Cultura ambulante

Hijos de la obsolescencia

«Residuos A-1106» (2018), obra de Almalé y Bondía, en la exposición del CCCC.

«La verdadera última realidad es la Basura: tirar a la basura todo, lo más rápido posible, es la orden imperiosa que actualmente recibimos, y contribuir al montón de inmundicias es la contribución esencial de los súbditos del Mundo». Esta cita del Comunicado urgente contra el despilfarro (editado por Pepitas de Calabaza, 2016) presta su título en parte a la exposición de Almalé y Bondía que acoge el Centre del Carme Cultura Contemporània. Original de 1972, aquel es uno de los panfletos preparados en el seno de la llamada Comuna Antinacionalista Zamorana, un colectivo informal que se reunía en París en torno al pensamiento del catedrático Agustín García Calvo, exiliado por el régimen franquista. A algunos les sorprenderá que este manifiesto ya apuntase, hace casi medio siglo, hacia la hoy tan cacareada sostenibilidad como única vía de escape posible en la sociedad del bienestar. El texto va más allá de la crítica al consumo y centra su invectiva en el inherente malgasto de recursos del sistema que aún hoy nos domina. ¿Les suena?

Pues bien, ahora los artistas zaragozanos Javier Almalé (1969) y Jesús Bondía (1952) han tomado ese comunicado —y otras ideas, propias y ajenas— como punto de partida para el citado proyecto de fotografía y vídeo, Terrenos baldíos. Comunicado urgente contra el despilfarro, en el que observan las desolladuras que esa producción y consumo desquiciados provocan en el paisaje de este siglo XXI. Basta con darse una vuelta por la periferia de cualquiera de nuestras ciudades para ser testigos de cómo se materializan esos desperdicios, cacharros hijos de la obsolescencia programada, dando forma a una cierta (des)organización del territorio. Se reúnen en la muestra las obras procedentes de sendos proyectos que iniciaron en 2017. Restos de muebles, tubos, maderas, plásticos, electrodomésticos y redes son amontonados en Residuos para su retrato, en el que aparecen junto a las coordenadas de Google Maps que representan la única trazabilidad posible de los ignotos puntos en que fueron previamente dejados a su suerte en la intemperie.

Visita a la muestra «Terrenos baldíos. Comunicado urgente contra el despilfarro» en el CCCC.

En Historias de un lugar, las imágenes ponen el foco en Las Dehesas de San Mateo en El Saboyal, proyecto de macrourbanización residencial y deportiva situado en la zaragozana cuenca del río Gállego, que se abandonó —como tantísimos otros en nuestro país— en plena crisis de 2008 y cuando ya se habían emprendido las obras de construcción. Lo que queda de aquella fiebre urbanística, cuyos efectos llegan a nuestro presente, es un no lugar meramente imaginado sobre el trazado previsto en su día, un panorama yermo convertido en metáfora del poco respeto de esta sociedad hacia el entorno y también de lo que pudo ser y no fue, pero que en cualquier caso se nos vendió. En el caso de la promotora, Martinsa-Fadesa, una de las grandes inmobiliarias del país en aquel momento, vendió la «vocación de paisaje abierto» del proyecto. Al menos hasta que se declaró en quiebra apenas un año después de su estreno, protagonizando el mayor concurso de acreedores de la historia de España con una deuda de 7.000 millones de euros.

Basta con darse una vuelta por la periferia de nuestras ciudades para ser testigos de cómo se materializan esos desperdicios, hijos de la obsolescencia programada

Esa es la verdadera historia detrás de muchos de estos espacios improductivos e inseguros, secados de todo propósito o destino. Pero la idea que interesa a Almalé y Bondía se basa justo en lo contrario: la hipótesis expresada por el filósofo francés Alain Roger de que todos los paisajes son en sí mismos una invención cultural y que, por tanto, no hay esa pretendida belleza natural en ellos, sino la que nosotros podamos concederles. Todo es, pues, una cuestión de percepción, por eso hoy día se debería dar sentido a un concepto como el de sostenibilidad, ya que en ese esfuerzo reside la posibilidad de reconfigurar nuestros paisajes, librarlos de nuestra siempre creciente carga de desechos industriales. Una idea que suscribe la comisaria de la exposición, Chus Tudelilla, al recordar que “los estudiosos del paisaje muestran su pesar por la excesiva trivialización del término; lo mismo sucede con la mayoría de las nociones ligadas al medioambiente y la sostenibilidad”.

Todo eso, de una u otra forma, nos cuenta la exposición del CCCC, un espacio que ha entendido la trascendencia de posicionarse y actuar nítidamente para hacer frente a la emergencia climática que se cierne sobre nuestras cabezas. No en vano, en septiembre de 2019 se sumó a la declaración del Consell de la Generalitat Valenciana, y desde entonces ondea en su fachada el lema «Ens declarem en estat de d’emergència climàtica!«, como recordatorio de lo mucho que aún resta por hacer. Un compromiso con el que este espacio cultural pretende erigirse, según expresó su director José Luis Pérez Pont en la presentación de esta muestra, en «un vehículo vertebrador de voluntades y agitador de conciencias, con la intención de contribuir a un cambio global de comportamiento en relación a nuestro planeta». Un compromiso que comienza en nuestra mirada a la obra de Almalé y Bondía, en nuestra toma de conciencia sobre este despilfarro como orden imperiosa del sistema.

Otra de las obras de Javier Almalé y Jesús Bondía que pueden contemplarse en la muestra del CCCC.

 


Terrenos baldíos. Comunicado urgente contra el despilfarro
Almalé y Bondía
Comisariada por Chus Tudelilla
Centre del Carme Cultura Contemporània
Hasta el 14 de febrero

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