Crónicas desorbitadas

CORPO y la luz que nos enseñó a mirar

La ciudad de Cuenca, cuna del arte abstracto en nuestro país, cuenta las horas para la inauguración de la segunda sede de la Colección Roberto Polo. El mecenas cubano cede para su exhibición importantes obras de las vanguardias (muchas de ellas, inéditas en España) que nos hicieron ver más allá de la pintura y que nos recuerdan, en un contexto como el presente, que el arte siempre sobrevivió a la Historia
Vista de sala de la nueva sede de la Colección Roberto Polo en Cuenca, antigua iglesia de Santa Cruz (foto: CORPO).

La excitación de estar dando las últimas pinceladas a un proyecto de envergadura internacional, anhelado desde hace tiempo y que ha superado incluso una pandemia, se trasluce en las palabras de quienes estos días hablan en nombre de CORPO, la Colección Roberto Polo, también conocida como Centro de Arte Moderno y Contemporáneo de Castilla-La Mancha. Tras aterrizar en Toledo allá por marzo del pasado año, por fin está a punto de culminarse la apertura de su segunda sede en la antigua iglesia conquense de Santa Cruz, que alberga desde hace un par de semanas sus fondos permanentes. La ciudad que en 1966 ofreciese refugio al arte abstracto español con su pionero museo —el primero dedicado al arte moderno en nuestro país— y que fue cuna de la abstracción geométrica a finales de los 50, recupera su posición prominente en la escena internacional con este nuevo espacio que mostrará lo que pasó en el resto del mundo antes, durante y después de aquel periodo crucial y emocionante.

Si en España la modernidad del arte tardó en hacerse visible, por el modo en que el franquismo incidió en el aislamiento del país y la incapacidad de valorar a sus autores, en otras naciones europeas ya estaba en auge a finales del XIX. La colección de Cuenca arranca en ese momento en que los cánones empiezan a ser poco más que papel mojado, si bien pone el peso en aquellas corrientes de las vanguardias históricas de las que emergieron puros talentos, ya en el siglo pasado: los Donas, Eemans, Flouquet, Hoffmann, Itten, Joostens, Kliun, Moser, Vantongerloo y Vordemberge-Gildewart, entre otros, son presencias fundamentales en centros como el MoMA, el Met, el Pompidou y el Orsay, pero se hallan casi del todo ausentes en los museos españoles, hasta ahora. “Nosotros venimos a llenar ese vacío”, explica el propio Roberto Polo en conversación con Mercurio, “un poco como hizo la Colección Thyssen-Bornemisza cuando llegó a España hace 30 años, en una época en la que no era posible ver en este país un cuadro expresionista alemán, suprematista ruso o constructivista neerlandés”.

Aparador (1919) y lámpara (1920) de Gerrit Rietveld y dibujo «Sin título» (1918) de Victor Servranckx (foto: CORPO).

Se trata, en cualquier caso, de una oferta complementaria a la de aquella, se apresura a aclarar su propiciador, a quien le harían falta varias horas para hacer inventario de sus obras preferidas entre los fondos reunidos en Cuenca. Se refiere a ellos como quien cita las virtudes de sus hijos, empezando por una referencia al breve pero interesantísimo punto de partida en la pintura del siglo XIX, que de alguna forma prologa la médula de la colección: desde el cuadro “más importante” del pintor victoriano John Atkinson Grimshaw, pionero en el uso de la fotografía para precisar el trazo e inspirador de los famosos Nocturnos de James Abbott McNeill Whistler, a una obra erótica “maravillosa” del satírico y satánico Félicien Rops (amigo de Charles Baudelaire e ilustrador de su decandentismo), otra “monumental” de uno de los grandes simbolistas franceses, Alexandre Séon, o los “fundamentales” lienzos de los venerables Edgar Degas y Eugène Delacroix.

Roberto Polo: «Para mí, lo más importante del modernismo fue la invención de la bombilla eléctrica, porque mirar depende de la luz»

Sin embargo, si por algo destaca esta nueva sede de CORPO es por situarse más allá de lo pictórico, dando cabida a la escultura, la fotografía y el assemblage. “La mentalidad española en el arte siempre ha apostado por pintura, pintura, pintura, sin dejar espacio a otras vertientes creativas”, señala el mecenas de origen cubano y última residencia en Bruselas. “Para mí, lo más importante del modernismo fue la invención de la bombilla eléctrica, porque mirar depende de la luz, y con esa nueva luz aprendimos a mirar de forma diferente”. Una idea que se materializa en algunos de los fondos más valiosos de esta colección, como la lámpara de techo (circa 1898) de uno de los padres de la abstracción, el belga Henry Van de Velde. También hay relevantes maternidades artísticas como la de Eileen Gray, maestra del diseño de las vanguardias, que alumbró la primera lámpara rotativa de la historia (1917), fabricada en laca, piel de serpiente y marfil. O la lámpara de pie (1926) del pionero diseñador alemán Wilhelm Wagenfeld.

«Bird cage» (ca. 1917), del neoplasticista neerlandés Theo van Doesburg (foto: CORPO).

Excelentes ejemplos de ese momento histórico en que el arte se desprende del yugo de la pintura como forma dominante, y que tanto le interesa a Polo, apasionado del carácter interdisciplinar de las artes aplicadas o industriales. “El concepto esencial para entender el arte moderno es el de la obra de arte total, que el alemán resume en gesamtkunstwerk. Una obra de arte funcional, que tiene color, volumen y todos los elementos del diseño y la arquitectura”. De pronto, un comedor puede resultar tan determinante como un cuadro. En torno a esa disolución de fronteras entre las artes y las ideas que habitamos en el día a día, en Cuenca se podrán contemplar la famosa silla zig zag (1932) de Gerrit Rietveld —“la primera sin patas de la historia, todo un desafío a la gravedad”—; una llamativa jaula para pájaros (ca. 1917) del neerlandés Theo van Doesburg, cofundador junto a Mondrian del grupo neoplasticista De Stijl; las primeras obras del Wiener Werkstätte, taller vienés pionero en el arte conceptual; la Opus 1 (1921) de Victor Servranckx, que viene a representar algo así como la prehistoria de la escultura del siglo XX, y otras muchas obras de autores adelantados a su tiempo. Como recuerda el coleccionista, en este museo de “importante valor pedagógico”, muchas de las piezas son únicas no solo por su valor artístico e histórico, sino también por el hecho de que serán exhibidas por primera vez en el país.

Fe en el arte como nutriente

Entre las particularidades de CORPO se encuentra el hecho de figurar en el selecto grupo de aquellos museos concebidos por una administración pública con el fin de dar difusión a una colección de arte privada. La clave se halla en el acuerdo por el cual Roberto Polo ha cedido más de medio millar de obras al Gobierno de Castilla-La Mancha, durante un periodo renovable de 15 años. Una de las condiciones del presidente de la comunidad, Emiliano García-Page, fue que este nuevo centro de arte moderno y contemporáneo se asentara en dos sedes, una en la ciudad de Toledo y otra en Cuenca. “Esa idea me encantó, porque me daba la oportunidad de enviar un mensaje diferente en cada una de ellas; es decir, que tuvieran su propia identidad y no fuesen clónicas”, comenta el coleccionista, conocido en el mundillo del arte como El Ojo —por su tino como anticipador de tendencias y firmas exitosas—, que nos atiende mientras asiste in situ a la fase final del proceso de instalación de las piezas en este segundo emplazamiento.

Y el lugar elegido es también un valor en sí mismo. Antiguo edificio medieval con estupendas vistas al río Huécar, la iglesia de Santa Cruz, hoy día desacralizada y declarada Monumento Nacional, presenta unas condiciones idóneas como espacio expositivo, con su estructura de planta única, una segunda altura que en origen ocupaba el coro y cerca de mil metros cuadrados. Su acabado definitivo se lo dio la remodelación emprendida por el director artístico de CORPO, Rafael Sierra, y el estudio de arquitectura de Juan Pablo Rodríguez Frade (Premio Nacional de Restauración y Conservación de Bienes Culturales), responsables también de adaptar el viejo convento de Santa Fe en Toledo. El museo de Cuenca “ha quedado realmente precioso”, dice Polo con orgullo, aunque no pasa por alto que su sede definitiva será el edificio donde se ubica actualmente el Archivo Histórico Provincial —antigua cárcel, y aún antes sede de la Inquisición—, que no estará operativo hasta finales de 2023, como recoge el acuerdo establecido con el Gobierno castellanomanchego.

La nueva sede de CORPO recoge el momento en que el arte se desprende del yugo de la pintura; un comedor puede ser tan determinante como un cuadro

Instalación de las obras de la colección permanente que CORPO exhibirá en Cuenca (foto: CORPO).

“Creo que García-Page es un visionario. Cuando firmamos el contrato él estaba convencido de que lo que le faltaba a Toledo, una ciudad que representa muchas capas de la Historia, era esto; la capa del modernismo y la contemporaneidad”. Con la llegada de la pandemia, la ampliación a Cuenca “se pospuso y se pospuso, pero el presidente quiere cumplir su compromiso hacia un proyecto que sabe importante, no ya en el ámbito de la región, sino nacional e incluso internacional. Un compromiso moral, sobre todo, porque es muy consciente de que la cultura es como la comida; nos alimenta, nos nutre y resulta esencial”, asegura Polo, quien no se muestra nada derrotista respecto a la crisis actual. ¿Abrir un museo en tiempos de coronavirus, confinamientos y estados de alarma? Quién dijo miedo. “A las plagas siempre les ha seguido un boom cultural. Mira lo que pasó después de la llamada gripe española, donde murieron 55 millones de personas en todo el mundo mientras tenía lugar la I Guerra Mundial. Pues en los años 20 hubo una explosión artística fabulosa. Después se produjo otra caída con la Gran Depresión en Estados Unidos, pero más tarde el arte volvió a resurgir, igual que tras la II Guerra Mundial. La Historia se repite, y creo que las cosas renacen todavía más fuertes después de experiencias como esta”. Ahí estará CORPO en Cuenca, para dar fe de ello.

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