Horas críticas

Libros de la semana #5

Marinetti. Retrato de un revolucionario, de Maurizio Serra (Fórcola)

La Historia del siglo XX fue también la de cómo sus pensadores e intelectuales lidiaron —o no— con los totalitarismos y las convulsiones sociopolíticas de sus primeras décadas. Entre ellos se forjaron las ideas que definirían el mundo, uno en el que sus voces aún tenían un peso específico fundamental. Hoy en día, Filippo Tommaso Marinetti (1876-1944) podría haber pasado por un hiperbólico emprendedor: poeta, editor, agitador cultural y sobre todo ideólogo, fundador del Futurismo, convirtió este movimiento en un empeño personal, lo que le iría generando muchos enemigos y lo convertiría a ojos de muchos en una caricatura, tendente al nacionalismo y finalmente al fascismo de Mussolini, para el que compuso eslóganes tan camorristas y facciosos como el de «la guerra es la única higiene del mundo». Una vez traspasadas la mayoría de fronteras estéticas, solo cabía entregarse a la política dentro de ese malestar espiritual en el que estaba sumido el mundo y que llevaría a una suerte de revuelta lírica contra la historia. Son palabras del diplomático y autor italiano Maurizio Serra, que ya se hizo con el Goncourt con su trilogía sobre Curzio Malaparte y con el Chateaubriand con su biografía sobre Gabriele D’Annunzio, además de haber publicado ya en Fórcola La antivida de Italo Svevo (2017), y que acomete aquí una aproximación quizá no tan integral pero igualmente fascinante de Marinetti.

Como señala en su prólogo Juan Bonilla, «con Marinetti no parece posible que haya punto medio o examen equilibrado que renuncie a la exaltación desmesurada o al nítido improperio«. Imposible la equidistancia, como bien comprobaron sus contemporáneos, a los que Serra hace referencia y convierte en contexto: del propio D’Annunzio a Wyndham Lewis, de Thomas Mann a Oscar Spengler, entre muchísimos otros. Incluye además un acertado tramo central de apéndices que, además de un álbum de fotos, contiene la semblanza (o el panegírico) que el diplomático japonés Shinrokuro Hidaka hace de él a partir de su encuentro en Venecia, definiéndolo como «un verdadero poeta, en carne y hueso»; y el texto belicista que este dedicó a Hidaka en 1944 bajo el título El canto del aeropoeta: «Se necesitan poemas cuando hay que hacer lo más rápido posible un picado preciso«. Defensor de la guerra y la velocidad, Marinetti haría nacer el Manifiesto Futurista del humo de un accidente automovilístico sufrido a finales de 1908, cuando tuvo que salir de un foso para salvar el pellejo. Muy poco despúes estaría abogando por quemar los museos y las bibliotecas y combatir «el moralismo, el feminismo y todas las demás cobardías oportunistas y utilitarias». Este ensayo es el relato de esa canción de violencia y vértigo —según Bonilla— que compondría para el siglo pasado.

 

El grupo, de Mary McCarthy (Impedimenta)

No es de extrañar que su autora acabara aborreciendo esta novela. Tras su publicación en 1963, se convirtió en todo un fenómeno de ventas, permaneciendo en la lista de bestsellers del New York Times durante dos años. Tres años después incluso llegaría al cine de la mano del gran Sidney Lumet, con Candice Bergen como protagonista. Donde el libro no pasó la censura fue en países como Australia, Italia o Irlanda, lo que no parece raro: en sus páginas se habla sin cortapisas del sexo libre y los anticonceptivos, la maternidad y el aborto, el lesbianismo y las enfermedades mentales… Pero lo realmente punzante no eran las temáticas de fondo, sino que se abordaran desde el punto de vista de las mujeres. En concreto, son nueve universitarias en la Nueva York de los años 30 quienes protagonizan este relato coral y de obvios ingredientes autobiográficos. Kay, Pokey, Dottie, Lakey, Polly, Priss, Libby, Norine y Helena no responden a los cánones mentales de la época y, por tanto, se ven abocadas a fracasar en sus intentos de vivir conforme a unas reglas del juego distintas a las de la generación previa.

Los Estados Unidos que dibuja aquí McCarthy corresponden a los del inicio de la Gran Depresión económica y de casi de todas las depresiones (psicológicas) que traería el siglo; y, a la vez, los del fin del idealismo de quienes alguna vez creyeron que podrían hacerlo mejor. Por eso es fundamental situar a sus protagonistas en su posición social acomodada, de origen burgués, aunque en sus discursos a menudo emergerá el ideario socialista. Una devastadora pero también achispada crónica sobre aquella realidad, que sin duda contiene numerosas situaciones que debieron de escocer, y mucho, en la época. El grupo permanece como un clásico de una modernidad insultante, sobre todo gracias a su prosa afiladísima y del todo contemporánea, y a un estilo directo y sin contemplaciones, pero que al mismo tiempo se desliza de forma convenientemente impúdica y casi espontánea. Obviamente las cuitas de sus personajes no son las de ahora, pero el fondo no será difícil que nos suene de algo: son jóvenes y, aunque están sobradamente preparadas, se ven forzadas a seguir dependiendo de sus padres porque no logran empleos a la altura de su formación. Y aquí seguimos.

 

¡Milagro! Éxtasis y sombras en El Palmar de Troya, de Jorge Decarlini (Libros del KO)

Asegura el autor de este libro que el éxito de los instigadores de la Orden de los Carmelitas de la Santa Faz, también conocida como Iglesia Palmariana, se cifró en contar a la gente lo que querían oír en el momento justo. Algo a lo que el mundo parece estar especialmente predispuesto en nuestros días. Pero más que una advertencia, esta obra es la constatación de cómo se gestan los milagros o las pesadillas, cómo algunos acaban depositando todas sus esperanzas y sus ganas de vivir —o no— en la figura de un líder y en las verdades como machetazos que salen de su boca. El 30 de marzo de 1968 (qué año), un grupo de niñas aseguró haber contemplado el rostro de la Virgen en la aldea sevillana de El Palmar de Troya. De ese surrealista big bang emergería el loco universo de una secta cuyo poder llega hasta nuestros días, aunque resulte increíble, con una riqueza inmobiliaria de la que se siguen deshaciendo para no dejar constancia del prodigio llevado a cabo. Medio siglo tiene la broma, por eso resulta pertinente y del todo vigente esta crónica sobre la congregación manejada con mano de hierro por el carismático Papa Clemente y su secuaz Manolo Alonso, radicados al sur de España pero con un tinglado financiero-religioso que abarcaba todo el mundo.

Estos dos figuras fueron los artífices de levantar un culto que apelaba al catolicismo más añejo y más puro para que los fieles de verdad (en el papel de el ganado) les entregaran sus vidas y su dinero, haciendo de paso posible que el sexo, el alcohol, el lujo y todo tipo de excesos corrieran entre su obispado como entre la 24 hour party people. Periodista con conocimientos en circo y opio —fútbol y carnaval—, así como guionista y escritor en diversos formatos, Jorge Decarlini se sumerge en este tenebroso suceso de carácter casi folklórico («La feria de la fe», titula uno de sus capítulos) con buen pulso, estilo directo y una sólida visión del reportaje, con la información y el contexto justos. Pero sobre todo, armado con una visión que dilucida los hechos grotescos y portentosos que dieron lugar a este fascinante episodio de nuestra historia. A caballo entre el terror y el esperpento, esta crónica resulta una lectura muy entretenida que no resta profundidad a la exhaustiva labor de documentación que se halla tras sus páginas.

 

Cómo ser culto en diez días, de Enrique Gallud Jardiel (Renacimiento)

La obsesión actual por abarcarlo todo, al mismo tiempo que nada en concreto o nada del todo bien, es una verdadera parodia. Todo está pensado para ser consumido o conquistado en una serie de pasos acotados, a ser posible, por un número; ya sean 1.000 discos, 10 frases o 34 recetas que te sorprenderán, claro. Y lo cierto es que ya nada nos sorprende ni nos parece tan ridículo como en realidad es, así de malacostumbrado tenemos a nuestro cerebro. Ya advierte la contraportada de este volumen que no nos dejemos seducir enteramente —un poquito sí— por su título de autoayuda, porque igual el propósito aludido se queda lejos de los logros que podamos completar a través de su lectura. Pero sin duda tampoco engaña del todo, puesto que aquí la intención es conseguir que el lector pueda darle un repaso a los asuntos culturetas desde una visión jocosa y en las antípodas de la afectación que cualquiera necesitaría para departir en los círculos más selectos (de los bares). De Góngora a Velázquez, de El crepúsculo de los dioses al barroco, de la ópera a las figuras de Hitler o Colón, del impresionismo al final de El conde de Montecristo, este se configura como un útil manual que hace gala de su más completa inutilidad. Lo que, al fin y al cabo, nos remite a la cultura como bien más preciado que no debe servir para nada más que para hablar (y escribir) de ella.

Es, en palabras de su perpetrador, un «Avecrem cultural», unas «píldoras concentradas de sabiduría para exhibir en reuniones sociales», que incluye como posfacio una oportuna autocrítica en la que se anticipa al qué diran. Por el camino nos deja perlas como esta: «Una formación en los clásicos es el segundo requisito más importante para hacer buen papel en la alta sociedad. El primero es que tus zapatos cuesten más de 900 euros». Enrique Gallud Jardiel, que se presenta como filólogo y nieto del brillante autor de Amor se escribe sin hache —aunque aquí le diríamos hijo bastardo de Groucho Marx y del Woody Allen escritor, pero no de memorias—, da pie a una de esas obras «como las que se escribían antes de que la literatura de humor se convirtiera en monólogos televisivos». Una disparatada sátira que reconstruye o reinterpreta los clásicos y nos hace plantearnos en términos nonsense todo aquello que a menudo se defiende como incuestionable en el paradigmático edificio cultural de la historia, que igual tiene mucho de burbuja inmobiliaria.

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