Horas críticas

«Una hora de fervor», de Muriel Barbery: aceptar el desafío de vivir

Rose acaba de quedarse huérfana por segunda vez. La primera fue a los treinta y cinco, cuando su madre se suicidó. Entonces Rose sabía que en alguna parte del mundo vivía un hombre que era su padre. Sabía que era japonés, sabía que era rico y sabía su nombre: Haru Ueno. Nada de eso le importaba. Nunca se habían conocido. Ni pretendía hacerlo. Ahora, cinco años más tarde, Rose recibe la llamada de un notario. Su padre ha muerto y ha dejado un testamento para ella. Si desea conocerlo, no tiene más opción que viajar a Japón. Pero esta es otra historia. Otro libro. En su nueva novela, la escritora Muriel Barbery no ha elegido a Rose como protagonista, sino a su padre.

Dos años después de la publicación de Una rosa sola (2021), que recoge el catártico viaje y la estancia de Rose en Japón, Muriel Barbery regresa a las librerías con Una hora de fervor (Seix Barral, 2023). Una precuela en la que la escritora retrocede en el tiempo y cede la narración a Haru Ueno, quien relata sus seis decenios de vida en apenas 280 páginas. Seis decenios de vida que el japonés cose en torno a tres hilos principales: el arte, la amistad y la paternidad frustrada de Rose, a quien su examante le prohibió acercarse antes incluso de su nacimiento.

Lo primero que llegó fue el arte. Haru no podría haberse dedicado a otra profesión. De vocación contemplativa, creció observando la inmensidad del paraje natural en el que vivía: las montañas de Takayama, conocidas como la joya de los Alpes Japoneses. Ahí entrenó su aguda mirada. Cada mañana, Haru se dedicaba a admirar minuciosamente la forma de las rocas, de la tierra, del agua, de la madera. De todas ellas extraía belleza, en todas ellas se inspiraba. Fue en ese sagrado lugar donde el joven japonés decidió que se convertiría en marchante de arte. Y que, además, triunfaría. Por su buen ojo para los negocios y para la gracia. «Carezco de talento —decía Haru— pero tengo mucho gusto». El mismo buen gusto que distingue a su creadora.

En Una hora de fervor, Muriel Barbery utiliza la exquisita y delicada voz de Haru para realizar una oda a la cultura japonesa. Y lo hace siempre fiel a su estilo: una escritura poética pero que a su vez es ligera y fluida. Algo que consigue a través de frases breves y concisas sin dejar de deleitarse en todos los detalles. Porque cada página de esta novela revela trabajo y exigencia. La escritora deseaba transmitir lo mucho que significaron para ella los dos años de residencia artística que pasó en la Villa Kujoyama de Kioto. Al terminar su estancia en la villa y la escritura de Una rosa sola, Barbery se dio cuenta de que aún no podía desprenderse de esa historia. Ni de sus personajes.

Más allá de intentar descifrar y perfilar la personalidad de Haru, en Una hora de fervor la autora ha querido ahondar en quienes apenas habían tenido protagonismo en la primera novela: el círculo de amigos íntimos del japonés. Keisuke, Paul, Clara, Tomoo, Sayoko, Emi. Asistir al comienzo y construcción de esas relaciones de amistad es sin duda una de las partes más entrañables del libro. Barbery describe con ternura unos vínculos sanos, sinceros y llenos de admiración en los que no caben la competición, las envidias o las traiciones. La importancia que para Haru tiene la amistad —el segundo gran hilo de su vida— hace que esta se convierta en la columna vertebral del libro. Y en la encargada de sostener la trama, y también al japonés, cuando aparecen los infortunios del destino.

Muriel Barbery. / © Catherine Hélie — Éditions Gallimard

Si, como defiende Muriel Barbery en una entrevista para Actes Sud, la ficción es una herramienta que nos ayuda a entender lo que no podemos comprender por otros medios, esta novela ha servido a la autora para poner en palabras un sentimiento tan abstracto como la pérdida. Haru sufre en primer lugar la pérdida simbólica de su tercer y más importante hilo, su hija Rose, a la que siempre se refiere en su relato con una melancolía desgarradora: «Pensó en su hija […] y la estrechó entre sus pensamientos como lo habría hecho entre sus brazos». Y después, el protagonista enfrenta la pérdida física con la llegada de diferentes muertes repentinas en su entorno. Es en estos pasajes cuando más aflora la madurez de Barbery como narradora, escribiendo la muerte desde la estoicidad, la serenidad y —por supuesto— la tristeza sin caer jamás en el sensacionalismo.

Pese a la oscuridad de ciertos capítulos, Una hora de fervor es una novela luminosa en su conjunto. Y eso es gracias al espíritu de unos personajes que, no obstante las adversidades, actúan movidos por una pasión ferviente y ardiente por la existencia. De ahí que a Muriel Barbery le resultase completamente natural seleccionar este título para la novela. Una hora de fervor proviene de una cita de Terre des hommes, ensayo autobiográfico del escritor Antoine de Saint-Exupéry. En un pasaje del libro, Saint-Exupéry explica que cuando aún era un joven aviador, un día él y sus compañeros descubrieron un desierto virgen e inexplorado que «sólo les ofreció una hora de fervor, pero fueron ellos quienes lo vivieron». Para Barbery, esta frase resume a la perfección los desafíos de la existencia: «Primero poder vivirla con pasión y luego ser capaz de aprovechar el momento sabiendo que la vida cotidiana estará llena de trivialidades, pero también de tragedias».

Sólo nos queda esperar que Muriel Barbery quiera seguir narrando esas trivialidades y tragedias durante muchas novelas más.

 


UNA HORA DE FERVOR
Muriel Barbery
Traducción de Isabel González-Gallarza
SEIX BARRAL
(Barcelona, 2023)
280 páginas
19,90 €

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