Cultura ambulante

La existencia-resistencia de Maribel Domènech

El Centre del Carme dedica una exposición a repasar los 35 años de trayectoria de la artista valenciana. Tras un tiempo excluida de los circuitos de su ciudad, su activismo y su compromiso con la capacidad de transformación social del arte por fin salen a la luz en esta selección de sus esculturas, instalaciones, fotografías y vídeos

Al entrar en la Sala Goerlich del Centre del Carme Cultura Contemporània (CCCC), nos reciben dos obras a las que Maribel Domènech titula, cuando van juntas como aquí, Existir es Resistir. En El Autorretrato (2001), vemos a la artista fotografiada cuando cumplió 50 años, aunque de alguna forma esta imagen remite a la adopción de unos principios ante la vida que ya no ha abandonado: sentada en una nave abandonada y vestida de negro, 50 tubos de luz escapan de su pelo como una estela del pasado. Junto al panel descansa en el suelo la instalación Reina 135 (2005), que protagoniza una casita tejida e iluminada de la que manan un conjunto de cables culminados por pesos y anzuelos de pesca.

Vistas de las obras «Reina 135» (2005) y «El Autorretrato» (2001), de Maribel Domènech (fotos: CCCC)

Esta apertura in media res de la retrospectiva Acciones cotidianas dedicada a la obra de Domènech (Valencia, 1951), que se sitúa entre 1986 y este mismo año, no es arbitraria: de esta suerte de díptico podría decirse que es un compendio de su trayectoria, pero no adelantemos acontecimientos. La muestra es un fidelísimo, no tan exhaustivo como contundente, reflejo de la personalidad de una artista que había sido apartada de los circuitos públicos en su ciudad natal, mientras su obra se exhibía en Europa y Latinoamérica. Paradojas de la vida y la política, puesto que la valenciana se ha significado ampliamente como activista colaborando con la plataforma Salvem el Cabanyal, acaso el movimiento vecinal más relevante de Valencia en las dos últimas décadas.

La lucha contra la gentrificación en aquel barrio de antiquísima tradición pesquera es el motivo tras las frecuentes referencias marineras en su obra, pero no es la única causa que impele su arte. Su conciencia feminista se materializa en instalaciones protesta como las recientes Seguimos de luto y con rabia (2018) –un guiño a las influyentes acciones de Suzanne Lacy y Leslie Lebowitz en 1977: In Mourning and In Rage–, donde guirnaldas de apariencia navideña visten una escalofriante escultura en rojo sangre en torno a las violencias de género; y En movimiento constante (2017-2020), que se muestra en estreno absoluto, sobre las mareas ciudadanas generadas en torno a los últimos 8-M.

Las reivindicaciones y reflexiones en el arte de Domènech siempre están ancladas a lo cotidiano, al día a día y los espacios e imágenes en los que se despliega

Las reivindicaciones y reflexiones en el arte de Domènech, no obstante, siempre están ancladas a lo cotidiano, al día a día y los espacios e imágenes en los que se despliega. Así se aprecia ya desde sus primeras esculturas en hierro reunidas en la serie Aquí como en ningún sitio: desde la pieza más crudamente cerrada, Cofre (1986), hasta el uso de luces en Caja y ventana (1987) o Lugar donde habitar (1988), que anticipan su frecuente presencia posterior y desvelan en cada objeto un nuevo mundo, tal vez quimérico pero siempre transformador.

Parte de la serie «Aquí como en ningún sitio», con obras de Domènech mediados de los 80 (foto: CCCC)

Ese elemento vibrante y eléctrico de su arte se aprecia también en el eje longitudinal que atraviesa, físicamente, el itinerario expositivo, compuesta por dos obras de su llamada Trilogía de la vida. En Para observar el mundo a cierta distancia (1995) y Como una habitación llena de luz (1998), sendos vestidos tejidos con cable negro y blanco, respectivamente, sirven de armadura –cotas de malla– para “proteger los cuerpos, su intimidad y su identidad”, según la autora. Indumentarias de 200 kilos que se presentan como un modo de reflejar conciencias diversas sobre el mismo hecho de existir y recordar; como una forma de hacer balance, en suma.

Ese parece el objetivo –cumplido, digámoslo ya– del Centre del Carme con esta retrospectiva: hacer balance y, de paso, justicia sobre la extensa obra (y en parte inédita, durante la última década) de una artista que nunca ha estado dispuesta a dejarse arrastrar por discursos oficiales ni oficialistas. La fuerza de Domènech, doctora en Bellas Artes y catedrática de Escultura, reside en esa existencia-resistencia que prenunciaba el comienzo de la muestra: la luz (personal, vital) y el tejido (colectivo, social) que, ella bien lo sabe, son tan representativos del valor y la dignidad como de un lastre o una pérdida.

«Para observar el mundo a cierta distancia» (1995), de Maribel Domènech (foto: CCCC)

Maribel Domènech. Acciones cotidianas
Comisariada por Rocío de la Villa
CCCC Centre del Carme. Sala Ferreres-Goerlich
Hasta el 11 de octubre
Visitas guiadas de martes a sábado (18:30) y domingos (11:30)

VISITA APTA PARA: Quienes creen que el arte es (también) una forma de resistencia y militancia.
VISITA NO APTA PARA: Amigos del conformismo y la equidistancia.

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