Tempus fugit

La fiesta nacional francesa y otra muy española

Tempus fugit: XXVIII septimana

14 de julio — Toma de la Bastilla

“Toma de la Bastilla y arresto del gobernador M. de Launay, 14 de julio de 1789”, obra anónima. Dominio público.

La Bastilla era una fortaleza tremenda construida en el centro de París para proteger a los franceses de los ingleses en la Guerra de los 100 años, una contienda que duró, en realidad, 116 y que se desarrolló entre 1337 y 1473, siempre en suelo francés; no peleaban todos los días, pero las escaramuzas y los embates de los hijos de la Gran Bretaña ocuparon a varias generaciones de uno y otro bando.

En el siglo XVII el cardenal Richelieu decidió utilizar el magno edificio como cárcel de Estado y esa fue su función hasta el día 14 de julio de 1789. En esa fecha la prisión albergaba solo a siete presos: el cómplice de uno que intentó asesinar a Luis XV, un noble condenado por incesto, un enfermo mental y cuatro falsificadores; a esta menguada población de presos la vigilaba un contingente de tropas reales que, además, cuidaba de las armas y la pólvora que allí se guardaban.

El pueblo llano, levantado contra los abusos de la monarquía absoluta, consideraba el edificio un símbolo de la represión, así es que asedió durante todo el día la fortaleza, que se rindió al caer la noche, dando con ello —simbólicamente— inicio a la revolución que acabaría con el llamado «Antiguo Régimen» en Francia y en los países de su entorno. El acontecimiento se conoce como la Toma de la Bastilla, pero yo he visto muchas veces escrito La toma de la Pastilla, expresión que ocupa, junto a El mito de la taberna de Platón, los primeros puestos en el hit parade de los errores de los examinandos que se los saben de oídas o lo copian de un compañero.

En los libros se señala esta fecha como el arranque de un mundo nuevo que, junto a la Revolución Industrial, alumbraría el constitucionalismo, la burguesía y el proletariado, el capitalismo y un largo etcétera de novedades. Esto no quiere decir que las cosas empezaran y terminaran de manera tan inmediata: como todo en la Historia, fue un proceso largo, pero se suelen fijar algunas fechas como referencia de los cambios y este es uno de los casos.

El año siguiente, 1790, se conmemoró por primera vez en el Campo de Marte de la capital francesa como fiesta de las Federaciones locales de Guardias y como símbolo de la reconciliación. En 1880 la Asamblea francesa decidió declarar esta fecha como el Día Nacional de Francia, así es que hoy es la fiesta grande de nuestros vecinos.

Y lo celebrarán, como siempre, con el orgullo de haber sido los que plantaron las semillas de la Libertad, la Igualdad y la Fraternidad, semillas a las que cuesta, a veces, crecer como debieran.

Un buen día para recordar que todos somos iguales ante la ley, que somos libres de elegir un camino cuyos límites solo vienen del respeto al camino de los demás y que ninguna sociedad puede funcionar si no es fraterna, si no existe la solidaridad entre sus miembros.

¡Vive la France!

16 de julio — La Virgen del Carmen

Procesión marítima del Carmen en Santurtzi, Bizkaia. Foto: Be Santurtzi.

Existe en el norte de Israel, cerca del mar Mediterráneo, una cordillera de no mucha altura, muy fértil, conocida como Monte Carmelo. El nombre procede del hebreo karmel y se puede traducir como jardín o como tierra de viñedos.

Está horadado de cuevas en las que, en torno al siglo XII, se estableció un grupo de ermitaños que fundaron una orden religiosa católica bajo la advocación de la Virgen, conocida como Orden de Santa María del Monte Carmelo o carmelitas.

El patriarca de Jerusalén de la época, San Alberto, les concedió el título y aprobó su regla; desde el principio fue masculina y femenina, y se establecieron en monasterios en los que se seguía —y se sigue— una vida contemplativa y de meditación.

Sus vestiduras consisten en una túnica de color castaño y un escapulario del mismo color, cubierto todo ello por una capa blanca que es símbolo de la virginidad de María; así se representa también a la propia Virgen del Carmen, que porta al niño en sus brazos.

El 16 de julio de 1251 se apareció la Virgen de esta guisa a San Simón Stock, superior general, en Inglaterra, y de ahí viene que se celebre la onomástica tal día como hoy.

En el siglo XVI Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz llevaron a cabo una reforma, fundando la Orden de los Carmelitas Descalzos —aunque llevan sandalias— y creando más monasterios, sobre todo la hiperactiva santa de Ávila.

Según la tradición, aquellas personas que porten el escapulario toda su vida se librarán del Purgatorio e irán directamente al Cielo y, aunque en estos tiempos se está perdiendo la costumbre, había personas, sobre todo mujeres, que hacían promesa a la Virgen de vestir un hábito corto durante un tiempo a cambio de algún favor o pedimento.

Los pescadores españoles la nombraron su patrona, también la Armada, y la sacan en procesión marítima, generalmente muy vistosa, en muchos pueblos y ciudades costeras. Se la conoce con el sobrenombre de Stella Maris y a ella se suelen encomendar unos y otros; tengo entendido que este año le van a pedir que rebaje el precio del gasóleo para que faenar no les resulte tan lesivo.

Carmen, jardín fértil, es el nombre de muchas españolas de cierta edad, nombre que, de vez en cuando, desaparece en favor de Jessicas, Lorenas, Vanesas, Claudias, Mías, etc., pero que acaba reapareciendo por la belleza de su pronunciación y, sin duda, por tan bonito significado.

16 de julio — Mariana de Neoburgo

«Mariana de Neoburgo» (1715), de Robert Gabriel Gence. Museo Vasco de Bayona, Francia.

Hoy también toca un poco de «Hola histórico» aunque sea la fiesta de la Virgen del Carmen: en 1740 murió en Guadalajara la reina viuda Mariana de Neoburgo, una alemanota de armas tomar que, según su propio testimonio, acabó pobre como las ratas y despreciada por todos.

Fue la segunda esposa de Carlos II «el Hechizado», un petimetre elevado a rey por las circunstancias del momento. Era hijo, nieto y biznieto de primos entre sí, lo que fue degradando la genética hasta el punto de convertir a este desgraciado en un ser enfermizo que murió a los 37 años sin haber concebido un heredero. La historia lo tenía por incapaz para gobernar, pero últimamente se están reivindicando su talante conciliador y algunas de las acciones que llevó a cabo en favor de los más desfavorecidos.

Lo casaron en primeras nupcias con María Luisa de Orleans, que murió virgen si hacemos caso a los maldicientes de la época. Había prisa por encontrar una nueva esposa que asegurara la descendencia y se optó por Mariana de Neoburgo, sobrina del emperador austríaco Leopoldo I, cuya madre había parido 24 hijos, lo que daba cierta garantía de fertilidad a sus descendientes.

Los casaron por poderes en agosto de 1689, pero Mariana no vino a España hasta la primavera de 1690. Las crónicas cuentan que era caprichosa y tirana y que se llevaba muy mal con la suegra. No debió pasarlo bien: el marido era bobo, la corte la rechazaba y ella no hablaba el idioma, así es que se fue inventando embarazos y abortos hasta un total de once, que ni se pudieron constatar ni dieron el ansiado heredero a la corona.

Carlos II murió el 1 de noviembre de 1700 sin hijos, se creaba así un conflicto sucesorio que daría lugar a la Guerra de Sucesión en la que se enfrentaron Francia (Felipe de Anjou) y el Imperio Austríaco (archiduque Carlos) por conseguir un botín ruinoso pero extenso, porque España tenía entonces un gran imperio en tierras lejanas. Mariana tomó partido por su sobrino Carlos, pero el ganador fue el francés que se convertiría en Felipe V.

La situación se puso muy fea para esta reina viuda que incomodaba tanto, el nuevo rey la mandó exiliada a Bayona (Francia), casi sin dinero y con pocos sirvientes. Pero este mismo rey quedó también viudo y casó en segundas nupcias con Isabel de Farnesio, una sobrina de Mariana. La nueva reina se apiadó de la situación de su tía y la trajo de vuelta a España, la instaló en el Palacio del Infantado, en Guadalajara, y le dio un respiro económico al ocuparse de su mantenimiento.

Mucha reina y mucha corona, pero un trasto dando tumbos que nadie quería. Su única misión en la vida, como la de la mayoría de las mujeres, era parir y no lo hizo, pero, por otro lado, no tuvo que trabajar con sus manos para procurarse el sustento, como sí tuvieron que hacerlo las demás. Reina o criada, cada una apechuga al final con su destino.

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