Horas críticas

Libros de la semana #16

Recomendaciones literarias de la redacción de Mercurio

La memoria en imágenes, de varios autores (Ediciones Trea)

Subtitulado El tiempo y el recuerdo en el cine y más allá, este libro coral representa un estudio orgullosamente subjetivo sobre la relación entre imagen cinematográfica y memoria, y acerca de la representación y la percepción del paso de los segundos, las horas y los días en el séptimo arte. Sus autores descubren un tiempo esculpido —a la manera de Tarkovsky— por los cineastas, una cronología y unos usos (sin «h») horarios propios y modelados según el estilo que imprimieron a sus creaciones. Carlos Losilla, crítico de cine y docente en la Universitat Pompeu Fabra y en la ESCAC, al que conocemos sobre todo como miembro del consejo de redacción de la revista Caimán Cuadernos de Cine además de como asiduo ensayista, coordina e introduce este volumen publicado en torno a la Semana del Audiovisual Contemporáneo de Oviedo, al que contribuyen distinguidas firmas como las de Imma Merino, Áurea Ortiz, Joe McElhaney, José Antonio Hurtado y Sergi Sánchez. Once textos en total —más el enlace a un videoensayo de Adrian Martin y Cristina Álvarez López—, divididos en dos bloques por su tipología: unos de reflexión más bien general en torno al tema mencionado, y otros más específicos en torno a casos paradigmáticos. Como señala Losilla al inicio, mientras algunos «abordan la memoria vista como refugio de las tristezas del presente, otros intentan asediarla por el lado de la lucha, de la reivindicación, de la utopía». Se invocan en estas páginas figuras y obras tan esenciales en la concepción del tiempo fílmico como Agnès Varda (Cléo de 5 a 7), Luis Buñuel (El discreto encanto de la burguesía), Michelangelo Antonioni (La noche), David Lynch (Twin Peaks: The Return), Xavier Dolan (Mommy), Jacques Tourneur (Retorno al pasado), Wim Wenders (París, Texas), Jean Renoir (Una partida de campo) o Apichatpong Weerasethakul (Syndromes and a Century). Pero también hay aquí referencias a otras artes como la música, la literatura, la pintura, los cómics e incluso las imágenes de la cultura digital, las de los memes o las series de Netflix. Todo un conjunto de escenas que podrán resultar memorables o no, pero que desde luego logran que nuestro tiempo sea otro.

 

Enseñar a transgredir, de bell hooks (Capitán Swing)

La escritora y activista —feminista y afroamericana— Gloria Jean Watkins, más conocida por su pseudónimo bell hooks (Kentucky, 1952), todo un referente en la interseccionalidad y autora de obras tan influyentes como ¿Acaso no soy yo una mujer? o Todo sobre el amor, además de docente de inglés, literatura y estudios étnicos y de la mujer con una amplia experiencia, recopiló en 1994 una serie de ensayos propios sobre la educación, que quería fuesen una intervención y un comentario constructivo al mismo tiempo: «Llenos de esperanza y vitalidad, expresan el placer y la alegría que experimento cuando enseño: ¡estos textos son una celebración! Buscan resaltar que el placer de enseñar es un acto de resistencia que contrarresta el aburrimiento, la falta de interés y la apatía apabullantes que con tanta frecuencia caracterizan el modo en que profesores y estudiantes viven la enseñanza y el aprendizaje, la experiencia del aula». Para la autora, el acto performativo de educar brinda la oportunidad de generar espacios de pensamiento libre y franquear todas las barreras de raza, género y clase, entendiendo la problemática de la desigualdad como un todo que requiere una conexión con el alumnado más allá de lo intelectual. Inspirada por las teorías de Paulo Freire, también nos muestra las aulas como territorio de lucha en el mejor sentido, el de construir futuro, como cuando Ruby Bridges se convirtió en la primera niña negra que asistía a un colegio para blancos. Es este un libro capital para entender el pasado, el presente y el porvenir de la enseñanza en un mundo que tan pronto se niega a seguir oprimiendo a una gran parte de la población como se revuelve para que el estatus social se mantenga intocable. A lo que aquí se incita es a tomar partido no como forma de revancha, sino para que emerja la singularidad de cada estudiante y esa convivencia escolar haga explícito el diálogo y también sus conflictos. Una «oda a la pedagogía» que, como señala Marta Malo en su prólogo, no suele ser la labor más prestigiosa ni aclamada. Para ella, este ensayo es particularmente necesario estos días «por la urgencia de un debate pedagógico que nos ayude a resistir ese simulacro llamado educación online, donde la interacción humana queda infinitamente empobrecida» y por un contexto en el que tantos políticos conservadores o ultraconservadores han hecho bandera de la palabra libertad, despojándola de todo su sentido antijerárquico y dialogante. Nos recuerda bell hooks en estas páginas que el proceso de tomar conciencia del sistema es doloroso, y en esas estamos.

 

Eterno amor, de Pilar Adón y Kike de la Rubia (Páginas de Espuma)

El relato nos sitúa en una suerte de residencia religiosa, apartada del bullicio mundano y gobernada con pulso autoritario por la madre Sandra («la madre de todos ellos»), en el que un grupo de mujeres (hermanas, tutoras) dedican sus días a cuidar y vigilar de unos chicos (Hijos Iluminados) que, tras haber tomado «el camino incorrecto», han sido elegidos para recuperar su inocencia a base de muchísimo rezo, sermones, adoraciones, plegarias, deberes, entrenamiento, clases de idiomas, danza, pastillas: «Yo pensaba que tal vez aún pudieran llegar a salvarse acatando las leyes humanas. Pero las divinas ya les habían juzgado y no parecía que se hubieran mostrado muy favorables. Por eso estaban encerrados». La escritora y traductora Pilar Adón se alía con el ilustrador Kike de la Rubia para dar forma y lustre a este maravilloso libro que integra la colección de cuentos ilustrados de la editorial Páginas de Espuma. En este internado nadie utiliza su verdadero nombre, existencias anuladas en pos de una revelación, de una búsqueda de sentido común. La protagonista, en primera persona, cuenta su secreta relación con uno de aquellos chicos, un vínculo unidireccional en el que solo ella se expresa a través de palabras aunque intercambien correos electrónicos. Él ha decidido no salir de su estancia y ella quiere conocerlo, saber el porqué de ese autoconfinamiento, aliviar y sanar su dolor para imaginar un porvenir juntos y hallar la imposible moderación en su vida, la paz: «Por entonces yo ya era consciente de lo importante que resultaba llevar a cabo una reparación continuada de corazas y membranas. La membrana de la dulzura. La de la sencillez. La de la ingenuidad. La de la perspectiva de un futuro diferente al pasado propio y al futuro de los demás». Todo cambia, la paz artificial reinante en ese microuniverso, el orden entre las institutrices y sus pupilos, con la noticia de la llegada de un preceptor, a saber por qué motivo oculto: «¿Qué más da donde esté un hombre? Cualquier hombre. Está donde está porque en algún sitio ha de estar». Con un estilo seco y lírico, la autora de libros de relatos como La vida sumergida y poemarios como Da dolor nos sitúa aquí ante una historia fascinante e inquietante a partes iguales sobre una comunidad cerrada, distópica y asfixiante de la que emergen impetuosas relaciones cómplices, voyerísticas, vicarias y enfermizas, que tienen que con afectos secuestrados. Un cuento hermosamente puesto en imágenes que, no obstante, deja todas las sensaciones y visiones intactas y palpitantes en la mente del lector. Nadie está a salvo de enamorarse o de ser víctima de un amor como este.

 

Prodigios y milagros de un predicador apocalíptico, de Jim Jones (La Felguera)

«Cuánto me he esforzado por daros una buena vida». Con estas paternalistas y populistas palabras que podría firmar hoy un político indeseable comenzó su espeluznante discurso de despedida el reverendo Jim Jones ante su sectario Templo del Pueblo, el 18 de noviembre de 1978. Fue momentos antes del suicidio colectivo al que arrastró a 918 de sus devotos, en la aislada comuna conocida como Jonestown, en Guyana, y como «protesta por las condiciones de este mundo inhumano». La transcripción de aquel sermón previo a que se consumara uno de los capítulos más sobrecogedores del pasado siglo, extraído de la grabación hallada por la policía (y bautizada como Jonestown Death Tape) es el ingrediente esencial de este libro que reedita ahora La Felguera, en versión ampliada, revisada, con profusión de fotos y seductoramente presentada al estilo biblia de bolsillo y tapa dura. Un relevante documento histórico que, gracias sobre todo a la magnífica introducción de Servando Rocha, permite conocer la figura de quien forma parte ya del imaginario popular como la personificación del mal, con su discurso de contenido apocalíptico, curandero e incendiario. Testimonio de la perturbación, la paranoia y la megalomanía de un carácter bigger than life, un revolucionario y un mártir a su manera, y del poder de las sectas y de las cruzadas en pos de la ansiada Verdad, especialmente en un momento histórico, como explica el autor de La facción caníbal en su texto inicial, donde «los pastores de un sinfín de iglesias de todo el país competían con los capitalistas por mantenerse como el único poder terrenal». Una lectura fascinante y muy indicada para adoradores de los documentales true crime al estilo Wild Wild Country y también quienes se dejan embelesar por las teorías conspiranoicas, pues se ha llegado a elucubrar que Jones habría sido un producto de los servicios de inteligencia norteamericanos. «No sé cómo diablos van a escribir sobre nosotros. Es demasiado tarde», dijo en su última prédica.

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