo, un tema silenciado durante décadas pero que hoy en día sorprende por su intensidad. Los abusos sexuales sufridos en Alemania, Yugoslavia o Ruanda se muestran no como simples episodios anecdóticos, frutos de la fogosidad de una soldadesca enfebrecida, sino como toda una planificada estrategia de humillación para someter a un enemigo al que no se le concede ningún derecho.

Donde quizás menos convenza este brillante y necesario ensayo es en sus reflexiones sobre lo que se ha venido en llamar la memoria histórica. Por ejemplo, no se termina de entender por qué considera los memoriales de las víctimas del comunismo en Europa del Este como lugares de propaganda y, al mismo tiempo, pide una ampliación de la Ley de Memoria Histórica del expresidente Zapatero, un monumento al sectarismo al servicio de determinadas opciones políticas.

 


Una violencia indómita. El siglo XX europeo
Julián Casanova
Crítica
(Barcelona, 2020)
391 páginas
21,90 €

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