Horas críticas

Nostalgia del mundo clásico

Crítica publica ‘Una nueva historia del mundo clásico’, donde el historiador Tony Spawforth renueva el relato de la cultura grecorromana a partir de las aportaciones más recientes de la investigación arqueológica

A medida que la ruptura con la tradición se hace más y más palpable en la sociedad –ya no sólo el desconocimiento del latín y el griego, sino incluso de la mitología y las crónicas históricas–, la necesidad de contar con buenos libros divulgativos acerca del mundo clásico se hace también más evidente. Existe, diríamos, una necesidad que nace de la nostalgia. Nostalgia de un determinado orden que ha sentido la humanidad durante milenios y que, por supuesto, sigue sintiendo hoy. En Civilisation, la mítica serie documental rodada a finales de los años 60 para la BBC, Kenneth Clark argumentaba que la principal distinción entre el arte civilizado y el bárbaro consistía en la voluntad de perfección y equilibrio que debemos a los griegos y a los romanos, y que perdura con mayor o menor vigor a lo largo de toda la historia de nuestro continente.

El arte vikingo, por ejemplo, desborda movimiento y fuerza, poder y pasión, pero carece de esa luz alada, etérea, que apunta hacia un tiempo fuera del tiempo, tan propia de Grecia. El enriquecimiento del mito por el logos y, más adelante, de la filosofía por la ética; la voluntad de explorar y civilizar más allá de las propias fronteras (no olvidemos la estrecha relación etimológica que se da entre pago y página, entre los surcos del arado y la escritura); el descubrimiento de la democracia y de la república; la extensión de los derechos de ciudadanía; la expansión comercial, gracias al uso de unas infraestructuras sin parangón en la antigüedad…, todo ello nos habla de un periodo trascendental en la historia de la humanidad.

Ruinas de Corinto. Foto: Javier González Cotta

Si hoy pensamos que somos hijos de relatos más o menos memorables, como sugirió hace un siglo el filósofo judío Walter Benjamin, la mayoría de nuestras grandes tradiciones narrativas surgieron a caballo entre Atenas –la Atenas que recupera, consolida y transmite Roma– y Jerusalén –también la Jerusalén romana, es decir, la judeocristianizada–. Ahí están la Ilíada y la Odisea, pero también el concepto de historia que acuñó Heródoto. Ahí están Platón y Aristóteles, el estoicismo y el epicureísmo, la comedia y la tragedia griegas, el derecho romano; la gran poesía de Virgilio, Horacio y Ovidio. Ahí están Catulo y Séneca, Cicerón y Tácito, Tito Livio y Plutarco; también el urbanismo, las basílicas y templos, las carreteras pavimentadas y los cientos de miles de olivos plantados; los mosaicos, las estatuas y la hermosa pintura pompeyana; las cloacas y los acueductos, los bloques de apartamentos (las insulae) y los jardines palaciegos…

«Los romanos fueron los que más hicieron para convertir la civilización griega en una antigua supercultura»

Como observa el profesor Tony Spawforth, autor de esta fascinante introducción al mundo clásico que acaba de publicar entre nosotros la barcelonesa editorial Crítica, «los romanos fueron los que más hicieron para convertir la civilización griega en una antigua supercultura». Y añade: «Ningún otro de los pueblos sometidos de su imperio multiétnico tenía tradiciones culturales que a los romanos les parecieran remotamente seductoras, ni mucho menos que quisieran emular o mejorar. Sin este atractivo providencial para los romanos en los primeros siglos de la era cristiana, el legado cultural de Grecia no habría sido conservado y cultivado en la medida en que lo fue».

Con Una nueva historia del mundo clásico, Spawforth nos ofrece un excelente texto introductorio a la civilización madre de tantas otras civilizaciones. Y lo hace con originalidad, prestando una especial atención a mantener el hilo narrativo que hilvane, a lo largo de casi un milenio, la herencia de Grecia y Roma. No fueron culturas aisladas, cerradas en sí mismas y recelosas del exterior, y aunque se protegieron de las agresiones externas (luchando sin cesar tanto una como otra por conservar e incrementar su poder), jamás dejaron de asombrarse ante la variedad humana.

«Spawforth nos ofrece un excelente texto introductorio a la civilización madre de tantas otras civilizaciones»

Oriente actuó así como una especie de sombra misteriosa que alimentó primero la imaginación de los griegos y, más adelante, a través de los propios griegos, la de todo el Imperio romano. Lo característico quizás de ambas culturas fue, en primer lugar, su mirada sobre el hombre. «Sería absurdo afirmar –sostiene Spawforth– que, como colectivo, los griegos antiguos eran más humanos que, por ejemplo, los antiguos egipcios o babilonios. Lo que sí podemos afirmar es que la cultura griega se centraba más en el hombre, que era una cultura antropocéntrica: es decir, más inclinada a considerar que los seres humanos eran la entidad más importante del cosmos». La segunda característica principal del mundo greco-romano fue una cierta conciencia de la libertad, que dio lugar a las primeras experiencias democráticas, en el caso de las ciudades griegas, o al desarrollo –finalmente fallido– de la república romana, que seguirá dos mil años más tarde inspirando la imaginación liberal de Occidente.

«Es una mirada que abarca el conjunto sin perder de vista lo particular ni ocultar el horror sobre el que se asentó el Mundo Antiguo»

A lo largo de veintiún densos capítulos, Spawforth analiza la historia de de Grecia y Roma desde sus albores –antes de la guerra de Troya– hasta el triunfo del cristianismo con Constantino y la posterior ruptura del Imperio, dividido entre Bizancio y Roma. El catedrático emérito de la Universidad de Newcastle nos ofrece las conclusiones de los últimos descubrimientos arqueológicos, junto a un profundo conocimiento de las fuentes clásicas. Es una mirada que abarca el conjunto sin perder de vista lo particular ni ocultar el horror sobre el que se asentó el Mundo Antiguo; pero subrayando al mismo tiempo la belleza, el temple y la humanidad que nos legaron. «La finura estética que permitió a los artistas griegos y romanos captar imágenes y efectos que nos siguen atrayendo –leemos ya en el epílogo–; la comprensión humana de los antiguos escritores, su clarividente visión de lo que constituye nuestras cortas vidas humanas. Todas estas cosas dejan en suspenso la desesperación por las carencias de la naturaleza humana. Nos dan alegría y esperanza». Y, en efecto, así es.

Una nueva historia del mundo clásico
Tony Spawforth
Editorial Crítica, 2019
432 páginas
19€

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