Culture Club

Entender a quien nos hace entender

Por el Día Internacional de la Traducción, nos sumamos a Automática Editorial para celebrar la existencia de esta figura profesional y su santa paciencia, en un mundo donde Google Translate y otras artimañas tecnológicas amenazan con hacer de la comunicación algo aún más confuso

Esta semana hemos celebrado (cada uno a su manera y nosotros, para no variar, leyendo) el Día Internacional de la Traducción, una conmemoración que se une a la masiva proliferación de efemérides con las que se nos atiborra a diario en las redes sociales; disculpen que en Mercurio no queramos ser menos. Fue hace tres años cuando Naciones Unidas quiso otorgar carácter oficial al que ya se venía festejando como patrón de este oficio, San Jerónimo, quien nos brindó la Biblia Vulgata para que todos la entendiéramos. Aunque no todos la quieran entender, claro. Además de latín, Eusebio Hierónimo sabía ilirio, griego y hebreo, lenguas que aprendió estudiando y viajando, pero seguramente no sospechó las penurias por las que pasarían sus sucesores siglos más tarde.

«San Jerónimo escribiendo» (1605) y armado de paciencia, obra de Caravaggio.

Por eso nos ha parecido la mar de pertinente y justa la iniciativa que, con motivo de esta fecha, el 30 de septiembre, ha mostrado Automática Editorial en un comunicado con el que rinde homenaje a los traductores. Reconocen la trascendencia –pese a lo anecdótico– de un día en el que sellos como este, volcados en la adaptación de literatura extranjera, concedan unas líneas de merecida gloria a quienes tantas (de líneas) nos hacen inteligibles y, si se da el caso, reverenciables. “La humanidad es mucho más humana gracias a la traducción”, indican desde Automática, y no podemos estar más de acuerdo. Sobre todo en “un mundo donde la automatización se impone en muchos procesos”.

Sí, confesamos que también nosotros hemos usados Google Translate alguna que otra vez, pero sin ninguna fe en sus dotes. Ni siquiera por el hecho de que Rosalía, la más internacional de nuestras estrellas milénicas, esté aprendiendo japonés con esta herramienta. Tampoco nos ha afectado la noticia del tipo que tiró del famoso traductor online para robar un banco en Arlington, Texas. Como es natural, fracasó en su empeño. Y aunque mientras redactamos este texto leemos que la Fundación Elhuyar, dedicada a aunar la ciencia y el euskera –ahí es nada–, ha desarrollado un traductor automático neuronal (no se asusten, significa que está basado en redes que se comportan como neuronas), seguimos estando con Automática Editorial.

«La humanidad es mucho más humana gracias a la traducción», indican desde Automática, y no podemos estar más de acuerdo

Su comunicado se complementa con una serie de breves entrevistas con algunos de sus traductores habituales, magníficos representantes de la profesión entre los que hallamos a Yulia Dobrovolskaia y Fernando Otero Macías (ruso), Enrique Maldonado Roldán (inglés), Laura Salas Rodríguez (griego), Belén Cuadra Mora (chino), Juan Cristóbal Díaz Beltrán (serbio) y Viktoria Lefterova (búlgaro). Todos hacen interesantes declaraciones en torno a “este noble, intrincado y fundamental oficio”, según la editorial. Para Maldonado, por ejemplo, “la magia de la traducción literaria es que te cambia completamente de contexto y te traslada durante unos meses a una realidad completamente distinta”. Salas admite tener la suerte de que casi todos los manuscritos que le llegan le interesan y puede enamorarse de ellos, “con eso me refiero a encontrar el motivo último de que esa historia se publique, de que esa voz se oiga”. Por su parte, Otero se siente, más que orgulloso de su labor, “aliviado por haber ido saliendo relativamente indemne de las sucesivas pruebas”.

«San Jerónimo en su estudio» (c. 1530), taller de Pieter Coecke van Aelst.

No debe de resultar fácil, desde luego, y menos aún si las condiciones en las que se trabaja son precarias (como se malacostumbra en el sector cultural). Ya lo señaló hace unos años Miguel Sáenz en el elogio de la profesión que realizó al ingresar en la RAE, recordando aquello que se dice sobre ella: que la traducción es, junto con la prostitución, el oficio más antiguo del mundo, aunque –matizó– “está peor pagado”.

 

Nota

Se nos ocurren otros ámbitos a los que la traducción podría ser aplicada:

  • la relación entre el Estado y las comunidades autónomas en la definición de estrategias y medidas frente a la actual crisis pandémica;
  • en el mismo ámbito, pero en este caso de espectro internacional, las teorías y aseveraciones científicas que se contradicen, provocando que cada país haga la guerra por su cuenta;
  • las conversaciones del excomisario Villarejo, aunque aquí haría falta todo un equipo de transcriptores-traductores;
  • que alguien nos explique de una vez qué quieren decir realmente palabrejas como coliving, digital nomads, workation o homeschooling. Y que luego salga corriendo, vaya a ser que no nos haga gracia lo que significan.

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