Horas críticas

Escritora, editora, mujer, madre

En estos días en que la pandemia evidencia aún más la precariedad del sistema de cuidados, Las Afueras recupera los sublimes relatos de Tillie Olsen y nos hace reflexionar sobre el esfuerzo brutal de conjugar maternidad y literatura a tiempo completo
La autora Tillie Olsen (Estados Unidos, 1912-2007).

En noviembre se cumplirán 50 años desde la primera reunión de Feminist Press, la más longeva editorial dedicada a la publicación de libros escritos por mujeres, en la que fue fundamental Tillie Olsen como descubridora y desenterradora de otras grandes autoras como Rebecca Harding Davis o Agnes Smedley, por citar algunos de sus primeros hallazgos (antes del ensayo que revolucionó el canon literario en 1978, Silences). Junto a su fundadora Florence Howe y otras escritoras y activistas de esta organización, abrieron el camino para que editoriales de hoy día continúen esa labor en nuestro país, de La Bella Varsovia a consonni, pasando por Ménades, Tránsito, Amor de Madre o Las Afueras, entre otras.

Justamente este último sello, nacido en octubre de 2017, ha rescatado el magistral libro de relatos firmados por Tillie Olsen bajo el título Dime una adivinanza, editado en 1984 por Anagrama y publicado originalmente en 1961. La escritora estadounidense, que antes de ese debut logrado gracias a una beca –a los 49 años– se había dejado la piel mal-trabajando y haciéndose cargo de sus cuatro hijas, plasma en sus textos el esfuerzo brutal de ser madre y literata a tiempo completo. «Volvió a sentir el frío de la calle en la mejilla de él, cuando regresaba de una reunión y, al encontrarla así, intentaba persuadirla, ardiente y animoso, mientras buscaba el olor de su piel: Yo acuesto al niño y tú deja el libro, no leas, no leas. Ese había sido el más seductor de todos los no leas, deja el libro que conformaban su vida», escribe en el relato que da nombre al volumen.

«Olsen fue pionera en el abordaje literario sin paliativos de los cuidados, esa tarea tan corajuda como poco agradecida y hasta cruel, en última instancia»

Por suerte, ella y muchas otras autoras posteriores siguieron leyendo. Siguieron escribiendo también, aunque a veces llevase décadas reconocer su talento. En el caso de la propia Olsen, Las Afueras le hace justicia reeditando este pequeño y primoroso libro, de inabarcable interior. Desde el sello barcelonés hacen bien, además, en señalar la relevancia de los cuidados entre las temáticas de estas cuatro historias, pues Olsen fue pionera (junto a escritoras como Jane Lazarre, autora de El nudo materno, que escribe el prólogo a esta edición) en el abordaje literario sin paliativos de esa tarea tan corajuda como poco agradecida y hasta cruel, en última instancia: «No es que no hubiera querido a sus bebés, a sus niños. El amor –ese afán por cuidar al otro– había crecido con la necesidad como un torrente y, como un torrente, arrastraba y sacrificaba todo lo demás. Pero cuando la necesidad ya estaba satisfecha, ay, ese poder se perdía en el doloroso proceso de retener y secar lo que aún manaba, pero que no tenía un cauce por donde discurrir. Solo quedaba un débil latido que no podía acallarse, que sufría por unas vidas a las que ya no podía sostener ni ayudar».

La madre queda hueca y carente de función, de objetivo vital, en la obra de Olsen. Porque esos cuidados y afectos, y nada más, le han dado sentido a su vida durante buena parte de lo que esta ha durado. A sus sesenta y largos años, le piden que disfrute, que tenga vida social y que se relaje mientras otros hacen el trabajo. No entienden que, en esta sociedad, el ocio y el descanso siempre han recaído sobre sus hombros («Ella no iba a cambiar su soledad por nada del mundo. Nunca más se vería obligada a moverse al ritmo de los demás»). Este libro de hace seis décadas habla de eso, nos da la explicación más certera de esa suegra que le da un repasito de limpieza a tu cocina: «Es la única manera que tiene de sentirse útil». Por eso es injusto e insensible exigir un cambio de rumbo a esas madres, demandarles imaginación más allá de arreglárselas para componer un menú semanal y otras cien rutinas sin las que una familia se cae a pedazos. «Dime una adivinanza, abuela». «Ay, hija, no me sé ninguna».

Pero todas estas consideraciones no tendrían sentido si no estuviéramos hablando de una obra prodigiosa en su estilo, donde la poética de los dramas domésticos se revela con una sencillez y honestidad desmedidas. Un ejemplo entre montones: «En el avión, diseñado con astucia para encerrar el movimiento (sin noción de estar volando, sin viento), había permanecido sentada, seria y quieta, con el rostro inclinado hacia el cielo que surcaban sin dejar cicatriz alguna». Con frases así, no son de extrañar los elogios de autoras como Dorothy Parker, Alice Munro o Margaret Atwood (esta reseña bien se podría haber titulado Los cuentos de la crianza), aunque se echen en falta las alabanzas de escritores también, porque más allá de su veta feminista se halla su condición –poco discutible– de obra mayúscula. Lo que demuestra este libro y la trayectoria de Tillie Olsen, en fin, es que seguimos necesitando editoras, escritoras y prescriptoras literarias, tanto como a nuestras madres.

Coda

He querido incluir aquí un fragmento de la carta que la poeta Anne Sexton envió a la autora de Dime una adivinanza tras leer el relato, un 5 de abril de 1960, y sin que ambas se conocieran personalmente hasta ese momento (acabarían siendo amigas y colaborando, como cuenta el libro de Maggie Doherty The equivalents, publicado de forma reciente):

Querida Tillie Olsen:

Acabo de terminar de leer su relato en New World Writing y debo escribirle. Mis ojos están aún llorosos y me resulta difícil expresarle cuánto me ha conmovido su historia […] Ese relato nunca morirá. Será leído en futuras antologías a lo largo de muchos años por venir. Me siento orgullosa de usted, aunque no la conozco […] Quiero sentarme y decir “¡gracias a Dios que alguien (quienquiera) escribió ese relato!”. No hay una sola palabra errada en él […] Cómo envidio su talento y sin embargo estoy orgullosa, más viva…

 


Dime una adivinanza
Tillie Olsen
Prólogo de Jane Lazarre / Epílogo de Laurie Olsen
Traducción de Blanca Gago
Editorial las afueras
Barcelona, 2020
181 páginas
17,95 €

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