Horas críticas

En cuanto pueda, visite a su abuela

La dibujante Ilu Ros debuta en la novela gráfica con ‘Cosas nuestras’, donde pone de frente a La Piquer y Rosalía, Lola Flores y Nathy Peluso para hablar del feliz encuentro entre dos generaciones que se produce cuando charla con su abuela

Las coplas tarareadas de Juanita Reina y Conchita Piquer y una casa que huele a guiso en camino y a suelo recién limpio dan la bienvenida al lector en Cosas nuestras, la primera novela gráfica de la ilustradora Ilu Ros (Murcia, 1985). Licenciada en Bellas Artes, el tiempo de residencia de esta creadora en Londres le puso sobre la mesa la posibilidad de dedicarse al dibujo y, desde entonces, ha ganado premios, expuesto en distintas ciudades y publicado con el sello neoyorquino Lit Riot Press el volumen Hey Sky, I’m On My Way, en torno a mujeres influyentes a lo largo de la historia. No sabemos si este libro anterior le dio la clave para dedicar su primera narración a su abuela Resure, «la chispa y la sal» -escribe ella en los agradecimientos- de una novela de encuentros entre dos generaciones y que, como la precedente, es un desfile de poderosas féminas.

 

Su inspiración, explica la autora, bebe de lo cotidiano, de las ciudades que visita, las historias que cuentan los libros, las películas y la música y, como sucede en este tomo editado por Lumen, las personas que le rodean. Leer Cosas nuestras es desear, especialmente estos días en los que la epidemia lo hace imposible, volver a casa de la abuela, sentarse en la cocina a escucharla canturrear y a descubrir en sus palabras que, por muchos años que medien entre ambas generaciones, por más que la vida haya dado la vuelta de campana, hay entre una y otra más puntos de encuentro que los que cabría imaginar.

«Una crónica sentimental de la España que creció pegada a la radio escuchando copla y la que anhela mover las caderas como Rosalía y entrega su vida a Instagram»

Concebido como una crónica sentimental de esas dos Españas, la que creció pegada a la radio escuchando copla y la que anhela mover las caderas como Rosalía y regala su intimidad envuelta para regalo a Instagram, el libro es también un homenaje a grandes mujeres de la canción que, a pesar de la coyuntura gris en la que se desarrolla su fama, demuestran una fortaleza inusitada. Artistas capaces de hacerle un desplante a Franco -«dígale que en este preciso momento me dispongo a merendar y que si quiere escucharme de nuevo le reservaré un palco en el teatro donde actúo», como pronunció airada la Piquer-, o de triunfar a pesar de los funestos vaticinios de sus ex, como fue el caso de Lola Flores, que logró ser La Faraona y una diva admirada en todo el mundo poco después de que Manolo Caracol le augurase que sin él no conseguiría nada. «Ay, Manolo, Manolo», le riñe la autora.

«Ros dirige su linterna hacia una serie de momentos estelares que hablan de un feminismo entonces inconsciente»

Así, Ros va dirigiendo su linterna hacia este tipo de momentos estelares que hablan de un feminismo entonces inconsciente, de un torrente que se aparece también en las loas a Rosalía como sublime creadora, más allá de su rol de cantante y bailarina, del ya histórico disco El mal querer, el álbum más importante de la década pasada en España. Una fuerza continuada a lo largo de las décadas que, al cabo, desemboca una y otra vez en su abuela, que emigró a Francia, trabajó duro, volvió al pueblo para seguir trabajando, se puso pantalones muy pronto, montaba en bicicleta a la velocidad del rayo y que hoy, por fin, puede disfrutar de los viajes del Imserso.

Sin necesidad de agarrarse a una estructura narrativa, el libro avanza anárquicamente, como discurren la memoria o la cháchara entre dos familiares en una cocina. En el camino, Ros se descubre como una ágil observadora de aquello que, de tan cotidiano, nos pasa desapercibido. En el caso de su abuela, de los paños de croché, los portarretratos, la vajilla de barro, la alacena, el traje de boda negro, el conjunto hoy recuperable que lucía en aquella foto… y en el suyo, los pósters de Leonardo Dicaprio y los Backstreet Boys de su adolescencia, la etapa neo hippy de la facultad, el gusto por la ropa vintage del presente, la entrega absoluta, casi esclava, al teléfono móvil, las consignas de las manifestaciones del 8 de marzo.

Por sus dibujos, que albergan al mismo tiempo rotundidad y delicadeza, pasan de Pony Bravo a Paco de Lucía, de Serrat a Los Planetas, de Rocío Jurado a María Arnal y Marcel Bagés. La autora analiza la banda sonora de tres generaciones y cómo la música habla de ellas mientras que la conversación entre abuela y nieta sigue produciéndose: «Ya verás cómo pronto te sale un trabajo de lo tuyo», «¿Y tú estuviste en la manifestación?», «¿Qué piensas del feminismo, abuela?».

«Me gusta la Rosalía esa», acaba admitiendo Resure. «Pero escucha, ponme a la Piquer», le replica la nieta, y añade: «Otro día me cuentas más cosas, ¿vale?». Atención a esa frase gloriosa, el que tenga la posibilidad de materializarla, que lo haga en cuanto pase la cuarentena, que no renuncie al privilegio tan bien expuesto en este libro de dejarse seducir por el pasado del que venimos y flotar en el amor de nuestros mayores. Como en la canción de Los Caramelos, corra, Visite a su abuela.

 

 


Cosas nuestras
Ilu Ros
Lumen, 2020
160 páginas
21,90 euros

APTO PARA: Los que todavía son capaces de apagar el teléfono para mantener una conversación sin prisas.
NO APTO PARA: Los seres del averno que bromearon con que el coronavirus resolvería el problema de las pensiones.

 

 

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