Entrevistas

Pedro Torrijos: «Es posible que el espacio físico sea en realidad la expresión más voluptuosa de la condición humana»

Pedro Torrijos, autor de «Territorios improbables». / Reportaje fotográfico: Loreto Igrexas

«Siempre he querido ser el típico tío al que le hacen corrillo para que le escuchasen». Así, sin más pretensiones, se presenta Pedro Torrijos, músico y arquitecto de formación. Disciplinas inconexas a priori aunque, en palabras de Bruno Zevi: «La arquitectura es espacio recorrido en el tiempo, así que ese tiempo es uno de los elementos generadores de la arquitectura, de igual modo que es uno de los elementos generadores de la música». Amén.

Cuando tu voluntad desde que eres un mico es contar historias, lo importante no es el cómo sino el qué. Territorios improbables —que no imposibles; de hecho, todos existen, o lo han hecho en algún momento de la historia— es el primer libro de Pedro Torrijos, pero la realidad es que ha hecho infinitas piruetas para abrirnos los ojos, y sobre todo divertirnos, en materia de arquitectura. Sus historias son artículos de Jot Down, El País o Yorokobu; narraciones sonoras formato pódcast en Podium o el Museo ICO; o lo más celebrado por todos, un hilo de Twitter que él mismo ha bautizado #LaBrasaTorrijos en clave de humor. Este último se ha convertido en toda una cita cada jueves a las 20.30h, donde miles de personas retuitean sus curiosos contenidos alcanzando audiencias por millones.

Territorios improbables cayó en mis manos durante mi cuarentena y cumplió lo que prometía: ser un viaje por las historias que construyeron lugares tan extraordinarios que, a menudo, ni siquiera aparecen en las guías: ciudades encerradas en edificios, un parque temático cristiano, ciudades dentro de otras ciudades u otras con más habitantes muertos que vivos. Una oda a aquellos espacios que, como reza el título del libro, son territorios improbables. Y es esa condición la que los hace mágicos.

Eres músico y arquitecto. ¿Qué hay de la música en la arquitectura y viceversa? Además de las matemáticas…

Tiempo. Los mejores espacios se proyectan teniendo en cuenta cómo se viven, y ese cómo se viven está asociado al tiempo. Dice Bruno Zevi que la arquitectura es espacio recorrido en el tiempo, así que ese tiempo es uno de los elementos generadores de la arquitectura, de igual modo que es uno de los elementos generadores de la música.

Empezaste a contar historias de arquitectura en Twitter, corrígeme si me equivoco. ¿Cómo surgió la idea?

Porque lo que me mola es contar historias. Yo siempre he querido contar historias, desde que era muy niño. De hecho, siempre he querido ser el tío al que le hacen corrillo en las fiestas cuando cuenta una historia; así que Twitter me permitía tener un corrillo para que me escuchasen.

Ahora tienes más de 147.000 seguidores que consumen lo que tú has llamado #LaBrasaTorrijos. ¿Cómo vives este fenómeno?

Pues es un corrillo, solo que muy grande. En realidad, lo vivo con bastante naturalidad. Intento ser amable con todo el mundo, intento contestar a todo el mundo cuando me preguntan e intento no meterme en follones. Yo trato de que la gente se divierta, que se lo pase bien, que disfrute leyendo una curiosidad o una historia, porque creo genuinamente que se puede crear un ecosistema bastante agradable en Twitter. Solo hay que fijarse en los lugares y las personas adecuadas.

¿Cuándo y por qué decides pasarte al papel?

No lo decido exactamente yo. Es una propuesta que la editorial Kailas me hace a finales de 2019 y yo la acepto, porque así podía hacer otro corrillo.

Dices que cuentas historias como sea, pero creo que la pirueta está en hablar sobre arquitectura en tu pódcast Cómo suena un edificio.

No es tan difícil si se entiende, precisamente, que lo importante es contar una historia. Es decir, no se trata tanto de describir sino de narrar. Porque la narrativa siempre va a ser más consistente, más impregnante y también más divertida, que es realmente mi propósito, divertir.

He leído el libro mientras estaba en cuarentena, por lo que desde mi habitación he sido capaz de viajar a 50 lugares de anomalía apabullante cuando, en realidad, no podía salir ni a mi cotidiana cocina. ¿Qué pretendes despertar en la persona que acabe con Territorios improbables entre sus manos? A mí me ha fascinado.

Siempre digo que yo no sé mucho de casi nada pero que tengo los ojos muy abiertos. Supongo que lo que quiero es que la gente que lea el libro abra un poquito también los ojos y se divierta con el mundo. Y también que cuenten ellos las historias y formen sus propios corrillos en las reuniones, y así construir un mundo lleno de corrillos y de gente contándose historias divertidas. Realmente estaría guay.

Muchas de las historias arquitectónicas que nos cuentas en el libro van acompañadas de una crítica a la condición humana. El materialismo, y la ocupación de espacio que eso conlleva, cuando hablas de la necrópolis de Colma; la casa Winchester de California y la forma en que canalizamos los trastornos psicológicos; nuestra condición de especie gregaria cuando nos cuentas la ciudad dentro de otra ciudad dentro de otra en Bélgica… ¿Es la arquitectura una expresión de la condición humana?

Por supuesto. Es posible que el espacio físico, construido o mediatizado, sea en realidad la expresión más voluptuosa de la condición humana. Al menos la más visible. Las diferentes interacciones de los seres humanos, las diferentes maneras de vivir y de relacionarse juntos, generan espacios físicos (casas, ciudades, territorios) que también son muy distintos. Y si esa manera de relacionarse ha sido un poco bizarra o un poco anómala, el espacio resultante lo va a reflejar. Un pueblo de Alaska en el que todos sus habitantes viven dentro de un mismo edificio, que es otro de los capítulos, es el reflejo sólido, contante y sonante, de una manera de relacionarse muy específica.

Haciendo un repaso rápido me ha calado, tanto la historia como la forma de contarla, Heritage USA. ¿Cómo es eso posible?

Es uno de los ejemplos de estas distintas intersecciones de la condición humana más acojonantes con los que yo me he encontrado. Amores, matrimonios, adulterios, apogeo de los telepredicadores evangélicos en la era Reagan, canciones cristianas, espectáculos de crucifixión, toboganes acuáticos de 50 metros, estafas inmobiliarias. Es una novela de David Foster Wallace pasada por la túrmix. Lo único que yo he hecho es encender esa túrmix.

Hablar de arquitectura, a priori, suena un poco aburrido para aquellos que no sean expertos en el tema. Pero las ventanas antibrujas, una ciudad construida con aire o un pueblo que arde desde hace más de 70 años tienen su chicha. ¿Cómo encuentras estas historias?

Como te dije antes, teniendo siempre los ojos lo más abiertos posibles. Yo me encuentro con algún lugar o algún edificio o alguna cosa que creo que puede ser susceptible de protagonizar una historia chula. A veces puede ser una anomalía en el propio lugar y otras tal vez el lugar es normal pero no lo es la historia que lo generó. Entonces lo apunto en una hoja de Excel enorme que uso como índice, y después investigo si, efectivamente, se puede contar una historia sobre ese lugar preciso. Si se puede, la cuento; si veo que no se puede, porque es muy corta o muy anecdótica o demasiado larga o demasiado enrevesada, la quito del índice o la divido en dos o tres historias, o le añado más contenido de otra posible historia con la que comparta algo.

¿Crees que son caducas?

Estoy casi seguro de que no. Al huir conscientemente de la actualidad, creo, y en ello pongo el empeño, que las historias que cuento son razonablemente atemporales.

¿Cuál ha sido tu último descubrimiento improbable?

Meguro Sky Garden, un parque en Tokyo construido para ocultar un enorme nudo entre dos autopistas principales. La peculiaridad es que, al contrario que Madrid Río, que intenta disimular la autopista (y que también es un territorio improbable, lo que pasa es que no lo tenemos en cuenta porque es muy conocido para nosotros), el Meguro Sky Garden tiene la forma del propio nudo de la autopista.

¿Considerarías Dismaland, el parque temático macabro hecho por el artista urbano Banksy, un territorio improbable?

Diría que no totalmente, porque está ya pensado para la función que cumple, que es poner de manifiesto el absurdo consumista de los grandes parques temáticos. Sería más improbable si siguiese en pie y se hubiese convertido en un parque temático con cientos de miles de visitantes. Lo cual probablemente habría sucedido de seguir en pie, porque es el sino de Banksy: ser devorado por lo que critica.

¿Y la Catedral de la Almudena?

Pues, aunque me pese, creo que sí. No deja de ser un artefacto fuera de su tiempo. Un artefacto horroroso, eso sí.

Hemos entendido que eres un gran admirador de las excentricidades urbanísticas. ¿Qué opinión te merece la cuenta de instagram Architerror?

Es muy chula pero creo que le falta un poco de chicha. No creo que sea problema enteramente de la cuenta, sino sobre todo de Instagram, que penaliza la historia en favor de una única imagen llamativa.

¿Qué edificio español consideras digno de esta cuenta de Instagram?

Hay muchísimos. El Palacio de Congresos de Oviedo, el Intempo en Benidorm, el Parlamento de Murcia… Y eso considerando solo los públicos, que si entramos en los privados no acabaríamos nunca.

Todos los territorios improbables fueron en su día construidos y utilizados para fines más o menos tangibles. ¿Cuál dirías que sería un territorio potencialmente improbable en unos años?

Casi todos los aeropuertos frikis que se construyeron en la época de la burbuja están condenados o bien a ser abandonados o bien a ser otra cosa. De hecho, el de Ciudad Real dejó de ser aeropuerto y ha sido un aparca aviones durante mucho tiempo.

Cito textulamente: «Los lugares abandonados molan, pero molan mucho más cuando parecen lugares abandonados del futuro». ¿Cómo imaginas las ciudades del futuro?

Soy un optimista militante, así que creo que serán bastante amables en general. En realidad, si pensamos en cómo eran las ciudades hace tan solo 20 años, alucinaríamos con el cambio a mejor que han dado: más limpias, con más zonas peatonales, con menos vehículos privados, con menos vehículos contaminantes… Tú le dices a un tipo del año 2000 que en Madrid va a haber un parque lineal donde estaba la M-30 y que la ciudad la van a recorrer miles de bicis y de patinetes eléctricos cada día, y se ríe en tu cara.

Dices en las primeras páginas del libro que las historias son el único artefacto que sobrevivirá a la muerte. ¿Por qué crees que es importante que perduren, aunque sea en nuestra memoria, estos territorios improbables?

En más de un caso, como Centralia o Heritage USA, sus historias es lo único que queda de ellos. Dejar de contarlas sería dejarlos morir. Y morir no mola, aunque nos toque a todos.

¿En manos de quién te gustaría que acabase tu libro?

En las de muchísima gente, para que me hagan rico, famoso y gilipollas.

Ahora que ya va por la cuarta edición, ¿con qué te quedas? ¿Con #LaBrasaTorrijos, Cómo suena un edificio o Territorios improbables?

Esto es como preguntar si quiero más a hijo rubio o al moreno. Aunque las historias sean análogas, los medios y los formatos son muy distintos, así que todos tienen su entidad propia. No obstante, siempre le voy a tener un poco más de cariño a #LaBrasaTorrijos porque es el proyecto donde empecé y es un poco más personal.

Un comentario

  1. Pingback: Libros de la semana #28 (*) - Revista Mercurio

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

*