Entrevistas

Santiago Niño Becerra: «La política no es más que la manifestación de cara a la población del poder económico, que es el único poder verdadero. Y cada vez es menos necesaria»

Santiago Niño Becerra. Fotografía: Caterina Barjau (cedida por Ariel).

Las predicciones, en economía, no suelen ser bienvenidas. Acierten o no, amenazan con modificar el comportamiento del consumidor y de los inversores… Y afectan, además, a las expectativas electorales de los principales partidos.

Por estas razones, los fundados vaticinios del profesor Santiago Niño Becerra —catedrático emérito de la Universidad Ramón Llull y profesor de Estructura Económica en la IQS School of Management—, han sido frecuentemente ignorados por los gobiernos españoles. Pero la realidad parece haberle dado la razón, solo que dicha realidad nos sugiere un presente y un futuro que deja mucho que desear, pero que, en suma, es preciso conocer para estar prevenidos, ser realistas y más inmunes a la manipulación mediática.

En 2006 usted dijo en una entrevista que se acercaba una crisis muy fuerte. Nadie decía nada parecido en ningún lugar del mundo. A comienzos de 2009 entregó a su editor el manuscrito de El crash del 2010, parafraseando el título que usó Galbraith para contar lo que fue el Crash del 29, con evidente intención de anunciar lo que usted veía venir. Defendía en ese libro una hipótesis que parecía arriesgada: la crisis que estaba a punto de estallar sería sistémica, mundial, larga y durísima, como así ha sido.

¿Tuvo usted acceso a información confidencial en aquellos años? Y, si solo contaba con información accesible para todos los expertos, ¿qué fue lo que encendió la chispa que le permitió a usted ver lo que otros no veían, o no denunciaban?

Lo que yo vi estaba al alcance de todo aquel que quisiera verlo: la deuda privada en España en 1996 equivalía al 65% del PIB, en el 2005, al 207%. Era una situación físicamente insostenible en la que el crecimiento estaba sustentado en la deuda. Es decir, España, y muchos más países, crecía, porque se estaban comiendo en el presente el PIB del futuro. Eso lo tuvo que ver más gente, pero decirlo equivalía a llevarse el ponche en medio de la fiesta, ¿y qué político se atreve a hacer eso?

¿Cuándo volveremos a la normalidad tras tantos meses de pandemia, guerra, inflación, e incluso calima? ¿O normalidad es algo que ya no volverá, y nos tendremos que conformar con otra cosa?

¿Qué debe entenderse por normalidad, volver a la situación del «España va bien» cuando si querías algo lo tenías a base de deuda? Eso no volverá jamás. La normalidad que viene será una «nueva normalidad» en la que la protagonista indiscutible será la tecnología y donde la economía tendrá muy poco que decir en un entorno hiperregulado por las corporaciones, agrupadas en oligopolios.

Como decía Galbraith, los economistas predicen el pasado. Con Futuro, ¿qué futuro? Claves para sobrevivir más allá de la pandemia (Ariel), parece culminar un trabajo de análisis de un porvenir que se ha convertido ya en presente, Coronavirus mediante. ¿Viene otro apocalipsis?

Bueno… pienso que Galbraith hoy pensaría ya otra cosa si viese la capacidad de simulación que ofrece el data mining y la potencia de los actuales procesadores de información. Pienso que nunca la humanidad se ha enfrentado a un apocalipsis, porque un apocalipsis supone la extinción. Lo que viene es, más bien, un modelo que es totalmente diferente al que hemos vivido entre el fin de la Segunda Guerra Mundial y el año 2007: nunca la humanidad ha tenido un crecimiento económico como el que ha habido en esos años. Lo que vienen son décadas de estabilidad, pero en las que la mayoría de la población deberá adoptar un perfil socioeconómico bajo y acostumbrarse a él.

¿Cuáles son los principales rasgos de ese futuro económico?

Concentración del capital por parte de gigantescas corporaciones. Y como consecuencia, concentración de la riqueza y de la renta y aumento de la desigualdad, declive del papel de los Estados y, como antes apuntaba, un absoluta preponderancia de la tecnología en todos los órdenes de la vida. El objetivo será la productividad y dejará de serlo la producción, pero una productividad que permita fabricar las cantidades convenientes en el momento conveniente y minimizando la utilización de inputs, entre ellos el factor trabajo.

Una de las afirmaciones más contundentes de este, su último ensayo, es aquella de que la gente, en general, ya no va a ser necesaria… 

Jeremy Rifkin estimó que si la tecnología continuaba evolucionando al ritmo actual, en algún momento del siglo XXI tan solo será preciso el 5% de la población mundial para generar el 100% del PIB del planeta. Cada vez será necesaria menos población para producir, pero consumirán recursos. De entrada, con una renta básica se parcheará la situación, pero pienso que a largo plazo se implementará un control del crecimiento demográfico.

Para hacer frente a ese superexceso de oferta de trabajo, usted propone ocio gratuito, renta básica y marihuana. El éxito de Netflix estos años, por ejemplo, parece haberle dado la razón. ¿Pero esa renta básica no sería más un subsidio contra la pobreza de solemnidad? 

No necesariamente. Es verdad que habrá quienes solo cuenten con la renta básica, pero como será universal, ese ingreso se añadirá al que ya se tenga y dará autonomía para buscar otras fuentes de trabajo. Al menos de momento.

Drogas, ocio obligatorio, paro masivo, incertidumbre radical… ¿El debate que se está produciendo respecto a la salud mental solo acaba de comenzar?

Paro masivo no, porque esa población «parada» no será necesaria, por lo que dejará de ser población activa. Y sí: la tecnología evoluciona mucho más rápidamente que la capacidad de asimilación de tales cambios por parte de la población. La psiquiatría, desde hace años, ya considera los trastornos mentales como desequilibrios químicos arreglables con los medicamentos adecuados…

Usted alude a una crisis fiscal: menos trabajo, menos ingresos por impuestos, menos gasto público. Se redefine el bienestar, ¿lo hará también la democracia? Es más, ¿puede haber democracia cuando el estado del bienestar desaparezca?

La democracia que conocemos fue un invento burgués del S. XIX porque necesitaban representatividad en un entorno político dominado por terratenientes aristócratas; luego, en el XX, se fue extendiendo a la población porque se precisaba una base amplia en la que una mayoría «decidiese qué hacer», por lo que toda la población se sentía representada; para igualar a la sociedad, se creó la clase media, y para comprar la paz social, se puso en marcha el modelo de protección. Hoy, ni es necesario comprar la paz social ni que la población se sienta representada, por lo que la clase media está retrocediendo, el modelo de protección se está adelgazando y la democracia está perdiendo sentido en un entorno en el que «hay que hacer lo que hay que hacer».

Se trata de un escenario en el que las corporaciones, cada vez de mayor tamaño, controlan a los Estados y determinan una oferta a la que nos condicionan por el conocimiento de nuestros datos. ¿No hay contrapoder posible? 

El «contrapoder» fue un invento de la Revolución Francesa y fue más espejismo que otra cosa. Para que exista verdadero contrapoder quien / quienes se contaponen deben tener poder. ¿Qué poder tienen hoy quienes no están de acuerdo con algo?

Parece que el capitalismo se vuelve viejo y feo, como afirmó en 2008 el expresidente Felipe González. ¿Viviremos bajo burocracias privadas, se acabó el papel de la destrucción creativa?

La destrucción creativa acaba cuando se alcanza la quintaesencia del capitalismo: el más capaz, el más hábil, el más sagaz, gana, y el que gana, se lo lleva todo, porque alcanza una posición de monopolio. Es lo que consiguió Rockefeller con la Standard Oil Trust, pero entonces no era el momento y se le impidió; pero ahora, la concentración de capital es necesaria e inevitable.

Santiago Niño Becerra. Fotografía: Caterina Barjau (cedida por Ariel).

Si en cuarenta años vemos el final del sistema capitalista, ¿qué rasgos caracterizarán al nuevo sistema? ¿Qué similitudes con su progenitor, qué parecidos con el socialismo, y con el feudalismo?

Pienso que ninguna. El socialismo solo ha existido en las mentes de los filósofos que lo diseñaron, y el feudalismo quedó agotado dando paso al Renacimiento.

Una aportación interesante y singular es la de su crítica a la idea de la crisis demográfica: lo que hay que observar es, más bien, la crisis de productividad, la falta de empleo, de contribuciones fiscales y cotizaciones. ¿Qué soluciones nos quedan para poder disfrutar de pensiones en la vejez, la provisión privada será una alternativa? 

Estamos viviendo una crisis de productividad en parte y solo debido a que no se implementa toda la tecnología de la que ya se dispone porque aún es cara, y además, pienso, por razones políticas. El modelo de protección social que hemos conocido ya es inviable e insostenible porque los supuestos que se daban cuando ese modelo se implementó  ya no se dan. Entre ellos, una demanda creciente de trabajo, el pleno empleo y unos salarios indexados a la inflación. La tendencia, pienso, es una evolución desde el modelo de protección social hacia el de la renta básica.

Se ha referido también al «dopaje» monetario de las economías, quizá uno de los grandes virajes de la política económica reciente. ¿Se terminará por cancelar la deuda de los Estados? ¿Pueden hacer eso los bancos centrales? 

Ningún Estado puede pagar todo lo que debe y muchas empresas tampoco pueden. Pienso que se acabarán realizando quitas y compensaciones y en consecuencia veremos que irán desapareciendo muchas empresas que no son viables. La deuda es un monstruo al que se le permitió crecer porque posibilitaba hacer cosas sin tener cash, lo que dinamizaba la economía. Ahora, en los últimos años, lo que sucede es que se ha llegado a niveles físicamente insostenibles. Y hay que fijarse en que de la deuda corporativa USA no se habla, y es un auténtico problema.

La inflación es uno de los mayores temores actuales y ya estamos casi a dos dígitos. Sin embargo, usted cree en una persistente deflación futura. Inflación y Covid, como la calima, ¿son fenómenos llamativos pero pasajeros?

La actual inflación desaparecerá cuando la oferta se normalice y se restablezcan las cadenas logísticas; es decir, es temporal.

En uno de los últimos capítulos analiza el papel de España, a la que atribuye un eterno déficit de productividad. ¿Podemos aprovechar nuestro clima e infraestructuras para contraatacar con una economía del entretenimiento, reforma del turismo, modulación de la dependencia del ladrillo?

Con 46 millones de habitantes, los niveles de cualificación reales de las personas, y con la filosofía que dicta la forma de funcionar para la mayor parte del empresariado, y quiero decir con eso  buscar esencialmente el máximo beneficio, obtenido de la forma más rápida posible y realizando la mínima inversión… Creo que la respuesta es no, en absoluto.

Una sociedad envejecida requiere de cuidadores, asistencia social, tecnología adaptada, ciudades más sostenibles, reciclaje, repoblación de bosques… ¿Un nuevo pacto social y verde no podría abrir la vía para nuevos empleos y nuevas formas de crecer e integrar? Keynes está algo mosqueado por sus trabajos…

No, el futuro del trabajo es minimizarse. La robótica acabará realizando la inmensa mayoría de las tareas. Hoy en día Keynes no tendría argumentos para esa dinámica.

¿Es la política, por tanto, completamente impotente ante todo lo que está pasando? Si la política deja de contar, dejarán de contar los votos…

La política no es más que la manifestación de cara a la población del poder económico, que es el único poder verdadero. Y cada vez es menos necesaria…

Alguien dijo que los jóvenes, en España, tenían tres buenos tipos de salidas profesionales: por tierra, por mar, y por aire. Pero ahora, ni siquiera eso. ¿Algún consejo para esta nueva generación?

Los jóvenes que sean unas/os megacracks tendrán posibilidades si se enfocan hacia aquello que les apasiona. Los demás…

Destáquenos, por favor, para terminar, algunos aspectos positivos del futuro que viene. A cincuenta años del informe de «Los límites del crecimiento», ¿podemos prever que todo lo que está pasando y pasará reducirá la amenaza climática?

Positivo, ¿para quién? ¿Qué hubiese contestado en 1782 un noble francés residente en una de aquellas casas en la parisina Place des Vosges?

Un último vaticinio fundado: en esta era de austeridad y eficiencia obligatoria, ¿desaparecerán las modas y artistas musicales estridentes, o tendremos que soportar el reaggeton sin el aire acondicionado?

Pienso que lo planteado lo resume muy bien esta cita del compositor alemán Karlhzeinz Stockhausen. «Lo más importante en la música es la estética y no el hecho de que haya o no instrumentistas en el escenario. En el futuro, la música será una mezcla de la convencional y la electrónica. Solo existirán solistas, que deberán ejercitar más la memoria y no solo tocar un instrumento, sino también actuar y protagonizar acciones ante masas. Los ritmos cambiarán y la música tendrá un componente de acción teatral». [Cita recogida y analizada en mi libro Capitalismo, 1679 – 2065].

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