Horas críticas

Nueva York, el tiempo y el espacio

Julia Wertz disecciona el presente y el pasado de Nueva York en ‘Barrios, bloques y basura’, un poema gráfico a las metamorfosis de las ciudades que acaba de publicar Errata Naturae

Todos sentimos fascinación cuando reconocemos en una fotografía antigua una esquina de nuestra ciudad, una imagen que nos revela cómo ha cambiado una calle desde que empezamos a transitarla hasta hoy, el rótulo de aquel bar en el que solíamos tomar cervezas en nuestra primera juventud o lo bonito que era un cine que ya no existe. Julia Wertz es tan buena dibujante como observadora de estas mutaciones urbanas. Criada en la Costa Oeste, pasó los primeros años de la veintena en San Francisco, pero no fue hasta llegar a Nueva York, ya en plena vida adulta, cuando sintió que había encontrado su lugar. Alquiló un estudio en Greenpoint, un espacio mínimo en el que bebía más de la cuenta y dibujaba tebeos autobiográficos. «Luego me reformé», aclara en las primeras páginas del deslumbrante Barrios, bloques y basura, que acaba de publicar Errata Naturae y que del que ya nos atrevemos a decir que es uno de los mejores tomos gráficos que veremos publicados este año en España.

En ese giro de guión que le dio a su biografía, la historietista empezó a investigar sobre la ciudad que la había encandilado en cuanto puso un pie en ella. Pronto se vio convertida en una arqueóloga del pasado urbanístico y gráfico de Nueva York. Comenzó tomando fotografías de los edificios abandonados, averiguando qué vida tuvieron antaño, qué personas los habitaron. Y luego a dibujarlos compulsivamente en sus distintas etapas, a buscar imágenes que los capturaron en otras décadas, a dedicar todo su tiempo a pasear por los barrios, a escudriñar la historia de cada rincón, a saber si en otro momento un edificio albergó célebres negocios de la historia de Manhattan y de sus ciudadanos. ¿Qué había en el CBGB, el bar en el que se prendió la mecha del punk norteamericano, antes de que fuera una sala de conciertos? ¿Adónde fueron a parar las farolas de la Feria Mundial de Nueva York de 1964? ¿Fue esa tienda un afamado teatro?

¿Qué era el CBGB, el local en el que se prendió la mecha del punk norteamericano, antes de que ser una sala de conciertos? ¿Adónde fueron a parar las farolas de la Feria Mundial de Nueva York de 1964? 

Publicaciones como The New Yorker, Harpers’s Magazine y The New York Times empezaron a interesarse y a publicar el trabajo que la ilustradora iba subiendo a la web adventurebibleschool.com. Todo iba bien en esa vida de dibujos, estudio y más de 20 kilómetros de paseos diarios hasta que fue ilegalmente desahuciada de su apartamento y tuvo que volver a casa de su madre ya bien entrada en la treintena.

Este fracaso la sumió en una crisis existencial en la que tuvo que seguir dibujando y escribiendo sobre una ciudad que, 10 años después, acababa de despedirla hasta la casilla de salida. Pero aquel episodio no logró fulminar el amor por el universo de ladrillo y asfalto que queda reflejado en Barrios, bloques y basura, un extenso poema gráfico que compendia urbanismo, historia, cultura pop, humor, romanticismo y un sentido caprichoso del estudio del pasado.

«Un poema gráfico que compendia urbanismo, historia, cultura pop, humor, romanticismo y un sentido caprichoso del estudio del pasado»

Al cabo, este libro de gran formato funciona como una guía extraordinaria de una de las ciudades más acostumbradas a la metamorfosis del mundo, como una ventana indiscreta a la belleza de los lugares que pasan desapercibidos a los ojos del visitante y del propio neoyorquino. Estaciones de metro y de tren, librerías independientes (en torno a las que ensaya una «guía parcial»), lavanderías, teatros, tiendas de alimentación, cines. Aciertos y accidentes urbanísticos, los portales góticos de Manhattan, los edificos Art Déco, el alcantarillado, la suciedad y los intentos para detenerla o los inventos que vieron la luz en esas calles -el papel higiénico, la cámara Kodak, el Bloody Mary, la tarjeta de crédito, el perrito caliente o Mister Potato-. Todos estos elementos forman parte de este arbitrario y fabuloso recorrido por el tiempo y el espacio de una ciudad que no necesita mostrar su estatua de la Libertad ni sus postales más comerciales para cautivar a cualquier urbanita. Una precisa disección de aquello que nos pasa desapercibido pero que, al cabo, conforma la verdadera esencia de una urbe. La ciudad como un espacio que nos habla, que nos arroja, a través de los edificios, la pista de quiénes hemos sido en cada momento. Wertz se suma con garbo al club de rapsodas de la selva neoyorquina, junto a Will Eisner, Tom Wolfe, Lou Reed, Scott Fiztgerald, Paul Auster, Woody Alen o Patti Smith, y se sitúa a la altura de antecesoras como Debbie Drechsler y Julie Doucet.

Un comentario

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