Entrevistas

Desirée de Fez: «Parte de la percepción de inclusión es de cara a la galería. Queda mucho por hacer»

Crítica de cine y escritora, publica con Blackie Books «Reina del grito», un ensayo biográfico sobre el miedo femenino desde su perspectiva personal y sentimental. Un catálogo de ansiedades reflejadas en diferentes películas desde la infancia a la madurez, que trata de explorar el género del horror a través de las dudas y vulnerabilidades de género, existentes, construidas y adquiridas, o viceversa.
La crítica de cine y escritora Desirée de Fez, autora de «Reina del grito» (foto: Cecilia Díaz Betz).

Desirée de Fez es crítica de cine y escritora especializada en cine fantástico y de terror. En Marea Nocturna, el podcast dedicado al género que conduce para Primavera Sound, es la única voz femenina entre cuatro grandes expertos, entre los que se encuentra el director del Festival de Sitges, en donde ella también es miembro del equipo. Su dedicación al género viene desde que dio sus primeros pasos como periodista de cine, y con Reina del grito (2020, Blackie Books) pone en perspectiva su carrera, su posición profesional en un universo de sangre, mujeres que gritan y otras que dudan de su propia identidad, de sus propios embarazos y de los roles que se supone que la sociedad les ha impuesto y todos esperan de ellas. 

El cine de horror, cada vez con más voces con estrógeno abriéndose camino, explora muchos de los miedos que de Fez explica en su libro y, por ello, se vale de algunos títulos clásicos y no tan clásicos para desarrollar un exorcismo de convenciones y corsés, de fondo y forma, que deja emerger su perspectiva única del cine, no desde una mirada necesariamente bañada por las teorías de género y el feminismo más combativo de nueva hornada, pero sí con un ángulo diferente y fresco que no es común escuchar en un sector tradicionalmente masculinizado, tanto dentro como fuera de la pantalla.

«Veo en el cine de horror todos mis miedos reflejados y me ayuda a entenderlos; he encontrado allí recursos para enfrentarlos y saber vivir con ello»

En su nuevo trabajo, ofrece su propia visión de cómo enfrentarse a los terrores reales asociados a la mujer y desarrolla un estilo cercano, casi costumbrista y cohibido, poco dado a utilizar un lenguaje demasiado enrevesado, eludiendo con elegancia el léxico obligado de los tratados sobre cine tradicionales, sin dejar de dirigir el dardo hacia pequeñas realidades cotidianas que esconden verdades universales. Todo ello con capítulos bautizados según títulos fundamentales del terror que sirven a su vez de miniguía por la visión de lo femenino en la cinematografía mundial a lo largo de las décadas, desde el miedo a sangrar de Carrie, o la paranoia de la embarazada de La semilla del diablo. Un reflejo que se complementa con anécdotas íntimas que decodifican realidades universales, desde la represión silenciosa a las obligaciones fantasmas. Reina del grito es liberador y entretenido y, como el buen cine de terror, es capaz de hacernos poner en la piel de su protagonista.

Pregunta.– Explicas muy bien la atracción hacia el terror como manual para tus miedos, pero para centrar tu carrera, explorar y hacerte una erudita hace falta amor al terror. Tú pones como punto de inicio Crash (1996), de David Cronenberg, pero una vez te pones a escribir, ¿de dónde sale esa especialización que no tiene que ver con el drama indie o la ciencia ficción?
Respuesta.– Sí, en el capítulo en el que voy a ver la peli de Cronenberg cuento la anécdota con humor aunque fue un poco angustioso; pero en realidad el interés venía de antes. Mi familia no era conservadora ni todo lo contrario, pero sí que he estado protegida y cuidada, arrastrando todos esos miedos. Ya de inicio veo en el cine de horror todos mis miedos reflejados y me ayuda a entenderlos. He encontrado allí recursos para enfrentarlos y saber vivir con ellos y además tengo una suerte de seguridad infinita, porque me veía protegida por todos los flancos. Entonces, cuando mi vida de alguna forma estaba acotada dentro de lo estricto, de pronto ver allí todos esos excesos, esos estallidos emocionales, toda aquella normalidad se rompía dentro de la pantalla. Porque hay una cosa que nos pasa a los fans del terror, que aunque yo esté ahora estudiando una fase más emocional, no quiere decir que no me siga llevando hacia él una sensación casi epiléptica, de un cine que te mueve, te sacude y te estimula, por lo que se suman esas dos cosas, el reflejo y la capacidad epidérmica para movernos. Y al final creo también que el del terror y el fantástico es un género más original, más abierto a romper los esquemas en todos los sentidos, en el formal, el narrativo y el temático. Siempre está muy vivo, puedes contar los mismos temas del drama sin prescindir de las cosas más excitantes, es una mezcla de todo.

«El terror y el fantástico es un género más original, más abierto a romper los esquemas en todos los sentidos, en el formal, el narrativo y el temático»

P.– El libro funciona como compendio de miedos femeninos, independientemente del contexto social, desde los más personales a otros más universales. El capítulo más impactante es la recta final, en el que le das una vuelta al concepto de final girl y muestras la difícil posición como crítica de cine dentro del mundo del fantástico y del terror.
R.– No me interesaba explicar tanto el «qué difícil el camino de la mujer en el mundo profesional» sino cómo en este entorno, casi por inercia, sigo la línea que me han ido marcando muchas veces mis compañeros, que en muchas ocasiones eran mis propios mentores, y resulta que por una cosa u otra eran todos varones, es así. Veía películas y notaba ciertas distorsiones, pero por la maquinaria en la que estaba metida, no porque nadie me impusiera su opinión o no me escuchara, sino que yo misma seguía esa corriente. Me percataba de cosas que no estaban bien y lo dejaba estar, pero con el tiempo y la experiencia te acabas atreviendo más a exponerte. En mi caso, vivo también un momento de coyuntura, porque, en primer lugar, hoy somos más capaces de contar nuestras historias y hay más espacio para que las mujeres tengan otro recibimiento y claro, en esto sí tiene que ver el Me Too, el nuevo feminismo, etc.

«Hoy somos más capaces de contar nuestras historias y hay más espacio para que las mujeres tengan otro recibimiento»

P.– ¿Hasta qué punto crees que tu progresión depende del avance profesional de la mujer en la cultura o el deporte de forma universal, o te ha tocado más tarde por estar en España y su atraso implícito?
R.– No sé si este proceso ha ido ocurriendo en otros países, porque hace veinte años no teníamos la idea de comunidad, no existían las comunicaciones tal y como las entendemos hoy y el contexto no era el de ahora. La idea de estar conectadas por el fantástico, ver el cine y la cultura desde otro punto de vista, sentirnos acompañadas y poderte poner un podcast hablando sobre Saint Maud (2019) no existía, mientras todas mis referencias bibliográficas, cuando yo empecé, estaban escritas por varones, salvo algunas excepciones. Creo que he sido honesta con esto en el libro, con 20 años ya había leído a Pilar Pedraza o Begoña del Teso pero no conocía a Jovanka Vuckovic, aunque ella estuviera dirigiendo una publicación de fantástico muy importante. He querido mantener la idea de que ese cambio de chip lo tengo gracias a internet y mi conexión con chicas que hablan de cine de terror que están en Londres o Estados Unidos, que me sirve como un apoyo que no he tenido nunca, y no es que fuera la única especializada, pero sí que creo que estuve desde el principio. A ver, me he tirado festivales enteros yo sola con siete chicos y entiendo que a otras chicas les habrá pasado lo mismo, y con este cambio nos hemos dado cuenta de que hay una camaradería que en el libro he reflejado con un comentario alrededor de Jóvenes y Brujas (1996), de la que me quedo esa idea de comunidad, de que están conectadas y tienen una fuerza juntas que yo no me podía plantear.

P.– El libro también expone los nichos tradicionales de lo friki, que como en el rol o los videojuegos, las mujeres no tenían hueco en el terror, no entraban dentro. En mi caso, en relación con el género, mi percepción es que los fans siempre han estado solos, son los raritos del terror. ¿Cómo te veías tú respecto a compañeras y amigas, te veías como un alien allí por gustarte ese ámbito oscuro y percibido como marginal o extremo?
R.–  Me ha pasado, independientemente de que sea un género marginal, que dentro del ambiente nunca he respondido al patrón físico de fan del terror, por mi forma de vestir, no soy lo que puedes esperar, camisetas negras, música gótica… además, hay un dato que no sé si tendrá que ver pero soy de barrio, crecí en Cornellá en una barriada más propensa a ello, mi vida circulaba en torno a un videoclub. No me iba de vacaciones a Calella con mis abuelos, mi padre trabajaba fuera y mi madre estaba haciendo mil cosas para ocuparse de nosotras, así que yo echaba muchas horas en frente del televisor y al final ese es tu refugio, y los géneros más atractivos para los chavales eran las artes marciales y el terror. Era una mezcla entre la atracción inmediata por la diversión y el ángulo prohibido, la rumorología en torno a las pelis, el boca a oreja entre vecinas, mi madre y mi tía. Esto hacía que cuando entrabas dentro del videoclub te fueras directa al terror, llamaba la atención por las portadas.

P.– ¿Qué ocurre cuando una mujer entra a un nivel tan profesional en un ambiente tradicionalmente asociado a hombres, cómo te adaptas todavía en los años del fanzineo  y de todos esos chicos con camisetas negras de películas?
R.– En ningún momento he intentado simular nada, no iba vestida como la mayoría en Sitges para integrarme, pero justo al haberme acercado desde otro ángulo, al final he sido capaz de desacralizarlo. Durante muchos años era incapaz de rebelarme contra las opiniones masivas que generan quorum, que eso sí que es algo muy de nicho en realidad, pero tenemos esa percepción de dogmas intocables con los que da apuro disentir. Al final, el haber sido bicho raro me ha dado la capacidad y el arrojo con mis argumentos y, oye, puedo estar equivocada e igual en 15 años reviso mis textos y digo «qué estupidez estabas diciendo», pero a mí ahora mismo me apetece contrastar mis opiniones y comentar las cosas desde mi punto de vista. El capítulo en el que narro el encuentro con Quentin Tarantino está tratado con coña pero explica esta cosa de no responder al canon de fan del terror, siempre ser vista como algo exótico, alguien que no se acababa de mezclar y llegaba a dudar si debería estar ahí o no. De la desconfianza por el hecho de ser una chica y porque estéticamente chirriaba, me he conseguido mantener íntegra y con los cambios que hemos vivido, he desacralizado el terror, que al final es la única forma de hacerlo evolucionar y moverse hacia adelante.

P.– Es que en ese aspecto, en el terror estábamos un poco anclados en textos de los 90 e incluso de los 80. Tu volumen Películas clave del cine de terror moderno (2007, Ma Non Troppo) fue una de las guías que cambiaron un poco el panorama, no solo por el ángulo diferente de tu mirada, sino porque es un referente gracias a los títulos que te atreviste a incluir, como Amenaza en la sombra o La maldición de los Bishop, que tradicionalmente habían estado muy ignorados en biblias que se negaban a moverse de la violencia, el gore y otros cánones. ¿Cómo valoras que miradas como la tuya, Las Bloody Girls, o Javier Parra y el ángulo queer, hayan ayudado a que el mundo del horror se haya abierto?
R.– En mi caso, con 20 años no tenía las herramientas suficientes. Por otro lado, tiene que ver la coyuntura de estos últimos años, pero tampoco nos flipemos, que queda mucho por hacer. En el panorama actual, mucha percepción de inclusión de la mujer profesionalmente es de cara a la galería; todo es estupendo y las tías ganan muchos premios y demás, pero en cuanto a la base industrial, en festivales, medios de comunicación, etcétera, aún queda mucho que hacer. Cuando me planteo el libro es porque veo que hay otras voces femeninas. En uno de los pasajes cuento el momento en el que yo paso más miedo, cuando tengo que ingresar a mi hija siendo muy pequeña, y ese mismo año me doy cuenta de que las mujeres están hablando de sus miedos estrenando en Sitges películas que tratan temas que me afectan directamente, y es en ese instante cuando me apetece acercarme desde ángulos distintos. Por eso estoy apostando por un análisis temático, más emocional incluso, que en aspectos más académicos, de puesta en escena o cosas así, pero sí que es cierto que es un momento en el que lo puedo hacer porque no estoy sola. Tanto porque se está hablando sobre ello, como porque ahora hay más pelis con una sensibilidad distinta.

P.– Decías en el texto, y muchos de los que escribimos lo hemos vivido en primera persona, que hubo un tiempo, bastante cercano, en el que en la crítica cultural y el análisis no se podía hablar de una «sensibilidad femenina» y ahora mismo es diferente.
R.– Hubo un tiempo en que se tendía a rechazar esa etiqueta. No queríamos que se usara al menos ese término de «mirada femenina» porque se nos estaba diciendo que éramos más cursis o más delicadas. No podías decir que había una mirada femenina en el cine de Sofia Coppola porque parecía que hablabas del peinado de María Antonieta y yo ahora reivindico ese término de nuevo. Sí que creo que hay una cierta sensibilidad, aunque evidentemente un director puede contar algunos temas de forma espectacular. Roman Polanski o Nicolas Roeg construyen grandes personajes femeninos, pero hay una serie de temas a los que nos acercamos de forma particular porque pasan por la experiencia, y ese clic lo tengo con Karyn Kusama y la respuesta que me da en una entrevista: «¿Qué pasa si nuestra verdadera fuerza se revela en aceptar nuestra vulnerabilidad?». No es tanto que las películas coincidan en lo temático, como la maternidad o las relaciones madre-hijo, ni siquiera va tanto de miedos o neurosis, sino de contar hasta qué punto somos conscientes de lo que pasamos al ser mujeres, para bien o para mal. Es la base de She Dies Tomorrow (2020), de Babadook (2014), o de La invitación (2015).

«Antes no podías hablar de la mirada femenina. No podías decir que la había en el cine de Sofia Coppola porque parecía que hablabas del peinado de María Antonieta»

P.– En el capítulo con el que abres esa reflexión, el de Babadook, tienes una conversación con Juan Antonio Bayona que me choca, porque el filme de Jennifer Kent es una obra maestra. No solo por cómo ha evolucionado el género a partir de esa película y cómo cambió todo, sino por cómo conecta con esa fragilidad autoconsciente, que también sirve para tocar esos temas femeninos sin estar dirigido a un público concreto, cambiando el punto de vista del terror a todo un nuevo universo que puedes ver y tocar sea cual sea tu sexo. ¿Nos limita la conversación sobre una película el hecho de tener detrás a una directora, solo por serlo? ¿Estamos entrando en un paternalismo que no deja hueco para analizar la valía de un clásico de valores universales en un futuro?
R.– Ojalá en el futuro nos dé igual si la ha dirigido un hombre o una mujer porque estemos en igualdad de posiciones. Pero sí que creo que en el presente hay que poner el foco ahí, hay que fijarse en que las han hecho mujeres y que son extraordinarias. No me quiero obsesionar con el tema de las cifras, sino en el hecho de que si hay pocas porque el cine es terreno de hombres de forma histórica, oye, quizá tampoco hay tantas porque no a todas las mujeres les gusta el cine de terror, pero las hay, y aunque le cueste hacerlas, ahora es más fácil que las acaben sacando adelante, y muchas más las acaben viendo. Pero todavía hay cosas por hacer.

P.– Sí que se nota que ahora mismo hay muchas más chicas fans del cine de terror. ¿Crees que ese hecho puede haber cambiado porque la aproximación a los hobbies de los hombres es más obsesiva, con dinámicas de todo o nada, mientras tradicionalmente para las mujeres era algo más casual por una mirada práctica?
R.– Para mí tiene que ver con el hecho de que ahora hay más referentes femeninos, la idea de sentirte acompañada no es ninguna tontería. De golpe aparecen cuentas en redes sociales que tratan solo de literatura femenina de terror, se han consolidado nuevas voces.

Fotograma de la película «Babadook» (2014), de Jennifer Kent.

P.– De hecho, ahora hay autoras como Mariana Enríquez, que representan lo que hay que leer en este momento, seas mujer o no. Son referentes para cualquier público, dentro del mundillo del fantástico y horror.
R.– Como decía antes, los que no son fans específicos también están entrando. Mariana ha hecho terror puro en sus relatos, y la propia novela Nuestra parte de noche (2019, Anagrama) es bruta y con elementos fantásticos, pero también va de la autopercepción de su propia fragilidad y de ciertos elementos de conciencia de la mujer, de la propia herencia, que es algo que se está haciendo canónico en el cine de terror de los últimos años con filmes como Hereditary (2018) o Relic (2020), así que está muy conectada con el presente. Pero creo que la razón por la que empiezan a interesarse es porque ven más referentes. Hice un panel para el Festival de Mar del Plata y una chica bastante joven, que estaba trabajando como programadora, decía que su amor por el fantástico venía de Babadook, la había visto como estudiante y le cambió el chip, haciéndole interesarse por más directoras y sus películas, y este crecimiento tiene que ver con esos espejos en donde mirarnos. Noto en el podcast que hay chicas que me dicen «lo que más me gusta del programa eres tú» y yo diciendo, «a ver, ¡que es que todos mis colegas saben mucho más que yo!», pero claro, a ellas les puede parecer más interesante a veces lo que tiene que decir una mujer.

P.– En el podcast luchas por dar una visión desde tu perspectiva, que como el caso del libro, a veces desafía los supuestos, incluso tomando tu propio punto de vista como eje sobre el que hacer circular el análisis.
R.– En el libro hay dos cosas que quería dejar claras. Por una parte, la forma de acercarse a las pelis se supone que era una que no te deja hacer lo que a mí más me gusta, que es utilizar la primera persona, no excederte con lo emocional o lo sentimental, no ponerte por encima de la obra que estás criticando. Y esto me llevó a un complejo de inferioridad porque yo pensaba que igual era lo más profesional y te da mayor prestigio pero era lo que menos disfruto, por eso me acerqué a las pelis de esa forma prohibida, porque creo que no hay una única manera y en este momento de mi vida quiero hacer esto. Por otra parte, no quería hacer análisis cerrados, mis interpretaciones de las pelis no son definitivas, solo que para reflejar mis miedos me venía muy bien acercarme a ciertos títulos, y evidentemente alguien me podía decir que La posesión (1981) es una película antifeminista porque parte del odio de Zulawski a su mujer y, claro, evidentemente ese director no concibe que el personaje de Anna es una feminista que está pensando en empoderarse, pero es la lectura que yo hago a partir de una experiencia personal. 

P.– Sobre esto también hablas en el libro, cómo una vez llegan al público, las películas pertenecen a quien las ve y algunas mutan, se pliegan y despliegan sobre sí mismas, y se hacen inabarcables.
R.– Para mí cambian incluso con el tiempo, no la ves igual con 13 años que con 30 o 40. Y cambian también según el entorno. En el momento vital que estamos viviendo ahora, por desgracia, muchas películas de terror van a cambiar si las vemos incluso desde unos meses a otros en adelante.

P.– Aunque ahora hay muchas más voces femeninas, hay también muchos clásicos de terror con personajes femeninos protagonistas, no exclusivamente con reinas del grito o final girls de manual, sino personajes bien escritos sobre los que da vueltas la trama.
R.– Si te agarras a los clásicos sí aparecen. Yo quería dejar claro en el libro que a lo largo de la historia del cine hay personajes femeninos increíbles, y aunque no hay tantas directoras históricamente, puedes hacer una lista y salen bastantes. La idea de la actriz como codirectora de estas películas es algo que he querido resaltar en el texto, por ejemplo, el caso de Jamie Lee Curtis y la guionista Debra Hill, o de Julie Christie y Nicolas Roeg, pero si piensas en el género en un plano superficial, sin ser un erudito o iniciado, sí que es verdad que la imagen de la mujer agredida es algo común en el terror y esa idea viene por ahí.

La actriz Jamie Lee Curtis, en la película «Halloween» (1978), de John Carpenter.

P.– De hecho, la mala fama del terror queda en evidencia si se compara con otros géneros, como el western, el noir, el de acción, policíaco y otros populares.
R.– Claro, están directamente negadas. Quizá cuando no estás parece menos agresivo que cuando estás pero eres la víctima o lo pasas mal. Tampoco puedes dar a entender que porque ahora haya directoras es el primer momento en el que importan las mujeres. Yo también quería dejar claro que los personajes femeninos increíbles no los hemos inventado nosotras, pero también hay que destacar que el director no es la única figura que cuenta, porque no va de eso. De hecho, sabemos cómo fluctúa el peso de esa figura en la historia, por eso incluso ya desde el título quería homenajear a las actrices del terror. Eran directamente el 50% del trabajo de dirección de los cineastas y sin ellas es imposible entender la existencia de estas pelis.

P.– Ahora que acaba el año y comienzan las listas que recopilan todo lo visto, déjame pedirte, así a bote pronto, cinco recomendaciones de películas que te hayan gustado últimamente.

She Dies Tomorrow. No sé si trascenderá porque es muy pequeña e independiente, pero para mí es una peli importante de este 2020 y tiene una conexión con el libro por lo de tomar consciencia de algo. Curiosamente, discutimos con el editor si debíamos incluir algo de la pandemia, pero es que realmente no he desarrollado miedos nuevos sino que se han potenciado los que tenía, como una hipocondría llevada a la exageración, y esta peli lo cuenta de forma increíble con una premisa muy sencilla. 

Saint Maud. Me gustó mucho y es otra de las que generan debate, aunque lo que a mí me impresiona no tiene que ver tanto con su parte de fantástico o de terror puro y duro, sino con la idea de usar tu cuerpo como forma de castigo. Está contada desde el punto de vista de una mujer que tiene un conocimiento brutal de su propio cuerpo, un tema del libro constante, de cómo se utiliza en tu contra. En la película lo usa tanto para liberarse como para castigarse, y eso me parece alucinante.

Possessor. No tengo tan claro que sea tanto una película de terror como un thriller tecnológico y de ciencia ficción, pero me perturbó porque integraba muy bien cómo es no tener el control absoluto de tu identidad, la confusión, que es otro tema del que hablo mucho a través de la crisis de edad. Cuando se habla de ella creo que se simplifica, en realidad va mucho más allá de lo físico y lo superficial. Se relaciona más con la incapacidad para reconocerte cuando, por ejemplo, ves una foto tuya de hace tres años; incluso aunque otra persona te diga que estás igual, tú no te ves allí. Todo eso tiene que ver con lo que plantea Brandon Cronenberg en su protagonista, que no se reconoce pero no le disgusta cómo se está viendo y creo que en eso es atrevida.

Relic. Me gustó, al igual que Amulet. Ambas cuentan su mensaje con demasiada claridad, pero es un momento en el que no hay que cuestionarse tanto eso. Estamos en un momento en que no debería ser tanto problema que una película lleve adelante su mensaje de una forma más o menos explícita para contar las cosas, si lo que cuenta es importante.

Jóvenes y brujas: el legado. A mí me ha gustado porque es una peli para niñas. No es para nadie con 43 años, apela a un público similar al que apelaba Crepúsculo cuando salió hace diez años, y me habría flipado encontrarme ese mensaje con 14 años. Tiene un giro cómico hacia el final, donde acaba por no terminar de verse a sí misma en serio.

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