Horas críticas Analógica

Ver más allá, pensar antes de actuar

Recomendaciones literarias de la redacción de Mercurio

Leer libros, diseñar portadas, de Manuel Estrada (Alianza)

«No puedes juzgar un libro por la portada», escribió el bluesman Willie Dixon, legando su frase al refranero popular. Pero en un mercado editorial frenético, todos lo hacemos. Ahí entra en juego la labor de Manuel Estrada, Premio Nacional de Diseño entre otros muchos prestigiosos galardones —también internacionales—, quien desde 2009 se ocupa de dar forma a las portadas de la colección de bolsillo de Alianza. Leer libros, diseñar portadas parte de la exposición que albergó la Biblioteca Regional de Madrid en 2022 y funciona como una suerte de catálogo, conteniendo las más de 150 cubiertas seleccionadas y acompañadas, en algunos casos, de los bocetos ilustrados previos y de un texto de Alberto Manguel sobre el concepto de cada diseño. El conjunto resalta el rico diálogo entre el arte de Estrada, las obras literarias y sus autores, condensado en un lenguaje gráfico que hace de la metáfora su seña de identidad. El director de la revista Experimenta, Marcelo Ghio, en un texto a modo de prólogo, define al diseñador madrileño como «poeta visual», un pensador de la imagen que recuerda en su brillantez y capacidad de sorpresa a artistas como su antecesor Daniel Gil, Bruno Munari o Chema Madoz. Este volumen se completa con una jugosa entrevista que le hace Juan Cruz al diseñador «cuyas manos leen los libros». Radica en eso su arte: la emoción y el interés que la lectura le sigue despertando —inspirando—. Apto para fans de la experiencia física y visual asociada a los libros. No apto para quienes crean que la literatura no necesita entrarnos por el ojo (aunque sea el órgano de la lectura).


Necesito saber hoy de tu vida, de Sabrina Duque (Anagrama)

El arte del perfil o la semblanza periodística tiene algo de biografía, de estudio psicológico, de relato anecdótico, de confesión de quien escribe y de (re)evalución del personaje, es decir, del mito. Necesito saber hoy de tu vida, «hijo de la curiosidad y la paciencia», compila retratos que la periodista Sabrina Duque publicó entre 2012 y 2018 en medios de su Ecuador natal, Perú, Colombia, Brasil, Italia y Estados Unidos, reescritos y ampliados para la ocasión. Los nueve perfiles comparten lengua, la portuguesa, y figuras «inconformes —con su propio talento, con la forma en la que maneja el mundo, con su herencia, con su ignorancia—»: un sonidista, un cantante, dos estrellas de fútbol de distintas eras, una cineasta de animación, un neurólogo, un exmillonario, un poeta y sus heterónimos, y también un camarero (no famoso). De hecho, no todos son celebridades internacionales, pero sí han alimentado historias singulares de las que se extraen ideas fascinantes. Para ello hace falta la agudeza de la autora ecuatoriana, que ella misma cifra en «escuchar, descubrir y luego describir». El resto lo pone su escritura: un estilo felizmente literario, entregado a la evocación de escenas concretas y al contexto cultural en el que valorar lo que representan estas personalidades. Relatos llenos de microrrelatos en los que, como en los perfiles de Joan Didion o Leila Guerriero, nos sumergimos encantados —de conocerlos—. Apto para amantes del periodismo literario a lo New Yorker de hace un siglo, tan añorado hoy. No apto para los que desconfían del plumilla creativo tanto como de cualquier otro.


William Klein: Yes, de William Klein (Blume)

El pasado mes de septiembre, con casi un siglo a sus espaldas, murió el maestro de la fotografía William Klein sin ver publicado este sensacional libro, que conforma una mirada integral a seis décadas de trayectoria. Entre otras cosas, revela la intensidad y la profundidad de su obra, que más allá del arte fotográfico fue significativa en pintura, cine documental y de ficción, ilustración o diseño, como demuestra su impecable edición de este volumen de gran formato. El autor estadounidense encarnaba al hombre del Renacimiento, pero si hay que resumir su aportación diremos que fue uno de los creadores de imágenes más influyentes del XX. En William Klein: Yes se recogen más de doscientas, organizadas por formato y temática, aunque lo interesante es comprobar cómo conversan: desde su producción pictórica vanguardista y la abstracta a su aún hoy impactante fotografía callejera, llena de personajes vivaces y singulares historias en Roma, Moscú, Tokio o París, aunque la mirada urgente y descarada a su Nueva York natal sigue siendo emblema de su imaginario irreverente. En su ciudad, el International Center of Photography le dedicó una retrospectiva que fue el germen de esta publicación, y cuyo comisario, David Campany, explica en un interesante ensayo previo que el estilo de Klein es «mezcla de bravuconería carismática y profunda sensibilidad»; tira y afloja que lo impulsó siempre a destruir cualquier convención. Yes supone el testamento de su (re)afirmación visual. Apto para quienes aprecien los libros de arte como delicia estética en sí mismos. No apto para cortos de vista, de miras y de alguna cosa más.


Antes de la tormenta, de Gal Beckerman (Crítica)

En su Tratado para radicales, el sociólogo Saul Alinsky aseguraba que las revoluciones exitosas constan, como una pieza teatral, de tres actos. El autor de Antes de la tormenta menciona esa teoría de la biblia activista de los 60 para demostrar que aquella generación tenía demasiada prisa. «Nos atrapa el momento en que la multitud se une en la calle […]. Pero si retrocedemos al instante en que un bloque sólido de realidad compartida se rompe por primera vez, generalmente lo que vemos es a un grupo de personas conversando», argumenta el editor de The Atlantic y especialista en medios Gal Beckerman en este ensayo. Con igual vividez y potencia narrativa, disecciona la génesis de un cambio social: el momento de imaginar, debatir y persuadir que, a su juicio, resulta imprescindible. Tras movimientos sísmicos como el #MeToo, Black Lives Matter o el antitrumpismo, advierte que las redes sociales son «hiperactivas» a la hora de generar bullicio, pero apenas dejan hueco para incubar ideas antes de que exploten. Por eso analiza los canales subterráneos en los que se han formado posturas disidentes a lo largo de la historia, desde las cartas de intercambio intelectual de Peiresc a los poemas contra el monarca antes de la Revolución Francesa, los samizdat en la Unión Soviética, los fanzines de las riot grrrl… ondas de «intensidad silenciosa» que sentaron las bases para el estallido. Apto para overthinkers de la política, quienes aún crean que una charla puede cambiar el mundo. No apto para los que piensen que lo que hace falta es pasar a la acción y la reacción.

Un comentario

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