Horas críticas

Libros de la semana #6

Declaración de las canciones oscuras, de Luis Felipe Fabre (Sexto Piso)

«¡Oh noche que guiaste! / ¡Oh noche amable más que el alborada! / ¡Oh noche que juntaste / Amado con amada, / amada en el Amado transformada!». La noche oscura del alma sirve a Luis Felipe Fabre como punto de partida de esta sorprendente ficción biográfica de Juan de Yepes Álvarez, al que conocemos mejor como San Juan de la Cruz. Dos frailes y un alguacil han de cargar con su cadáver en una travesía que se acerca a la novela picaresca con inspirada sátira y que, al mismo tiempo, despliega un comentario literario sobre la obra del poeta. Lo hace, además, valiéndose del lenguaje propio de la época en que se sitúa el relato, el siglo XVI: «¿Cuál es aquesta aflicción / que ansiando lo espiritual / topa con lo corporal / y halla ahí satisfacción?». Asegura el lúcido autor mexicano que la literatura contemporánea no es la que se escribe en este momento, sino la que se lee en este momento. Y así, adoptando el tono lírico del maestro místico, iluminada su escritura como si estuviese contemplando la figura del santo en plena visión de la providencia, nos hace reflexionar sobre las profanaciones de lo sagrado y la consagración de lo terrenal. Premio Iberoamericano de Novela Elena Poniatowska, Declaración de las canciones oscuras es una obra deconstruida como el propio cuerpo del fraile, cuyos pedazos se reparten unos y otros con furor en la novela. Igual que podemos hoy repartirnos sus versos y hacer nuestra la parte que más nos apetezca. Entre la lujuria y lo extático, entre lo sobrenatural y la condición humana, Fabre evoca aquí el mito de San Juan de la Cruz al tiempo que lo desmitifica y acaba por homenajear al hombre de carne y hueso. Se llamaba Juan de Yepes Álvarez y murió un 14 de diciembre de 1591 en Úbeda, Jaén.

 

Pasaporte Nansen, de Ivan Sobolev (Barlin Libros)

Viajar es una cosa de las cosas que se echan especialmente de menos en estos días. Claro que hay trayectos que no surgen por iniciativa propia, sino por circunstancias sociopolíticas que abocan al desarraigo. Fue el caso de Ivan Sobolev, quien sin embargo acabaría viviendo ambas experiencias, «un periplo forzoso y a la vez libre», según lo resumen en su epílogo Justo Serna. Forzoso porque, combatiente para el regimiento cosaco, su historia comienza tras el triunfo bolchevique en la guerra civil que siguió a la Revolución Rusa de 1917 y que lo llevó a la diáspora junto a millones de refugiados rusos. Libre porque, huido a China, un buen día se cansó de las armas y decidió emprender la vuelta al mundo contando solo con una vieja bicicleta. Por suerte, su creciente popularidad en los medios de la época le acabaría procurando una motocicleta con la que pudo pisar hasta 22 países: de China a Tailandia, de Singapur a India, de Persia a Irak, de Francia a Yugoslavia, de Estados Unidos a Japón, y vuelta a China. De su autor no sabemos gran cosa, pero sí que en este insólito volumen —que ve por primera vez la luz en español—, entre el libro de viajes y el de memorias, se convierte en un improvisado y ubicuo corresponsal de aquellos años 20. Más allá de su entusiasmo romántico por el viaje y de su penetrante capacidad de observación, su testimonio nos acerca un drama que ya ha cumplido un siglo, el de los desplazados por conflictos. Curiosamente Sobolev fue buscando a sus compatriotas allá donde llegó; no renegaba de su patria, más bien su patria le había dejado huérfano. El Pasaporte Nansen del título, ideado por aquel Premio Nobel de la Paz noruego, proporcionó al menos «para aquellos que ya no tienen país» una cierta libertad de movimientos que hoy solo parece responder a la cuenta corriente.

 

Al final siempre ganan los monstruos, de Juarma (Blackie Books)

«Mamá dice que todos mis errores servirán como lección». La cita con la que empieza este libro, que corresponde a la bachata Centavito del artista nacido en el Bronx Romeo Santos, ya anticipa que el autor va a jugar fuerte. Juan Manuel López aka Juarma, referente del cómic underground —que es como decir underground dos veces— viene del punk, aunque sabe lo que es la lírica, como demostró en sus Poemas escritos a navajazos. Esta novela, la primera que publica, nació también a machetazos y en el mismo espíritu Do It Yourself que le ha acompañado a menudo en sus proyectos: a impulsos, sin un plan establecido, a partir de un club de lectura iniciado por él mismo. Al final siempre ganan los monstruos no es fácil de resumir, pero sin duda retrata a un grupo de jóvenes fuera de horma y norma, aquellos que se sienten enjaulados. En este caso es un pueblo (granadino, aunque no se explicite) de cuestas, olivos, gente del campo y de la obra, y gente que trapichea. Entre el thriller y la sátira pero alejada de los géneros en su versión más ortodoxa, es un retrato pleno de nihilismo y desencanto ante la falta de expectativas de toda una generación que es hija de padres alcohólicos tanto como de los pollos de cocaína, el Tinder, el FIFA, las playlists de heavy, las litros, los líos y las paranoyas, las camisetas de Isco, las plantaciones de maría y Canal Sur. Mientras los telediarios se llenan de imágenes de una juventud que unos días es fiestera y otros responsable, la realidad arrolla cualquier juicio de valor sobre su actitud: una tasa de desempleo del 40,7%, la más alta de toda la Unión Europea. Dice Juarma que esta novela va de la falta de futuro; y en ese sentido, de ida de olla no tiene nada.

 

Eso no estaba en mi libro de mitología griega, de Alicia García-Herrera (Almuzara)

De forma reciente, un grupo de alumnas de un instituto de enseñanza secundaria de Tomares (Sevilla) emprendieron una cruzada para evitar que se extinga la enseñanza del griego, un caso que ha llegado hasta la Real Academia Española. El libro que nos ocupa también tiene un componente importante de reivindicación, desde su propia introducción. Pese a lo que pueda parecer, la cultura helena, sostiene Alicia García-Herrera, está tan presente como lo ha estado siempre, empezando por algo tan sencillo como las palabras o conceptos que empleamos a diario: «No faltan quienes visten corbatas de Hermes o calzan cada mañana sus zapatillas Nike para correr entre praderas de posidonia, ni aquellos que se quejan de vivir su propia odisea personal cuando la vida se pone en pendiente». Este ensayo titulado Eso no estaba en mi libro de mitología griega recrea de forma muy personal una selección de algunos grandes mitos griegos —mythoi—, organizados en base a cuatro temáticas esenciales: el amor, la muerte, la justicia y el destino. García-Herrera, escritora implicada en diversos proyectos de adaptación de los clásicos de la literatura helena a públicos jóvenes, demuestra aquí su capacidad pedagógica al tiempo que sabe transmitirnos su pasión por estas narraciones de las que en cierto modo descendemos: amores fatales y adúlteros, costumbres funerarias, venganzas y tragedias, libertad de elección… Relatos donde los dioses y héroes tienen todos los atributos que quienes nos los legaron les proporcionaron; en ese sentido, aporta tranquilidad y al mismo tiempo inquietud saber que sus tribulaciones y suspiros no eran muy distintos de los nuestros. El mito es memoria y es literatura fundacional que nos regala una interpretación del mundo y la humanidad, por eso es indispensable honrarlo y aplicarlo a nuestras vidas.

Un comentario

  1. Pingback: Algunas cosas que van saliendo por ahí | Juarma

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