Cultura ambulante

Vidas recortadas sobre fondo oscuro

El CCCB dedica al artista sudafricano William Kentridge la exposición «Lo que no está dibujado», que recoge algunas de sus más potentes imágenes donde revisa la memoria traumática de su país. Conflictos históricos y sociopolíticos plasmados sin límites expresivos, para señalar aquello que no suele mostrarse
Videoinstalación «More Sweetly Play the Dance» (2015), de William Kentridge.

La obra de William Kentridge (Johannesburgo, 1955), hijo de abogados comprometidos con el movimiento antiapartheid, es inseparable de la historia de su país y de las heridas abiertas allí por los conflictos políticos. Figura cardinal del arte contemporáneo internacional, ha sido uno de los autores a menudo programados por el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB) en su ciclo de cine Xcèntric —del que se pueden consultar más de un millar de títulos en su archivo online—. Por eso parece del todo coherente que ahora sea protagonista de una muestra en este espacio donde, bajo el título Lo que no está dibujado, se ofrece la oportunidad de ver de cerca algunas de sus piezas más influyentes en esa zona que ocupan entre las artes plásticas, gráficas, fílmicas, escénicas y, cuando confluyen, multimedia.

Como señala el jefe de exposiciones del CCCB, Jordi Costa, la polimórfica producción de Kentridge «no conoce límitos expresivos y plantea una reflexión absolutamente arraigada al territorio, pero que nos interpela a todos en su universalidad«. Siempre desde un terreno poco firme, más impreciso que rotundo en sus visiones de la realidad, el artista sudafricano cuestiona el relato histórico, la dominación social y la naturaleza de las relaciones humanas, entre otros asuntos, haciéndonos indagar “sobre el sentido de nuestros mitos fundacionales”, según Costa. En la línea investigadora de este centro barcelonés, la muestra se configura, a través de sus tres bloques principales, como un espacio para repensar el poscolonialismo y la exclusión en la fragmentada Europa de nuestros días.

Instalación de vídeo «Felix in Exile» (1994), de la serie «Drawings for Projection», obra de William Kentridge.

Drawings for Projection es el nombre de una serie de cortometrajes elaborados con una artesanal técnica de animación experimental y rodados en 35 milímetros. Entre la meditación íntima y los ecos de la historia colectiva, Kentridge examina lo que él mismo denomina «la memoria traumática» de su país encarnada, como dos caras de la misma moneda, en el personaje de Soho Eckstein, propietario de una mina y potentado urbanista, y en el de Felix Teitlebaum, poeta contemplativo y soñador que reflexiona sobre la realidad sociopolítica del entorno. Un bello trabajo en el que el autor, como si se tratara de una pieza literaria, borra y redibuja continuamente para pulir el resultado, en un ejercicio de «gestos incompletos y finales inciertos» vinculado a la turbulenta historia de Sudáfrica.

Kentridge cuestiona el relato histórico, la dominación social y la naturaleza de las relaciones humanas, haciéndonos indagar en nuestros mitos fundacionales

Otro gran hito de la exposición del CCCB es la impactante instalación audiovisual More Sweetly Play the Dance, dispuesta en horizontal a lo largo de casi 40 metros y en un sistema multipantalla. La colaboración de la bailarina Dada Masilo, habitual cómplice en sus proyectos escénicos, saca a relucir las dotes de coreógrafo de Kentridge, que en esta pieza evoca el teatro de sombras (aquí en relieve). Las figuras recortadas en la proyección no distan demasiado de las que protagonizan los telediarios de medio mundo: personas despojadas, vulnerables a la tragedia, o bien sublevadas ante la explotación a la que se ven sometidas. Jordi Costa señala las conexiones con la alegoría de la caverna de Platón, pues al igual que el filósofo griego, el artista sudafricano «desconfía de la luz liberadora, porque puede ser instrumentalizada por el poder, y reivindica más bien un espacio liminar, entre la claridad y las sombras«.

El tercer bloque está compuesto por nueve tapices de gran formato, que forman parte de los más de 40 que ha realizado Kentridge en los últimos años, con la colaboración del Stephens Tapestry Studio de Johannesburgo, un taller que data de 1949 y que desde entonces ha empleado a numerosas mujeres de la zona en sus diversas áreas de fabricación. De nuevo recurre a las siluetas tan presentes en su obra para representar a los supervivientes de las guerras y las grandes crisis, existencias en peregrinación que aquí vemos situadas sobre un fondo de antiguos mapas o documentos. Otra forma de señalar aquello que no suele mostrarse, el negativo de una fotografía social que solo puede ser reinterpretada desde algo parecido al ilusionismo óptico.

El artista William Kentridge (Johannesburgo, 1955), por partida doble. Foto sin créditos.

 


Lo que no está dibujado
William Kentridge
Comisariada por Comisariada por Jaap Guldemond, director de exposiciones del Eye Filmmuseum de Ámsterdam
Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB)
Hasta el 21 de febrero de 2021

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