Crónicas desorbitadas

Cuando Jo salvó a Lu

151 años de éxito de ‘Mujercitas’ frente al estigma de la ñoñería

Un abeto se enciende en Nueva York e inaugura las fiestas navideñas en el planeta. Este 25 de diciembre se estrena en Estados Unidos la octava adaptación al cine de Mujercitas, de Louisa May Alcott, y ello impulsa o coincide con un pujante interés por el clásico de 1868. Interés plasmado en reediciones de Lumen y Alianza o el retelling de Buenas hermanas (La Galera) que lo hibrida con 1984. La historia original de las hermanas March -Meg, Jo, Beth y Amy- justo arranca: “Sin regalos, la Navidad, no será lo mismo”, para sumergir al lector en un hogar donde las cuatro, con su madre, Marmee, y la criada, Hannah, se conjuran para resistir y ayudar a pobres y enfermos en plena Guerra de Secesión (1861-1865).

Alcott, firme abolicionista de la esclavitud y pionera sufragista escribió desde la adolescencia, hija de Abigail “Abba” May y el pedagogo y filósofo Amos Bronson Alcott que, como sus amigos H.D Thoreau, R.W Emerson y W. Whitman, eran trascendentalistas. Convencidos de que el alma individual y del mundo eran la misma que pugnaban por una era de conexión de naturaleza y conciencia, sin jerarquías religiosa, mediaciones, ni milagros, para el progreso humano. Ella publicó su primer libro, Flowers Fables, en 1854, con 22 años, la novela Moods (1864) y, bajo el seudónimo de A.M. Barnard, obras góticas como A Long Fatal Love Chase y Pauline’s Passion and Punishment, con adulterios e incestos desafiando el tabú.

«Alcott optó por retratar su vida con ironía, con una protagonista desafiante de las convenciones y literata»

Mujercitas fue encargo del editor. La escritora echaba pestes del género que consideraba “papilla moral para jovencitas” como acaba de subrayar The New York Times al abordar el estreno de Greta Gerwig. Alcott era alguien curtido como enfermera en la guerra. Decía que con las únicas mujeres con las que conectaba eran su madre y hermanas, Abigail, Elisabeth y Anna. Sus amigos eran hombres. Pero de manera muy literaria, casi como una Scarlett O’hara que jura que no volverá a pasar hambre, echándose la familia a la espalda, optó por retratar su vida con ironía, con una protagonista desafiante de las convenciones y literata, esa Josephine, Jo, alter ego de Louise, Lu.

Un fotograma de la nueva adaptación cinematográfica del ‘Mujercitas’, título dirigido por Greta Gerwig que llega a las salas españolas el próximo 25 de diciembre.

El manuscrito lleno de argot, con Jo negándose a ser “la señorita March”, con las hermanas que no se reconocían en cómo las evocaba el padre en las cartas desde el frente como mujercitas, cautivó a su primera lectora, la sobrina del editor Tomas Niles, de la editorial, Robert Brothers. Publicaron el libro en EE.UU. en septiembre de 1868, sustituyendo el título La patética familia por Little women. Vendió 2.000 ejemplares en dos meses, lo que le valió ser publicada en Inglaterra por Sapson Low en diciembre y que Robert Brothers le encargara una continuación que entregó en Año Nuevo de 1869 y salió en EEUU en abril como Mujercitas: II parte y en Inglaterra en mayo como Las mujercitas se casan –otras reediciones se han titulado Aquellas mujercitas.

Portada de la edición de ‘Mujercitas’ publicada por Alfaguara Clásicos e ilustrado por María Hesse.

La falsa ñoñería atribuida a Mujercitas
Que las protagonistas acabaran muertas o casadas fue exigencia del editor a la que la autora, soltera de por vida, accedió. La película de Greta Gerwig (referente indi gracias a la dirección en Lady Bird, y al guion e interpretación en Frances Ha y Mistress America), está poniendo la lupa sobre el efecto de vasos comunicantes entre Louise y Josephine. “Jo debería haber permanecido como una solterona literata”, confesaba Alcott en carta a un amigo que The New York Times ha revelado. “Pero no me atreví a negarme y por perversidad fui e hice una pareja divertida para ella. (En vez de con Laurie como se esperaba) la casé con un viejo profesor alemán”.

“Gerwig ha entablado una conversación con Alcott”, explica la investigadora en Cine y Mujeres Paula Camacho, profesora de Filología Inglesa en la Universidad Pablo de Olavide. “Cuando la película avanza, la línea que separa a Jo y Alcott parece desdibujarse, y Saroise Ronan (la actriz y alter ego de la realizadora) se convierte en ambas, el personaje y la escritora”.

Elisa Victoria: «La terquedad de Jo me consolaba cuando yo empezaba a rebelarme contra los cánones»

“Quiero ver esta adaptación y siempre querré verlas todas”, afirma Elisa Victoria, autora que ha irrumpido con fuerza con su Vozdevieja (Blakie books). Ella, que leyó Mujercitas adolescente “interesada por la serie manga de los 80”, destaca la fascinación por Jo, “cuya actitud me resultaba muy inspiradora, no ya como escritora, sino como ser humano. Su terquedad me consolaba cuando yo empezaba a rebelarme contra los cánones”.

La propuesta editorial de Lumen, que publica el clásico bajo el epígrafe «La edición definitiva» y con prólogo de Patti Smith.

La escritora Ángeles Caso, que acaba de publicar Quiero escribirte esta noche una carta de amor (Lumen) y, a lo largo de su trayectoria, ha homenajeado a Jo y Alcott en espacios como Mujeres de RNE destaca que “uno de los aspectos que hacen Mujercitas tan actual es que las protagonistas practican la ética de los cuidados como forma de vida. Como la propia Alcott: miembro activo de la comunidad –ella y su familia escondían a esclavos- y no espectadora pasiva y obediente, como tantas de su época. Fue una extraordinaria activista. Lamentablemente, muchas adaptaciones son edulcoradas y desvirtúan la novela”.

«En España, hasta la traducción de Gloria Méndez de 2004, el Mujercitas que conocíamos se basaba en la reedición de 1880 y no en el original de 1868/1869”, explica Elia Hernández Socas, investigadora de Lingüística Aplicada y Traductología de la Universidad de Leipzig (Alemania) y co-autora con Marcello Giugliano, del artículo en La recepción de Little Women en España a través de sus traducciones y adaptaciones (Quaderns). “En Ambivalence, gender, and censorship in two Spanish translations of Little Women, que publicaremos este año en la revista Meta, exponemos que la traducción de época franquista, base de muchas posteriores, y la de 2004 emplean recursos lingüístico-estilísticos para adaptar la imagen de la mujer a la perspectiva ideológica en boga: en el primer caso se acentúa la imagen angelical de las hermanas con diminutivos ausentes del original como manitas, cabecitas, ricitos, que dan fragildad e infantilizan, y atenúa la masculinidad de Jo de forma acorde con la Sección Femenina de la Falange Española. En cambio, en la traducción de 2004 hay cierta posición militante para no consolidar la versión edulcorada. Se eliminan diminutivos y recupera la jerga juvenil vulgar”.

Martín Garzo: «Aunque tantas la hayan leído por ver reflejadas en Jo sus ansias de libertad, lo esencial es que es una buena novela»

“Muchos no leímos la novela de adolescentes como las chicas, porque no pertenecía al mundo de lecturas masculinas”, explica Gustavo Martín Garzo, cuya última novela es La ofrenda (Galaxia Gutenberg). “Mi preferido era Salgari por sus aventuras y personajes femeninos intrépidos. Leí Mujercitas curioso por la pasión con que me hablaba de ella mi mujer. Y, aunque tantas la hayan leído por ver reflejadas en Jo sus ansias de libertad, lo esencial es que es una buena novela, capaz de introducirnos en el alma de sus personajes como las de mis admiradas Dickinson, Mansfield, McCullers, O’connor, Emily Bronte y Dinesen”.

“En mi infancia”, explica José C. Vales, autor entre otros de Cabaret Biarritz (Destino), leí Tintín, Astérix, Mortadelo, Blyton, Verne, Salgari, Poe, Stevenson, Scott, el Quijote con 13 años y Cien años de soledad con 16. ¿Cómo saber que Mujercitas era gran literatura si las editoriales, la prensa, los maestros y la TV la presentaban como obra destinada a niñas con espíritu sensible? No éramos los muchachos los machistas sino todo el entramado social que discriminaba a la mujer y al negarme socialmente leer Mujercitas, quizá a mí”.

La versión integral, también ilustrada, que ha publicado este año Alianza Editorial.

“El problema se centra en el adjetivo «femenino», que sigue cargado de connotaciones negativas”, analiza Pilar Adón, autora entre otras de Las efímeras (Galaxia Gutenberg) y del postfacio a Fruitlands, de Louisa May Alcott (Impedimenta). “Parece que un hombre no debe leer ni ver nada «femenino» porque le parecerá ñoño y aburrido. En casa, de Alcott teníamos Hombrecitos regalado a mi hermano. Nadie le puso etiqueta y el disfrute fue límpido para nosotros. Cuando descubrí el trascendentalismo del padre de Alcott, llegué a la irónica Fruitlands, que conectó con mi interés por las comunidades igualitarias que aspiraban a subsistir con lo esencial, alejadas de la producción masiva de las ciudades y sin explotar ni a hombres ni a animales. Luego retomé Mujercitas y recuperé la impronta que me dejó esa Jo que no quería depender de nadie”.

“A veces”, reflexiona Elisa Victoria sobre las concesiones de Alcott a sus editores, “cuando se tiene un mensaje muy grueso que entregar a un público estrecho hay que derrochar lubricante o no se consigue nada. La autora tiene todo mi respeto”.

Respeto profundo y amplio sigue despertando Louisa May Alcott, que se realizó gracias a la sororidad de una Jo que no consiguió emanciparse. O que quizá lo haya logrado, veremos, en la película de Gerwig, pasados 151 años.

Mujercitas
Louisa May Alcott
Traducción: María Luisa Rodríguez Tapia, Gloria Méndez y Aurora Echevarría Pérez
Lumen, 2019
832 páginas
23.94 €

Mujercitas
Louisa May Alcott
Traducción: Gloria Méndez
Ilustraciones: María Hesse
Alfaguara, 2019
352 páginas
24.95 €

Mujercitas 
Louisa May Alcott
Traducción: Gloria Méndez
Alianza Editorial, 2019
752 páginas
22,80 euros

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