Horas críticas

Es la decadencia, amigo

El declive de nuestros días, real o somatizado, ocupa las páginas del número 32 de la revista Jot Down. Un tomo donde asistimos al bajón (o no) que supone pensar hoy en «The Wire» remasterizada, la nueva tele que es Facebook, Los Simpson flanderizados, el envejecimiento, las secuelas o los reestrenos, el género humano en el cine de Werner Herzog y las narradoras sureñas de Estados Unidos, entre otros muchos temas

«The thing about the old days: they [are] the old days»
(The Wire, temporada 4)

 

Escribe Íñigo Domínguez sobre la decadencia que “solo se puede certificar al final, viendo el cuadro completo”. Y es tal vez por eso que solo al final del último número en papel de la revista Jot Down, el 32, entendemos qué demonios hace en portada McNulty (aka Dominic West, nombre real del actor que encarnó –para siempre– al detective de origen irlandés en la reputada serie The Wire). El tema de esta edición es justamente ese declive, la décadence, al que Verlaine dedicó sus versos. Pero si aquí se alude a la joya de la corona HBO es por la indignación de Emilio de Gorgot ante su versión remasterizada, que pasa del formato de pantalla 4:3 original al más panorámico 16:9 de hoy, llenando las franjas negras de los lados: “¿Por qué demonios tenían que retocar algo que no admitía retoques?”. Así, evalúa una tendencia que viene de los años 80, cuando se coloreaban películas que habían sido concebidas en blanco y negro, algo así como “haber traducido las novelas de Tolstói al lenguaje de los emojis”. Frente a la máxima es el mercado, amigo, el autor levanta una defensa del arte como algo no tan banal que merece ser protegido: “Las obras artísticas no deberían estar sufriendo metamorfosis cada cinco años”.

Quizá porque esa reflexión en torno a la serie de David Simon podría recordar a lo que se ha dado en llamar cultura de la cancelación (en casos como el de Lo que el viento se llevó), este número se abre con un alegato de Enric González a favor de Woody Allen, ese adolescente de 84 años cuyas últimas obras –también– han estado en tela de juicio. El título del siguiente texto (Un viejo de dieciséis años) también podría haber estado dedicado a Allen, pero no. El periodista Jordi Pérez Colomé escribe sobre otra decadencia, la de Facebook, que define como “la tele de internet”; y con eso está casi todo dicho. Un recorrido por la historia de esta red social demuestra cómo ha devenido “un lugar al que miles de usuarios van a tocar sus estampitas de santos preferidas”. El dichoso algoritmo hace casi imposible salir de un limitado círculo de contenidos y usuarios, es decir: la plataforma de Zuckerberg es cada vez menos social y más negocio cerrado, argumenta Pérez Colomé.

Tres años antes del nacimiento de esa red, en 2001, el Oxford English Dictionary reconocía el vocablo doh, la expresión popularísima de Homer Simpson que todos hemos querido reproducir alguna vez. Lo cuenta Diego Cuevas, quien sobre esta serie animada se ve obligado a sentenciar que “la última vez que Los Simpson ofreció un episodio memorable fue hace dos décadas”. Así se ha ido haciendo patente, según el autor, desde los ácidos orígenes en el cómic de Matt Groening y el sello de su humor a la contra televisiva (“se convirtió en una fábrica de memes antes de que nadie supiese qué era un meme”), hasta la novena temporada con la llegada de Mike Scully como showrunner, que propició la progresiva blancura de sus chistes y hasta una cierta flanderización, tal y como la diagnostica con pesadumbre Cuevas.

Y si artículos como el anterior nos pueden hacer pensar que estamos mayores, queremos destacar en esta breve reseña el texto de la investigadora experta en neurociencia Marta Iglesias Julios. Un interesante recorrido por la controversia que rodea al fenómeno del envejecimiento, desde la filosofía clásica a la genética actual, pasando por la biología y sus diferentes teorías de la evolución. O, en palabras de la autora, “una rápida visión general de las teorías más prometedoras de las que disponemos sobre por qué envejecemos”. Y una de las conclusiones a la que abocan los diversos enfoques aquí expuestos es que el envejecimiento es el precio que pagamos por “maximizar nuestra inmortalidad” en forma de descendencia genética. Reflexión muy vigente en medio de una pandemia que algunos ven como una suerte de encrucijada para la selección natural.

«Jordi Pérez Colomé escribe sobre la decadencia de Facebook, que define como “la tele de internet”; y con eso está casi todo dicho»

Uno de los síntomas de envejecimiento es la nostalgia, pero se diría que este sentimiento hoy lo ha capitalizado el mercado. “El marketing nos sugirió perder la vergüenza, y nuestra nostalgia le compró el argumento”, escribe Martín Sacristán, quien hace un repaso por los últimos remakes y todo tipo de cuelas (secuelas, precuelas), grandes éxitos de la industria, para certificar el agotamiento creativo. Y ahí es cuando viene el giro de este texto, porque en realidad para el autor este discurso de la decadencia de las ideas es una “tremenda tontería”. No existe –señala– aquello de que las cosas antes eran mejores, más auténticas, y tan limitado es ese planteamiento como el de no atender a nada de lo que ahora se haga, aunque sea recalentado. Por tanto y pese a que la realidad se nos esté convirtiendo en “un eterno reestreno, un día cultural de la marmota”, Sacristán parece decidido a abrazarla, ya desde su esclarecedor e irónico título Solo compro secuelas.

La repetición puede o no ser decadente, pero el cineasta Werner Herzog es irrepetible, argumenta Sara Mesa desde el inicio de su artículo: “Hay cineastas que van de raros y otros que son raros de verdad”. Obviamente el alemán estaría en el segundo grupo, por mucho que haya quienes quieren interpretar (y por tanto simplificar) sus extravagancias con segundas lecturas ideológicas. Como se hizo respecto a su segundo largometraje, También los enanos empezaron pequeños (1970), protagonizado por actores con trastornos de crecimiento. La historia de una degenerada rebelión contra la naturaleza de las cosas, según la autora: “No hay visión más decadente de la civilización que la de Herzog, para el que el ser humano no tiene arreglo”. Por eso, donde otros en la época vieron reaccionarismo y perversidad, el padre de Aguirre, Kaspar Hauser y Fitzcarraldo solo vio una hermosa anarquía.

Fotograma de «También los enanos empezaron pequeños» (1970), de Werner Herzog.

Siguiendo con los autores a contracorriente, en este caso autoras, Bárbara Ayuso hace un recorrido por los pantanos, la basura blanca, las furgonetas, las armas y las banderas confederadas en Narradoras del sur salvaje. La maternidad literaria del Misisipi expuesta por la periodista incluye a las Flannery O’Connor, Carson McCullers, Anne Porter, Eudora Welty, Kate Chopin y Florence King, “una macarra y una chunga de cuidado”. Se la tildaba de todo, y de casi todo había pecado verbalmente, pero más allá de eso, la rescata como extraordinaria cronista de aquella miseria, dando pie a infinitas variedades de realismo sucio. Nos encanta que, aunque sea “cogida con alfileres”, la autora haga también un hueco a Mary Karr, porque “alguien que creció entre serpientes, huracanes, torres petrolíferas y malnacidos puede figurar donde le plazca”. Amén.

El 32 de Jot Down también es susceptible de ocupar un sitio destacado en nuestra librería, y a estos artículos que hemos comentado se suman (además de entrevistas al actor Asier Etxeandia, el escritor Iñaki Uriarte y el músico Albert Gil) otros muchos de estupendas firmas: Rubén Díaz Caviedes, Natalia Junquera, Laura Mínguez Valdés, Jorge Galindo, Manel Loureiro, Teresa Galarza Ballester, Álvaro Corazón Rural, Juan Tallón, E. J. Rodríguez, Rebeca García Nieto, Yolanda Gándara, Grace Morales, Ignacio Julià, Javier Igea Arisqueta, Octavio Domosti S., Juanjo M. Jambrina, Nacho Carretero, José Antonio Montano, Fidel Martínez y Rafa Cabeleira comparten también su visión sobre este mundo, decadente y tan nuestro, en el que braceamos por sacar la cabeza a flote mientras casi todo lo demás se hunde.

 


Jot Down nº 32: Especial «Decadencia»
Coordinado por Rubén Díaz Caviedes
Edición: Soy Un Calamar, septiembre 2020
254 páginas
15 euros

APTO PARA: Decadentistas, nostálgicos y todo lo contrario.
NO APTO PARA: Quienes no se bajan nunca de la cinta de correr ni miran hacia atrás para entender el presente.

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