Entrevistas

Pato Conde: «El humor negro se tiene o no se tiene, es difícil trabajarlo»

«Autorretrato» de Pato Conde.

Pato Conde (Buenos Aires, 1982) es un artista multidisciplinar que dibuja, fotografía, escribe e imparte clases de artes visuales. Le gusta contar historias, sobre todo aquellas de la vida cotidiana que permanecen ocultas a los ojos de la gente, aunque están muy vivas en determinados entornos.

Esta obsesión por contar historias lo llevó a crear el proyecto de Historias del espacio exterior en el año 2015, viñetas diarias que van en paralelo a la publicación de fanzines y libros. Apegado toda la vida al mundo del skate, la música y el arte urbano, pasa los días buscando aquellas situaciones que se escapan al ojo del espectador. Rarezas y procesos que quedan inmortalizados en soportes principalmente analógicos. Ha colaborado en proyectos con Edicions del despropòsit, Artnit Campos y Finis Africae.

Naciste en Argentina, ¿cómo acabaste en Mallorca? 

Sí, nací en Buenos Aires, y vinimos a vivir con mi familia a Mallorca en el año 1999, escapando de una situación social y económica insostenible.

Eres profesor de fotografía en la Escuela de Artes Audiovisuales (CEF) de Palma de Mallorca. Fuera de la escuela, ¿te dedicas profesionalmente a la fotografía?

Me dediqué a la fotografía durante casi veinte años. Ahora hago alguna cosa puntual, pero poco. Sobre todo hacía fotos de skate y siempre en analógico. La fotografía digital no me atrae nada y los trabajos suelen exigirlo, por eso solo hago proyectos que entienden que el trabajo en película vale realmente la pena.

Te defines como artista multidisciplinar, ¿cuáles son esas disciplinas a las que te dedicas?

Bueno, es una definición un poco extraña. Lo que pasa es que he utilizado diferentes disciplinas artísticas para contar distintas ideas o historias. Por ejemplo, en el proyecto de Historias del espacio exterior, aparte de ser viñetas y cómics, he utilizado la escultura y la performance. Todo es parte de lo mismo, pero son inquietudes con las que me gusta experimentar.

También haces dibujos en paredes y espacios públicos, ¿te consideras grafitero?

No, tengo mucho admiración por el grafiti, que no «arte urbano», y nunca me he dedicado a ello. Es verdad que he pintado murales, y espero seguir haciéndolo, pero es más una intención de llevar mis dibujos a tamaños más grandes.

¿Continúas formándote? ¿Qué esperarías conseguir de una formación continua?

Sí, siendo profesor creo que una parte muy importante es seguir formándome cada año. Siempre hay cosas nuevas que aprender. Estoy estudiando el grado de Artes en la UOC, aunque este año me lo he tomado sabático para hacer frente a diferentes proyectos que me ocupan muchas horas; pero en septiembre retomo.

«En el campo», viñeta de Pato Conde.

¿Qué te impulsó a hacer viñetas? ¿Te planteas ser historietista?

Cuando tenía doce años me apunté a una escuela de dibujo y esa era la primera intención. En Argentina hay una tradición de historietistas enorme y para mí era algo inalcanzable. Siempre he hecho dibujos y me atrae muchísimo la idea de dedicarme exclusivamente a ser historietista. Antes de publicar cosas en las redes, ya hacía cosas para algún fanzine y para regalar a colegas. Siempre me lo tomé como un hobby, porque lo comparaba con el trabajo de mis ídolos y veía que no tenía nada que ofrecer. Es difícil que pueda dedicarme a ello, en España hay muy buenos artistas y creo que los medios para publicar algo periódico son limitados. Pero bueno, solo intento seguir mejorando para algún día llegar a serlo.

¿Cómo es tu proceso de trabajo? 

Es muy analógico. Llevo libreta en la mochila para descargar las ideas y suelo dibujar en cualquier sitio. En casa tengo un escritorio donde suelo trabajar muy tranquilo y dedicarle el tiempo que necesitan. Antes de hacer cualquier viñeta hago un rato de improvisación y después ya me pongo.

¿Qué letra (tipografía) usas? 

No recuerdo cuándo, pero hubo un momento en que las letras de ordenador no me encajaban con lo que hacía y fue ahí cuando decidí que siempre lo iba a hacer a mano. Son mayúsculas viscerales de palo.

¿Te interesa el dibujo? 

Muchísimo. Aunque soy más partidario del dibujo minimalista y expresivo, disfruto mucho cuando hago algo más en clave cómic realista. El problema es que cuando empecé a leer textos de Lynda Barry o Ivan Brunetti descubrí que eso era lo que necesitaba: algo con lo que pueda expresar ideas sin buscar una perfección en el dibujo en sí. De todas formas, disfruto mucho con la gente que dibuja bien de verdad.

Tira cómica de la serie «Snacks», de Pato Conde.

¿Cómo se te ocurrió que tus personajes fuesen un cilindro con dos ojos? 

Fue en uno de los ejercicios de improvisación que hago. Es un personaje que solía dibujar y me pareció interesante como algo conceptual, carente de género. Intentaba hacer viñetas y que no se reconociese si era un hombre o una mujer quien hablaba.

Empiezas a publicar tus historietas en Instagram, luego lanzas un crowdfunding y finalmente publicas un libro recopilatorio en West Indies, ¿qué cambia de ver tus viñetas en digital a verlas todas reunidas en papel? ¿Qué aporta al público?

Creo que en libro tiene mucho sentido, porque se aprecia más el trazo y las diferentes dimensiones del dibujo. En cuanto a las historias, creo que también mejoran porque es fácil establecer relaciones entre los personajes, algo que en las redes se pierde un poco.

¿Haces una selección de las viñetas más atemporales para el papel? 

Sí, la mayoría de ellas lo son porque es el humor que más me gusta. Es verdad que a veces utilizo los personajes para hacer algún tipo de denuncia o apoyar alguna causa, y eso no me interesa tanto para el formato libro. Creo que tiene más sentido dentro de un contexto de actualidad.

Han comparado a tus personajes de Historias del espacio exterior con los protagonistas del famoso juego Among us. ¿Sabes cuáles se publicaron primero?

La verdad es que no tengo ni idea. La primera vez que publiqué el personaje en redes fue en 2015. Yo no sabía de la existencia del juego. En cualquier caso, son dos mundos completamente diferentes. Hay algunos cómics que publiqué hace unos años en los que se explica un poco la morfología de los personajes y los orígenes que tienen detrás, y poco comparten con los del juego. Los que conocen el juego primero sí que me lo comentan, pero no pasa de ahí. Nadie me ha acusado de plagio ni yo a ellos. Es una mera coincidencia.

¿Para cuándo un Historias del espacio exterior II?

Ya estoy haciendo el libro. No es una segunda parte, creo que será algo mucho más interesante. Es una aventura gráfica de un humano que llega a los asteroides y nos descubre todo el universo que hay alrededor de estos marcianos. Tiene formato de cómic largo, y hay mucha reflexión y humor. La diferencia con el anterior es que todo será exclusivo para el libro, nada de lo que habrá en las páginas habrá salido en redes. Tengo pensado tenerlo terminado para septiembre.

¿Piensas que se podría traducir tu libro y tendría éxito en otros países? 

No me lo había planteado pero el otro día, en el Salón del Cómic de Barcelona, un editor italiano se interesó mucho por el libro. Lo cierto es que me hizo mucha gracia pensar que las viñetas puedan estar en italiano. Sería un lujazo, la verdad.

Una imagen de «Historias del espacio exterior», de Pato Conde.

Publicas tus viñetas en digital, ¿te planteas hacer NFTs de ellas?

No es algo que me atraiga demasiado. Creo que todo ese tipo de cosas roban mucho tiempo y no estoy muy por la labor. Si consiguiera alguien que me ayudara a hacerlo no me importaría, pero yo prefiero seguir dibujando.

¿Cómo decides que una viñeta es graciosa? ¿Das por supuesto que lo que te hace reír a ti a otro también le hará reír, o se las enseñas a alguien para ver qué opina? 

En el caso de las que van saliendo en redes no lo decido. Las publicaciones diarias son muy viscerales. Pienso solamente en que funcionen en mi cabeza. No tengo ni idea de si eso va a hacer gracia. He recibido comentarios de todo tipo: gente que las adora y alguno que me ha insultado por hacer algo tan horrible.

¿Cómo es trabajar con los chicos de Mongolia? ¿Te dan libertad?

Para mí es un sueño cumplido. Creo que es uno de los medios más libres que tenemos en este país. Se publican cosas muy graciosas y artículos con un contenido de denuncia muy serio. Por no hablar de los artistas con los que comparto páginas. He visto mis viñetas al lado de las de Darío Adanti, Paco Alcázar y Max, no sé qué más puedo pedir. El editor gráfico, Fernando Rapa, recibe todo lo que le doy y nunca me pone problemas. Pura libertad.

¿Te gusta el humor negro? Aunque no sea tu terreno, ¿qué opinión tienes de ese registro?

Me encanta el humor negro. He hecho alguna viñeta, pero no me suele salir espontáneo. Creo que el humor negro se tiene o no se tiene, es difícil trabajarlo. Dagsson es uno de mis historietistas favoritos y es todo negro. Hay un cómico de stand up, Anthony Jeselnik, que tiene unas rutinas que te hacen sentir mal cuando te ríes. Pero de verdad, son chistes, no hay que llevarlo más allá.

¿Hay temas recurrentes en tus dibujos? ¿Algo que te obsesione? 

La verdad es que no. Siempre trabajo con temas parecidos para ver hasta dónde puedo llevarlos. Me gustan las ideas relacionadas con el arte, con las relaciones, reflexiones sobre la soledad… no sé. Seguro que algo me obsesiona, pero dejo que se exprese solo.

Imagino que conoces Sin noticias de Gurb, ¿compartes objetivo con Eduardo Mendoza?

Me encanta ese libro, puro humor. Sí, he encontrado puntos observacionales en esa obra con los que sin duda me veo reflejado. Es un autor al que admiro mucho y eso que aún me quedan muchas cosas por leer de él.

«Jirafas», viñeta de Pato Conde.

¿Cuáles son tus referentes?

No sé si sirven como referentes, pero hay artistas a los que admiro mucho por su forma de trabajar y por cómo dan salida a sus ideas. Paco Alcázar es un genio. Cada vez que vuelvo a ver trabajos suyos, una envidia sana invade mi ser. Llevo admirando el trabajo de Adanti desde adolescente, tenía unas animaciones en la MTV a mediados y finales de los 90 que me volaron la cabeza. Flavita Banana, otra tremenda, envidio mucho el que pueda resolverlo todo con un pincel negro y un papel. Toda la tradición argentina de los últimos cincuenta años también: Quino, Caloi, Tute, Parés, Liniers… Antes mencioné a Lynda Barry, que tiene unos textos que te abren esos cajones en el cerebro imprescindibles para la creatividad.

¿Tienes viñetistas favoritos? ¿Y autores de cómics?

Sí, pero van cambiando con los años. Soy muy seguidor de muchos de los y las viñetistas que publican en el New Yorker. Ese es uno de mis objetivos en vida. Ed Steed y Zachary Kanin son sin duda mis favoritos en ese terreno. Normalmente las viñetas de humor me hacen reír si son buenas, pero ellos trabajan el absurdo y me sacan carcajadas. Y autores de cómic hay muchos también. Max es un autor que tengo muy cercano y sin duda es uno de los mejores artistas de la historia de este país. Michael Deforge y Jason son los que más releo, los envidio muchísimo. Y después, los clásicos: Clowes, Burns, Ware, cosas de Crumb (me encantan los libros que publicaron con sus bocetos).

Háblanos de tus próximos proyectos.

Ahora mismo estoy trabajando en el libro de Historias del espacio, boceto muchas ideas para ir mandando al New Yorker (es el propósito de año nuevo, empezar a recibir las cartas de rechazo hasta que algún día una viñeta se cuele en sus páginas). Tengo una serie semanal que se llama «Quisiera ser un superhéroe… o no…», que edita Gotham Còmics de Palma de Mallorca, otra serie semanal que se llama «Snacks» para la web de Mongolia, y sigo publicando la viñeta del espacio dominical en el Diario de Mallorca. También estoy involucrado en un largometraje de animación para la productora del CEF y, en cuanto pueda, iré enseñando cosas.

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