Crónicas en órbita

Publicar por sistema (o no publicar)

Errata Naturae anuncia que deja de lanzar novedades en un sorpresivo manifiesto que echa más leña al debate sobre el sector. Por alusiones, preguntamos al mundillo editorial cómo ha recibido esta decisión en el incierto contexto de hoy: ¿jugada maestra o bomba de humo?

¿Y si te dijéramos que no vamos a publicar nada en un tiempo?”. Este era el encabezamiento del correo que mandaba Errata Naturae a todos sus suscriptores el jueves pasado, 14 de mayo. El mensaje, difundido también por sus redes sociales, iba acompañado de un extenso texto, más de 2.300 palabras en las que explican el porqué de su decisión. Puñetazo en la mesa para algunos, mero golpe de efecto para otros. No tanto como un terremoto, pero desde luego una decisión sin precedentes en el sector cultural. Más un manifiesto ideológico que una estrategia comercial, como indica la cita de Horacio que figura a modo de antetítulo: Beatus ille qui procul negotiis (Dichoso aquel alejado de los negocios).

“Muchos piensan, algunos nos dicen, que si te paras el sistema te arrolla, como arrolla el automóvil al cervatillo que, deslumbrado por los faros, se detiene en mitad de la carretera”, comienza el comunicado. “Nosotros creemos que esta metáfora no funciona, que, de hecho, hay que darle la vuelta a la imagen: llevamos al menos cuarenta años ahí plantados, sobre el asfalto neoliberal, hechizados por las luces que emanan de unas cuantas promesas imposibles, como la del crecimiento infinito en un planeta con recursos limitados”. El sello alumbrado por Irene Antón y Rubén Hernández ha hecho bandera desde su origen, en 2008, del discurso ecologista y la filosofía salvaje de Thoreau.

Por eso a priori no debería extrañar ese momentáneo retiro meditativo, más aún en el confuso estado actual de las cosas: “Cada vez tenemos más claro que, en la situación que estamos viviendo, y que a día de hoy resulta aún apenas descifrable, el movimiento más inteligente es detenerse”, continúa el texto, que han titulado Jinetes en la tormenta, animales en la cuneta. “La tormenta acaba de desencadenarse, la última mutación del sistema capitalista apenas ha dado pistas de su nueva identidad, su nueva máscara, y, sin embargo, la gran mayoría de nuestro sector se apresta, parece incluso que con cierta ansia, a reanudar cuanto antes la actividad”. De pronto, la declaración se expande e interpela al sector editorial. Pero, ¿está el resto de acuerdo con esa lectura?

«Cada vez tenemos más claro que, en la situación que estamos viviendo, el movimiento más inteligente es detenerse», anuncia Errata Naturae

“Me parece que el comunicado empieza con una reflexión que es muy digna, la de parar y pensar un poco”, comenta Luis Solano, de Libros del Asteroide. “Del resto no comparto casi nada, está describiendo una situación muy concreta que a nosotros no nos ha pasado nunca –y a las editoriales con las que tengo más relación, tampoco–, esa necesidad de sacar novedades para compensar las devoluciones”. Se refiere a uno de las asuntos que primero se plantean en el documento, a modo de explicación sobre el sistema de crédito (“puro juego triangular de la deuda”) entre librerías, distribuidoras y editoriales. “Más o menos uno de cada tres libros que llega a las librerías acaba siendo devuelto y, en última instancia, guillotinado”, denuncia Errata Naturae y añade que la deuda que van contrayendo unos y otros “permite ralentizar el colapso en marcha del sistema capitalista”.

Para Luis M. López, del grupo de distribución Machado Libros, “nos solemos centrar en reducir las devoluciones, sin caer en la cuenta de que son el elemento diferencial respecto a otros sectores y permite la salvación de las librerías independientes. Me temo que aquí la clave está en la gestión eficiente y no en el modelo de la cadena de suministro”. Los pequeños sellos como Hoja de Lata se enfrentan a esta cuestión desde la fragilidad de su plan empresarial: “Tenemos que medir muy mucho nuestros títulos, y como encadenemos una serie de cuatro o cinco que no respondan a las expectativas, estamos muertos; por eso tenemos confianza ciega en todos los que publicamos”, argumenta su responsable, Daniel Álvarez.

Todo nuevo y a estrenar

Lo que sí se reconoce ampliamente es otro de los problemas que señala Errata, la “hipertrofia productivista” o sobresaturación de lanzamientos. “Es evidente que se publica demasiado para un país en el que los índices de lectura llevan estancados muchísimo tiempo, e incluso algunos de los pequeños sellos se han dejado llevar por esa huida hacia adelante del sector”, afirma Álvarez. “Lo que pasa es que puede parar de publicar quien se lo pueda permitir, porque la mayoría de las pequeñas editoriales ya nacimos poniendo en práctica esa reflexión de no avasallar a los libreros en su boletín de novedades semanales. Así que una cosa es publicar por sistema, y otra es dejar de publicar totalmente”.

Foto: Marcos Fernández

Blanca Cambronero, de Capitán Swing, opina que cada editorial tiene su situación particular, pero todas coinciden en una cosa, “el deseo de que cada libro sobreviva en las librerías y en las estanterías de las bibliotecas el máximo tiempo posible. Es algo que debe abordarse desde un frente común, no de manera individual ni responsabilizando solo a unos u otros”. En Libros del Asteroide añaden otros interrogantes: “¿Quién decide al final qué se publica? ¿Quién cierra ese mercado y el acceso a los libros? Nosotros lanzamos 20 títulos al año como máximo y nos parece razonable, pero cada uno tiene su modelo de negocio. A mí no se me ocurre decirle a nadie que debe publicar menos”.

Desde el grupo editorial Penguin Random House, donde también hacen referencia al “eterno exceso de novedades publicadas, muy superior a la capacidad de absorción del mercado español”, apuntan asimismo a otro de los temas que el manifiesto pone sobre la mesa: la urgencia de asociarse contra las prácticas de determinadas plataformas de venta online. Su directora nacional de ventas, Sofía Lecumberri, señala que “aunque muchas librerías están ya trabajando para competir con los grandes operadores, es necesaria una plataforma común que las aglutine”, y pone como ejemplo la conversión de Todostuslibros.com a tienda virtual. Por su parte, Luis Solano no acaba de entender la propuesta de Errata Naturae: “Si quieres aliarte frente a las grandes plataformas será para proteger a las librerías, y en ese caso lo normal sería que no vendieras a través de tu página web, ¿no?”.

«Se publica demasiado, pero la mayoría de pequeños sellos ya nacimos con la idea de no avasallar. Una cosa es publicar por sistema, y otra dejar de publicar»

Para Machado Libros, a la hora de abordar un debate como este, lo primero es huir de las “recetas maximalistas” que pretenden explicarlo todo: ni la concentración de la edición en los grandes grupos ha acabado con la diversidad, ni el libro se ha hundido por la llegada del formato electrónico ni han desaparecido las redes comerciales por el abastecimiento online de las librerías. Continúa Luis M. López: “Nunca antes en este sector las grandes empresas han sido tan dependientes de las pequeñas y viceversa. Nunca editores, distribuidores y libreros han estado tan necesitados los unos de los otros. La unión de esfuerzos y la puesta en común de las necesidades del sector –no de las partes– es ahora la gran oportunidad para obligar al poder a implicarse en el desarrollo de políticas culturales activas”. Llegados a este punto, cabe preguntarse si no se habrá comenzado ya a construir ese frente.

Las 13 de Gutun Zuria

“Nos gustaría compartir este proceso de reflexión con autores, editores, libreros, distribuidores, periodistas culturales y demás profesionales del sector del libro”, expone el comunicado en otro de sus puntos. Ciertamente hace tiempo que planea sobre el sector un debate similar, y de hecho Daniel Álvarez nos revela que desde hace algo más de un año existe un grupo de trabajo de pequeñas y medianas editoriales para reflexionar sobre las circunstancias de la industria. Se reunieron por vez primera en el festival bilbaíno Gutun Zuria, y uno de los asuntos en el orden del día fue la opción de “ralentizar la producción –lo que en otros sitios llaman slow publishing, que alguien presentó como postura a considerar”. Estaban allí Pepitas de Calabaza, Hoja de Lata, Rayo Verde, Sans Soleil, Capitán Swing, Arcadia, Astiberri, Katakrak, Continta me tienes, Chan da Polvora, Nórdica, consonni (que organizaba el certamen) y, sí, Errata Naturae.

Desde entonces se ha mantenido una especie de simposio continuo entre ellas, alimentando la conversación con variadas iniciativas y reflexiones. No en vano, iban a volver a encontrarse de forma física el pasado abril, “pero, al no ser posible, quedamos por videoconferencia a finales de mes”, relata Álvarez. Un encuentro en el que se trataba de dilucidar “cómo se puede fortalecer la cadena de valor del libro, en la que nos parecen imprescindibles las librerías físicas, que generan riqueza aquí, frente a otras opciones más volátiles que no se sabe muy bien qué aportan a nuestra sociedad”. Este año no acudió a la cita Errata, tal vez por eso el editor de Hoja de Lata no oculta una cierta sorpresa en relación a su manifiesto: “Hubiéramos preferido una postura colectiva, para decir cosas bastante parecidas. Habiendo participado el año pasado de forma activa en las propuestas que salieron del Gutun Zuria, creo que si se hubiera buscado ese posicionamiento conjunto habría sido algo bastante más significativo de todo el sector”.

Imagen de Gutun Zuria, Festival Internacional de las Letras de Bilbao, en su edición 2019.

Sin entrar a valorar la iniciativa de Errata Naturae, otra de las editoriales implicadas, Capitán Swing, destaca esa misma necesidad de unión. En este caso, “para exigir una actualización en la ley del libro que se adapte a las circunstancias actuales de venta”. Para Blanca Cambronero, aquella ha de constituir “una herramienta que nos proteja y nos permita luchar contra la concentración empresarial que amenaza la pluralidad”. Parece claro que esa idea genera unanimidad: la variedad como valor insoslayable. “Defendemos la bibliodiversidad”, explica Álvarez, “esa maravillosa galaxia de pequeñas editoriales que a lo mejor pueden llegar a ocupar la mitad de la mesa de novedades en una librería. Generan una riqueza espléndida para el lector habitual, porque tienes un montón de apuestas, a cuál más singular y apetitosa”. Siguiendo con el hambre de lecturas, a Luis M. López le gusta pensar en los libros “como alimento y no como cura para el espíritu”, por eso compara el negocio al de las panaderías: “Hay que tener panes de trigo, centeno, espelta, multicereales, sin gluten, de masa madre… así que necesitamos ponernos de acuerdo en cómo tener todos esos panes en las librerías sin que se pongan duros”.

Desde hace algo más de un año existe un grupo de trabajo de pequeñas y medianas editoriales que considera ralentizar la producción (slow publishing)

Para mantener fresco el producto, Machado Libros aconseja medidas como “dotar de amplios depósitos a las librerías y crear ayudas para el mantenimiento de fondos permanentes y la ampliación de su superficie. Ni en libreros, ni en distribuidores, ni en editores; el foco hay que ponerlo en los libros”. Sofía Lecumberri también señala como uno de los aspectos a revisar dentro de este sistema “la venta sostenida de los libros de fondo para justificar y compensar los costes de reimpresiones que se necesitan para mantener vivo ese fondo”. Hoja de Lata aboga por preservar los precios fijos, frente a campañas desleales de descuentos: “Encontrar el mismo libro a igual coste en una gran plataforma, una cadena de librerías y la tienda de debajo de tu casa garantiza que va a estar ajeno a esas especulaciones salvajes que se dan en otros ámbitos”. Álvarez pone el ejemplo contrario de países como Inglaterra o Estados Unidos, donde las grandes superficies impusieron sus precios, “se cargaron a la competencia y luego ya pudieron hacer y deshacer a su antojo”. Y hablando de otras naciones, pero en sentido positivo, cree necesario “que se den pasos hacia la excepción cultural, como en Francia. Somos un sector con 700.000 currantes, enriquecemos a la sociedad y luchamos contra su aborregamiento. Si eso no merece unas políticas propias…”.

Detener la rueda, inventarla o todo lo contrario

«Take a long holiday
Let your children play»
(Riders on the storm, The Doors)

Todas las razones expuestas por Errata Naturae sirven para razonar la decisión más importante que anuncia Jinetes en la tormenta, animales en la cuneta: no publicarán nada a finales de mayo ni a lo largo del verano. “Ni siquiera sabemos cuándo volveremos a hacerlo. ¿En otoño? ¿En invierno? No nos preocupa”, aseguran, antes de compartir “una suerte de anticatálogo” que incluye sus “libros confinados”; los publicados en los días previos al estado de alarma. Es decir, que de alguna forma y como proponíamos en el Día del Libro, animan a los lectores a tirar de estantería o adquirir sus títulos anteriores. Esto de detener la rueda de la producción puede no ser una jugada tan nueva o no servir a todas las partidas, pero desde luego cuenta como tentativa de romper la baraja.

Fotograma de «Tiempos modernos» (1936), de Charles Chaplin.

Sobre la posibilidad de que el sector pulse el botón de reset, argumenta Luis M. López: “Editores, libreros y distribuidores hemos jugado a ser agoreros y establecer cada uno su propio determinismo sin reparar en que, en la historia de la humanidad, las cosas que pasan, pasan sin previo aviso. Y ahora, todo lo que hace un mes era indiscutible, quiere reconstruirse en un nuevo pensamiento único, ¡construyamos un nuevo error!”. Desde el punto de vista de Sofía Lecumberri, los cambios que requiere la industria editorial tras la irrupción del coronavirus en nuestras vidas “son de gran calado pero no son rupturistas; consisten en llevar a buen término iniciativas en las que ya se estaba trabajando y reflexiones que ya se estaban compartiendo en el sector”. Blanca Cambronero, por su parte, tiene claro que “si algo hemos aprendido de esta situación es que tenemos que cambiar la estrategia habitual. Lo importante es tener paciencia y saber manejar la incertidumbre”.

Errata vuelve a disparar en ráfaga: “Lo más curioso de esta situación, al menos desde nuestro punto de vista, es el rechazo (¿el pánico?) generalizado a frenar, a ganar tiempo y distancia para tratar de invertir este proceso que, a todas luces, parece conducirnos al desastre”. Luis Solano piensa que “la postura de parar, en cuanto al deseo de un mundo más racional, es respetable. Lo que no entiendo es que de algo particular se extraiga un problema general, ni que se dé a entender que a todos los que no compartimos esa filosofía nos parece estupendo el sistema capitalista y solo queremos mantenerlo y alentarlo. Ah, pues ese no es el caso”.

«¿De verdad tampoco ahora es el momento de pararse y reflexionar?», plantea Errata en un texto del que lo mejor que puede decirse es justo eso: está lleno de preguntas

Daniel Álvarez, que apuesta por “mantener un perfil bajo” durante el tiempo que dure esto, suma una (pen)última reflexión: “La apuesta de las pequeñas editoriales por la cultura es a largo plazo, sin efectismos ni conejos sacados de la chistera. Y para eso hace falta una política clara en apoyo de las humanidades en todos los ámbitos. A partir de ahí, las pequeñas empresas somos sostenibles, nos buscamos las habichuelas para llegar al público y seremos capaces de convencerle de las bondades de nuestros catálogos”.

Ya sea entendido como síndrome de la cabaña o lucidez pospandemia, el anuncio de Errata Naturae ha sembrado aún más opiniones en un panorama plagado de ellas. “¿De verdad tampoco ahora es el momento de pararse y reflexionar? ¿De verdad la prioridad sigue siendo sacar novedades a finales de este mes de mayo?”, son algunos de los últimos interrogantes que sugiere el texto, del que una de las mejores cosas que puede decirse es justo eso, que está lleno de preguntas. Un manifiesto –así lo hemos interpretado nosotros– que tal vez no gane más adhesiones por su marcada vocación política. Contiene hasta cuatro alusiones directas al sistema y cinco al capitalismo, la última de las cuales es: “El motor del capitalismo ha frenado en seco”. Quizá haya sido ese silencio el que ha terminado por convencerles de que esto no va de libros.

 


Nota: Algunas de las declaraciones incluidas en esta crónica fueron recabadas por Maite Aragón. Gracias a ella y a todos los entrevistados.

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