Entrevistas

Paco Roca: «Tenemos miedo a recuperar nuestra Historia porque hemos aceptado la leyenda negra de los vencedores»

La vida cotidiana de una familia humilde en la España de posguerra centra el argumento de «Regreso al Edén», uno de los más importantes lanzamientos editoriales en este final de año. El autor valenciano culmina su particular trilogía de la memoria con otro cómic lleno de referencias autobiográficas, donde lo histórico vuelve a devenir historieta.

Paco Roca (Valencia, 1969) acaba de publicar con Astiberri Regreso al Edén, un cómic donde a través de una foto aparentemente simple recrea, usando como materia prima la memoria de su madre, la Valencia de la posguerra y a través de esa Valencia todo el país en aquella aciaga época. Un cómic magistral, algo a lo que por fortuna nos tiene malacostumbrados desde hace ya tiempo, y que sigue la mejor tradición de la historieta patria a la hora de narrar nuestra Historia. A continuación charlamos con el autor sobre su nuevo tebeo, la memoria, la Historia, el cómic de aquí, sobre un grande como Carlos Giménez y hasta sobre alguna polémica reciente. Con Paco Roca siempre es un placer conversar, compruébenlo.

Pregunta.- En los últimos años trabajas sobre la memoria como materia principal para la ficción. ¿De qué se trata más, de recuperar el pasado per se o de darle sentido al presente?
Respuesta.- Están unidas las dos cosas. Por un lado, personalmente, me parece que mirar hacia atrás me ayuda a comprenderme mejor. Con La casa [2015] o con Regreso al Edén me permito indagar en mi pasado familiar, me hacen conocerlo mejor y también a mí mismo. Cuando abres el foco y hablas de la memoria en sí, de la sociedad, como en El invierno del dibujante [2010] o en Los surcos del azar [2013] e incluso en Regreso al Edén, te sirve para conocer una sociedad peculiar después de 40 años de franquismo y de una Guerra Civil. Conocer el pasado nos hace conocernos mejor a nosotros mismos y ponernos en contexto, a nosotros y a toda una sociedad, mirar a una generación que sufrió las miserias de la posguerra. Para mí el interés por la memoria viene por querer crear mi propia identidad familiar y social.

P.- Has narrado un episodio histórico de tono épico y dramático como Los surcos del azar (sobre los españoles que liberaron París de los nazis) y ahora pasas a un relato también del pasado, pero más cotidiano y personal, con Regreso al Edén. ¿Cómo ha sido el cambio como autor? ¿El proceso ha sido igual o has tenido que cambiar tu forma de trabajar, de escribir o de narrar?
R.- Cada historia te lleva por un camino, hay más evolución entre los cómics que hacía al principio respecto a los que hago ahora porque ha cambiado mucho la temática. Ahora me muevo casi siempre en un género más realista, lo que me lleva a buscar y utilizar herramientas que te hacen ir por ese camino, más alejadas del lenguaje de otros géneros: usar un tipo de dibujo más aséptico, repetir planos, la regularidad en las viñetas… esos recursos me funcionan mejor para contar las historias más realistas que quiero contar ahora. Y con respecto a Regreso al Edén también. Yo creo que hay algo que no sabría definir muy bien, que te pide que la historia tenga que ir contada en una dirección o en otra. Esta desde el primer momento me la imaginé con una voz de narrador, porque pensaba que era interesante el hecho de salir y entrar constantemente de la fotografía, no recrear un momento en particular de ese día de playa o de unos años de Antonia [la madre de Paco Roca en la que se basa el cómic]. Me parecía que funcionaba mejor una reflexión a través de la que se pudiera entrar y salir de la foto, ver el contexto social, el político, poder divagar, explicar y para eso necesitaba un narrador y esto conllevaba que los recursos narrativos cambiaran mucho. He podido experimentar cosas que no había podido hacer en otros cómics como en Los surcos del azar que comentas, que es más cinematográfico, ya que son los diálogos y las acciones de los personajes los que mueven la historia. Con el narrador en Regreso al Edén todo cambia, y he podido hacer que la parte visual fuese por un camino mientras que la narración en la mayoría del relato sea la que va moviendo la historia.

«El interés por la memoria viene por la voluntad de crear mi propia identidad familiar y social»

P.- ¿Cómo ha sido trabajar con la memoria de una persona tan cercana como tu madre en Regreso al Edén?
R.- A veces tienes un cierto pudor. Aunque sea una historia basada en una parte de mi familia, lo disfrazas de ficción, cambias algún detalle, algún nombre. A mí me sirve para distanciarme y perderle el pudor. Esa pequeña ficción a mí al menos me sirve para lograr ese distanciamiento.

P.- ¿Esa distancia es mayor en La casa?
R.- En La casa la distancia es mínima, en mi familia somos tres hermanos y lo que hago es que en el cómic pongo a dos hermanos y una hermana. Estos pequeños cambios me permiten poner en sus bocas cosas que me darían pudor, con esa pequeña ficción escojo la faceta que quiero destacar o que me conviene: esto me lo he inventado o esto es real.

P.- Gráficamente pasas de una línea, aparentemente al menos, más ágil y más suelta en La casa a una más curva y más cuidada, también en apariencia, en Regreso al Edén. ¿Por qué? ¿Qué efecto buscabas?
R.- La historia te pide un camino u otro, no sabes si es el correcto o no, pero es como si tuvieras en la cabeza una melodía e intentaras seguirla. En el caso de La casa el motivo era muy diferente, mi padre acababa de morir y a mí me sirvió para poner en orden todo aquello que estaba sintiendo, por eso quería que fuera un cómic sin artificios, lo más natural y honesto. La historia está construida así, con trucos como cualquier relato de ficción, pero los menos posibles. Y con el dibujo igual, intenté que fuera lo más suelto posible, como de primera intención, sin limpiar. Sin embargo para Regreso al Edén me parecía que le iba mejor, a la época y a lo que estaba contado, algo más depurado y que con la voz del narrador ya no pareciera tan fresco y espontáneo. También pensaba que podía funcionar mejor un estilo cerrado con esa tipografía que he usado como de cuadernillo Rubio, muy reglada, como con poca espontaneidad. Son cosas que te montas en la cabeza y que no sabes si aportan algo o si al lector le daría igual si todo estuviera dibujado con el mismo estilo, pero al menos te buscas una excusa para hacer esos cambios gráficos.

P.- Empezaste con obras de género y ahora vas hacia historias de realismo, ya sea presente, histórico e incluso paródico como en el caso de Memorias de un hombre en pijama (2011). ¿A qué se debe esa evolución como autor?

R.- En primer lugar porque no se podían hacer demasiadas cosas cuando empecé a dibujar, sobre todo dentro de la industria del cómic en aquel momento. Ya estaba el formato novela gráfica, pero yo no me atrevía a entrar o los editores con los que entré en contacto no tenían muy claro ese camino. Todavía recuerdo uno de esos primeros viajes a Francia donde había incluso un canon sobre cómo dibujar una página y te decían cómo debía ser. Tenía que haber un primer plano, uno general, tenía que haber diversidad de planos en una página, como si eso fuese más importante que lo que estás narrando. Te decían también los temas que podían funcionar para el mercado francés y eso también llegaba al mercado español, aun siendo un mercado muy diferente. También es cierto que algunos autores ya se habían salido de todo esto, pero todavía costaba poder huir de esas normas que había a la hora de hacer cómics. También, con el tiempo, tú vas cambiando como autor y te apetece contar otro tipo de cosas, te vas dando cuenta de que existe esa libertad para poder hacerlas. Cuando empecé, el formato habitual era todavía mayoritariamente el álbum francés, que a mí me sigue gustando pero en cierta manera te limita a la hora de poder contar unas determinadas historias. Y luego el trabajar para un mercado que no es el tuyo también influye, a los franceses les interesa que hables de sus cosas y los otros temas les podían llegar a interesar pero hasta cierto punto. Yo creo que las circunstancias te llevaban a hacer unas historias que eran las que tocaban en aquel momento. Afortunadamente con la libertad de ahora se puede contar cualquier tipo de historia, y también influye la libertad de poder trabajar para el mercado en el que vives, como es mi caso. Yo ahora trabajo para el mercado español, con lo cual puedo estar más al día de las inquietudes del lector español, que al fin y al cabo son las mías.

«En mis redes hay comentarios del tipo “ya está otro aquí con el rencor y el victimismo”. No entiendo por qué les ofende que quiera recuperar la memoria»

P.- Tras Arrugas (2007) hiciste Las calles de arena (2009), un cambio total de registro que no ha sido el último en tu carrera, de Los surcos del azar a La casa y de El tesoro del Cisne Negro (2018) a Regreso al Edén. ¿No te produce vértigo pasar de un tipo de historia a otro sin red?
R.- Sí que asusta. Como dices, hay bastante giro, pero al final aunque cambie de géneros debe haber una visión personal, unos ciertos elementos que hacen que tus lectores te sigan. Aunque la verdad es que sí hay siempre un miedo, como un salto al vacío, porque no sabes si el lector va a seguir ahí. A mí me parece mágico el poder vivir de esto, porque para vivir de esto debes vender muchos ejemplares continuamente. Saber que ahora mismo debe de haber alguien en algún lugar comprando un libro tuyo, me sigue pareciendo muy mágico. Sí que siempre tienes ese miedo, pero por otro lado hay también una declaración de intenciones con el lector: todo lo que haga lo voy a hacer honestamente y dándolo todo, lo que le digo al lector es que me siga en el recorrido. El hecho de haber cambiado de temas y géneros desde el principio también hace que los lectores te puedan seguir, aunque tampoco todos. Los lectores de Arrugas fueron muchísimos comparados con mis otros trabajos, y seguramente una parte de lectores se ha perdido desde aquel cómic o igual era un público ocasional que no iba a seguir leyéndome. Por otra parte, sería muy esclavo seguir haciendo siempre lo mismo y habría lectores que se cansarían de ello. Al final estás en una posición en la que no sabes seguro cuál es el camino.

P.- En Regreso al Edén se realiza una mirada al pasado necesaria y, en cierto sentido, de justicia. Sin embargo hay en ciertos sectores sociales una aprensión a que se hable del pasado reciente, de la dictadura, cosa que extraña mucho fuera del país. ¿A qué crees que puede deberse, es solo cuestión de ideología? ¿Por qué crees que hay sectores así en nuestro país?
R.- Las redes sociales son perfectas para este tipo de gente. No tengo muchos comentarios en mis redes de este signo, pero sí que hay alguno del tipo «ya está otro aquí con el rencor, con un victimismo que ni siquiera ha vivido». No llegas a entender muy bien por qué a alguien le puede ofender que haya gente que quiera recuperar la memoria. Al final es un tema político, un combate por la memoria. La Guerra Civil ya ha acabado hace muchísimos años, pero sigue habiendo una guerra sobre la reconstrucción de ese pasado en el que todo está politizado. En la Transición hemos pasado de puntillas por lo que supuso la Guerra Civil y el franquismo, y eso ha permitido que todo quepa. Encuentras a historiadores serios que intentan investigar, yendo a fuentes originales y tratando de poner luz sobre esa época, y al mismo tiempo encuentras a los negacionistas, que lo que hacen es volver a las leyendas del franquismo. Esto es muy largo, pero viene de que la derecha en general se siente incómoda con esa reconstrucción de la historia. Creo que en lugar de haberse unido en la Transición a la parte democrática de la derecha que hubo en la República, se han acogido a negar la República para situarse frente a la izquierda, lo que nos lleva a un combate estéril en el que la derecha tiene que defender unos determinados hechos para buscar su lugar en contra de la izquierda y esta, que sabe lo incómoda que se siente la derecha en este tema, lo usa continuamente. Se crea una situación que debería estar superada y que, si en la Transición se hubiesen dejado las cosas claras —por parte de la derecha sobre todo, pero también por la izquierda—, pues ahora sería como la de Italia o Alemania, donde todos estos temas están ya totalmente superados.

«En la Transición hemos pasado de puntillas por lo que supuso la Guerra Civil y el franquismo, y eso ha permitido que todo quepa»

P.- En alguna entrevista comentas que el cómic que lleva a otro nivel como lector es Paracuellos (1977), de Carlos Giménez. ¿Ves tus últimas obras, sobre todo La casa y Regreso al Edén, como una cierta herencia de aquel colosal Paracuellos?
R.- Yo creo que sí, a mí Paracuellos me marcó mucho. En algunas charlas lo cuento, para mí fue un gran cambio sobre aquello de lo que se podía hablar en los cómics. Yo llegué a Paracuellos habiendo leído el cómic franco-belga, Tintín, Astérix, los superhéroes, Blueberry… cosas muy épicas, y piensas que el cómic es muy dado a estas historias, pero de repente descubres Paracuellos y te das cuenta de que el cómic también puede hablar de las pequeñas cosas, que al final pueden ser tan grandes como aquellas aventuras. Para mí fue toda una revolución, supuso abrirme los ojos a lo que podía ser el lenguaje del cómic.

P.- Últimamente hay un cierto debate sobre si los creadores españoles están aprovechando las temáticas que ofrece nuestra Historia, sobre que no hemos sabido crear relatos en torno a nuestro pasado histórico. Tenemos el ejemplo de la falta de ficciones sobre la primera vuelta al mundo, y se dice que si fuera un hito norteamericano lo tendríamos hasta en la sopa. Tú has creado historias sobre las Cortes de Cádiz, la Guerra Civil, la II Guerra Mundial, el franquismo… tienes la historia de España muy presente como autor. ¿Piensas que es así, que nos falta esa mirada al pasado desde la ficción?
R.- Hay autores que sí que lo hacen, como Pérez-Reverte, que ha encontrado una épica que contar sobre nuestro pasado, pero es verdad. Por un lado hemos estado acomplejados con ciertos temas de nuestro pasado y luego, como comentaba antes, al estar tan politizada nuestra historia es difícil encontrar personajes en los que estemos de acuerdo y podamos ensalzar. Tenemos miedo a recuperar ciertos episodios de nuestra Historia porque son políticamente incorrectos o se han politizado, o simplemente porque hemos aceptado la leyenda negra de los vencedores históricos.

Al poco de asumir su nuevo cargo como directora del IVAM, Nuria Enguita soliviantó los ánimos de buena parte del sector del cómic español al preguntarse en una entrevista si el cómic era arte. La historieta nacional, maltratada casi siempre por los estamentos culturales y artísticos, tiene por razones sobradas la piel muy fina en este sentido. Además, el mismo IVAM había asumido, con su anterior director, un camino de integración del cómic en su programación, del que el propio Paco Roca fue uno de sus protagonistas con una más que notable exposición. Afortunadamente la nueva directora explicó su postura y confirmó que el cómic seguiría teniendo su hueco en la programación del espacio.

P.- A raíz de la relativa polémica por las palabras de la nueva directora del IVAM, se ha puesto de manifiesto la falta de cariño institucional que sufre el cómic frente a otros medios artísticos, algo que ha mejorado en los últimos años pero que aún está lejos de solventarse. Tú mismo con cierta coña te has denominado a ti mismo «Mister Cómic» por tratar de aprovechar tu protagonismo mediático y social para defender al medio, lo que te honra. ¿Qué crees que sigue necesitando el cómic para ser reconocido (y apoyado) en nuestro país como el cine, el teatro o la novela?
R.- Somos muy susceptibles porque nos han dado muchos palos, desde instituciones o desde ciertos sectores de la cultura que nunca ven con buenos ojos lo que se cuenta con dibujos, les parece infantil o para adolescentes e incultos; hay una falta de conocimiento. Seguramente esta misma gente sería la que en su momento dijo que el cine era para bobos, aunque cada vez ocurre menos. Yo creo que la situación del cómic ha cambiado mucho, por eso nos han parecido tan fuera de lugar las declaraciones de la directora del IVAM, todo esto lo teníamos bastante superado. En los últimos años el cómic ha conseguido un reconocimiento fuera del medio que antes no teníamos: hay tesis doctorales, está en las universidades, el Premio Bacional, los museos… nunca habíamos tenido tan normalizado nuestro medio. Quizás lo único que nos faltaría es conseguir cada vez más lectores y, en este sentido, creo que vamos por el buen camino. Hoy día cualquier librería de barrio tiene ya cómics, eso es tan importante o más que estar en los museos. La base es tener un público cada vez más generalista y más amplio.

«En el mundo del cómic somos muy susceptibles porque nos han dado muchos palos»

P.- ¿Cómo fue tu experiencia en la exposición El dibuixat?
R.- Fue una gran experiencia. El anterior director del IVAM, José Miguel G. Cortés, tuvo una gran iniciativa, especialmente en el punto de partida. No estaba pensada como una exposición de cómic al uso, no querían colgar originales de algo ya hecho en las paredes, lo típico, y me pareció genial porque ya lo había pensado antes. Esas exposiciones están muy bien, pero es como valorar una película por los fotogramas colgados en la pared; eso no es una película. Me pareció genial que buscaran otro tipo de exposición, el reto era qué hacer, cómo usar el cómic en las paredes de un museo. Fue una experiencia muy interesante, en la que aprendí un montón y te das cuenta de que ese camino abre unas posibilidades infinitas, el hecho de que el cómic se desarrolle en lugares donde antes no se hacía, como las paredes de un museo como soporte. Si se mira la historia del cómic, el formato ha determinado el qué y cómo se cuenta, desde la prensa, las revistas, el álbum, la novela gráfica o el digital; pues en las paredes del museo ocurre lo mismo, de repente te encuentras con que tienes que adaptarte a una forma tridimensional para contar una historia. Me lo pasé genial y aprendí muchísimo.

P.- Para acabar, si alguien te lee por primera vez en este Regreso al Edén, ¿qué otro cómic tuyo le recomendarías?
R.- Muchos han hecho el maridaje con La casa o con lo que Álvaro Pons llama «la trilogía de la memoria»: Arrugas, La casa y Regreso al Edén. No estaban pensados como trilogía, pero es verdad que los tres comparten ese interés por la memoria. Por lo que supone la pérdida de la memoria y de la identidad, en el caso de Arrugas, y por reconstruir lo que constituye nuestras raíces y la memoria familiar, en el caso de La casa y de Regreso al Edén.

P.- ¿Y de otro autor patrio?
R.- Pues precisamente estábamos antes hablando de Carlos Giménez. Siempre es una buena excusa para recuperarlo, recuperar su visión de la memoria, de España. Se puede reconstruir toda una época con Paracuellos, Los profesionales [1981] o Rambla arriba, Rambla abajo [1985]. Es curioso porque siempre se deja al cómic fuera cuando se intenta recrear una época. Se hace desde la novela, la fotografía o el cine, y se nos suele olvidar la importancia del cómic que en muchos casos está realizado en ese momento, como los cómics de Bruguera que eran costumbristas y son una buena forma de comprender la sociedad de los 50. Yo creo que con Carlos Giménez ocurre lo mismo, que es clave para comprender el pasado reciente de España.

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