Cultura ambulante

Valcárcel Medina: arquitecturas a la contra

Exposición «Arquitecturas prematuras» en el MUSAC de León
Vista de la exposición «Arquitecturas prematuras», de Isidoro Valcárcel Medina. / Fotos: MUSAC

Con el fin de «evidenciar la absoluta contradicción existente entre la realidad más inmediata del espacio urbano y las estructuras que pretendidamente lo configuran», reunió el artista plástico Isidoro Valcárcel Medina (Murcia, 1937) un conjunto de proyectos de urbanización y edificación diseñados entre los años 1984 y 1992. Bajo el título Arquitecturas prematuras se presentan estos días, junto con otros añadidos hasta un total de 32, en una indispensable exposición del Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León MUSAC en colaboración con Azkuna Zentroa de Bilbao. Una muestra que pone al descubierto ese desfase entre la ciudad que se planea desde ciertas instancias o despachos cerrados —a las mismas calles que disponen— y la ciudadanía, que las navega, soporta y sufre lo mejor que puede, pese a la hostilidad de un entorno poco accesible y ciego a las circunstancias cotidianas de la vida en comunidad, a las realidades específicas de cada área.

Valcárcel Medina se propone oponer resistencia y justicia, aunque sea poética, a este desaguisado, con lo que él mismo denomina «una contra-arquitectura» que plantea preguntas incómodas en relación con ese complejo contexto social, cultural y económico al que no se está dando respuesta. Para que al menos los interrogantes, como guantadas, queden al aire: ¿A qué necesidades e intereses responde verdaderamente la arquitectura contemporánea? ¿Estaríamos dispuestos a digerir un nuevo tipo de urbanismo, con otros propósitos y otras articulaciones? O lo que es lo mismo: ¿La arquitectura puede incidir en la sociedad y transformar su modo de pensar?

Antiguo estudiante de arquitectura, sus proyectos podrían pasar por planos técnicos delineados en la línea de aquella época, «un recurso no menos irónico que las ideas mismas en ellos testimoniadas», en palabras del propio autor. Y es que justamente y en buena medida son las palabras, que describen y dan título a los diversos proyectos, las que hacen de esta obra una granada de mano conceptual. Entre los primeros se hallan Puertas al campo (1974), que representa una propuesta paralela al concurso internacional convocado ese mismo año para embellecer —si tal cosa era viable— la autopista del Mediterráneo con esculturas de gran formato; y su ácida Torre para suicidas (1984), que provee de una instalación a tal efecto «sin las molestas reutilizaciones de monumentos, rascacielos, vías de ferrocarril, lagos o puentes que ven alterada sensiblemente su consideración urbana por tales transformaciones de uso».

Lo más impactante es que se trata de proyectos perfectamente plausibles desde un punto de vista técnico y en cuanto a su nivel de desarrollo y detalle, pero que «necesitarían, para ser viables, otra época y otra mentalidad»; por eso su autor los considera prematuros y, pese a ser más realistas que muchos de los macroproyectos que sí se ejecutan, podrían entenderse como ciencia ficción en un mundo como el que (mal)habitamos. A través de ellos, además, el artista murciano cuestiona los inflexibles estándares en la edificación y deja en evidencia las prioridades del poder urbanístico: Museo de la ruina (1986) está brillantemente pensado para que se derrumbe en cualquier momento, incluso en mitad de su levantamiento; mientras que Huecos de Madrid (1987) alude a los resquicios «no rentables» de la capital y a la falta de sensibilidad de los poderes públicos.

A través de estos proyectos arquitectónicos, el artista murciano cuestiona los estándares en la edificación y deja en evidencia las prioridades del poder urbanístico

En la exposición del MUSAC también nos topamos con un Proyecto de reforma del Muro de Berlín (1988), un año antes de la caída de la separación en la que se inspira, que solo aspira a evocarlo simbólicamente, porque en la práctica —lógicamente— pierde su función, es decir: no sirve para nada. Algo parecido ocurre con su Edificio torpe (para oficinas) (1992), concebido en el año del descubrimiento y las olimpiadas, y que constituye un espacio tecnológico y altamente sofisticado que, no obstante, acaba neutralizando los recursos de las personas que lo habitan. Son solo algunas de estas Arquitecturas prematuras que, más allá de la mera ocurrencia, apuntan a conflictos sociales e incluso soluciones urbanísticas reales. Si bien, al mismo tiempo, desvelan lo grotesco de la planificación en nuestros ciudades y caricaturizan los sinsentidos que hay detrás de muchas de nuestras más costosas construcciones.

Valcárcel Medina se muestra aquí tan independiente, visionario, crítico y transgresor como siempre ha probado ser. Un autor al que no le han podido los grandes méritos adquiridos en los últimos años (nada menos que Premio Nacional de las Artes Plásticas en 2007, Medalla de Oro a las Bellas Artes en 2014 y Premio Velázquez en 2015) y que, a sus 84 años, sigue levantando ampollas y poniendo en duda los dogmas de la creatividad contemporánea. Habrá quienes lo llamen loco, pero asistiendo a esta exposición más bien diríamos que los locos son otros.

 

Arquitecturas prematuras
Isidoro Valcárcel Medina
Comisariada por Kristine Guzmán
Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León (MUSAC), León
Hasta el 26 de septiembre de 2021

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